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El Turista contra el viajero

10 Sep

huxDamos a tales personas el nombre de viajeros porque no
se quedan en sus casas. Pero no son genuinos viajeros; es decir,
viajeros natos. Y es que viajan, no por atender al viaje sino a los
convencionalismos; salen de sus hogares alimentados de fábulas
y fantásticas esperanzas para regresar a ellos, tanto si lo confiesan
como si no, desilusionados. Como su interés en lo real y
actual es insuficientemente vívido, se aferran a la mitología, y
los hechos, por muy curiosos, por muy bellos y variados que
sean, les resultan una desilusión. Es tan sólo la compañía de sus
camaradas de turismo –con quienes conspiran de vez en cuando
para formar un pequeño oasis hogareño en la selva extranjera–
aunada con la consciencia de haber realizado un deber
social, lo que les mantiene incluso moderadamente alegres al
afrontar los deprimentes hechos que el viaje comporta.

El ejemplar de viajero legítimo, por otra parte, se siente
tan interesado por las cosas reales que no encuentra necesario
creer en fábulas. Es insaciablemente curioso, amante de lo
desacostumbrado en atención a su misma falta de familiaridad;
le complace toda manifestación de la belleza. Sería absurdo,
naturalmente, afirmar que nunca se aburre pues resulta prácticamente
imposible el viajar sin aburrirse a veces. Para el turista
una buena parte de casi todos los días queda necesariamente
vacía. Ya para comenzar, gran parte del tiempo ha de gastarse
en el mero ir y venir de un lugar a otro y luego, cuando se han
visto las curiosidades, el observador se encuentra físicamente
extenuado y sin nada de particular que hacer. En el hogar, entre
las ocupaciones habituales de uno, no hay forma de aburrirse.
El ennui, el aburrimiento, es esencialmente una sensación de
los tiempos de ocio. ¿Es que no viene a ser la enfermedad crónica
de los desocupados? A esta misma razón se debe el que el
verdadero viajero ejemplar encuentre que el aburrimiento es
más agradable que penoso, pues es el símbolo de su libertad,
de su excesiva libertad. Acepta su hastío cuando este surge, no
meramente de un modo filosófico, sino casi con agrado.

(Aldous Huxley)

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Snow Crash, Bruce Sterling, 1992

10 Jun

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“El resultado es que este país tiene una de las peores economías del mundo. En resumen, y ahora hablamos de la balanza comercial, que después de haber dejado escapar nuestra tecnología a otros países y de que todo se uniformice, haciendo posible fabricar automóviles en Bolivia y microondas en Tayikistán para venderlos aquí; ahora que los buques y los dirigibles gigantes de Hong Kong transportan mercancía entre Dakota del Norte y Nueva Zelanda por una miseria y han conseguido reducir nuestra ventaja en recursos naturales a la nada; una vez la Mano Invisible ha tomado todas las desigualdades y las ha untado sobre el globo formando una gruesa capa de lo que un albañil pakistaní considera prosperidad… ¿Sabes qué? Que sólo hay cuatro cosas que hagamos mejor que nadie:

música

películas

microcódigo (programas)

repartir pizzas a toda ostia”

(Snow Crash, Neal stephenson, 1992)

Legion

15 Feb

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Fascinante, intrincada, enigmática, divertida, inteligente, fragmentaria, alucianada, psicotrópica, tierna, desquiciada, visualmente hermosa, alocada…

Legion no es una serie sobre superhéroes. Al menos en su piloto. Es una serie sobre identidad, la naturaleza de lo real, la mente, la reclusión psiquiátrica, la devastadora responsabilidad de un ser extremadamente poderoso, extremadamente frágil.

Tal vez aproximarse a su estructura troceada pero planificada al milímetro, a sus colores y estética perfectos, cálidos, enigmáticos, a su trama en forma de laberinto, a sus personajes en busca de sentido, carismáticos (o referenciales, como Sydney Barrett), sin saber mucho del comic, sea lo más certero.

El showrunner, responsable de Fargo (TV) reconoce que la ruptura de la linealidad está inspirada en Gondry o Kauffman, y los misterios más complejos se articulan en torno al crecimiento de un ser singular y único al que se ha clasificado, etiquetado, corregido y almacenado por serlo.

