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Kenneth Rexroth: La cualidad de la valentía

24 Jun

tumblr_ncp1mmF2sw1rg6f6go2_1280“…la valentía para sobrellevar la inevitable destrucción de todo lo bueno, para enfrentarse al hecho de que el amor, no dura siempre, de que los amigos se traicionan unos a los otros, de que la belleza se marchita, de que los poderosos resbalan en su sangre y sus ciudades arden…lo único que perdura, lo que da valor a la vida, es la camaradería, la lealtad, la valentía, la magnanimidad, el amor, las relaciones humanas, con una comunicación directa. Es aquí, y de ninguna otra parte, de dónde surge la belleza de la vida, su tragedia y sentido.”

(Kenneth Rexroth)

Kenneth Rexroth, poeta e intelectual libertario, con Esther Quintana, Podcast olvida tu equipaje

 

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These Nights

14 May


Como en una pesadilla
voy vagando por la ciudad
con grillos magnéticos
me aprisiona el aliento
nadie la ve
solo yo noto el hierro oscuro
colándose en mi sangre
a cada movimiento. Asssííí.
Y no tengo la fuerza

Yendo siempre adelante las sombras de mis pasos mueren
Como la trayectoria de un cometa de oscuridad
Y el asfalto a mis espaldas me suprime
Con todo lo que he sido y todo lo que he pensado
Como un prestidigitador
Destinado a escamotearme la vida.
Hay una sucesión correcta de casas
En este camino que no obstante
Ha de significar algo
Hay un cielo sin color sin olor sin carne
Sobre mis pasos sin importancia
Con los ojos cerrados ando en una caja negra
Con los ojos abiertos ando en una caja blanca
Y por más que me esfuerzo por entender algo
Pesados martillos me parten en la cabeza todos los pensamientos

A veces una aparición devastadora
brota entre las sílabas
como la polilla que anidó
en la herida de púrpura del soldado.

La guerra es real.
Noches en calma y la luna
pausas engañosas
instigadoras del crimen.
Las palabras menguan.
Al más frágil
y solitario lenguaje del mundo
he tratado de salvar hoy.
De la vena cortada del amor
señales en Morse:
gotean lentamente
lo lograré, más tarde.

Denisa Comanescu

Ojos cotidianos

22 Ene


” En la ciudad (como hizo notar Jacinto) no se contemplan, ni se recuerdan los astros, porque los gases y los globos eléctricos los escamotean. Por eso (como yo advertí) nunca se entra en aquella comunión con el universo, que es la única gloria y el único consuelo de la vida. Pero en la sierra, sin disformes edificios de seis pisos, y sin cuidados que puncen, como las hojas de la chumbera, haciéndonos mirar al suelo, un Jacinto, un Fernández, libres, bien comidos, fumando desde los bancos de una ventana, pueden contemplar los astros y los astros contemplarles a ellos. Unos, ciertamente, con ojos de sublime inmovilidad y de sublime indiferencia, pero otros curiosamente, ansiosamente, con una luz que diríais que hace guiños, que llama, como si quisieran desde tan lejos revelar sus secretos o comprender los nuestros. “
(Eça de Queirós)

Las ciudades te acogieron siempre con los brazos abiertos

2 May


Las ciudades te acogieron siempre con los brazos abiertos
niñeras madres dulcemente
durante mucho tiempo lloró
el hierro y la tierra fría
se abrió te tragó y te devolvió entero
al principio te creías libre
suelto pero pronto pusieron
los minutos chirriantes un grillete en tus pies.

Atado a la velocidad tenías un deseo
oculto y silencioso: seguir siempre adelante
entregarte al placer desgarrado que siempre pierde
lo que es y sin mirar atrás transforma
la vida en muerte y la muerte en vida
y saluda a la victoria en la derrota y siempre
se aleja se aleja.

Compañeros sensibles tus ojos
adormilados unieron tu mitad a su mundo
de la ciudad futura: y mendigos, prostitutas y rateros
niebla y hedores y el aluvión de gentes al atardecer
te envuelven poderosos te liberan
te atraen y te conceden el perdón y el instinto:

Levántate, échate tu carga al hombro y mira
la ciudad
te recibe con los brazos abiertos, cálidos y radiantes.

