Dulces sueños

1 Dic


“En dormir, como evasión, no se podía ni pensar: para empezar, aquel tipo de cansancio tenía como efecto una parálisis desde la que, por regla general, ni siquiera se podía doblar el dedo meñique; más aún, apenas se podía parpadear, incluso la respiración parecía haberse detenido, de tal forma que uno se sentía petrificado en lo más íntimo, convertido en una estatua de cansancio; e incluso cuando uno había hecho el esfuerzo de meterse en cama, después de una rápida evasión hacia el sueño, algo parecido al desmayo-ninguna sensación de sueño-, a la primera vuelta que uno se daba, se despertaba y se sentía en el insomnio, las más de las veces durante noches enteras, porque el cansancio de la soledad en la habitación acostumbraba a irrumpir siempre a media tarde, o al empezar el atardecer, con el crepusculo.
Del insomnio ya han hablado otros bastante: de cómo al final llega incluso a determinar la visión del mundo del insomne, de tal forma que, con la mejor voluntad, solo puede ver la existencia como una desgracia, cualquier actividad como algo sin sentido, cualquier amor como algo ridículo. De cómo el insome esta tumbado hasta el alba, hasta la pálida luz que para él significa condenación, una condenación que va más allá de uno mismo, en su infierno de insomnio, que alcanza a la totalidad del ser humano, un ser fracasado que se encuentra en un planeta que no parece ser el suyo.
También yo estuve en el mundo de los insomnes (y todavía hoy vuelvo a él una y otra vez).
Los primeros pájaros, en la oscuridad todavía, poco antes de llegar la primavera: como ocurría antes a menudo por Pascua, como mofándose, pero ahora mandando sus gritos estridentes a la cama de la celda, “otra-vez-una-noche-sin-dormir”.
Los relojes de los campanarios que tocaban cada cuarto de hora, incluso los más lejanos se oían perfectamente, mensajeros de otro día peor. Los bufidos y maullidos agudos y penetrantes de dos gatos, enzarzados uno contra otro cuando nada más se mueve, como una manifestación sonora, como clara revelación del elemento bestial que se encuentra en el centro de nuestro mundo. Los pretendidos gritos o suspiros de placer de una mujer que, en el aire igualmente quieto, empiezan a oirse de modo inesperado, justamente sobre el cráneo del insomne, como si, después de apretar un botón, se pusiera en marcha una máquina fabricada en serie, como si de pronto se dejaran caer todas las máscaras del afecto y apareciera el egoísmo del pánico (aquí no se esta amando una pareja, sino que, una vez más, se esta amando cada uno de ellos a si mismo en los gritos de su soledad) y la ordinariez general”.
(Peter Handke, Ensayo sobre el cansancio)

Pd. Para Alex, que duermas bien. Me he encallado en el relato, pero estaba previsto.

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Una respuesta to “Dulces sueños”

  1. Alex diciembre 1, 2008 a 10:31 pm #

    Domir ¿qué es eso? No duermo mucho, ya sabes. Lo que me permite leer textos como el que has pueblicado. Un amigo mío dijo hace tiempo que domir en diciembre era inmoral. No le voy a contradecir.

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