Un piloto que algunos relacionan estéticamente con Wes Anderson (pero también, añadiría, con Antonioni, La Fuga de Logan o La Naranja Mecánica) y que tiene algo de Alguién voló sobre el nido del cuco, un episodio piloto que rompe moldes y establece un relato intrincado y maravilloso, una atmósfera singular, un estilo visual y y narrativo rompedor, un elenco prometedor, sólo nos hace preguntarnos una cosa:

¿Cómo van a poder mantener el nivel de maravilla, de prodigios alcanzado?

Una coseja boba al fin y al cabo

9 Oct

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(Foto de Greg Crewdson)

“intentábamos tenerlo siempre encerrado en casa para que

los vecinos no lo viesen.

era difícil, a veces los dos teníamos que

salir a la vez y cuando volvíamos

había excrementos y orín por todas

partes.

no iba a aprender a ir al baño

pero tenía los oj0s más azules que habías

visto nunca

y se comía todo lo que hacíamos

y a menudo veíamos la tele juntos.

una tarde volvimos a casa y había

desaparecido.

había sangre en el suelo,

había un reguero de sangre.

lo seguí afuera

y allí estaba en la maleza,

mutilado.

tenía un cartel colgado del cuello

cortado: “no queremos cosas así en nuestro

vecindario”.

fui al garaje a coger la pala.

le dije a mi mujer “no salgas aquí afuera”.

luego cogí la pala y

empecé a cavar.

sentía

las caras observándome detrás de

las cortinas corridas.

ya habían recuperado su vecindario.

un agradable y tranquilo vecindario con su verde

césped, palmeras, rotondas, niños,

iglesias, un supermercado, etc.

seguí cavando la tierra”.

(Charles Bukowski)

Tal día como hoy de 1982, Blade Runner en cines

25 Jun

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“Estimado Jeff,

Ocurrió que estaba viendo el programa de televisión Canal 7 “Hooray para Hollywood” esta noche con el segmento de Blade Runner. (Bueno, para ser honesto, no fue algo espontáneo. Alguien me avisó que Blade Runner iba a ser una parte del show, y así se aseguró de que lo viera)

Jeff, después de verlo-y sobre todo después de escuchar Harrison Ford discutir la película- llegué a la conclusión de que no es desde luego ciencia ficción; no es fantasía; es exactamente lo que dijo Harrison: futurismo. El impacto de Blade Runner simplemente va a ser abrumador, tanto en el público y en la creatividad en las personas como, creo, en la ciencia ficción como un campo.

Al haber estado escribiendo y vendiendo obras de ciencia ficción durante treinta años, se trata de una cuestión de cierta importancia para mí. Con toda franqueza debo decir que nuestro campo gradual y constantemente se ha deteriorado en los últimos años. Nada de lo que hemos hecho, individual o colectivamente, coincide con Blade Runner.

Esto no es escapismo; es hiper-realismo, de modo tan valiente y detallado, y auténtico y condenadamente convincente que, bueno, después de ver el segmento, encontré mi vida normal en la actual “realidad”, pálida o gris en comparación. Lo que estoy diciendo es que todos vosotros colectivamente podéis haber creado una nueva forma única de expresión gráfica, artística, nunca antes vista. Y, según creo, Blade Runner va a revolucionar nuestras concepciones de lo que la ciencia ficción es, y aún más, puede ser.

Permítanme resumirlo de esta manera. La ciencia ficción se ha acomodado lenta e ineluctablemente en una muerte monótona: se ha convertido en endogámica, derivativa, rancia. De repente, vosotros habéis llegado, algunos de los talentos más grandes existentes en la actualidad, y ahora tenemos una nueva vida, un nuevo comienzo. En cuanto a mi propio papel en el proyecto de Blade Runner, sólo puedo decir que yo no sabía que una obra mía o un conjunto de ideas de la misma podría ser elevada a tales dimensiones impresionantes. Mi vida y mi trabajo creativo se justifican y se ven completados por Blade Runner. Gracias … y va a ser un éxito comercial del demonio. Se probará invencible.

