Itaca

19 Jul

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No sé lo que pensaré dentro de un mes, tal vez insatisfecho como siempre, o fracasado.

Pero hoy ultimo un viaje, que espero también interior. Me he despedido de mi trabajo. He dicho adiós a mi familia y a mis amigos. Dentro de dos semanas viviré en otro país, buscaré otros amigos, caminaré por otras calles, veré con otros ojos.

No espero nada. Es una buena oportunidad laboral para apenas medio año, una beca en Bruselas. Nada espero sino lo diferente, nada idealizo sino el reto.

He roto con una rutina que amenazaba arruinar mi espíritu, con un trabajo que no me gustaba, con una inercia que me embutía.

He roto con el miedo de no atreverme a hacer las cosas, y con la creencia de que no puedo hacerlas.

Puedo hacerlas. Cumplir con pequeños menesteres diplomáticos, tal vez con los divertidos y disparatados personajes de Waugh en la cabeza, viviendo en la capital de la esclerotizada Unión. Viviendo y pensando  el final del proyecto europeo, en la capital europea.

Ando diciendo que quiero irme ligero de equipaje. No será tanto, pero esa es mi intención. No creo que las huidas de las propias vidas resulten, nuestra vida viaja con nosotros, pero esta vez no se trata de huir, por una vez, es un viaje, para el cual me he estado preparando desde hace tanto.

Me voy.

“Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas”.

(Kavafis, poeta GRIEGO)

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