La banalidad del mal

30 Dic


¿Quieren los judíos exterminar al pueblo palestino? ¿tienen un plan para ello? ¿Piensan que un estado sionista es impracticable mientras haya otra gente por alli?
Creo que no es un pensamiento consciente o expreso, pero es algo en lo que algunos estadistas judíos habrán pensado al menos al considerar qué puede pasar con esa gente si la solución de los dos estados fracasa.
¿O debemos dejar de lado las peliculas de buenos y malos y analizar realmente el mal, el mal como elemento banal consustancial a la base de cualquier guerra?
La gente que vive junto a la franja jalea a sus tropas y carros blindados. Solo quiere que dejen de llover proyectiles sobre sus casas y patios de colegios. No han reflexionado si eso sirve para eliminar el fanatismo al otro lado del muro, o si es moralmente justo o simplemente proporcionado.
Se cumple el aniversario de la ejecución en que ahorcaron a Saddam Hussein. Tirano, y asesino. Y sin embargo, asoma eso que hace años se daba en llamar la razón de Estado, el maquiavelico desdoblamiento moral que justifica igual a un Saddam, que a un lider democratico y teóricamente justo que cometa algún acto dudoso.
Kennedy y Vietnam. Gulags rusos. Campos en Dachau. Milosevic. La historia de la ignonimia, y la dificultad de la justicia. Nuremberg.
Lo mismo justifica un Guantanamo que un bombardeo en Sarajevo. Cuál es el rasero que poder aplicar a estos actos.
Ayer vi una película. Hafner’ss Paradise. Sobre un oficial de las SS afincado en España. Afirma que nunca vió malos tratos en los campos, cuando le llevaron de visita. Niega el Holocausto. Alaba a Franco, que le dió cobijo. Dice que llevaron a los judíos a los campos para protegerlos de los bombardeos aliados. Que las fotos y filmes son publicidad manipulada. Conoce a un viejito, patético, en Madrid, que bombardeó Guernica. Ambos engordaron y prosperaron bajo el Régimen. El amigo si afirma conocer a criminales implicados en el holocausto. Algunos de ellos amigos de ambos afincados en la Costa del Sol.
El encuentro final del magnífico documental con un superviviente de Dachau muestra al viejo nazi en su patetismo total, ya anunciado mientras le filmaban bañándose decrépito, con las olas haciéndole perder el equilibrio.
Se niega a escuchar. Oye, pero no escucha, porque la realidad de su cabeza es un mundo que le ha acompañado toda su vida, y demostrarlo falso es negar el sentido de esa vida, todo lo que daba por hecho. Hitler, en su mundo, es un ser bueno.
Al final, paradójicamente, el supremacista ario es más digno de lástima que el superviviente. Es más patético. Vivó, amó, prosperó, disfrutó… Pero su cabeza, su cabeza, dios mío, allí dentro.
Todo está oscuro allí dentro.

En su introducción a la edición alemana de 1964, Arendt aclara la expresión: «[…] en el informe sólo se expresa la posible banalidad de la maldad a nivel de lo ocurrido realmente, como un fenómeno que sería posible pasar por alto. Eichman no era […] Macbeth […] A excepción de una diligencia poco común por hacer todo aquello que pudiese ayudarle a prosperar, no tenía absolutamente ningún motivo.»[36] Nunca habría asesinado a un superior. No era tonto, sino «simplemente irreflexivo». Esto le habría predestinado para convertirse en uno de los mayores criminales de su época. Esto es «banal», quizás incluso «cómico». No se le puede encontrar profundidades demoníacas, por mucha voluntad que se le ponga. Aun así, no es ordinario. «Que un tal alejamiento de la realidad e irreflexión en uno, puedan generar más desgracias que toda la maldad intrínseca del ser humano junta, eso era de hecho la lección que se podía aprender en Jerusalén. Pero era una lección, ni una aclaración del fenómeno ni una teoría sobre él.»

En una carta a Mary McCarthy, Arendt comenta: «[…] la expresión “banalidad del mal” como tal está en contraposición a la “maldad radical” que empleé en el libro sobre el totalitarismo.»[37]

El tipo de crimen, según Arendt, no era fácilmente clasificable. Lo que ocurrió en el campo de concentración de Auschwitz no ha tenido ejemplos anteriores. La expresión proveniente del imperialismo inglés, «asesinato en masa administrativo», se le ajusta mejor que «genocidio».
(Fuente, Wikipedia)

Pd. Y sin embargo, a Hafner le tratan con más respeto del que trató Michael Moore a un enfermo Charlton Heston (que no era, a pesar de lo del rifle, precisamente lo que Moore dio a entender). Hafner será nazi, pero es un anciano, y el documental gana en profundidad porque en ningún momento se mofan de él. Simplemente se aprovechan de que hable abiertamente de sus ideas sin miedos, y le enfrentan con la realidad siempre que pueden.

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Una respuesta to “La banalidad del mal”

  1. Alex diciembre 31, 2008 a 4:46 pm #

    No he visto la película que citas, Mycroft, pero sí aquel documental de Michel Moore, tan aficionado a la manipulación como los propios nazis lo eran. A cualquier que conozca la trayectoria personal de Heston aquella patomima, aquella imágen horrible que se dio de él, le asqueará. Para empezar, porque sus ideales políticos, de republicano viejo acomodado en los ideales de la individualidad por encima de todo, no son comprensibles con la mentalidad del siglo XXI. Los revisionistas que niegan el holocausto son la misma pandilla de imbéciles que afirmaba que la tierra era el centro del universo. “Todo está oscuro ahí dentro”… Brillante definición.El tema del conflicto judeo-palestino es demasiado complejo. Por un lado están los políticos y amplia masa social que acuñaba monedas israelies con el mapa del país bajo del mandato del rey David. El gran Israel, que llaman ellos. Por otro, la gran mayoría que está asqueada de tanta violencia. Cuando las falanges cristianas masacraron los campos de refugiados de Sabra y Chatila, cientos de miles de israelíes se manifestaron contra la pasividad de su gobierno. Nadie se manifestó en Jordania cuando un autobús escolar israelí fue ametrallado (no recuerdo el número de niños muertos, pero fue grande) por un guarda fronterizo. Demasiado odio.

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