Cordialmente,
Philip K. Dick ”
– Philip K. Dick

33 revoluciones por minuto

9 Jun

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“A pesar de que la música del pasado hable poderosamente del momento presente, un interrogante gigantesco continúa pendiendo sobre el futuro de esta forma de arte. Durante las décadas previas, artículos periodísticos han aparecido con regularidad preguntando a dónde han ido todas las canciones protesta- Yo mismo he escrito unos cuántos. Existen hoy multitud de razones para estar temeroso, enfadado, y ocasionalmente esperanzado durante los 2000s, pero los autores parecen, en su mayoría, incapaces de trasladar ninguno de estos sentimientos en arte significativo.

La frase canción protesta es problemática. Muchos artistas lo han visto como una etiqueta en la cual pueden sentirse atrapados. Joan Baez, que cantó por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam dijo “Yo odio la canción protesta, pero algunas canciones hablan por si mismas”. Barry McGuire, que cantó la canción paradigmática del género en 1965, el hit “Eve of destruction”, se quejó, “no es exactamente una canción protesta. Simplemente es una canción sobre los hechos presentes”….”

“Este también es un libro sobre docenas de individuos haciendo ciertas elecciones en ciertos momentos, por diferentes razones y con un diferente rango de consecuencias. En los peores casos, cantantes han sido censurados, arrestados, golpeados o incluso asesinados por sus mensajes. Menos dramáticamente, existe el riesgo de parecer altanero, o molesto, o egocéntrico…”

“Es siempre una espada de doble filo, dice el veterano cantautor político Tom Robinson. “Si mezclas política y pop, gran parte de la crítica dirá que estás explotando las necesidades políticas de la gente, sus ideas y simpatías, con el único fin de posicionarte bien en ese segmento musical con tu pop de segunda, y otros dirán que estás colocando ideas políticas de segunda fila aprovechando tu carrera musical. En cualquier caso, te tienen cogido.”

“Algunos críticos anti-canción protesta catalogaron duramente en sus escritos sobre “All the News that Fit to sing” (1964) de Phil Ochs. “Vine a entretenerme, no a ser sermoneado”; “Es hermoso, pero no llega a ser suficientemente radical”. Y aún hoy estamos en las mismas.”

Estos son algunos fragmentos jugosos del prólogo de 33 revoluciones por minuto, el libro de Dorian Lynskey que voy a tratar de devorar a ratos dificultosamente, tal y como lo he reproducido también de aquellas maneras, dado que no tengo la edición española reciente, sino la inglesa de Faber de segunda mano.

La pregunta y la premisa es más que pertinente; Tenemos más que nunca la necesidad de dar rienda suelta a problemas globales, políticos, económicos, laborales, sociales, ambientales e incluso afectivos. Pero la música parece que pierda muy mucho en estos años esa carga política, de valentía, de audacia, que pierda esa capacidad de preocuparse y reflejar la realidad del oyente como ciudadano y ser humano, más allá de los tópicos sentimentales, aunque también se pueda acabar cayendo en la prédica panfletaria. Y sin embargo, yo añoro más panfletos inteligentes, y menos música vacía y meramente recreativa, aunque sea el primero en admirar armonías, melodías, ambientes, atmósferas, riffs…

A partir de ahí el autor hace un repaso histórico, desde el Strange Fuit de Billie Holliday en los 30s, sobre linchamientos racistas, hasta la era Bush

Como suele decirse, no están todos los que son, pero son todos los que están. Incluído un autor hispanohablante, Victor Jara.

Era evidente que a pesar de mi debilidad personal, Radio 4 no iban a estar, pero si me duele que Phil Ochs no tenga capítulo propio y esté salpicado aquí y allá, que la era Bush ponga preeminencia a American Idiot de Green Day, y sólo se mencione de pasada el fundamental Living With War de Neil Young (grabado en dos semanas). La presencia de Dead Kennedys o Crass no explica la ausencia de Bad Religion (True North es para mi el último gran disco político que he escuchado, y viniendo de unos veteranos. Antiflag han tratado con menos éxito algo parecido hace poco). En fin, un largo e intenso debate en que cada uno echamos a faltar, y vemos demasiado representado, una experiencia musical y política en particular.

Agrupado en periodos, pretende dar una prespectiva histórica, pero también evolutiva, repasar hitos en la música y el compromiso, entretener, informar, concienciar, hacer fotos fijas de momentos y escenas musicales efervescentes en pensamiento crítico.

