Ser acusado, manual de instrucciones

30 Ago

Finge no estar al corriente de las acusaciones dirigidas contra ti. No cambies tu forma de actuar en aquella materia objeto de las acusaciones, como si te sintieras culpable; de lo contrario, tu acusador se sabrá descubierto y actuará en consecuencia. No obstante, siempre que se te presente la ocasión, habla de él como de un enemigo jurado, un especialista de la delación. Añade que si bien los jueces desean que haya delatores del mismo modo que en la guerra es deseable que haya traidores, no es recomendable ser su amigo.

Afirma que tiene por costumbre proferir las mismas acusaciones cuando ataca a otros en tu presencia. Que las personas como él no actúan ni por el sentido de la justicia ni por el sentido cívico. Que los jueces no deberían tenerlos por aliados sino por lo que son: enemigos sistemáticos del honor ajeno, y que, si les escuchan creyendo que pueden serle útiles, sufrirán personalmente las consecuencias.

Escúdate en una dignidad taciturna y arrogante. Sumérgete en tus asuntos como si quisieras distraerte y consolarte de las bajezas del mundo ocupándote de cosas que realmente merecen la pena. No obstante, continúa alimentando el odio contra el hombre que te ha acusado, y estudia la manera de hacer frente a la situación en que te encuentras por su culpa, aunque sin tener reparos en pedirle consejo como amigo querido.

Aunque alguien te acuse de hechos odiosos ante un tercero con el objetivo de enemistarte tú con él, tú, en cambio, debes hablar siempre en tono elogioso de tu acusador ante ese tercero.

Desde el principio de un proceso, difunde la idea de que tu adversario es el auténtico culpable de aquello que se te acusa. O bien subraya que este proceso se refiere esencialmente a hechos por los que ya has pagado. O incluso destaca que el hombre que te acusa, por ejemplo, fue expulsado del ejército por orden de un tribunal recientemente.

Si has de responder de varias acusaciones, no pierdas toda credibilidad negándolo todo en bloque. Reconócete culpable de algunas faltas menores, aunque no sea cierto, a fin de aportar prueba evidente de tu honradez, y para no dar imagen de que te crees irreprochable.

(Breviario para políticos, Cardenal Mazarino)Mariano_Rajoy_espaldas

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