Doctor Parnassus, o de la posibilidad de narrar historias

2 Nov


Vaya por delante que estamos ante una obra nítidamente gilliamesca, tanto en su magia, como en su aparente fragmentación (que tan denunciada fue a propósito del Barón de Munchausen). Una obra mágica y compleja, que guarda no pocos paralelismos con Timebandits, por cuanto que ambas son aventuras maravillosas derivadas de un juego entre criaturas míticas en la que los humanos se ven complicados.

No es baladí que el film se inicie con unos humildes y cochambrosos feriantes tratando de captar la atención ante el encallecido público del irónico y ajetreado siglo XXI. Como en El Rey Pescador, o los Hermanos Grimm, o gran parte de su obra, Gilliam se coloca a si mismo como defensor de la causa perdida de los cuentos que tienen capacidad de maravillar, pero que nadie parece escuchar.

El diablo es un Tom Waits guasón, que interrumpe la narración de Parnassus y sus monjes, retirados del mundo contando una historia que es el motor mismo de la realidad: Si se interrumpe, todo cesa, una suerte de “Nada” a lo Michael Ende amenaza. Nada ocurre con el silencio, y el burlón y mundano Waits se sonríe… Pero alguien en algún lugar cuenta una historia.

Ese es el quid de esta película, el alma mismo de todo cuanto acontece a esa especie de judío errante cuyo imaginario tiene poderes imponentes, pero cuya principio es no inmiscuirse en la capacidad de acción-elección de los hombres.

A ese respecto, Waits no es el Mal absoluto, sino que representa al mundo frente a la imaginación, a la acción frente a la ensoñación, al desafío y al juego frente a la inercia de la contemplación de Parnassus. Es el que pone en marcha las historias para que transcurran e inspiren nuevos mitos y narraciones. Así, Waits se muestra juguetón, como un tahur, que obliga a Parnassus a probarse, tal vez a arriesgarse a la penalidad, el dolor, a la pérdida. A la vida, en definitiva.

En medio, la disputa por el alma de la hija de Parnassus/Fausto, que habrá de afrontar sus propias elecciones. Y de fondo, el auténtico mal encarnado en los hombres, y su volubilidad moral, incapaces de mantener el mismo rostro en todo momento…

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2 comentarios to “Doctor Parnassus, o de la posibilidad de narrar historias”

  1. Alex noviembre 3, 2009 a 5:46 pm #

    Gilliam dobló la esquina hace años. No he visto "Doctor Parnassus", pero lo haré y no sé si debería. El Gilliam sin topes es más libre, sí, pero puede que no mejor que el sometido a la tiranía de productores caprichosos. Y que los años en el baúl de "Brazil" perdonen esta aseveración.

  2. Mycroft noviembre 3, 2009 a 8:30 pm #

    Yo creo que lo milagroso es que Terry siga hipotecandose y buscando dineros, con la fama que tiene para los productores, y salga muy airoso a pesar de la estrechez y la fatalidad…Y si la peli es algo deslavazada, lo es más al estilo de Timebandits que del Munchausen…

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