Realidad

2 May

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“La realidad es siempre desagrable. Una de las cosas que me fastidian de la poesía española es cuando un poeta dice que ama la realidad, pero habla siempre de algo que no es la realidad. Los poetas que dicen que aman la realidad y luego agregan: yo toco este árbol, esta pared. Ni el árbol, ni la mesa, ni la pared son para nosotros la realidad. La realidad es lo que uno tiene que tener en cuenta, porque si no lo tiene en cuenta se le echa encima y le da un golpe. La realidad son las cosas que debe uno llevar apuntadas en una agenda y tenerlas siempre presentes, porque si no, le destruirán. Si yo bebo por la noche, me pasa siempre lo mismo. Me acuerdo de todo hasta que entro en casa. Si salgo de un bar, cojo el coche, hay transúntes en la calle, hay luces rojas y verdes, hay árboles, hay bordillos, lo tengo que tener en cuenta todo para volver a casa; y a la mañana siguiente lo recuerdo todo.

Pero después de haber entrado por esa puerta, ya no recuerdo nada. ¿Por qué? Porque esta cómoda, esta lámpara o este sofá no son igualmente reales que los bordillos, los transeúntes, y los semáforos. me los sé de memoria. Ya no los tengo que tomar en cuenta. Puedo entrar aquí y no hacer esfuerzo mental, moral ni físico para llegar a mi cama y meterme en ella. Por tanto, desde ese punto de vista, todo lo que está asimilado a mí, todo lo que no tengo que esforzarme en controlar, porque es dócil, lo conozco, sé dónde están las esquinas, y dónde debo tomar las curvas, para mí no es real. En el mejor de los casos, será parte de la realidad de mi conciencia, no de mi conciencia de la realidad. La realidad es siempre imponente.

Y por tanto, no es amable. Un árbol de esta plaza será real si llego de noche en el automóvil, y de repente se me aparece al otro lado del parabrisas. Entonces será una realidad atroz. Si me asomo por la ventana o vengo caminando, será una cosa por completo asimilada y que no tengo que tener en cuenta más que estéticamente, placenteramente. Por definición, la realidad es lo desagradable. No creo que nadie pudiera estar enamorado de ella. Al fin y al cabo la madre de la realidad, es la muerte. De tal madre, tal hija”.

(Jaime Gil de Biedma)

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