El libro negro: La improbabilidad del heroísmo.

9 May

Hace un tiempo, sufrí una fiebre verhoeviana, al redescubrir la etapa holandesa del director. Me propuse analizar sus peliculas en un año. Pero la cosa se diluyó, se dilató, y se arrastró en el tiempo. La inconstancia de mis humores, supongo.

En aquel entonces, su retorno a Holanda era rabiosamente nuevo (razón por la cual la iba dejando), y hoy es ya una película que es posible tomar con distancia, y que creo que puede beneficiarse del retraso. Tiempo ya de retomar este film con libreto firmado a medias con el ya habital Soeteman.

Pendientes quedan dos análisis que tal vez me superan, Showgirls y Starship Troopers.

Siempre hemos llamado la atención en las mujeres verhoevianas, fuertes, dominantes, aptas para la supervivencia. Esta no es una excepción. Incluso diríamos que Verhoeven ha sido una fuerte influencia en el prototipo femenino tarantiniano, al menos desde Jackie Brown, pasando por Death Proof, hasta encontrar un claro paralelismo entre la protagonista de Zwartboek y la Shosanna de Inglorious Basterds.

Ambas son judías, rubias, supervivientes, fingidoras, vengativas, fuertes, ambas presencian la masacre familiar, ambas se reencuentran con el responsable, ambas se colocan a ambos lados del frente nazi-resistente.

Si acaso a Shosanna se le permite guardar más distancia con los malvados y mezclarse menos, llevarse menos salpicaduras morales, y no rebajarse tanto. En esto Verhoeven es más inmisericorde y rudo que Tarantino.

Pero aquí acaba la semejanza, porque el relato moral de Verhoeven es complejo, incluso hasta el infinito. Verhoeven anula la condición de malos y buenos simplista, y entra al detalle en un relato de darwinismo en época de guerra, de simples soldados profesionales, con su familia, con sus buenos sentimientos, mezclados con sádicos en el bando nazi, de salteadores y colaboracionistas que pasan por ser héroes en la Resistencia. Nada esta claro, no hay una línea clara a seguir.

Carice Van Houten esta deliciosa, y aporta inocencia, tal vez inocencia en proceso de quedar manchada, pero inocencia al fin y al cabo.

Bajo una apariencia clásica, de artesanía, alejada de estridencia y saludada por algunos como la madurez definitiva del iconoclasta, un no necesitar rupturismos y provocaciones para llamar la atención, nos encontramos, tachán!: Ante un auto-remake encubierto de Showgirls!

Si, la película odiada y repudiada hasta por los verhoevenistas de pro. Tanto aplauso al clasicismo de Zwartboek para ir a morir ahí: al relato de corrupción que es Showgirls, al relato moral que es Keetje Tippel. No en un sentido literal de la prostitución carnal, que también. Sino a las cosas que a veces hay que hacer para tirar adelante. El precio que hay que pagar, y la dificultad de no perderse en el oscuro camino que nos toca recorrer a veces. No perderse a uno mismo.

Así, Soldaat van Oranje, que en principio era la referencia obvia por la temática de resistencia anti nazi, no está tan emparentada con esta película como otras obras ya mencionadas. O incluso responde a una visión de la guerra anexa a la de Flesh and Blood, como una barbarie y un pillaje que no han variado demasiado desde el medioevo. O como en Spetters, por lo que respecta a las renuncias, al ambiente claustrofóbico de una Holanda provinciana, falsa, hipócrita, santurrona y perversamente corrupta, con una cara patriótica y una trastienda tan racista y explotadora como la de los nazis.

Aquí hay un miserabilismo que va más allá de la guerra y retrata a los resistentes como burgueses racistas, fanáticos religiosos, ciegos de odio y envidia en el mejor de los casos, o simplemente traidores que juegan a dos barajas en el peor.

Se trata de desmitificar al héroe. A Rachel Stein le dan cobijo fanáticos que le obligan a memorizar la biblia, cerdos que tienen la aviesa intención de proparsarse, gentes que la venden a los nazis, traidores, explotadores caídos en desgracia con el nuevo régimen, ex-universitarios que luchan por recuperar la Holanda indolente y corta de miras, y operarias de fábricas miserables y envidiosas. Podría ser el mundo dickensiano de Keetje Tippel perfectamente.

Antológico el chiste (de viejo rebotado con el protestantismo, como corresponde a Verhoeven) del resistente que no puede matar, hasta que el espía nazi blasfema. Entonces le vacía el cargador entre gritos fanáticos que dan más terror que cualquier nazi.

Aquí, paradojas verhoevianas, si Rachel hace actos de heroísmo, estos son, literalmente, ponerle el culo a los nazis. Así es Verhoeven. Nos advierten en contra de los grandes relatos, de las grandes hazañas. La puta es la heroína y su heroísmo es precisamente confraternizar. Brecht escribió hermosos y cínicos versos al respecto.

El otro personaje positivo acaba siendo un nazi. Verhoeven de nuevo rompe con los villanos oficiales, con los blancos y negros. Hay grises. Un buen soldado, un hombre que trata de que la guerra no se cobre las víctimas inocentes, sino que sea un asunto de profesionales. Un soldado de otra época si se quiere.

Y el final del relato, en donde héroes oficiales celebrados por la multitud en la Liberación, son en realidad colaboracionistas, mientras a las mujeres que confraternizaron, las humillan, sin juicio de por medio, tribunales populares de pura turba y vengativa masa ciega de odio. ¿Todas? No todas. Algunas ya se han buscado a sus oficiales ingleses para que las follen y las protejan.

Al final, la alergia de Verhoeven al héroe. En De vierde Man, es un paranoico masoquista-religioso. En Desafío total, es en realidad un villano alucinado y amnésico. En Robocop, es un tostador sufriente. En Starship troopers, una panda de fascistas. En Instinto básico, un amoral suicida y hedonista (si, por raro que parezca) Etc.

Una película repleta también de carne y sangre, de sexo y mugre, de prostitución física y espiritual. Puro Verhoeven.

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2 comentarios to “El libro negro: La improbabilidad del heroísmo.”

  1. Bazna mayo 9, 2010 a 7:21 pm #

    a mi la peli me gustó mucho, un tema manido pero con un guión interesante, seduce. Y ella más.

  2. alex mayo 10, 2010 a 6:24 pm #

    Los héroes de Verhoeven siempre tienen más sombras que luz. "El Libro Negro" es un buen ejemplo. Hay rencor en la mirada del Verhoeven viejo. Los héroes parecen cada vez menos héroes y los malvados menos malvados. En realidad, como bien dices, es una constante de su cine. Lo amoral aflora y lo coherente se confunde. Hace poco volví a ver "Delicias Turcas". Cada vez que lo hago más me gusta el personaje de Monique Van de Ven. Él es un tarado que se aferra a la libertad individual sin darse cuenta de que está enjaulado por su propio recuerdo. La miseria es el olor de la mujer a la que quiso y que no supo retener. O tal vez fue ella la que no quiso ser retenida. "Showgirls", ya te lo he comentado en alguna ocasión, es la gran película de serie B de los noventa. La ascensión de la mediocridad al mayor de los altares. A la altura de "Star 80" o "Bienvenido Mr. Chance".Nuevamente, estupendo análisis Verhoevenanino, Mycroft. Disfruté leyéndolo.

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