Encuentros (En la tercera fase)

19 Jul


Mentí. El jueves, hablando con Paolo 2000, le dije que era el primer ser virtual que conocía en persona. En realidad pasaba por alto un episodio vergonzante de mi juventud decadente, en que un amigo quedó con una chica por internet y me reclutó para entretener a su amiga. En este sentido, la expresión bailar con la más fea, cobró todo su sentido. Que ellas fueran más jovenes de lo que afirmaron, y nosotros más ridículos de lo que era tolerable, no ayudó; y culminé la tarde más geek de mi vida con una imitación del John Cleese de Monty Python’s Flying Circus. En fin, historias vergonzantes.

Lo mejor de la jornada del Fib, teniendo en cuenta el desastroso sonido que demostró Oasis al final (Las seis primeras canciones, y Slide Away y Live forever, bien, luego ya…) fue precisamente conocer a Paolo y a su colega, gente fantástica, llana, divertida. Precisamente el otro día le comentaba a Alex que a mi me parecía que en persona pierdo mucho, que no me considero interesante, y vive dios que después de una semana con mi familia en el pueblo y mis amigos en Londres, se ve que de no hablar con nadie, el gin-tonic me soltó la lengua.

Que odio el propio timbre de mi voz es un hecho, y en el transcurso de alguna de mis charlas insustanciales, productos de mi propia inseguridad crónica, me interrumpía a mi mismo buscando un anclaje: «¿no os estaré dando la brasa no?» Como en aquella peli basada en Easton Ellis, cuando Paul Denton piensa aquello de que es sorprendente la cantidad de mierda que sale de la boca de uno a veces.

Yo había amanecido con ganas de conducir a toda ostia, con la remezcla del Strange Days de los Doors en la cabeza. Porque soy un tipo muy de covers y remezclas. Pasaba veloz dejando atrás los montes descarnados de piedra y arena rojiza, las exiguas masas forestales, las fábricas de porcelana para cuartos de baño, humeantes, los campos de naranjos y hortalizas, los caminos rurales, paralelos a la autovía. Pero al llegar a la altura de Benicassim, el caos total y un Guardia Civil y sus indicaciones abstrusas, me disuadieron de aparcar por la zona, y dejé el coche en mi pueblo para bajar en tren.

Decía Zizek, creo que en «Mirando al sesgo» a propósito del personaje de Novak en Vértigo (de entre los muertos) que a veces nuestras máscaras son la parte más auténtica de nosotros mismos, aquello que elegimos como mentira preferida sobre quiénes queremos ser, y acaba siendo el verdadero ser, a fuerza de interpretar el papel, y en eso andaba pensando yo, en las múltiples máscaras cibernéticas, y en la persona «real» reflejada en los ojos de los demás, en esos ojos en los que las mentiras que nos susurramos de noche sobre nuestras vidas, y que creemos a medias, aparecen reflejadas en su probable inconsistencia.

Por otra parte, busqué una sombra en la ciudad, y me derrumbé entre latas de cerveza fría y humos psicotrópicos, aferrado a un buen libro, disociando mi propia persona, entre la multitud. Las «hordas bárbaras» las llamé entonces, pensando en que he perdido la ligereza (Como diría Sloterdijk) y el sentido del humor. En realidad, entre la masa de danzarines de bacanal, yo era el auténtico extranjero, elemento discordante.

Me apetecía esa inmersión, como observador de este Woodstock banalizado. Paolo resaltó luego ante uno de mis comentarios-boutades, despectivos y un tanto quejumbrosos de la frivolidad, que en el fondo era un moralista, y es cierto. Es el destino de muchos viejos libertinos, a última hora reconvertidos y arrepentidos. Me temo que no sumé mucho espíritu festivo, con mi actitud de piel roja «no dar agua de fuego a Caballo Loco, o Caballo se volverá loco de verdad».

