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Homenaje a Marjorie Wood

27 Dic

vertigomarjorieMarjorie Wood, en Vértigo, se encuentra totalmente en segundo plano, pero es la persona que con determinación férrea y amor constante está con James Stewart en sus momentos más bajos. Es ella, y no Kim Novak, la heroína. Es el personaje femenino más fuerte, realista, de carne y hueso, cargada de una feminidad real, del muy discutible repertorio de personajes femeninos del cine de Hitch.

Tenido por un misógino fascinado por la mujer, consumido por sus fantasías, por una pulsión sádica y una dependencia edípica, la crítica feminista posterior a la “mirada masculina” de Laura Mulvey le golpeó duro. Sin embargo como Michaela Pluskovich apunta, Vértigo, La ventana indiscreta, y sobre todo Los Pájaros (en menor medida Marnie) se adentra de una forma más compleja, y a la vez descomplejada, en el estudio de la psique femenina, el misterio del que Freud se lamentaba en no comprender.

Me gustaría remitirme a las interesantes reflexiones de Pluskovich:

Las escenas con Midge, por ejemplo, indican de ella no sólo que es inteligente como mujer, sino que el uso de varios primeros planos sugieren una superioridad incluso respecto del protagonista masculino Scott.

Algunos teóricos como Slavoj Zizek sugieren que la decisión de Hitchcock de retratar a personajes femeninos como Midge sólo cumple “detalles característicos que persisten y se repiten sin un significado común” . Sin embargo, al mirar estos detalles más de cerca, también son un dispositivo para desacreditar aún más al personaje masculino, en este caso Scott, que ya está emasculado por su acrofobia.

En la segunda escena de Vertigo, al espectador se presenta  Midge, un apodo para Marjorie que casi suena varonil, así como la situación actual de Scott después de su accidente en los tejados de San Francisco, relacionado con su trabajo como detective. Mientras que el diálogo en la escena transmite una cierta degradación de Midge por los comentarios despectivos de Scottie, como “Oh, no, … Midge, no seas tan maternal”, el movimiento de la cámara da paso a la mente de Midge.

Aunque Scottie presuntuosamente no espera ninguna reacción a su comentario, la siguiente toma es un primer plano de Midge mirando desde los bocetos en los que está trabajando y mirando hacia Scott. Este rápido momento da a la audiencia la oportunidad de identificarse con los sentimientos de Midge y con el siguiente plano que muestra a Scottie desde la perspectiva de Midge, jugueteando con su bastón y sin notar la reacción de Midge, con Scott opaco e ignorante para el espectador.

Aunque este momento es bastante poco importante para la trama, como lo es para el protagonista masculino, podemos encontrarlo varias veces a lo largo de la escena, lo que hace hincapié en su importancia para Hitchcock para dar al espectador una oportunidad de empatía con la perspectiva femenina y al mismo tiempo un cambio a una “mirada de mujer”.

Starship Troopers: dosis de ironía contra el conformismo

14 Dic

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Revista 12 pulgadas. Publicado originalmente en el número 9 (noviembre 2016). Si no os habéis suscrito ya estáis tardando…

“El deber es una virtud de adultos. En realidad un joven solo se hace adulto cuando adquiere un conocimiento del deber y lo abraza con afecto idéntico al amor que ha sentido por sí mismo desde que nació”
Coronel Dubois, Starship Troopers, novela de Robert A. Heinlein

 

“Somos pequeñas llamas mal protegidas por paredes frágiles contra la tormenta de la disolución y la locura en la cual titilamos y de la cual a veces casi logramos salir. Nos arrastramos sobre nuestros propios cuerpos y con grandes ojos miramos hacia la noche… Y así esperamos a la mañana”
Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente

Más allá del poso de la fina ironía de un gran director como Verhoeven, Starship Troopers fue un discreto fracaso de taquilla y de público. Nos acercamos a su veinte aniversario el próximo año. Muchos críticos leyeron la película con una literalidad probablemente tomada de la precaución que despierta el controvertido material original de Heinlein (decididamente un conservador, dudosamente un fascista de pleno derecho).

