Monteolivete: Bosquejos de un Barrio I

13 Nov

Mont Olivet: Alfredo Egea Vivo y MªLuisa Guijarro Estellés

“Este aglutinamiento de población, este paisaje de asfalto y hormigón que vemos actualmente tiene un origen reciente, ya que es el resultado del extraordinario crecimiento demográfico y constructivo acaecido desde principios de los años 60 en Valencia, o más concretamente, en la áreas periféricas de la ciudad. Mont Olivet en tan sólo unos años vio como su paisaje de huerta tradicional, su histórico poblamiento, iban desapareciendo de forma cada vez más acelerada hasta convertirse en un barrio residencial más de la ciudad. Era el fin de un paisaje y de un modo de vida que habían permanecido inalterables durante más de 600 años.

Hemos de remontarnos pues hasta el siglo XIV para conocer el origen del actual barrio, ya que fue a mediados de ese siglo cuando en la huerta de Russafa se construyó una pequeña ermita, en torno a la cual girará toda la vida e historia de Mont Olivet.”

“La leyenda dice así: En el año 1350, uno de los dos Alfonsos, familia antigua de Russafa, se encontraba de soldado en Jerusalén, tal vez procedente de Trípoli o de Tolemaida, último asilo de los cristianos y cuyas fortalezas habían sido demolidas por Galisa, rey de Egipto. El soldado Alfonso cayó prisionero de los moros, y hallándose cautivo en Palestina, resolvió fugarse por huir del mal trato que recibía. Para llevar a cabo su resolución se retiró una tarde hacia el monte; preocupado por las dificultades que se le ofrecían en un país enemigo y además desconocido, sintió amenguarse su valor y empezó a invocar la protección de la Santísima Virgen María. En medio de su aflicción, se le apareció la imagen de Nuestra Señora sobre un olivo, y lleno de fe se subió al árbol y se encomendó de nuevo a la Virgen. Concluida su plegaria, trató de llevarse la imagen; pero observando qie era una pintura sobre tabla y muy pesada, que no le sería fácil transportar sin ser apercibido, desistió del propósito y la dejó en el árbol. Había dado apenas unos pasos cuando oyó una voz que le decía: “¿Tan poca fé tienes?”. Avergonzado, el cautivo retrocedió, subió de nuevo al árbol, y bajó la pintura, y sentándose un momento al pie de quel, quedó dormido.

Despertole un ruido de caballerías, y abrió los ojos dispuesto a huir, cuando, al esclarecer el día, observó con terror que no se hqallaba en el mismo sitio en dónde se había dormido. Examinó, observó, dudó, hasta que por fin vió venir alguna gente; dudando todavía preguntó a los transeuntes dónde se hallaba y contestaronle que en la huerta de Russafa. Alfonso al oír el nombre de su país natal, lleno de asombro y entusiasmo y de gratitud se postró de rodillas dando gracias a Dios y a la Santísima Viergen por su infinita protección.

Esparcióse luego en Russafa la noticia de esta aparición, y las autoridades, clero y millares de personas dispusieron la traslación de la imagen al pueblo, en cuya iglesia parroquial por ocho días consecutivos, se festejó y obsequió a la Virgen. Pasado ese tiempo, añade la tradición, la santa imagen volviose a buscar su nicho en el olivo, por donde convinieron todos, en que allí en el mismo punto del hallazgo era donde debía venerarse. En breve, con dádivas de devotos, levatose un casilicio, en cuya construcción se señalaron piadosamente todos los vecinos, y con especialidad los pescadores del Palmar.”

“Aceptando pues, que en este rincón de la huerta de Russafa existía un pequeño olivar sobre un terreno algo más elevado que el resto, parece lógico pensar que estas especiales características del lugar- pequeño montículo con arbolado, en un paraje apartado y tranquilo junto al río- lo hicieron ser elegido hacia mediados del siglo XIV, como el más adecuado para la construcción de una ermita a la Viergen, la cual sería conocida desde entonces con el mismo nombre con el que por aquellas fechas debía ser denominado el lugar. Mont Olivet.

Esta primitiva iglesia que no era más de una ermita a modo de barraca con habitación anexa para un ermitaño, fábrica toda antigua y que poco o nada tenía que admirar, se conservó hasta 1767, fecha en que fue derruida para construir en su solarla Iglesia que todavía hoy se conserva. Durante esos años este paraje apartado y solitario fue siempre muy frecuentado de los venerables notables de la ciudad” “…al estar en una zona de huerta bastante tranquila a la vez que no demasiado apartada de la ciudad, fue utilizada únicamente como lugar de retiro espiritual.”

“Si bien, fueron esas mismas características las que hicieron, que, años más tarde, se destinara a hospedar a los marineros que, procedentes de países epidemiados, tenían que guardar cuarentena antes de entrar a la ciudad que, por estar muy cerca de la ciudad como para no ser propio el lugar para dicho efecto, en el año 1720 deliberó la ilustre Ciudad la formación de una casería que hoy se dice Lazareto, a la orilla del Mar. Hasta ese momento, o sea, casi 400 años después de la construcción de la ermita, esta zona conocida como Mont olivet había logrado mantener prácticamente la misma imagen de mediados del siglo XIV…” “…seguía siendo por tanto una amplia zona de huerta, de poblamiento disperso, con pequeñas alquerías y barracas situadas junto a los numerosos caminos, y rompiendo esa uniformidad, junto a un meandro del Turia, y en la encrucijada de caminos que desde Valencia a la orilla del río y desde Russafa por la huerta conducían al Lazareto y la Albufera, en el pequeño montículo, la ermita y su olivar”.

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