En cuanto a la música, hablé mucho de música, que para mi es un placer casi mayor que la música misma, a pesar de mi propia voz, y vi a unos Oasis que empezaron muy bien, aunque con un sonido un poco bajito, hasta que empezaron las tontadas (My Big Mouth. ¿Tiene sentido que la toquen?) y el fallo final típico (Wonderwall. Siempre falla el sonido en Wonderwall) y ahí el sonido se fue a la mierda, lástima de Champagne Supernova. Me quedo con Cigarrettes and Alcohol, y Slide Away, y la sensación de que Oasis están malditos para el FIB, y que mejor que no vuelvan. Nada que ver con Barna en febrero, o con los últimos conciertos triunfales en Wembley y Rockilsde. En cierto sentido, los pelos si se me pusieron como escarpias, cuando bajé del tren y me recibió un grupo de hooligans cantando bajito y entonado Champagne Supernova. En ocasiones la manera de la gente de amar a la música resulta mejor que la misma música en si.

Fuck You es mi canción favorita de Glasvegas, una cara b que tocaron a tiempo, para tocar a retirada. A todo esto, a pesar de ser el benjamín del grupo, no tuve cuerda para tirar del carro. Como Paolo, llevo años diciendo que estoy demasiado quemado para estas aventuras. Y siempre continuo.

En fin, que andamos el camino hasta el apartamento, y no sé si entre mis recurrentes odas laudatorias a Houellebecq (el artista de la semana para mi). Dando a entender que admiraba su misoginia y su cinismo, cuando, tal vez, y eso lo pensé luego, es la sensación de desarraigo y soledad lo que me llama. Tal vez, porque cuando yo era joven (aún lo soy dicen algunos) estuve en la posición vacua del Bruno de las Partículas, con todas las miserias morales que ello implica. Luego, a punto de entrar en la facultad, se me fueron quitando los vicios sórdidos y oscuros, el malditismo, y las ganas de ser poeta maldito, que es un trabajo full time muy cansado, y como diría Michi Panero, un coñazo para los que te rodean y te aman, y me sumergí en una nube etílica.

En fin, apenas hace poco, relativamente poco, un par de años, que firmé una tregua con el enemigo interno, y aprendí a convivir en la reserva india del espíritu, a caerme mejor a mi mismo, y frecuentar menos los amaneceres brumosos con sabor a bourbon dulce, algo temeroso ahora a que los eventos de envergadura como este organizativamente desastroso Fib, saquen al bárbaro que llevo adentro (razón por la cual evité en todo momento a Farxavi, que andaba por allí con su farmacia ambulante de la señorita Pepis. Le quiero mucho, pero a veces saca lo peor de mi.)

Pero si organizativamente este FIB ha sido tremendo, síntoma tal vez de esta era de aviones caídos y plagas bíblicas (tal vez hora de rescatar el Libro del fin del mundo de Connie Willis), humanamente, ha sido un Fib enriquecedor. En eso pensaba también, con el sabor a frankfurt y a sangre de encía en los brackets (me caía de puro sueño, como para ponerme a limpiarlos a fondo a las 4 de la mañana), recostado en el apartamento que se ponía a mi disposición. Por ello quiero dedicar a Paolo y su invitación, este texto de Brecht:

Cuatro invitaciones a un hombre llegadas desde distintos sitios en distintos tiempos:

1
Esta es tu casa
Puedes dejar aquí tus cosas
Coloca los muebles a tu gusto
Pide lo que necesites
Ahí está la llave.
Quédate aquí.

2
Este es el aposento para todos nosotros
Para ti hay un cuarto con una cama
Puedes echarnos una mano en los campos
Tendrás tu propio plato
Quédate con nosotros.

3
Aquí puedes dormir
La cama aún está fresca
solo la ocupó un hombre.
Si eres delicado,
enjuaga la cuchara de estaño en ese cubo
y quedará como nueva.
Quédate confiado con nosotros.

4
Este es el cuarto.
Date prisa; si quieres puedes quedarte
toda la noche pero se paga aparte.
Yo no te molestaré
y además no estoy enferma.
Aquí estás tan a salvo como en cualquier otro sitio.
Puedes quedarte, por lo tanto.

B. Brecht (1926)

Brecht se refería sin duda a su periplo camino del exilio, en que cualquier techo era recibido con alborozo. Si alguna vez pasas por acá, Paolo, estás invitado. Espero que el incendio no os jodiera la noche del viernes.

