Ayudas al Automóvil

26 Ago


“El empleó que encontré consistía en aplastar nuevas limusinas terrestres para poder enviarlas a Pittsburgh como chatarra. Cadillacs, Chryslers, Lincolns…toda clase de grandes y potentes vehículos que no habían recorrido un solo kilómetro. Los conducía hasta las fauces, y luego crac, crac, crac: chatarra para los altos hornos.

Al principio me molestaba hacerlo…

“Dije lo que me parecía, y por poco pierdo mi empleo, hasta que el encargado recordó que era un durmiente, y que realmente no lo entendía.

-Se trata de una cuestión de sencilla economía, hijo. Son vehículos que el gobierno ha aceptado en garantía a cambio de préstamos para mantener los precios. ahora tienen dos años y nunca podrán ser vendidos. De modo que el gobierno los desguaza y los vende como chatarra a la industria del acero. No es posible hacer funcionar un alto horno solamente con mineral de hierro; también es necesario tener chatarra. Eso debes saberlo aunque seas un durmiente. En realidad con la actual escasez de mineral de buena calidad, la demanda de chatarra es cada día mayor. La industria del acero necesita estos coches…

-Pero ¿para qué construirlos, si no pueden ser vendidos? Parece una pérdida inútil.

-Solamente lo parece. ¿Quieres que la gente se quede sin empleo? ¿Quieres que descienda el nivel de vida…?”

“Volví a plantear la cuestión solamente una vez más, porque observé que muy pocos de los coches para el mantenimiento de precios estaban verdaderamente en condiciones de circular. El trabajo era basto, y con frecuencia carecían de partes esenciales, tales como instrumentos indicadores o acondicionadores de aire. Pero cuando un día pude observar por la manera en que los dientes de la máquina de aplastar mordían uno de los coches, que incluso les faltaba el motor, volví a hablar del asunto.

El jefe me miró asombrado.
-¡Vaya muchacho! ¿No esperarás realmente que se esmeren con coches que no son sino excedentes? Estos coches ya iban apoyados por préstamos para control de precios antes de salir de la cadena de montaje.

Esta vez me callé y me quedé callado. Más valdría que me dedicase exclusivamente a la ingeniería; la economía era demasiado esotérica para mi…”

(Puerta al Verano, Robert Heinlein, 1957)

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