(Sigfús Dadason)

Vivir

18 Feb


La ciudad que vive en ustedes

Ustedes viven en la ciudad
que compraron en una subasta silenciosa.
Nuevamente fueron incapaces
de pagar sus deudas.
Bajo sus pupilas ennegrecidas,
ensayan sentir ciertas cosas.
Sin darse cuenta de su propio distanciamiento,
parten lejos,
utilizando sus cuerdas de pensamiento
como un teleférico.
Su temblor aumenta
cuando tocan los incontables elementos.
Con sus gritos,
ponen en fuga a los pájaros,
cuando sienten las sacudidas dadas
por el eco de palabras que superan su pensamiento.
Con sus respiraciones,
las rosas se marchitan.
En los momentos de locura,
los cristales caen de sus tejados.
Cuando su radio de pensamiento se encoge,
su ciudad crece.
De tanto correr calles y avenidas,
ustedes se han fatigado.
Mientras las luces de tantas máquinas de tensión
invaden las noches,
sus seres humanos se robotizan.
En las aguas negras,
los sapos tienen miedo a los cocodrilos.
Su viaje interior los ha envejecido.
Sus alaridos interiores se amplifican.
Ustedes producen dificultades a cuarenta manos.
Las celdas auxiliares de sus laboratorios
niegan cualquier momento placentero.
Mientras sube y baja el indicador del miedo,
no tienen la posibilidad de hablar.
A cada movimiento del reloj,
las estaciones se separan de su corazón
y la soledad no deja de atravesar su espíritu.

(Üzeyir Lokman ÇAYCI)

Las Pálidas Estrellas

22 Ene


Hace tanto que escribí un relato que trata
de una muchacha de lento andar
-él la acompañaba de noche a casa
por una calle tan ancha tan ancha
que aún dentro de la ciudad
se podían ver las estrellas (resbalaban
las estrellas, decía él. He aquí, Adebarán.
Si ella preguntase cuál de aquellos brillos
era Aldebarán, él habría podido decirle:
cualquiera.)
Pienso que era muy callada;
años más tarde se me ha dicho
que la muchacha del relato era un ser real
y que ha muerto de cáncer. Pero yo he sabido
que su historia no era más que una transcripción.
Pienso que él hubiera deseado quererla mucho.
Han transcurrido tantos años desde aquel entonces.
Ahora es una mañana de lluvia sucia,
Encima de estas casas altas y parduzcas.
Paso por delante del edificio, donde
hace una vida, durante una noche
él le ha besado la mano. Él ha muerto
poco después-ella años más tarde.
(Mircea Ivanescu)

Creo…

27 Dic

” Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para soltar las riendas de la verdad dentro de nosotros, para demorar la noche, para trascender la muerte, para congraciarnos con los pájaros, para ganarnos la confianza de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de los choques de autos, en la paz de los bosques sumergidos, en la excitación de las playas de vacaciones cuando están desiertas, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de muchos pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en el vuelo, en la belleza de las alas y en la belleza de todo lo que ha volado siempre, en la piedra arrojada por un chico con la misma sabiduría de los estadistas y de las parteras.
Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en los dolores de cabeza, en el aburrimiento de los atardeceres, en el miedo de los calendarios, en la traición de los relojes.
Creo en la muerte del mañana, en la fatiga del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de la sonrisa de las azafatas en los ómnibus de larga distancia y dentro de los ojos cansados de los hombres que controlan el tránsito en los aeropuertos fuera de temporada.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en el propósito asesino de la lógica.
Creo en las adolescentes , en como se corrompen a sí mismas por la posición que adoptan sus largas piernas, en la pureza de sus cuerpos desarreglados, en los vellos púbicos que dejan en los baños de los telos mas infames.
Creo en la delicadeza de los bisturíes quirúrgicos ,en la ilimitada geometría de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la charlatanería de los planetas, en la repetitividad de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.
Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.
Creo en todas las excusas
Creo en todas las razones
Creo en todas las alucinaciones
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones
Creo en el misterio y en la melancolía de una mano, en la gentileza de los árboles, en la sabiduría de la luz. “
(J.G.Ballard)