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Carnival of Souls

25 May

“The world is so different in daylight. But in the dark, your fantasies get so out of hand. In the daylight, everything falls back into place again.”
—Mary Henry in Carnival of Souls

Herk Harvey era un empleado de la Centron Corporation de Lawrence, Kansas, que se dedicaba a las películas educacionales y videos orientativos formativos de profesionales. En 1962, con 30.000 dólares de la época, un equipo de entusiastas, y tácticas de cine guerrilla, hizo una película de serie b fantástica, el Carnaval de las Almas, llamada a convertirse en una cult-movie. Sería su única incursión, por puro amor al cine, diferenciándose de otras series b a lo Corman con una vocación marcadamente comercial.

A estas alturas, John Cassavetes, el que sería el antecesor de las técnicas de cine indie barato, sólo había dirigido Shadows y Too Late Blues. Quizá la forma de producir de Cassavetes no se deba a la película de Harvey, pero sorprende lo mucho en que coinciden. Frankenheimer apenas había abandonado la TV. Tras Touch of Evil, Orson Welles todavía estaba por iniciar su exilio en el que manejaría presupuestos ajustados, empezando con El Proceso y Campanadas a Medianoche, y desarrollaría un modo de producir precario y arriesgado con muchos hallazgos y no pocos fracasos. Herk Harvey puede considerarse un auténtico pionero, lleno de soluciones imaginativas a nivel de efectos, caracterizaciones, formas de rodar, localizaciones y ambientación fantasmagórica.

Las referencias inmediatas de Carnival of Souls son Psycho (1960) de Hitchcock, Murneau y y el impresionismo del gabinete del dr. Caligari, y la serie Twiglight Zone de Rod Serling (1959) con la que comparte estética y sensibilidad, al emplazar el género fantástico y terrorífico en el corazón de la estética de la América de Eisenhower. Otras referencias apuntarían al noir menos obvio, como Hitch-hiker de la imprescindible directora Ida Lupino.

Todavía más importante sería la influencia de Carnival of Souls en dos directores seminales: George A. Romero y David Lynch. El primero adoptaría la estética, la logística de guerrilla, la producción, la dirección de actores. El segundo adoptaría la cualidad de sueño y pesadilla, el ambiente onírico, el costumbrismo de la América conformista súbitamente perturbado por lo extraño, inexplicable, el eros y el tánatos filtrándose en la “normalidad” como lo inconsciente expulsado por el conformismo consumista y racionalista. Carretera Perdida es casi un remake no confeso de Carnival of Souls, y ésta se puede intuir como influencia tras Blue Velvet, Mullholland Drive, Twin Peaks e incluso Erasehead.

Sin embargo, Carnival of Souls es mucho más. Un cuento fantástico que comienza con un accidente de coche, sigue con el traslado de una organista de iglesia a un pueblo modélico, las visiones pesadillescas de un extraño hombre con aspecto de espectro, la fascinación por un hangar abandonado que fue en tiempos un balneario, momentos de desconexión de la realidad en que la protagonista no puede ser percibida o escuchada por quienes la rodean, dejándola aislada, perturbada, desesperada por existir…

Y sin embargo, en su vida cotidiana, una vida solitaria, vemos como nuestra protagonista es una mujer sola, con un trabajo, no interesada en los avances rapaces de su vecino en la fonda, un baboso admirador con incipientes problemas alcohólicos que nos deja bien claro que las mujeres de la era Eisenhower no están para ser independientes. Esa independencia y solitud es lo que deja marcada a la protagonista, también rechazada en su trabajo, en el que se le exige una fé, una predisposición a ser parte del rebaño pastoral de la comunidad, que no está dispuesta a adoptar. Mientras, su psyque se va viendo arrastrada a un mundo de espectros y absurdos oníricos, mientras pierde pie en la realidad cotidiana desapareciendo de la misma de forma intermitente, dejando de ser vista por los ciudadanos “normales”.

Como algunas de las grandes joyas de la época, funciona como cuento fantástico y terrorífico, y como sática de una sociedad conformista, misógina, machista y tradicional, en la cual es imposible hacer contacto realmente con nadie, siendo todos almas condenadas. Imprescindible.

Crítica Criterion

Sueño y Realidad en Carnival of Souls

Entrevista con Herk Harvey

Trailer:

Película entera en Castellano:

The Last Movie- Dennis Hopper

30 Ene

Érase una vez en América un actor que empezó en westerns, que quedó profundamente afectado por el método de actuar de James Dean y Brando, y se dio con un muro al tratar de aplicarlo a la serie B. Por una década, se fue arrastrando por la TV, haciendo de magnífico fotógrafo en su tiempo libre, hasta que los contactos de su nueva y bien relacionada esposa le devolvieron al cine.

