Archivo | octubre, 2012

Gente Peligrosa

23 Oct

“Hacer el bien, conocer la verdad, eso es lo que distingue a un hombre del siguiente. El resto es nada. La vida dura tan poco, sus necesidades reales son tan escasas, y una vez que uno se va, importa muy poco si fue alguien o nadie. Al final, lo único que necesitamos es un retal sucio y cuatro tablas de madera de pino” (Denis Diderot)

Gente Peligrosa, de Blom, no es sólo un delicioso libro sobre la Ilustración. No es sólo una amena biografía de Denis Diderot. Es una defensa de lo que debería ser un intelectual comprometido, arriesgando su posición, su seguridad, su libertad, su vida, por amor a la verdad, a la ciencia, y a la mejora de la propia sociedad. ¿Cuántos de esos hay hoy en día?

Blom se centra en un grupo de amigos, un círculo de intelectuales, un club de intrigantes, cuyo epicentro gira en torno a Diderot y D’Holbach, con las apariciones estelares de David Hume o de Gibbon.

Blom mismo toma partido, y no esconde sus simpatías porque no sólo está haciendo un libro de historia, sino que nos muestra controversias del XVIII cuyos ecos alcanzan el hoy.

Gente peligrosa es un libro de aventuras sobre proto-revolucionarios, una novela de alta sociedad con sus envidias y amoríos, una novela de intriga con sus conjuras, con amistades rotas (Rousseau y Voltaire no quedan en buen lugar en cuanto a calidad humana) pero sobre todo se trata de una radiografía a las fuerzas del progreso, a la apuesta por lo secular, científico, moderno, racional, frente a la sinrazón, la reacción, la censura, el fanatismo, la culpa y la religión.

Asistimos a las dudas de un Diderot que quiere vivir de acuerdo a sus principios, que en algunos momentos no consigue conjugar razón y pasión, que es dejado sólo por D’Alembert con la monumental enciclopedia a punto de descarrilar, que visita la cárcel, un Diderot que nunca pierde el amor a discutir, razonar, mantener conversaciones, debates y desafíos intelectuales, y que sacrifica gran parte de su obra personal por el proyecto mastodóntico que significa un caballo de troya del pensamiento ilustrado: Una Enciclopedia que fue el buque insignia de su tiempo.

Blom consigue contagiar su entusiamo. Porque es de rabiosa actualidad. ¿Dónde están los pensadores? Hoy en día, a ese salón de Gente Peligrosa me gustaría a mi asistir.

La búsqueda

9 Oct

Soñar un sueño imposible
Llevar la carga de partir
Arder, aunque esto pueda ser la fiebre,
Ir donde nadie irá
Amar hasta quedar devastado
Amar demasiado, aún equivocadamente
Intentar, sin un ejército, sin armadura,
alcanzar la estrella inalcanzable,
Esa es mi búsqueda,
seguir mi estrella
poco me importan mis posibilidades
poco me importa el tiempo,
O mi desesperanza
y lucharé siempre
Sin preguntas, sin descanso
Ser condenado
Por el brillo de una demostración de amor.
No sé si seré este héroe
pero mi corazón estará tranquilo
y las ciudades se cubrirán de azul
debido a la infelicidad
Arder hasta que todo haya ardido
Arder, arder demasiado, aún equivocadamente
Para alcanzar, antes de que yo sea desgarrado,
Para alcanzar la estrella inalcanzable.
(Jacques Brel, La Quête)

Espanya ens roba

8 Oct

Espanya ens roba, España nos roba. El expolio como justificación total. La versión activa catalana del victimismo pasivo-agresivo valenciano.

Retroalimantándose, la angustia mutua muta de un mcGuffin o distracción respecto a la gestión de la Generalitat para convertirse en otra cosa.

Un camino que en ambas direcciones conduce a las mismas consignas compulsivas que se (re)crean unas a otras como acción-reacción, contrarios complementarios.

Lo que debería hacernos ir con pies de plomo es que el desafecto y el relato del expolio no tienen sólo que ver con balances y libros de cuentas, sino con mecanismos mucho más sutiles de autoafirmación como comunidad.
“A fin de cuentas, la Causa nacional no es más que el modo en que los sujetos de una determinada comunidad étnica organizan su goce mediante mitos nacionales.  Por lo tanto lo que está en juego en la tensión étnica es siempre la posesión de la Cosa nacional. Siempre le achacamos al otro un goce excesivo, quiere robarse el nuestro ( arruinando nuestro estilo de vida) y/o tiene acceso a algún goce perverso y secreto.”

“Para el racista el otro es un adicto al trabajo que se roba nuestros empleos o un flojo que vive de nuestros esfuerzos, y resulta gracioso el constatar con qué facilidad se pasa de acusar al otro por su negativa a trabajar a acusarlo de robar nuestro empleo. La paradoja fundamental es que nuestra Cosa se concibe como algo inaccesible al otro y al mismo tiempo amenazada por él.”

“Lo que ocultamos al culpar al Otro del robo de nuestro goce es el hecho traumático de que nunca poseímos lo que supuestamente nos ha sido robado: la falta es originaria, el goce se construye a sí mismo como robado.”

“La antigua Yugoslavia ofrece un caso para el estudio de tal paradoja, en la cual observamos una detallada red de decantaciones y robos del goce. Cada nacionalidad ha construido su propia mitología narrando cómo otras naciones la privan de esa parte vital del goce, cuya posesión les permitiría vivir plenamente. Si leemos todas esas mitologías juntas, obtenemos la conocida paradoja visual de Escher de la red de estanques donde, si seguimos el principio de pepetuum mobile, el agua se vierte de un estanque a otro hasta que el círculo se cierra, de modo que dirigiéndonos siempre río abajo acabamos de nuevo en el punto de partida”.

(Slavoj Zizek, El Ocaso de las fantasías)

Una habitación arriba

4 Oct

Hablando de identidades masculinas en precario, “A room at the top” es una deliciosa producción británica de la bbc que adapta la novela homónima.

Asistimos a la peripecia vital de Joe Lampton, un aprendiz de cínico en la Inglaterra de posguerra.

Matthew McNulty, a quién conocíamos de Misfits, da un recital con una actuación tremendamente contenida, sugestiva, matizada. Huyendo del exceso, interpreta al contable Lampton, inquilino de un matrimonio que perdió a su hijo en la guerra, un extraño en los barrios de clase media alta, que deja entrever bajo su máscara de donjuán diletante, de conquistador calculador, de frío hombre duro que trata de conseguir un buen partido, a un hombre tremendamente dañado.

Con sólo el episodio piloto, y sin ganas de destripar demasiado, se nos cae inmediatamente la imagen pública de Lampton, ese Lampton que dice que la guerra es lo mejor que le ha pasado porque le sacó de los suburbios y le proporcionó sexo y diversión, el tributo al héroe de permiso, siendo Londres semejante al Paris de retaguardia de Céline.

El mismo hombre que mide a las mujeres en categorías, dependiendo del sueldo que esperan que sus futuros maridos ganen, se convierte en alguien que, como Brel exhibe en su canción, sólo busca un poco de ternura.

El momento, el lugar, y la persona no serán los planeados. Y hasta aquí puedo leer.