Split: Los muertos andantes/La vanguardia

1 Feb

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“Soy partisano, vivo, siento en la conciencia viril de los míos latir la actividad de la ciudad futura que están construyendo. Y en ella la cadena social no pesa sobre unos pocos, en ella nada de lo que sucede se debe al azar, a la fatalidad, sino a la obra inteligente de los ciudadanos. En ella no hay nadie mirando por la ventana mientras unos pocos se sacrifican, se desangran en el sacrificio; y el que aun hoy está en la ventana, al acecho, quiere sacar provecho de lo poco bueno que las actividades de los pocos procuran, y desahoga su desilusión vituperando al sacrificado, al desangrado, porque ha fallado en su intento. Vivo, soy partisano. Por eso odio a los que no toman partido, por eso odio a los indiferentes.”

(Antonio Gramsci)

Me gusta mucho la diferencia de matiz entre los vocablos del inglés y el español, en lo que se refiere a los no muertos. Mientras que “los muertos vivientes” implican cierta vida tras la muerte, muy acorde con el background cristiano, los “walking dead” están muy lejos de eso. Caminan, realizan ciertas funciones mecánicas, pero los anglosajones se guardan mucho de calificarlos como “alive”.

¿No es eso un poco lo que ocurre con los pártidos de la Cultura de la Transición? Caminan pero no están vivos. Y su estado vegetativo, destructivo y antinatural, es lo contrario a la vida, es la podredumbre.

Muy poco he vertido en esta página desde hace tiempo, acerca del signo de los tiempos. De la ira y el miedo ciudadanos, y del sistema convertido en problema. En parte por el gatopardiano convencimiento de que algo pasa para que todo pase (de largo).

Tangentopoli again, Como en Italia en los 90,  pero donde los indignados italianos eran cientos de miles, ahora son callados millones en sus casas, aunque en las calles decenas, apenas centenas. No me malinterpreteis, ellos existen y dignísimos alzan su voz, pero nos faltan voces

¿Por qué?

Ha sido minada la capacidad de asombro, ha sido minada la capacidad de creer que mi acto de denuncia significa una diferencia. Leed, amigos, leed el “odio a los indiferentes” de Gramsci. Porque necesitamos de exabruptos y lúcidos alegatos.

Si, es época de vacas flacas y alegatos. Es época de mudanza, es época revuelta, ¿cuál no la ha sido? como mucho el breve suspiro keyneisano, que llegó a este país de refilón, ya aligerado de esperanza y convicción por la crisis del petróleo.

En Italia la montaña parió un ratón, o una rata mala para ser exactos, y de tantas gargantas roncas de gritar, salieron escaños populistas y presidentes infames.

¿Qué hacer?, preguntaba Lenin. No diré presuntuosamente qué hacer, sino que os lo pregunto, compañeros, esperando que seais conscientes, por fin,  que no hacer es un hacer en sí mismo, un otorgar callando, un cheque en blanco. Y la chequera ha sido demasiado generosa.

Lo malo de los muertos andantes es que, al menos en las películas, sólo una bala en la cabeza acaba con ellos. Son resistentes. Lo malo de las metáforas es que sólo alcanzan a arrojar luz hasta cierto punto, pasado el cual pueden ser excesivas. Debemos encontrar el equivalente democrático a esa acción drástica y definitiva.

Los partidos de la democracia transitiva (y uso muy conscientemente ese adjetivo, y sumo transaccionada, y transida, y transilvana si me apuran) seguirán mecánicamente haciendo sus funciones de muertos devoradores de vida. Cambiarán nombres y hombres, y los sobres seguirán con destinos distintos: Los jueces serán acosados, la policía económica, desarticulada (como en Palma) cual comando terrorista, los tiempos, alargados, agónicos, esperando prescripciones, y excepciones, indultos, olvidos, desmemorias…

La bala, al menos la bala metafórica, la tienes tú. La bala eres tú. El miedo o el cinismo no nos puede disuadir, no nos puede apartar, porque lo público nos afecta, porque está en juego lo que es de todos: el sistema por el que nos gobernamos, y la gobernanza que sostiene nuestros derechos sociales conquistados con la sangre y el esfuerzo de los nuestros, de nuestros padres y abuelos.

Los muertos andantes se aferrarán, negarán, patalearán… Agotarán legislaturas enrocados en una supuesta responsabilidad frente a la crisis, en la legitimación de unas elecciones conquistadas a base de mentiras programáticas y con la campaña pagada por los zorros que cuidan a las gallinas,  pactarán entre ellos si fuera necesario. Como ya hicieron para reformar el tabú irreformable de la constitución.