Este tipo se llamaba Dennis Hopper y era tan talentoso como autodestructivo, al extremo, guiado por demonios internos que lo podían llevar a derivas alcohólicas de semanas de duración, y un expediente de maltrato de género, peleas, drogas, y en general, devastación.

Conoció a Peter Fonda en la factoría de películas de serie B de Corman, y forjaron una alianza con Jack Nicholson (por entonces casi desconocido y con aspiraciones como guionista y director), Bob Rafelson y Bert Schneider (la persona que, años después, y tras el reguero de traiciones y egoísmos de Hopper, haría más por alejarle de la droga).

El resultado fue el éxito de una película contracultural que, irónicamente, anuncia el fin del sueño hippie, algo que no todo el mundo supo ver en su momento. “La hemos cagado” diría el personaje de Fonda. Un Western crepuscular con motos en lugar de caballos, en una Norteamérica dividida y con una juventud despertando de su utopía hacia el páramo de los 70s.

La Última Película es un tour de force para Hopper. Saludado como un gran innovador y un faro cultural, Hopper escoge para su segundo largometraje rodar en Perú, rodeado de amigos, con montañas de cocaína, y en un estado de embriaguez continúa. El montaje de la película duraría más de un año. El fracaso y el apalizamiento encarnizado no sólo de la crítica, sino de la contracultura que lo había ensalzado como uno de los suyos, haría que Hopper se refugiara en su rancho de Taos entre camiones de droga, simplemente actuara para pagar facturas, y no dirigiera otra película en 10 años.

Una lástima total. Estamos ante una malograda obra genial de un director a su vez malogrado que hubiera podido dar obras geniales. Movido por un interés por el color, que es además de la disponibilidad de droga un motivo por el que escogió para los exteriores los espacios naturales de Perú, en la versión blu-ray restaurada a 4K hay momentos estéticos muy bellos a lo Antonioni. Escenas en los campos floridos, y la sorprendente escena erótica en la cascada, sorprendente por el buen gusto y moderación con que Hopper la rueda, son muestra de ello.

El montaje, según reconoce Hopper, debe mucho a Goddard, no un santo de mi devoción pero sin duda alguien que estudió las reglas clásicas del cine para subvertirlas. Hay movimientos de cámara interesantes que se combinan con cortes abruptos, e insertos de “Scene Missing” que luego copiarían Tarantino y Rodríguez para sus divertimentos. Es incluso más obvia la influencia en Alex Cox y su genial “Walker”.

Es tremendamente obvio que no hay guión al estilo tradicional, y se iba improvisando la historia, al estilo del segmento del Mardi Gras de Easy Rider, pero este hecho y el montaje loco, en el que se dejó aconsejar por Jodorowsky (un proscrito para este blog, un tahúr sin talento) no hacen que la película sea especialmente incomprensible.

La ira del público hippie y el fracaso comercial viene de la ausencia total de personajes positivos (A diferencia de Easy Rider, con Fonda y Nicholson) y los problemas que el tratamiento a los indígenas y a las mujeres provocaba en un público políticamente correcto. Estamos ante una película rodada en el 70, y estrenada en el 71, y mucho de su seguimiento de los indígenas es casi documental al estilo de Herzog (que no estrenaría Aguirre hasta 1972).

La dirección de actores es de una libertad total a los mismos, al estilo Altman (cuando Altaman quería) y el mismo Hopper está espléndido. El actor más admirado por Hopper tras su amigo James Dean, era Montgomery Clift, y hay mucho del aura de sensibilidad y vulnerabilidad de Monty acá.

Esa es la genialidad, vemos a alguien que se ve a si mismo de ese modo, que emprende un viaje a lo que a sus ojos es un Edén pleno de pureza, y que trae intenciones de respeto, de exploración, y en definitiva, del pacifismo de los 60s. Pero que como Hopper, está lleno de demonios internos, y es un agente de destrucción y violencia, de maltrato y superioridad frente a su pareja nativa. Un stuntman, o especialista de escenas de acción, que tras un rodaje de películas del oeste, un medio en el que Hopper creció, se queda en un Perú que sólo existe en su imaginación, cuando el resto del equipo vuelve a Hollywood.

