Becket

25 Ago


Es muy famoso el speech de Tarantino sobre el subtexto gay que hay tras una película como Top Gun (explicado aquí en profundidad por Alex Antarctica).
Pues bien, el otro dia me pongo una pelicula historica sobre Thomas Becket esperando una partida de ajedrez de alta política y grandes maquinaciones maquiavélicas. ¿Y qué me encuentro? Tanto o más subtexto gay que en Top Gun por parte de un Peter O’Toole inmenso. Lo cual en una película comercial de 1964 es bastante atrevido.
Creo que el director no quería llegar tan lejos. Ni mucho menos Richard Burton (que no hace nada en esa dirección). Pero O’Toole lo tiene claro. El rey Henry II es trucha. Empuja el guión en esa dirección una y otra vez. De la lucha de unos que quieren quitarle hierro al asunto, y un O’Toole lanzado y excitado, surge una película tremendamente sutil y absolutamente gay sobre un santo inglés medieval. Flipa.
Y lo irónico es que esa peculiar lectura del personaje de O’Toole es lo mejor de la película, lo que aporta matices a una aburrida y hierática actuación de Burton.
Burton coge a Becket como un Working Class Heroe sajón que se mueve en el mundo del lujo normando y acaba encontrando a Dios en el momento más inoportuno, alguien que pretende ser más cínico y maquiavélico de lo que realmente es, un realista que acaba perdiendo el juicio por su propio complejo de culpa.
Pero dada la actuación de su contrincante, hubiese sido más interesante que encarara la inverosimil y rápida conversión de mundano intrigante a hombre de dios como sublimación de la culpa por su relación con el rey. Nada de eso. Burton no se apunta al festival de Peter.
En cambio O’Toole no deja lugar a dudas. Y sin necesitar una escena como la de Espartaco, tratando de leer entre lineas, no, no. O’Toole en 1964 se suelta la melena y dice que ama a Becket. Que lo ama. Varias veces, humillándose ante sus nobles, llorando de rodillas, ante su mujer (a la que le dice que desprecia y que ni 1000 como ella hacen un Becket. Y su misma madre habla de obsesión malsana e inadecuada. INADECUADA!).
Pero lo verdaderamente genial es la transición de una camaradería que esconde sentimientos reprimidos, compartiendo mujeres y horas en los burdeles y teniendo una relación socrática en la que Becket es el mentor, a la desesperación del rey traicionado y despechado.
Porque es cuando pierde a Becket, cuando se convierte en su enemigo, cuando antepone a Dios antes que a su rey y amigo, cuando Henry II se da cuenta de sus verdaderos sentimientos. Son los celos, el sentimiento de abandono, de pérdida y de traición lo que ponen de relieve a Henry II/O’Toole la verdadera naturaleza de sus sentimientos hacia Becket. Y será la vergüenza sobre esos mismos sentimientos lo que mezclado al despecho y la traición lo harán odiarlo tanto como lo ama.
La ironía es que Henry II con el corazón en la mano hará todavía intentos de salvar a Becket de si mismo y de su repentino idealismo/ingenuidad, pero su posición se lo impide. Es el rey y no puede flaquear. Toda debilidad es un signo de declive. Es imperativo aplastar al hombre que todavía ama. El rey no puede elegir, solo Becket puede elegir retractarse, puede elegir traicionar a la fe y vivir, es el que tiene el poder, el que no ama en la misma medida, el indiferente, el hombre de repentinos principios. Y Becket elige morir. Elige herir a Henry, que afirma que Becket le hace un último favor enseñándole a estar solo. Porque Henry aunque no comprende la ceguera del honor y la fe, la fiebre de rectitud y moralidad que de repente ataca a su antiguo maestro de astucias y relativismos morales, no puede por menos admirar al único hombre que se le enfrenta, al que grita que el emperador esta desnudo, y a la inteligencia y firmeza de ese hombre.
Henry ordena su muerte en el momento en que su amor por Becket es más grande. O’Toole humilla a un Burton monolítico que solo ha interpretado bien la desidia de su personaje por el mundo, pero no la tragedia romántica que se desarrolla.
Henry II se lamenta ante sus nobles. ¿Pensais a veces? No, un caballero tiene mejores cosas que hacer, le responden. Se lamenta de que Becket le ha cambiado, le ha hecho mejor. Pero no le ha hecho feliz.

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3 comentarios to “Becket”

  1. Alex septiembre 9, 2008 a 5:08 pm #

    “Becket” es, como muchas otras películas de la época, un subterraneo himno gay. Tu análisis es acertado. Enrique II está enamorado de Becket. Muchos la han comparado con “Un Hombre para la Eternidad” (sus puntos es común no son pocos), pero “Becket” va más allá en turbulencia.

  2. Mycroft septiembre 9, 2008 a 10:05 pm #

    Me parece que O’Toole esta mejor que en Lawrence de Arabia incluso. Su superioridad es manifiesta, humilla a todo el elenco de actores dejándolos como principiantes…

  3. Alex septiembre 9, 2008 a 10:10 pm #

    O’Toole, una debilidad, como sabes, estaba siempre bien, a pesar de la dejadez a la que le sometían sus abusos con el alcohol. Estaba mejor en “Lawrence de Arabia”, sí. Se identificó plenamente con el personaje y se vació al interpretarlo. Es su mejor papel, sin duda.

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