Hacia el modelo griego o de cómo dejé de preocuparme y comencé a amar a Nicolas Sarkozy

28 Dic


“Ahora todos los periodistas del mundo os lamen el culo…pues yo no queridos. Teneis cara de mocosos malcriados y os odio como odio a vuestros padres…Cuando ayer en Valle Giulia golpeabais a la policía, yo simpatizaba con la policía, porque ellos son los hijos de los pobres.”
(Pasolini, ante un estallido violento en las algaradas que siguieron al mayo francés en Italia, que vivió sus protestas de un modo menos civilizado que los franceses)

“Esto nunca ocurrió. Nunca ocurrió nada. No ocurrió ni siquiera mientras estaba ocurriendo.” (Harold Pinter)

“Existe también otro modo de defender la libertad, esto es, participando con la acción personal en los movimientos que contestan al orden vigente y trabajan para sustituirlo por otro, con la presunción de que carecerá de los defectos del precedente…
El poder, que emana de ese orden, tiene la tarea de defenderlo…
…aquí debe emerger uno de los puntos más fuertes de roce entre Poder y libertad del individuo. ¿Es conveniente ocultar esa fricción, o es mejor mostrarla en toda su gravedad…”

(Ludovico Geymonat, La Libertad)

Se nos acaban de ir dos cerebros lúcidos, que nos dejan un poco más a oscuras: Pinter y Huntington.
No se qué hubieran dicho de lo que acaece en el mundo este día de los inocentes en que todos parece que hemos dejado de serlo.
No escribí nada sobre las protestas griegas, aunque lo que encabeza el post, las citas de Pasolini, cargado de razón, y de Geymonat (todo un descubrimiento reciente para mi) reflejan mi postura, compleja, o debería decir compuesta, al respecto.
Ni que decir tiene que hoy, con Gaza convertida en Varsovia solo para que alguien gane unos puntos extra de cara a las proximas elecciones en Israel (es así de triste. Matanza por razón electoral. Y como advertencia a Washington de que todo debe seguir tal y como está), unos chicos griegos cabreados parecen poca cosa.
Desde luego que sí.

Pero como le decía a Paolo en el blog No en Portland, lo interesante de la cuestión griega es el síntoma que representa. La simpatía que parte de la población, a pesar de las molestias, los enfretamientos, la violencia, la incertidumbre, las pérdidas económicas y la aparente insustancialidad o poca concreción de las protestas, es un dato muy poderoso.
Como en Francia en el 68, esa simpatía desaparecerá cuando el tiempo, el hartazgo, y la imposibilidad de sustituir toda la vida cotidiana por una vida-protesta continua hagan mella, si no la han hecho ya (Recordemos el caso Sintel en España).
Pero el malestar en la cultura política griega es profundo y viene de lejos, se intuye en una clase política desprestigiada, corrupta, incompetente, y alienada de la realidad , unos sueldos lamentables, unas universidades públicas de risa, un país con poco impulso social y un motor económico renqueante.
¿Les suena? A mi me suena a nuestro propio futuro, aunque espero equivocarme. Pienso sinceramente en el modelo griego y tiemblo anticipadamente. Eso también es Europa. Y se encuentra, tal vez, a la vuelta de la esquina.
Evidentemente la chispa de esa hoguera es una luz muy tibia para iluminar aquello que anda mal en Europa hoy en día, y no está exenta de las ironías de una protesta de este tipo: La suprema broma macabra de que los padres del chico muerto por la policía, que prendió la indignación, sufran los actos de vandalismo en su propia joyería. O de cómo la ira ciega puede ser un motor potente que sin una dirección determinada acaba por estrellarse contra el muro de su propia futilidad. ¿Sirve de algo? Exterioriza el conflicto.

