La comedia de la vergüenza

26 Jun


Todos sospechamos que en el circo, el payaso serio es el más gracioso. Como decía Krusty del actor secundario Bob, tiene mucha más gracia si el tipo que recibe el tartazo tiene dignidad.

Buster Keaton adaptó esta máxima, sin embargo a un tipo de humor todavía bastante correcto. En la TV, y en el cine, los movimientos han ido extremándose, hasta hacer de la comedia de la vergüenza, un género en si mismo. De Seinfeld a su derivado Larry David, de IT Crowd (en ese sentido el personaje de Jen es el más necesario, el que da el punto de vista de contraste al ridículo de sus compañeros) a The Office (UK), hasta llegar al extremo de Extras, que es el modelo llevado a su última consecuencia de patetismo, miseria humana, un humor frío y moralmente agresivo. Gervais ha adaptado el concepto al mundo actual, con ironía y sadismo, retratando al hombre del modo más desangelado y ridículo posible.

In Betweeners se coloca en esas coordenadas, pero transportado a un universo teenager que le añade ternura, que redime en parte a sus personajes por la inocente mirada, que nos remite a nuestros propios fracasos juveniles amplificados por el turmix de la hipérbole. Comparte el espacio que unos Farrelly diseñaron para un Stiller adolescente, torpe, aún no corrupto, y su momento de dolor y humillación en un cuarto de baño.

Eso, y no otra cosa, es Inbetweeners. Definida por algunos como el Anti-skins (por la otra serie teenager de UK que ha pegado fuerte), en el cual no hay lugar para el drama, la épica, o la glorificación del «angst» adolescente, sino solo para el dolor de la humillación y la marginación, y el sadismo cruel de una derrota hilarante y continua, que no cesa. No hay redención victoriosa, ni resquicio, solo el pasar el tiempo de una infancia granujienta sin nada a lo que aferrarse, al borde del desconcierto sexual, y de una juventud desalentadora de viernes noche desolados y pintas de cerveza iguales a las pintas del dia anterior.

En resumen, un formato dinámico, repleto de tribulaciones, que narra la historia de una amistad entendida como recurso de supervivencia en un mundo darwinista y cruel, repleta de ternura, y de situaciones extremas, de lenguaje grueso, de exceso e incorrección. Diversión pura en una sitcom en la que los personajes quedan varados y desamparados, y avanzan sólo a fuerza de dolorosas humillaciones.

Soy consciente de que fui muy duro con el piloto de Skins Temporada 3. Aún con un elenco increíblemente malo, los guionistas logran algún destello (El capítulo de J.J.). Pero es que con esta competencia, va a ser difícil ser condescendiente.

Dos personajes llamados a ser clásicos como Will McKenzie y Simon Cooper, en estrecha alianza fraternal en su condición de losers perfectamente conscientes de su status, de su marginación, y de su rotundo fracaso.

Inbetweeners refleja el dolor atroz de crecer y la cantidad de cosas que perdemos por el camino. Y lo hace de forma divertida, con algunas de las escenas más lamentables de la historia de la televisión. Vómitos, declaraciones de amor, borracheras, polvos lánguidos y vergonzantes, fanfarronadas que esconden inseguridades y laceraciones del alma en carne viva…

Probablemente la mejor comedia del momento.

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