Aullido

5 Nov


Incluso cuando crees que la ciudad no te escucha, tus palabras se transforman en sombras chinescas que recorren los muros de ladrillo y de piedra, que se proyectan contra las fachadas blanquecinas, que vuelan por el cielo polucionado y caen con la lluvia, letra a letra, mojando tu frente llena de frío y soledad.
El viejo muro del antiguo cauce donde una vez hubo un río, y un dios acuático, y hoy hay un parque y un colchón de hierba donde contemplar nubes que se desvanecen, tan breves y únicas y olvidadas como la vida humana, ese viejo muro está escrito con carteles de guerra.
Hay una nueva revolución en marcha, pero no habrá derramamiento de sangre. Ésa es la revolución. Conservar la sangre y la vida.
Te precipitas calle abajo, y un deja vu te envuelve, he estado aquí antes.
Pero solo deseas haber estado antes. Te has perdido, y un mordisco de negrura envuelve las callejuelas. Hay sensación de peligro. De estar vivo. Acabas descubriendo el camino por puro instinto.
Incluso cuando crees que la ciudad no te escucha, la ciudad bebe ciegamente tus palabras.

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