Gotham Cops #1 (#0 en Canadá)

12 Ago


Fred Salvaje se levantó del suelo. Estaba tendido en un reguero de sangre, gasolina y orina, en pleno polígono industrial en medio de ninguna parte. Para Fred no había mucha diferencia entre estar vivo y estar muerto en ese momento. Tenía resaca, lo cual no era extraño y no le ayudaba a recordar si estaba en el fin de una noche de servicio o una de farra. Le habían pateado la cara, pero no creía que tan fuerte como para tener conmoción.
Procuró estirar su arrugado y manchado traje negro al sol, tratando de recuperar la dignidad policial de la que siempre presumía. A su alrededor demasiada luz, un calor anormal en Gotham. Fred se movía de noche con las alimañas. Era una de ellas.
Pidió hacer una llamada a un operario que llevaba una carretilla. Le prestó el móvil. Al menos no le habían robado la placa.
Llamó a Gordon y pidió que le fueran a buscar. Si Gotham era como un pozo oscuro cuyas aguas reflejan el oropel de una ciudad construida por y para las nubes, con sus rascacielos vigilados por las fuerzas del orden para mantener a raya a los miserables, las afueras eran aún más paradisíacas: barrios industriales repletos de polución y descampados en donde enterrar secretos, naves fabriles abandonadas ocupadas por tribus ignotas, fiestas salvajes ilegales, drogas, barrios dormitorio tristes y cuadriculados, campos calcinados por la cercanía de la vieja central nuclear…
Llegó el coche patrulla, y los agentes lo vitorearon como al viejo caballo que han visto reventarse en el hipodromo carrera tras carrera y aún a punto de ser sacrificado demuestra ser un maldito bastardo orgulloso.
Se preguntaba qué plan de jubilación tendría Batman. Antes de entrar en comisaría se bebió un par de whiskeys para alejar los martillos de su cabeza. También se pasó por Grant Park y requisó un poco de hierba.
Gordon lo esperaba con cara larga.
-No quedan excusas que puedas lanzarme. Veo en tu cara que olvidas lo que significa ser policía.
-Procuro olvidarlo cada noche cuando voy a casa. Pero no es posible.
-Eres una vergüenza para el cuerpo.
-El cuerpo esta demasiado podrido por dentro para que un simple borracho lo manche ni tan siquiera un poco. No todos podemos ser unos perfectos caballeros como el señor murciélago. ¿Qué tienes para mi?
-Nada de importancia. Un caso de malos tratos. Ve a hablar con la victima. Esta en el hospital.
-¿En cúal?
-El agente Michaels te lo dirá.
Hubo tal vez un día en que quería hacer el trabajo bien. Hubo un día en que no le importaba que los flashes y los honores fueran a un sicario vengativo. Que no le importaba que la competencia entre un enmascarado y sus enemigos, a los que el señor oscuro atraía como la luz a los insectos, por su mismo brillo, copara toda la atención de Gordon, más allá de los pequeños crímenes y de las grandes maldades perpetradas por hombre comunes, villanos de su tamaño por así decirlo.
En el hospital le dijeron que ella ya no estaba, pero le dieron una dirección. Típico, pensó, mientras le faltaba el aire tratando de arrebatar a la atmósfera algo de oxígeno por su garganta reseca y dañada por el humo y por el alarido que contenía cada noche guardado ahí tan profundo.
El dolor es nuestra canción de cuna. Siempre.
Las fotos. Un hombre puede quebrar a otro ser humano, puede desmenuzarlo. Pero son los ojos, los ojos llenos de miedo del que ha sido machacado y volverá a serlo una vez más lo que asusta.
Fred Salvaje era un cabrón. No era un sentimental precisamente. Por lo que a él respectaba algunas putas bien se merecían una torta. Pero aquello. Aquello no.
Al carajo si batman iba a mover un puto dedo. Si no te enteras no te preocupas…
Fred fue al domicilio. Una casa de categoría cerca de Cathedral Square. Si no hubiera contestado nadie…lo habría dejado correr. Una más que se echa atrás en la denuncia. Menos papeleo.
Pero alguien contestó, contestó él. El señor de la casa. Alguien con apellido, alguien con estirpe.
-¿Qué desea?
-Policía. ¿Es usted el señor Dixon? ¿Está su mujer en casa?
-Si, soy Hank Dixon. ¿Por qué la busca?
-¿Por qué no? ¿Puedo pasar?
-No, no puede sin una orden judicial.
-Apuesto a que no. Pero no ha contestado a mi pregunta- Salvaje lo miró a los ojos, Dixon desvió la mirada.
-¿Qué pregunta en concreto?
-¿Dónde está su mujer?
-No lo sé. Hace días hizo la maleta y se marchó. A casa de su madre quizás.
-No se por qué. Seguro que la trataba usted como a una puta reina. Si sabe algo llameme a este numero- Escribió su número en la targeta- Puede ser su única oportunidad.
-¿Oportunidad de qué?
-De salir entero de esta. Si encuentro a su mujer y le llena su bonito apellido Dixon de mierda sobre malos tratos descubrirá por qué me llaman Fred Salvaje.
-¿He de entender que me está amenazando?
-Entienda lo que le salga de los cojones. Esa era mi intención desde luego…
-Acaba usted de cometer un error.
-Hágame un favor, amigo. Si sale de la ciudad, dígamelo, o cómprese un chaleco antibalas. Porque me importa una mierda de quién sea usted hijo, amigo. Yo ya estoy todo lo cerca de estar muerto que los vivos pueden estar. Soy un policía de Gotham.

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