No exageremos

27 Ene

-El comisario está obligado a esperar dos meses más (para jubilarse e irse al campo); ustedes en cambio, pueden hacerlo enseguida.

El ministro y el presidente se pusieron todavía más tétricos de lo que ya estaban. Supongo que pensaron que el padre Gaetano estaba aludiendo a los cheques que el juez Scalambri tenía consigo y que, tal vez, les obligarían a dimitir. Y es posible que quisiera aludir precisamente a eso. Exclamaron a dúo:

-¡Ojalá!

-¿Es difícil dejarlo? ¿les retienen a la fuerza?- preguntó fingiendo candor y estupor el padre Gaetano.

– Dios mío, exactamente a la fuerza no- contestó el ministro- Pero la verdad es que no resulta fácil abandonarlo.

El presidente asintió repetidas veces.

-Especialmente ahora-dijo ambiguamente el padre Gaetano.
¿Quería decir que les echarían inmediatamente o bien que no podrían irse sin haber rendido cuentas de sus negocios con Michelozzi? El hecho es que estaba aludiendo a ello. y que se divertía.

El ministro encontró fuerzas suficientes para dar otro sentido a las palabras del padre Gaetano.

-Tiene usted razón, especialmente ahora. Cuando las cosas van mal, abandonar sería una fuga, una deserción.

-Una traición-precisó irónicamente el padre Gaetano.

-Y puestos a ser exactos, hay que decir que las cosas van bastante mal-intervino el comisario.

-No exageremos-dijo el ministro.

-No exageremos-repitió el presidente.

-No exageremos-concluyó Scalambri.

-En fin, ¿van mal o no?-preguntó a los tres el padre Gaetano.

-Depende de los puntos de vista-contestó el ministro.

-Desde el punto de vista-dijo el comisario-de quien lleva las manos en sus propios bolsillos, van muy mal.

Se produjo un silencio como el que se da entre personas bien educadas que se descubren en compañía de un tipo mal educado. Después el presidente dijo:

-El problema no está en llevar las manos en los bolsillos propios o en los bolsillos ajenos; el problema está…

-…En que se pueda seguir practicando la habilidad de sacar todavía algo de los bolsillos ajenos-completé- Es decir, de encontrar todavía algo en ellos.

-¡El Estado no es un carterista!-protestó con indignación el ministro.

-Claro, no es un carterista-confirmó, con indignación más moderada, el presidente.

-Por favor señores…-dijo el padre Gaetano al ministro y al presidente- espero que no van a darme el disgusto de decirme que el Estado sigue existiendo…A mis años, y con toda la confianza que he depositado en ustedes, resultaría una revelación insoportable. Tan tranquilo como estaba pensando que no existía…

(Todo Modo, Leonardo Sciascia, 1974)

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