En un ejercicio de ir más allá del género y subvertirlo, Verhoeven construye una película que funciona a varios niveles. Presenta unos personajes juveniles absurdamente guapos (¿eugenesia?) y sus relaciones entrecruzadas en un rito de paso a la madurez con el abandono del hogar paterno y la separación de las parejas formadas en el instituto, una trama típicamente postadolescente del estilo Dawson’s Creek, que además es coherente con el Verhoeven de la carne y sangre que se fija en las motivaciones más primarias; es una trama absolutamente superficial que es lo que mueve, da algo de trasfondo y conecta a unos personajes deliberadamente planos, mecánicos. Una trama deliberadamente superficial para unos personajes superficiales. ¿Una constante en películas de corte juvenil? No necesariamente, si recordamos a James Dean.

Por otro lado tenemos una espectacular película bélica, muy cruda, trepidante, una space opera con mucha acción y litros de sangre en dos actos diferenciados (instrucción y entrada en combate) cual “La chaqueta metálica”. A diferencia de otras obras de ciencia ficción, el adversario está plenamente deshumanizado. No estamos ante un Scott Card que invita en su saga a, una vez planteado el conflicto en El juego de Ender, una perspectiva nueva, moral, en la que se lee la guerra contra los monstruos como una guerra contra inteligencias que sienten y padecen.

Finalmente tenemos la película política que algunos no supieron ver, a pesar de que, con la lección aprendida de Robocop, Verhoeven utiliza todos los trucos para bombardear al espectador con insertos panfletarios (¿desea saber más?), situaciones secundarias, planos y uniformes prestados del cine y la imaginería nazi (Riefenstahl) o de la propaganda aliada de guerra o antisoviética de los 40 y 50, y en ocasiones alusiones directas que cuestionan la aparente normalidad de unos jóvenes que comienzan su instrucción con el mismo entusiasmo vivido en el equipo deportivo de su instituto.

La película, de hecho, se asienta en unas bases ideológicas mucho más marcadas. En Walker, de Alex Cox, la subversión ideológica se consigue mediante una voz en off que narra unos sucesos históricos mientras en pantalla vemos justo lo contrario, una contradicción que representa la hipocresía, preparándonos para asumir que la historia oficial y la historia colonialista objeto de la película son dos cosas muy diferentes. Aquí es la literalidad de la sociedad militarizante vivida como normal, y el brutal y sangriento retrato de la guerra, en contraste con esa normalidad. En ocasiones hay tanta sangre y casquería como en una película gore. El exceso recorre el celuloide con contadores de víctimas ascendiendo vertiginosamente, a modo de videojuego. O de noticieros de un futuro no muy lejano. Nadie se inmuta demasiado.

De forma semejante, se nos prepara un terreno ideológico muy concreto desde el principio de la película. La clase magistral del personaje de Michael Ironside exalta las virtudes castrenses y la ciudadanía plena como justa recompensa del ciudadano responsable, la violencia como fuente de autoridad, un discurso que presupone habitantes “B” privados de derechos políticos y otros privilegios. Ironside representa la típica figura a lo Ayn Rand, supuesta filósofa del libertarismo de derechas, que encaja perfectamente con el prototípico personaje de Heinlein; hombres hechos a sí mismos, que no dependen de nada ni de nadie, capaces de proezas en diversos campos, como el arquitecto de El manantial, apartados del espíritu gregario (¿socialista?,  ¿estatista?, ¿democristiano?, ¿socialdemócrata? Seguramente todo ello). Irónicamente, nada más gregario y anulador de lo individual que el ejército.