Y está bien recordar, porque como decía antes, dónde están los discos que nos hablan de lo que está ocurriendo. Siria, la crisis, los ahogados, los bancos, el desempleo, la desigualdad, el deterioro de lo público, la explotación infantil, las guerras del coltán, la corrupción…

Necesitamos que vuelva el espíritu de Phil Ochs. O tal vez sea que la revolución no está siendo televisada.

 

 

 

 

Es sólo un paseo

1 Jun

Publicado originalmente en 12 Pulgadas

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En ocasiones me duele la libertad de no ejercerla. Vivir en sociedad consiste en parte en respetar la parcela del otro, en inhibirse, en habitar y hacer habitable un espacio común de respeto. Pero considerando esto, no deja de ser alarmante la creciente e histérica reacción hacia el mundo del humor en concreto, y del pensamiento subversivo en general. Un breve comentario en twitter puede desatar al senador McCarthy que muchos llevan dentro.

Decía Hannah Arendt que no existen pensamientos peligrosos, el mismo hecho de pensar es peligroso. Debe serlo. La autocensura es mil veces más eficaz que la censura para eliminar la crítica y el pensamiento crítico, es la victoria total del pensamiento dominante frente a cualquier fuente de protesta. Incluso aquella que mediante la ironía, lo que hace es pulsar una incomodidad inconfesa, una sospecha, un debate que ha sido reprimido. Un pensamiento culpable.

La ideología, para el filósofo y estrella mediática Zizek, funciona cuando es invisible, y es esa cualidad de ponerse unos límites cada vez más estrechos uno mismo, lo que puede abocarnos a un terreno en el que la risa se convierta en proscrita, en la que no sólo proscribamos reírnos de las víctimas sino también de los verdugos. Una sociedad de humor blanco, embotellado, testado, manufacturado, inofensivo, y, me temo, carente de cargas de profundidad.

En Estados Unidos, este es un debate continuo desde hace mucho tiempo, un debate en el que ha habido bajas significativas, persecuciones, pero en que el humor ha estado vivo y ha producido piezas irreverentes, llenas de negrura y brocha gorda. La existencia misma del debate, de la pregunta sobre los límites del humor, es sana en si misma.

Hoy en día parece que la única provocación permitida fuera la de las película herederas de Animal House, de fiestas universitarias, películas de una respetable tradición de exceso y procacidad, que en su momento en sociedades todavía reaccionarias eran profundamente rompedoras. Sin embargo hoy se limitan a seguir una línea que ha sido aprobada y sancionada por la sociedad como un tipo de consumo más. No creo que hayan dejado de divertir, pero el hecho de que cada vez sean más hiperbólicas y exageradas se debe a que son menos peligrosas, precisamente menos provocativas. O en ocasiones, en absoluto provocativas. En cualquier caso, la tolerancia de los media hacia sus contenidos sexistas o sus excesos, no deja de ser significativa.

Cuando el humor toca una dimensión más política o personal, se disparan las alarmas. Personal en el sentido de persona. Cuando el humor habla de la miseria, de la guerra o el genocidio, de las desigualdades sociales o raciales, de la envidia, de las desgracias ajenas, de la ruindad o la avaricia. Del mal, de la fatalidad. Del ser humano.

De pronto dejamos de pisar el territorio seguro, y apelan a nosotros con la risa, pero para congelarla y dejarla con un poso amargo. No sólo hablo de la comedia que sentimos subversiva. Una gran parte del humor se basa en el sadismo o en el reconocimiento de la vergüenza social. Gran parte del humor de Chaplin o Keaton es enormemente cruel o triste, pero funciona. Reímos.

Tenemos el deber de la incorrección. ¿Una incorrección ilimitada, dejando aparte la mentira y la difamación? No se si tengo respuesta a esa pregunta, pero tenemos un deber no sólo para con el estado de cosas actual, la crítica del status quo y el mantenimiento de la libertad de expresión, sino para aquellos que lucharon por expresarse líbremente antes que nosotros.

Antes que nosotros, un Lenny Bruce o un Richard Pryor sufrieron una persecución laboral continuada, trágica en algunos casos, como demuestra la película de Bob Fosse sobre Bruce. Las actuaciones de Bill Hicks eran un continuo desafío a su público, no sólo con el lenguaje, el humor, sino con la selección de temas de enorme peso. Le debemos mantenernos alertas ante el regreso de la censura como autocensura, a la maestría de Berlanga de ser lo suficientemente sutil para burlar a la dictadura.