¿Un gobierno de coalición PP-PSOE? no sé si veremos eso formalmente, pero… ¿no lo estamos viendo un poco de facto? Cuando el púgil golpea en blando a un contrincante que ofrece su peor cara, es que el combate está amañado. Y sí, es un mal símil, porque la democracia no es un combate cainita, en ella no se vence sino que se convence. Pero hemos vivido de una falsa dicotomía, de un falso antagonismo para jalear y movilizar a las propias huestes, y el amaño es tan palmario como perfecto para mostrar la complementariedad de azules y rojos (desteñidos).

En la Comunidad Valenciana vivimos en la vanguardia. Lo que parecía excepcional, lo que nadie se explicaba por su especial notoriedad, el “caso valenciano”, es sólo un apéndice de una podredumbre mayor, total, casi diría constitutiva de nuestra sociedad:

Una sociedad refundada en el conformismo de unas leyes franquistas que legitimaron un borrón y cuenta nueva, o ley de punto final, un pack constitucional con monarquía incluída sometido a votación de todo o nada, una continuidad exacta desde MATESA a FILESA pasando por NASEIRO y hasta ahora…

¿Éramos inexplicables en nuestra tibia fibra moral los valencianos? Gurtel y Blasco, Brugal y EMARSA, Comisiones y prevendas, Consellers de lo social robando a los más necesitados; la inexplicable levedad del estamento judicial en el caso Fabra…

No. Somos los Übermensch. Los elegidos como Tierrra de promisión que ahora se ofrece al empresariado catalán como alternativa sencilla (sabemos el precio de cada cual, sin otras consideraciones mistificadoras). Disponemos de aeropuertos sin aviones, entre otras cosas, por si la combinación ferroviaria les parece muy del proletariado.

Elegidos como sociedad del turismo descabellado y monumental, soñada como burguesía ingenuamente universalizada.

Sociedad Constructora S.A., de los sobrecostes, de las obras, de las comisiones, de las depuradoras y basuras convertidas en minas de oro, de los duques empalmados, somos la parte que explica al todo, el síntoma de una efermedad más general.

Una enfermedad en la cual media oposición, rendida y acomodada, se adormece con la siesta de los estómagos agradecidos mientras los delirios y los sobres lacrados, los amigos y afiliados, todos ellos se descubren enriquecidos, cómodos al calor del fuego prometeico del poder arbitrario.

Entre tanto la escuela y el hospital se hunden (en algunos casos literalmente, cascotes incluídos), y se desprestigia lo público con la inestimable ayuda de la gestión propia, repartiendo las migajas, privatizando en favor de los allegados por un precio suculento, y cercenando los derechos ciudadanos.

Somos vanguardia también en la resistencia, en la primavera valenciana que descongelaba el cinismo, en la existencia de grupos, colectivos, voces críticas que hacen preguntas incómodas precisamente por ser incómodas.

El hombre que no es político, que no se interesa por el asunto público, era para algunos pensadores griegos un mero animal de carga. No llegaré tan lejos, pero que nadie se sorprenda si acaba en el matadero sin saber cómo ha llegado.

Valencia es vanguardia, y el mito de la sociedad dinámica, llena de emprendedores, sobrevive. Corruptores lanzan ideas mesiánicas. Se habla de una Mercadona responsable de pagos, mientras el Gurú (Nuestro Amado Líder) plantea una Lanzadera para emprendedores. Está bien emprender, está mejor comprar voluntades e ideas.

Su fondo Atitlán esperaba devorar la sanidad. Su red de poder esperaba llegar a influir en las ruinas del sistema bancario valenciano. Su lobby AVE disputa con las asociaciones empresariales tradicionales la capacidad de presionar políticamente.

Su incursión en la exportación de vinos ha acabado cobrándose la pieza del ejecutivo que planeó la operación. Premio al emprendedor. No hay acritud, son los negocios.

El problema es que los negocios y la política, y la doxa económica, y el tufillo a lo Ayn Rand en pantuflas del Empresariado Español, acaben por ser una misma cosa.

Hagamos una lista: Díaz Ferrán, Fátima Báñez, Montoro, Bárcenas, El Bigotes, Camps, Rato, Urdangarín, Trillo, Cascos, Pepiño Blanco, Correa…

Qué tropa, que dijo aquel. Pero si no salimos a la calle, ni nos mojamos, esa tropa, esa maldita tropa de fantoches han ganado. En Valencia lo sabemos, Hemos sufrido a Blasco 30 años, con unos, con otros. Darse por vencidos es darles el dinero en la mano y la razón al cinismo de que el sistema es así.

Con este sistema conmigo que no cuenten. Porque resistir es rebelarse y rebelarse es ganar algo más que unos fondos perdidos, ganar una dignidad que nos ha sido arrebatada, un sistema de gobierno que puede y debe ser mejor, y un futuro sin una plaga que nos asole.

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