Sus ideas, lejos de ser extravagantes, representan un sentir general. No vemos una distopía, sino una utopía positiva en la que el militarismo es la base para asegurar las libertades individuales, y por ello la llave al acceso máximo a ellas. Nos remite a la sociedad romana. Las reformas en el Ejército romano (en tiempos de Mario) para presentarlo como ascensor social representan un modelo de ejército profesional, pero indispensable para el ascenso desde sectores populares, el ejercicio de cargos públicos, o la posesión de generosas propiedades para el retiro. Es paradigmática la escena de las duchas unisex. Verhoeven se recrea con los cuerpos, nada extraño en él, pero mientras tanto cada uno cuenta de forma desenfadada sus razones para alistarse, incluyendo algunas tan sorprendentes como obtener autorización para ser madre, una medida percibida como de estado totalitario. Una escena casi de high school, con un discurso político potente entre líneas.

Hoy día se calcula que el cinco por ciento de los miembros del Ejército de los Estados Unidos son inmigrantes o ciudadanos naturalizados: un paso ultrarrápido para adquirir la ciudadanía americana. En ambos casos (Roma, USA), las levas son excepcionales, y esto es un modelo al que nos hemos ido aproximando en todo el globo. Celebrado como una victoria del pacifismo, es en realidad una calculada precaución en un contexto de guerra cada vez más tecnificado y menos necesitado de infanterías masivas. Si Curzio Malaparte en sus Técnicas del golpe de estado calculaba que bastaban mil técnicos cualificados, en la época, para llevarlo a cabo, el ejército profesional se asegura cierta fidelidad si no nacionalista, al menos corporativa. Es poco probable una sublevación a lo El acorazado Potemkin. La “clase obrera” del ejército es ahora “clase profesional” con aspiraciones.

En este caso, la perspectiva pacifista viene de unos padres de Johnny Rico privilegiados, que ya no necesitan subir más arriba en la escalera social. Irónicamente presentados como dogmáticos y elitistas, son el vivo retrato que el contragolpe conservador de Reagan haría de los demócratas que, como describen el politólogo Thomas Frank y el filósofo Slavoj Zizek, son representados frente a la “América profunda” como bebedores de café latte de la Costa Este o de Los Ángeles, privilegiados universitarios sin contacto con los problemas diarios. Johnny Rico se rebela ante la autoridad paterna solo para unirse a una autoridad institucional. Más tarde transitará por diversas figuras paternas sustitutivas, de nuevo con Michael Ironside y su compromiso castrense cerrando el círculo. Los padres de Rico son una anomalía y son retratados como personas que se han beneficiado demasiado sin contribuir, y en por ello sufren las consecuencias.

Son una anomalía incluso los niños, sonrientes en los minireportajes de NODO, están dispuestos a contribuir, junto con anuncios que parecen salidos de la Asociación Nacional del Rifle o de los defensores de la pena de muerte en Texas, la mayoría silenciosa de Nixon. Tras unos reveses militares, y con Rico ya más arriba en la cadena de mando, los nuevos reclutas que van llegando son niños, como en la defensa de Berlín.


Rico es a la vez la carne de cañón de una guerra cruel, expuesto a la violencia sin sentido, la carnicería, la brutalidad. Y a la vez, cada vez más, el privilegiado ciudadano modelo conquistando su derecho y el respeto de no ser un habitante de segunda, construyéndose como hombre en la retina de sus objetos de deseo (Denise Richards, Dina Meyer, ejemplos de las mujeres fuertes que le gusta retratar a Verhoeven) y de sus mentores (Michael Ironside, su sargento instructor): en una película como El motín del Bounty, los latigazos son castigos impuestos. Aquí, para Rico, son la oportunidad de continuar viviendo la experiencia castrense y forjarse como ciudadano completo tras su negligencia, es un castigo asumido voluntariamente, casi podría decirse que concedido graciosamente por sus superiores como gesto magnánimo, y ritualizado públicamente para reconquistar el respeto de sus pares.