4 respuestas hasta “Encuentros (En la tercera fase)”

  1. Alex julio 19, 2009 a 4:53 pm #

    Desde el autismo social más feroz, te diré que el mundo de mentira esconde autenticas joyas. De hecho, la gran mayoría de las palabras que forman direcciones de blogs son gemas. Me alegra esos miedos se disiparan durante unos días. No creo, tengo la certeza de ello, que haya mucha gente que puedan mantener tu nivel a la hora de hablar de música, literatura, cine y cualquier otro tema más prosaico.Puede que Houellebecq sea un escritor limitado, como tantos proclaman, pero una virtud: la de saber de lo que habla. La soledad, el desarraigo, la ausencia de objetivos que merezcan la pena. Creo que su aparente misogínia esconde simpre frustración por querer encontrar una mujer que no existe. Y tranquilo, que de máscaras está todo el mundo bien servido. Decía Voltaire (creo que fue él) que toda persona es en realidad tres: el que él piensa ser, el que los demás ven y el que realmente es. Los vapores etílicos a los que recurrí en mis peores momentos (últimos dos años) no sacaron la bestia que oculto, pero me dio miedo de lo que sé soy capaz de hacerme a mí mismo. Y el otro, como hemos discutidos muchas veces, te salva. Lo sigo pensando, ahora más que nunca.¿Cantaron (Oasis) "Stop the Clocks"? En realidad no creo que exista la canción, pero quién sabe. Cualquier día, en plena borrachera, la canta en un garito.

  2. Mycroft julio 19, 2009 a 6:20 pm #

    Existe, existe stop the clocks, de hecho ya se puede localizar en youtube cantada por Noel, enterrada entre varios fakes. No la tocan porque es material para próximos albumes.Decía Pavese que el hombre pasa con los años de buscar a una mujer, a buscar a La Mujer. No soy muy dado a pensar en ello, a creer en ello, a soñar con ello. Tengo la absoluta certeza de que es algo al alcance de muy pocos en realidad, y de que son muchos más los que se resignan por miedo a estar solos.Me temo que no estaba de ánimos festivaleros, en estos tiempos me tientan los pequeños placeres, un libro, una canción, un café con amigos largo tiempo ausentes… Conversaciones que me permitan discutir, contradecirme, apasionarme.Aunque Paolo creo que ha conseguido que le tome gusto al gin, después de años de bebidas marrones más que blancas.La bestia que oculto, no lo aparenta, pero es tremenda, bukowskiana, destructiva. La duermo con dos cervezas y unos pocos (muy someros) humos verdes.

  3. Paolo2000 julio 19, 2009 a 10:26 pm #

    El paso al Gintonic es todo un ritual de madurez, todos acabamos recurriendo a el y desterrando el juvenil ron que ojo a mi me gusta pero los excesos pasan tremenda factura.Muchas gracias por su cronica ! Me alegro que se lo pasara bien pese a caos organizativo y al deslucimiento musical ! Yo la verdad es que las dos horas que me vi obligado a pasar para acreditarme junto con los absurdos itinerarios que la organizacion nos hacia seguir para llegar al recintome cortaron bastante el rollo y al final sucumbi al Hambre. (Como decian en un monologo "Hostias, un kebab" es la frase que acaba con las noches…)Aunque si hubiera sabido la catastrofe que nos esperaba al dia siguiente hubieramos exprimido mas la noche sin duda pero bueno yo ya a los festivales y mas al FIB voy un poco con la idea de "a ver que pasa esta vez…" porque es que el historial de cancelaciones, incidentes, lo que sea es ya de aupa…Acepto gustoso su invitación y espero acercarme pronto a Valencia y a ver si sacamos un rato a la bestia a pasear, que de vez en cuando no viene mal !!!PS: Los libros de Houllebecq deberian venir con un prospecto recomendando un uso moderado de su filosofia… A mi Houllebecq me gusta y me ha llegado a impresionar mucho pero a veces su descarnada vision de las relaciones humanas se queda en un amargado reduccionismo, aun asi repito, para mí es uno de los grandes…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: