Dos buenos chicos

24 Jun

the-nice-guys-mondo-posterThe Nice Guys_Side B

Es vox populi mi admiración por Shane Black. La experiencia de ver la nueva película del guionista estrella no pudo ser mejor, ni en mejor compañía, con Alex Herrera, que creo que disfrutó más de verme convertido en un niño de 12 años por un momento, que de la misma peli, que también.

Shane me tenía ganado desde el minuto uno. Aún me parece que sobra un poco de minutaje (15 minutos) y que la acostumbrada traca final es demasiado. Y por un momento, cierto deja vu a Kiss Kiss Bang Bang, sobre todo estructuralmente. Aunque ha mejorado su pericia técnica sustancialmente.

Pero el análisis me duró 5 segundos. La diversión me ha durado toda la semana. El ambiente setentero, los eternos perdedores, los one liners, los mecanismos de la buddy movie, las dos tramas que se juntan, Ryan Gosling como padre políticamente incorrecto, Russell Crowe pasado de vueltas entre los Intocables y L.A. Confidential, pero en el mundo de El último Boyscout, los 70s en toda su mugre y brillo de neones, la estética, las fiestas fellinianas, el slapstick, el turbio mundo de los negocios y del porno.

Y la observación, por mi parte, de la importancia de la infancia en el cine de Black. El punto de vista es el de la hija de Gosling. Somos nosotros, recuperamos su pureza, su idealismo, su esperanza.

Algo que comienza a ser constante, que ya venía apuntando desde El último boyscout, que puso en el centro del juego de metacine en Last Action Movie Heroe, que juega un papel especial en Kiss Kiss Bang Bang como asunto no resuelto, y que incluso se cuela en su Iron Man.

Y me gusta volver a sentirme niño. Gracias Shane, por la diversión inteligente, por el espectáculo, por la comedia, por la acción.

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Una respuesta to “Dos buenos chicos”

  1. antarcticastartshere julio 19, 2016 a 3:41 pm #

    Sinceramente creo que es una película que ofrece disfrute inmediato, sin cuento, gozoso. Sin embargo, a mí me costó relajarme lo suficiente para disfrutarla. Me limité, como haría un cinéfilo gruñón, a señalar los mil errores de guión, los defectos de ritmo, el mejorable desarrollo. El tiempo (no demasiado, afortunadamente) me permitió revivir la película en su justa medida… y entonces la disfruté. Mucho. Creo que Black se ha estancado en una forma de entender el cine, como si se negase a aceptar que los 80 se fueron. Se ha convertido en una especie de reliquia atemporal que no debe juzgarse, sino disfrutarse porque ha conseguido mantener la pureza de lo que mejor sabe hacer.

    Verla a tu lado fue un privilegio y un placer. Hay que repetir!

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