Como destaca Jordi Costa, citado en el estupendo libro sobre Verhoeven de Tomás Fernández Valentí, Verhoeven es capaz de desdoblarse y de esconder lucidez tras lo que parece cine banal y un discurso de izquierdas bajo la literalidad de un discurso ultraderechista, subvirtiéndolo. Fernández Valentí señala acertadamente que, frente a la distancia crítica, Verhoeven opta por sumergirse en la estética fascista y narrarla desde dentro, con exagerado entusiasmo. También coincido con este autor en que lo terrible de ese mundo de libertades sacrificadas es la ausencia de disidencia, el conformismo y la aceptación acrítica de todos los individuos.

Verhoeven juega a la parodia, pero es una parodia muy seria, en la que nos pregunta qué pasaría si viviéramos en una sociedad en que la respuesta a la entusiasta afirmaciónLa infantería móvil me convirtió en el hombre que soy ahora”, hecha por un exsoldado lisiado, fuera una sonrisa.

 

Sing Street

18 Oct

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Sing Street es una película para aquellos que han amado la música intensamente. Una película para aquellos que han perseguido sueños, aquellos que se atrevieron a lanzarse al vacío, y aquellos que no se atrevieron.

Es una película que es crónica sentimental, es la música como narración vital. Sing Street es todo eso y más, y cuanto menos hable de su fuerza juvenil, su recreación musical de una época, su simbiosis perfecta entre la música, las letras que crea el protagonista, y su vida, mejor.

Sing Street no es sólo una película amable o positiva, es, ni más ni menos, que una película que insufla vida y esperanza, que toca al espectador, traspasa su coraza, y consigue todo ello sin la manipulación grosera del sentimentalismo habitual.

Los personajes hablan por si mismos con su propia voz, natural, especial y corriente a la vez, y viven en un mundo jodido de problemas reales, con una sociedad y unas familias de fondo que lidian con todo tipo de asuntos económicos, religiosos y sociales, pero que por ello mismo no son clichés.

Sing street tiene una música maravillosa, pero lo más maravilloso de la película de Carney es que sus personajes atraviesan la pantalla de pura vida y verdad como transmiten. Ese es el verdadero”enigma de la modelo”.

Mi película preferida del año, llena de ternura, pero también de realidad. llena de mugre y de optimismo. Llena de ojos brillantes en los ensayos, primeros amores y conciertos, colas del paro, curas autoritarios, chicas deslumbrantes, y notas musicales.

Para mi no ha sido simplemente una película. Más bien un acontecimiento, una experiencia. Un modo de alcanzar ciertos sentimientos, una observación directa del amor a la música que yo mismo profeso, y una historia que me pone la piel de gallina.

Cantemos en la calle!

Lecciones de cine I

19 Sep

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“Si tratas de agradar a tu público, pero, para conseguirlo, haces una película que ni tú mismo querrías ver, vas de cabeza al desastre. Por eso me parece absurdo que cualquier director con amor propio haga una película sin control sobre el montaje final…

…Rodé Dune sin montaje final y el resultado me perjudicó tanto que tarde tres años hasta que volví a hacer otra película. Aún hoy, todavía no lo he superado. Es una herida que no va a cicatrizar.”

(David Lynch, Lecciones de Cine, Laurent Tirard)

Gene

29 Ago

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Gracias por todas las risas. Especialmente las risas infantiles de sábado por la mañana sin colegio, las risas compartidas con mi padre, subido a su espalda en el sofá, las risas escritas por Mel, las risas a medias con Richard Pryor, las risas procaces con ovejas de Woody.

Gracias Gene.

“I’m funny on camera sometimes. In life, once in a while. Once in a while.”