El hecho de que Eddy Murphy, muy alejado de la imagen que da su carrera cinematográfica, hiciera humor stand-up a principios de los 80 con el VIH, puede darnos una idea de que en realidad, las cazas de brujas al respecto se organizarían hoy más alegremente que en una época de contrarrevolución conservadora en la cual había un justificado terror sobre la enfermedad.

Tal vez, más el humor ultra-referencial de un McFarlane, para un servidor los dos humoristas que exploran más a fondo los límites del humor en este momento sean Ricky Gervais y Sarah Silverman. Probablemente en España, la iconoclasta y talentosa Silverman hubiese acabado compareciendo ante la Audiencia Nacional, como han hecho humoristas o políticos españoles.

Lo que ambos nos muestran es que hay que partir de la diferencia entre autor y personaje, además del contexto. Ambos crean personajes ególatras, egoístas, antipáticos, racistas. Pero esos personajes son precisamente lo que permite que denuncien tan eficazmente la miseria humana, y la estupidez misma de aquello que parecen encarnar.

En concreto, Silverman no ha sido reticente a hablar de ello. En un debate en el programa de Bill Maher defendió el uso de cierto lenguaje de contenido racista (nigger, chink) precisamente porque refleja una realidad existente y la subvierte demostrando la ruindad de la misma, pero a la vez retando al espectador a examinarse a si mismo. Por otra parte, el argumento usado por la contraparte era en realidad de un racismo evidente: Sarah Silverman es judía, y por lo tanto debe limitarse a hacer ese tipo de comentarios sobre “su propia gente”.

El filósofo Bergson afirmó que el humor a menudo requería una momentánea anestesia del corazón.
Gervais también ha trabajado el tema en sus actuaciones. “No hay nada sobre lo que no debas bromear. Depende de como sea el chiste”. No creo que Gervais haya nunca censurado una idea, sino tan sólo se ha preguntado cómo presentarla. No podemos hipotecar la elección de un tema o un tono a la posible reacción de un sector del público, porque sentirse ofendido es libre.

¿Cuál es el limite? El límite para la sátira, ¿ha de ser diferente que para otras manifestaciones de la libertad de expresión? Habrá que tener en cuenta el contexto, como siempre. No tiene un valor similar un twitter con ánimo humorístico que una obra negacionista con aspiraciones históricas como la de un Irving.

Vivimos en una época de cinismos o, en el mejor de los casos, contradicciones, en la cual se puede desfilar en primera fila de la manifestación en favor de Charlie Hebdo y afirmar “Je suis Charlie”, y celebrar a su vez secuestros de portadas de semanarios satíricos en tu propio país.

Resulta crucial además el momento y el lugar. Mucho del humor del programa Vaya Semanita, hubiera sido impensable en los primeros 90. Y sin embargo, es un medio muy poderoso para subrayar la estupidez, el absurdo y la ineficacia de la lucha armada. La sátira es tragedia más tiempo, decía Lenny Bruce.

¿Puede un sólo chiste, aparentemente inocente, abrir nuestra mente, cambiar las reglas, mostrar y señalar un tabú, denunciarnos como los retrógrados o los cómplices silenciosos de los mismos ante un problema social?

Desde luego. “The Mouse Problem”, por ejemplo, el sketch de Monty Python sobre hombres que se comportan como ratones y asisten a clubs, es sin duda un valeroso, sutil, y maravilloso panfleto satírico contra el tratamiento de los media y la sociedad británica de la época en general a la homosexualidad. Escrito por Graham Chapman, salió en antena en 1969, dos años después de la descriminalización de la homosexualidad en Inglaterra y Gales, y tan sólo cuatro años después de las encuestas sobre ese mismo proyecto de ley que mostraban a un 93% de la población que pensaba que la homosexualidad era una enfermedad y debía ser tratada farmacológicamente.

Los chistes sobre cáncer, violaciones, el holocausto, la homofobia, son chistes que muchas veces no queremos escuchar, porque no queremos ver que esas realidades existen. Desearíamos que no existieran, pero lo hacen.

