Particulas

20 Ago


Ella hizo rodar su silla hacia Bruno; todavía era torpe, había que hacer fuerza al arrancar, y ella no tenía fuerza en los antebrazos. Él la besó en las mejillas, y luego en los labios. «Ahora», dijo él, «puedes venirte a vivir a mi casa. A Paris.» Ella alzó la cara hacia él, le miró a los ojos; él no consiguió sostenerle la mirada. «¿Estás seguro de que eso es lo que quieres?» Él no contestó; al menos, tardó en contestar. Después de treinta segundos de silencio, ella añadió: «No te sientas obligado. Te queda un poco de tiempo para vivir, no estás obligado a pasártelo cuidando a una inválida…»

…Había dudado unos segundos de más, pobre Christiane. También había dudado unos días de más antes de llamarla; sabía que estaba sola en el apartamento con su hijo; la imaginaba en la silla de ruedas, cerca del teléfono. Nada le obligaba a cuidar a una inválida, eso había dicho ella, y él sabía que había muerto sin odio. Habían encontrado la silla de ruedas, desarticulada, junto a los buzones, al final del último tramo de escaleras.

(Las Partículas Elementales, M. Houellebecq)

4 respuestas hasta “Particulas”

  1. Paolo2000 agosto 20, 2009 a 8:05 pm #

    Que aridez la de las particulas elementales. El otro día leyendo Violencia de ZiZek citaba a Houllebecq como el que habia mejor descrito la dinamitación las relaciones humanas contemporaneas.Las cuales liberadas en buena medida de ataduras sociales, familiares y religiosas se intentan cimentar en el amor y el sexo. El amor sentimental sin sexo es irrealizable pero el incontrolable y egoista deseo sexual que lo alimenta acaba por sobrepasar y hundir a su vez al amor, lo cual deja un escenario muy jodido…

  2. Mycroft agosto 20, 2009 a 9:26 pm #

    Acabas de citar a uno de mis pensadores preferidos. Zizek y Sloterdijk son mis filósofos de referencia ahora mismo. Son audaces, elegantes, atrevidos, provocadores, pero lo que es más importante, como Houllebecq, ponen el dedo en la llaga y lo hunden bien dentro, para examinar la herida a la que llamamos humanidad.

  3. Alex agosto 23, 2009 a 6:24 pm #

    De las tres novelas de Houllebecq que he leído quizás sea "Las Partículas Elementales" la se vence más al amor incondicional. Los personajes del escritor francés son débiles y decreídos que no esperan nada de un mundo hostil salvo el sobrevivir. En siempre, con su árida prosa, Houllebecq cerca a sus protagonistas frente a lo imprevisto como última posibilidad de salvación. La novela lleva 200 años desintegrando a la sociedad de un modo esquemático. Sinceramente, pienso que Houllebecq va más allá, utilizando al azar como elemento trangresor e inesperado que sus protagonistas no consiguen asumir. Su nihilismo consiste en arrebatarte lo que se te ha dado de un modo seguramente inmerecido. Pero la pregunta de Houllebecq es siempre la misma: ¿quién merece nada en esta ciénaga? La autentica salvación, en última instancia, depende del individuo y su capacidad para la adaptación. Sin embargo, sus personajes casi siempre acaban mal, o muertos o lisiados o entregados a un futuro sin esperanza. Ergo, no hay salvación posible.

  4. Mycroft agosto 23, 2009 a 7:03 pm #

    No, no hay salvación. Pero me da a mi que el francés en el fondo lo que plantea es la moderna intolerancia al dolor y la incertidumbre, la falta de estoicismo, de anclajes, la necesidad de construirse sólidamente como individuo, de hacerse como proyecto, pero la imposibilidad de sustraerse a los deseos, sueños, pulsiones. Ahí está el personaje de Michel, que anuncia ese "extrañamiento o huida del mundo" a lo Sloterdijk, que no puede vivir, porque la vida, las relaciones sociales, las ilusiones traicionadas, son un cerco que se estrecha. Elige la vida pseudomonacal, el materialismo cientifista como utopía, la muerte de la pasión, la asexualidad como opción del hombre que como microorganismo se replica a si mismo…Lo terrible del francés es que en ningún momento se plantea la posibilidad de la esperanza, da por sentado que no la hay, simplemente toma nota del dolor de estar vivo, y sueña en el fondo con un brave new world en que el deseo es tratado como enfermedad y fuente de dolor, al estilo casi budista.

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