Europa, deteriorado mapa, rezaba el poema italiano. 65 horas de trabajo. Dickens en el parlamento europeo. El no de Irlanda. La duda en algunos europeístas: si Europa es un estado de ánimo, como decía Delors, debe ser ahora mismo desconcierto. La burocratización de la política en las esclerotizadas escalinatas de Bruselas, con sus instituciones nacidas de Tratados de encaje de bolillos, abortos del quiero y no puedo de un federalismo sin Estado. La integración del espacio universitario europeo: universalizar la mediocridad, homogeneizar los defectos, fomentar la circulación libre de ignorantes universitarios. Una economía comunista que subvenciona bancos con los impuestos de los mineros, de los agricultores, de los operarios. Un, “o se hace así o nos vamos al hoyo pero ya”. No tener en cuenta a la gente. La hiperactividad de Sarkozy al frente de ese conjunto de niños asustados aparentando seriedad que son los jefes de Estado europeos. La crisis como oportunidad para repensar, repensarnos totalmente como sociedad, como civilización, como parte minúscula del mundo interconectado.

Y de nuevo Gaza. La culpa como elemento explicativo de la falla. Las manos sangrientas de Europa, que se lavan con la sangre de Oriente. ¿El principio del fin de la solución de los dos estados? Tal vez si, pero al final del fin todavía le quedan largos años de guerra civil entre pueblos gemelos.

¿Puede la energía neonapoleónica, cesarista y delirante de un Sarkozy inmiscuirse en ese terreno vedado por Washington? No le vemos escatimar gestos grandilocuentes en hazañas internacionales y piruetas varias (aunque como señala Glucksmann, bienvenida la politica espectaculo o publicitaria que salva alguna vida)? ¿O la culpa de Vichy sigue siendo una mancha demasiado poderosa?

Confieso que vi a Sarkozy, desde el principio, como un reaccionario neofascistoide, un Berlusconi honrado, si me permiten la paradoja. Me equivoqué. A pesar de que gestionó sus propias semanas de la ira en los guettos urbanos con una falta de tacto que no se le ha vuelto a ver (y tenía razón, pero como decía Koestler, no puedes evitar que la gente tenga razón por motivos equivocados) sin un gesto de diálogo o comprensión para una parte de su población que, sin que yo sepa si lo estaban o no, se sentían al margen (poderosos son los sentimientos, más que la realidad), en realidad Sarkozy no es reaccionario. Simplemente es postideologico (recordemos, nos vendían que la política era ahora gestión, hasta que la gestión se vino abajo).

Postideologico, pero gaullista. Gaullista solo en sentido totémico, de apropiación: como comer el corazón del enemigo para ganar su fuerza. Postideologico, pero con la necesidad continua de reinventarse, de inventarse, de escribir su discurso sobre la marcha…
¿Pragmático? ¿Oportunista? ¿Fantasma? Preso de su imagen (tupe a lo Stallone ¿casual? ¿premeditado?)
Puede, pero que quieren que les diga, casi lo prefiero, a otros políticos de la izquierda pragmática: Blair, o la liquidación del laborismo en todo aquello que tenía de bueno y decente. Una liquidacion tal que cuesta distinguir a David Cameron de Gordon Brown.

Era partidario de liberalizar, era el hombre que prometía desregularizaciones, que se amparaba en el discurso dominante del mercado… ¿Y ahora? como si nunca hubiese ocurrido. En realidad no ocurrió. Ese era otro Sarkozy, el pasado, el modelo 1.0, este es nuevo, radiante, intervencionista… Un hombre con la permanente necesidad de llamar nuestra atención.

Glucksmann ve en Sarkozy a un chico del 68, alguien que habla con proclamas y juegos de palabras, que utiliza la dialéctica de sus adversarios cuando el debate politico lo requiere, pero que con sus grandes gestos, hace cosas, hace que las cosas ocurran, se arriesga, y no se mantiene impasible…Toma la mano de su chica y para impresionarla, se van corriendo a Colombia…o a una manifestación.

Gluckmann es, desde luego, un ingenuo.

Entrañable Glucksmann, alentado por la heterodoxia de un Sarko que invita a sesentayochistas destacados y ex socialistas como Kouchner a su gobierno, despreciando las leyes de la partitocracia (no tenia necesidad electoral de ello) al tiempo que desprecia el legado del 68 que según Glucksmann esta en su tuétano político.