El póster es de Francesco Francavilla

 

Tal día como hoy de 1982, Blade Runner en cines

25 Jun

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“Estimado Jeff,

Ocurrió que estaba viendo el programa de televisión Canal 7 “Hooray para Hollywood” esta noche con el segmento de Blade Runner. (Bueno, para ser honesto, no fue algo espontáneo. Alguien me avisó que Blade Runner iba a ser una parte del show, y así se aseguró de que lo viera)

Jeff, después de verlo-y sobre todo después de escuchar Harrison Ford discutir la película- llegué a la conclusión de que no es desde luego ciencia ficción; no es fantasía; es exactamente lo que dijo Harrison: futurismo. El impacto de Blade Runner simplemente va a ser abrumador, tanto en el público y en la creatividad en las personas como, creo, en la ciencia ficción como un campo.

Al haber estado escribiendo y vendiendo obras de ciencia ficción durante treinta años, se trata de una cuestión de cierta importancia para mí. Con toda franqueza debo decir que nuestro campo gradual y constantemente se ha deteriorado en los últimos años. Nada de lo que hemos hecho, individual o colectivamente, coincide con Blade Runner.

Esto no es escapismo; es hiper-realismo, de modo tan valiente y detallado, y auténtico y condenadamente convincente que, bueno, después de ver el segmento, encontré mi vida normal en la actual “realidad”, pálida o gris en comparación. Lo que estoy diciendo es que todos vosotros colectivamente podéis haber creado una nueva forma única de expresión gráfica, artística, nunca antes vista. Y, según creo, Blade Runner va a revolucionar nuestras concepciones de lo que la ciencia ficción es, y aún más, puede ser.

Permítanme resumirlo de esta manera. La ciencia ficción se ha acomodado lenta e ineluctablemente en una muerte monótona: se ha convertido en endogámica, derivativa, rancia. De repente, vosotros habéis llegado, algunos de los talentos más grandes existentes en la actualidad, y ahora tenemos una nueva vida, un nuevo comienzo. En cuanto a mi propio papel en el proyecto de Blade Runner, sólo puedo decir que yo no sabía que una obra mía o un conjunto de ideas de la misma podría ser elevada a tales dimensiones impresionantes. Mi vida y mi trabajo creativo se justifican y se ven completados por Blade Runner. Gracias … y va a ser un éxito comercial del demonio. Se probará invencible.

Cordialmente,
Philip K. Dick ”
– Philip K. Dick

Dos buenos chicos

24 Jun

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Es vox populi mi admiración por Shane Black. La experiencia de ver la nueva película del guionista estrella no pudo ser mejor, ni en mejor compañía, con Alex Herrera, que creo que disfrutó más de verme convertido en un niño de 12 años por un momento, que de la misma peli, que también.

Shane me tenía ganado desde el minuto uno. Aún me parece que sobra un poco de minutaje (15 minutos) y que la acostumbrada traca final es demasiado. Y por un momento, cierto deja vu a Kiss Kiss Bang Bang, sobre todo estructuralmente. Aunque ha mejorado su pericia técnica sustancialmente.

Pero el análisis me duró 5 segundos. La diversión me ha durado toda la semana. El ambiente setentero, los eternos perdedores, los one liners, los mecanismos de la buddy movie, las dos tramas que se juntan, Ryan Gosling como padre políticamente incorrecto, Russell Crowe pasado de vueltas entre los Intocables y L.A. Confidential, pero en el mundo de El último Boyscout, los 70s en toda su mugre y brillo de neones, la estética, las fiestas fellinianas, el slapstick, el turbio mundo de los negocios y del porno.

Y la observación, por mi parte, de la importancia de la infancia en el cine de Black. El punto de vista es el de la hija de Gosling. Somos nosotros, recuperamos su pureza, su idealismo, su esperanza.

Algo que comienza a ser constante, que ya venía apuntando desde El último boyscout, que puso en el centro del juego de metacine en Last Action Movie Heroe, que juega un papel especial en Kiss Kiss Bang Bang como asunto no resuelto, y que incluso se cuela en su Iron Man.

Y me gusta volver a sentirme niño. Gracias Shane, por la diversión inteligente, por el espectáculo, por la comedia, por la acción.