Y deberíamos preguntarnos si no tememos esa libertad, ejercerla y verla ejercer. Si no es el miedo, y no el respeto lo que dicta los silencios clamorosos, silencios que otorgan. Y sin embargo, como dijo cierto pensador, ¿acaso no deberíamos hacer defensa de la intolerancia, mostrarnos intolerantes con los que a su vez son intolerantes?

¿Es el límite por el que nos estamos preguntando nada más que la línea que separa nuestra sonrisa cómplice de nuestra mueca de desagrado cuando el material inflamable nos quema a nosotros, cuando nos toca de cerca, cuando las salpicaduras del sarcasmo nos duelen, cuando la costura de nuestra tolerancia, de nuestra voluntad de defender el ideal de la expresión libre y la crítica ilimitada salta por los aires, porque de pronto es a nosotros a quienes en la pura yaga nos hurgan?

¿Es acaso la libertad de molestar a los demás lo que defendemos? ¿Acaso hasta que no nos sentimos interpelados no nos vemos entregados al instinto de defensa? Tal vez es demasiado corriente pensar que se es más liberal, menos predispuesto a sentirse ofendido, de lo que realmente estamos dispuestos a admitir, ni siquiera ante nosotros mismos.

De nuevo, aquí diría que es el modo, y el contexto, lo que puede salvar que casi cualquier cosa pueda ser dicha. No hay un libro de estilo para el humor, ni puede, ni debe haberlo, ni unas reglas de oro, que constreñirían el género, o ahogarían la subversión, la rebeldía, la iconoclastia, la naturalidad y la frescura.

Y sin embargo, ahí está lo más valioso de un cómico de talento. Alguien capaz de hacerte reír de la muerte a pesar de ser mortal, de la enfermedad a pesar de haberla visto actuar, de los prejuicios que tal vez sufras, de los miedos que tienes, del sufrimiento colectivo o personal, de las peores condiciones que puedan surgir en la vida, de los odios, de las desgarraduras que no cicatrizan y nos atormentan, del hecho de ser humanos, de estar vivos.

Y es en este punto de la historia, en nos hemos vuelto tan serios sobre un asunto de risa, me gustaría que nos riéramos un poco de un asunto tan serio. De la mano de un maestro, que nos recuerda que no podemos tomarnos la vida tan en serio, que no podemos tomarnos a nosotros mismos tan en serio. Y es que tal vez el humor y la crítica son algo demasiado serio como para tomarlos en serio:
“La vida es como un paseo en un parque de atracciones. Y cuando te subes piensas que es real porque así son nuestras mentes de poderosas. El paseo sube y baja y da vueltas y vueltas. Tienes emociones, sustos y hay luces y colores y es muy ruidoso y divertido por un rato. Algunos han estado en el paseo por mucho tiempo y empiezan a preguntarse, ¿esto es real o es solo un paseo?
Y otra gente se ha acordado y han regresado con nosotros, y nos han dicho, “Oye, no te preocupes; no temas, porque, esto es sólo un paseo…” y los hemos matado. ¡Cállenlo! Que tengo mucho invertido en este paseo. ¡Cállenlo! Mira mi ceño de preocupación. Mira mi gran cuenta bancaria y mi familia. “Esto tiene que ser real”.
Es sólo un paseo. Pero siempre matamos a esos tipos buenos que tratan de decirnos eso, ¿te das cuenta? Dejamos a los demonios que sigan libres.

Pero no importa porque, es sólo un paseo. Y podemos cambiarlo cuando queramos. Es solo una decisión. Sin esfuerzo, sin trabajo, sin ahorros y dinero. Sólo una decisión ahora mismo, entre el miedo y el Amor.

Los ojos del miedo quieren que pongas cerraduras más grandes en tus puertas, que compres armas, que te cierres.

Los ojos del amor, en cambio, nos ven a todos como uno.

Esto es lo que podemos hacer para cambiar el mundo, ahora mismo, para un mejor viaje. Toma todo ese dinero que gastamos en armas y defensas todo el año, y en cambio, gástalo en alimentar, vestir y educar a los pobres del mundo, que muchas veces más, ningún ser humano será excluido, y podremos explorar el espacio, juntos, ambos exterior e interior, para siempre, en paz.

Muchas gracias, han sido excelentes.”
(Bill Hicks, Revelations, 1990)