Y he aquí el quid (¿no se dirigía el post a esta pregunta?), ante los nuevos brotes de euroescepticismo, ante el anquilosamiento de ese pigmeo político que es Europa, ante las posibles presidencias europeas venideras de políticos aletargados, menos enérgicos y dinámicos, contemporizadores…en plena crisis… ¿debemos dejar de preocuparnos y amar a Sarko, parafraseando el título de la película de Kubrick sobre la bomba atómica? ¿Amarlo con una pasión virginal y postideológica, casi como Carla, que quiere un hombre con poder nuclear…? ¿Amarlo por la confianza en que empuje o estire del cadáver político que es Europa y sus instituciones, que nos rescate, que nos salve, SuperSarko?
¿O debemos guardar las distancias ante el funambulista, el oportunista, el poco fiable hombre orquesta?

Me temo, que en los vaivenes de un post sin rumbo, es una pregunta sin respuesta.

¿Libertad para qué? Se preocupaba Lenin, y debo decir que con cierta razón, y a la contra del sentido que los neoliberales dan a la frase (como una negación tiránica de la libertad, y no como una pregunta acerca de en qué utilizarla, cómo servirnos de ella, que uso darle)

Grecia, Irlanda, Bolonia, la crisis. Europa se resiste a desperezarse. Hay sintomas de que tenemos cierta libertad pero de que no hemos pensado qué hacer con ella. Tal vez Europa no asume una forma política más concreta y eficaz porque ello supondría un shock para su conciencia: Debería dejar de preguntarse acerca de ella misma, de mirarse el ombligo, y empezar a pensar en su posición en el mundo, y mirar alrededor, de frente, a China, India, África, Estados unidos, Oriente Medio. A los problemas que con una única fuerza podría resolver. Europa tiene miedo de ser fuerte, y en eso radica la debilidad de su sistema político.

Al final la pregunta es si Sarko, como hombre fuerte europeísta, puede salvar (en caso de poder hacer algo en realidad) a Europa de si misma (lo que él piensa que está haciendo) o si salvando este modelo de Europa, no esta alargando la vida al cadaver de un sistema de integración europea insuficiente que ha tocado techo.

¿Queremos a la Europa de Sarko? ¿Queremos ser seducidos por el hombre práctico, por el pragmático tramposo? ¿Por qué los viejos idealistas como Glucksmann si han caído seducidos? ¿Es Sarko tan bueno, tan malo? ¿O vuelve la ideología, no como dogma fanático, sino como imaginar explicaciones al mundo, y Sarko es el último de los postideológicos?

Me quedo con la frase de Peter Handke: “Yo no pienso si ese pensar no es al mismo tiempo un poema”.

Seguirán lloviendo piedras en Grecia, seguiran cayendo bombas en Gaza, seguirá veraneando Sarko en la costa azul, con su modelo a juego, bonita replica de su madura ex, con unos ojos preciosos e ignorantes que admiren al héroe inventado entre los dos, creído por nadie… seguirán habiendo ERES en España, tocaremos la crisis con su tacto de esqueleto con la punta de los dedos, jugando a pillar con nuestra suerte, tratando de escapar inventandonos nuestra propia prosperidad, con las manos negras de los desclasados pidiendo que les miremos a los ojos.

La crisis es sobre todo, una oportunidad para pensar. ¿Qué es la libertad? ¿La tenemos? ¿Y ahora, en qué la malgastamos?

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Una respuesta to “Hacia el modelo griego o de cómo dejé de preocuparme y comencé a amar a Nicolas Sarkozy”

  1. Paolo2000 diciembre 29, 2008 a 10:01 am #

    Que certera su metafora de Sarkozy como reflejo de esa Europa post-ideologica, voluntarista a la par que impotente, y tan perdida en la que vivimos hoy en dia con Grecia y Gaza como ejemplo/sintoma de nuestra paralisis tanto interior como exterior. Si no fuera por la bomba de neutrones sociologica que es Obama, sin duda Sarkozy sería el hombre del año. Comparto totalmente su fascinación con los claroscuros de este personaje ( Y con el que viene detras, vaya si lo vamos a echar de menos)Un post brillante que un servidor se niega a emborronar con mas comentarios.

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