La batalla de Cabanyal

8 Ene

A petición personal:

No nos andemos por las ramas. Falta sutileza.

Depredada la ciudad, destruída la huerta, cuyo futuro está preñado de negros nubarrones engordados por la PAC, por la desidia en apoyar la viabilidad económica del mundo agrícola, y por intereses espúreos, tocaba hace ya años, que la ciudad de Valencia se devorara a si misma.

En China, la destrucción de barrios con siglos de historia se ve con naturalidad, en una concepción que encantaría al PPCV, de remodelación y renovación continua.

Finiquitada La Punta (Vean el documental A Tornallom, en el que se cuenta por dónde se pasó el gobierno Valenciano la calificación de “Zona Agrícola de Especial Protección”), puesto en el mapa Nazaret, gueto de origen marinero, como el Cabanyal, mal comunicado y peor considerado, pero cuya proximidad portuaria puede hacerlo aún más una presa de futuro, toca construir una avenida al mar. Proyecto ya aplaudido por el Blasco de los cuatro jinetes y del diario Pueblo (y precursor anticlerical de un populismo valenciano que algunos han sabido transformar en su aparente opuesto ideológico)

Sin embargo, esto no es un cuento de Dickens en que la malvada solterona trata de amargar la existencia de algún pupilo desdichado. Aquí hay más trasfondo. Aquí los ahora opositores socialistas, concibieron y alimentaron un proyecto parecido. Lo que antes era bueno ahora es malo y todo lo contrario, en aras de un electoralismo torpe y chapucero, sin explicar su postura en temas graves como es el planeamiento urbano. Y Rita, y con ella muchos arquitectos, se preguntan por dónde puede crecer Valencia, cercada de fértil y ruinosa huerta, de (desgraciadamente) fétidas reservas naturales echadas a perder, lagos contaminados, nucleos urbanos adyacentes sobre cuyas cabezas pende la imposible ambición de anexión y la lucha por la supervivencia, el crecimiento, las dotaciones presupuestarias, y los negocios lucrativos…

Creced y multiplicaos.

Y aquí paz y después gloria. Es una vieja orgía que saluda el derrumbe como negocio, la catástrofe como oportunidad: desde las proyecciones del barón de Cárcer y su idea abandonada de destruir el Carmen haciendo una gran avenida (que ahora acaba abruptamente, y deja el nombre del Barón anclado frente al Mercado Central en una “avenida” que no es tal) hasta los muchos y florecientes negocios que las inundaciones de los cincuenta dejaron: reconstrucción y el desvío del río, que se demoró por las continuas malversaciones y “mordidas” cuando no robo de maquinaria por los propios contratistas, de aquella “sana” España, tan “diferente” de la corrupción que nos “escandaliza” (cada vez menos me temo).

El Cabañal es un barrio degradado: degradado por alguien, no de forma espontánea, a golpe de intimidación, de realojos con familias en situación de exclusión, de negación de licencias de obras para acondicionar las viviendas. Un “bulling” inmobiliario con el manto de lo público, unas compras de viviendas bajo amenaza de expropiación, o directamente mediante justiprecios ridículos, un sadismo innecesario en las formas, un desprecio, ahora, a la actuación del ministerio de cultura, que pretende hace cumplir las calificaciones pertinentes que garantizarían su protección: cambiando tales calificaciones, resuelto el problema.

Un temerario conflicto de competencias que puede acabar en ese sumidero de despropósitos que es el actual TC. Orden contra decreto, no se trata de un duelo de rango sino de competencia, y tal vez fraude de ley si modifica el BIC, por mucho que se llene la boca con las sentencias del TSJ (todos hemos visto como actúa, Montero Aroca aparte) y TS, porque habría que ver el fondo del asunto de esos contenciosos ganados, y si es el mismo.

Y sin embargo, comprendo la postura del consistorio: Ha llegado demasiado lejos, ha acumulado demasiados inmuebles en la zona, ha domeñado demasiadas voluntades, ha afirmado demasiado enfáticamente que su solución, su trazado, su avenida es la única posible, la única concebible, más allá de posibles alternativas técnicas. Solo queda un camino de no retorno, y el aniquilamiento de una Valencia que, me temo, fue demasiado humilde, demasiado marítima, demasiado poco señorial: Rita y los suyos hablan de un barrio de callejas, mal comunicado, degradado…Ah, ah, ¿Y qué es Velluters, señores, qué es el Carmen? ¿O tal vez es tierra plagada de material para arqueólogos, y por eso interesa menos? ¿tierra con más solera, más cara de arrebatar?

Y, mientras tanto, el necesario Parque Central, aquel planeamiento de enterrar las vías, de conciliar dos partes de la ciudad vecinas y separadas, de comunicar barrios hermanos, ah, muy caro…el diners y els collons per a les ocasions, y eso son Copas América, edificios aquejados de elefantiasis de caro mantenimiento, y quebranto constante del montante presupuestado…

La ciudad crece, se despereza, tal vez busca contagiarle la lepra del asfalto a La Font d’En Corts, o a otras pedanías, esa voracidad problemática porque cuanto más se devora, menos queda por devorar… Frente a la ingenuidad del activista de manual, de altermundista defensor de una Huerta que uno no está dispuesto a cultivar, creo en el debate, creo en la transformación, creo que me pueden convencer de que una actuación determinada es necesaria.

El problema es que esta gente no quiere convencer, sino vencer.

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Una respuesta to “La batalla de Cabanyal”

  1. Paolo2000 enero 10, 2010 a 10:01 pm #

    Tremendo post, gran análisis. Se agradece la posición alejada de maniqueismos y gestos reflejos…

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