Por otro lado, el mito del buen salvaje indígena, tan extendido en la juventud estadounidense de la época, a la que le es más fácil amar al prójimo lejano y soñar con revoluciones políticas y espirituales en confines remotos que no le comporten involucrarse, es atacado por esta película. Es una época de triunfo mítico del Don Juan de Castaneda y de los chamanes, ese exotismo que acabaría en secta New Age. Otro gran motivo de elegir Perú por delante de México era la percepción de la violencia en ambos países.

Los extranjeros traen con su rodaje el mito del western, la violencia del oeste, pero los nativos, al fascinarse con la escenificación del cine, no se ven corrompidos por el exterior, sino que sólo adaptan sus propias tendencias de violencia y exceso a la nueva forma gringa. De este modo, construyen cámaras e iluminaciones de mimbre rodando una película inexistente con una violencia muy real que ya no es simplemente escenificada, una nueva tradición importada, incorporada a su folclore.

El horror inicial del párroco católico se torna en adaptación a la nueva tradición del pueblo, cual carnaval, retratando la posición cínica de la Iglesia. El personaje de Hopper parece elegido para cumplir un sacrificio simbólico, en una serie de peripecias ambiguas que pueden dejar al espectador algo perplejo.

El personaje de Hopper se ve involucrado de lleno en esa vorágine, entre sus devaneos con la bohemia de exiliados borrachos que frecuentan los bajos fondos de la ciudad cercana: una acertada muestra de que el mundo rural ya ha sido colonizado por una cultura ajena y por la propia naturaleza humana , una ciudad que contiene elementos sórdidos, y parafernalia de la vida moderna sin estrecheces.

La amante de nuestro protagonista se nos muestra pragmática, y le dice las verdades que el personaje de Hopper no quiere escuchar: ella, que ha crecido en la precariedad y la conoce, quiere la vida acomodada a la que él puede acceder en su país, y no es tan tolerante con los sueños bucólicos de emancipación de su partenaire. No es sorprendente que los hippies que adoraron Easy Rider se sintieran señalados e interpelados.

El cine dentro del cine que la película escenificada por los lugareños provoca, crea un efecto muñeca rusa: El equipo de Hollywood rueda su película, los lugareños escenifican la suya, y el propio Hopper director está realizando la película que estamos viendo, interactuando, cometiendo excesos en la vida real, y afectando la vida en el lugar de rodaje, y Hopper es consciente, incluso en su total desbarre personal, de todo ello.

La película propiamente no termina, sino como una obra de Kafka, podría seguir indefinidamente en el errabundo vagabundeo de este buscador, que parece seducido por un El Dorado que no existe, en una país que imagina, creyéndose una persona que no es. Algo, en el fondo, muy parecido al Aguirre de Kinski y Herzog.

Mis pensamientos…

20 Dic

“En las últimas décadas, algo le sucedió al sueño americano. Si algo no gana dinero, nadie está interesado. Todo está a la venta. Las emociones se venden. El sexo se vende. Todo es sexo Mis emociones no están a la venta. Mis pensamientos no se pueden comprar. Son míos..”

 

(Cassavetes)

Sueño

18 Ene

Jerry-Lewis-+-Martin-Scorsese-The-King-of-Comedy“The King of Comedy” is my coming to terms with disappointment, disappointment with the fact that the reality is different from the dream.

(Mertin Scorsese)

El dibujante que hacía películas

23 Nov

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Terry Gilliam es aquello que Ridley Scott soñó con ser. Porque Ridley lo hizo una vez. Pero Gilliam lo hizo una y otra vez: crear universos. A tumba abierta aunque significara crearse una fama de ruina entre los productores.

Hoy es el cumple de Gilliam, alguien que empezó en el arte, la animación y el humor, formó parte de lo mejor del humor absurdo, Monty Python, y sin dejar de dibujar creó dibujos de celuloide con ojos que aún hoy son de niño.

Más quijote que Alonso Quijano, siguiendo la estela de otro apestado para el negocio de vender entradas, Orson Welles. La imaginación de Terry es febril prodigiosa e igual nos entrega perfección como en la distópica Brazil, como momentos de delirio y delicia, fellinianos en su imperfecto ensamblaje, como su Munchausen.

Pero Gilliam sigue siendo un hombre y su lápiz combatiendo el hecho de que la luz en movimiento que es el cine requiere de mucho más que imaginación y grafito, es luz cara, que se plaga de aspectos pragmáticos que estorban al soñador.

Soñar y vivir, a menudo nos convierten en benditas contradicciones.

Hoy los storyboards de Gilliam.

 

Martin

20 Nov

martin scorsese gun

Hace un par de días era el cumpleaños de Martin Scorsese, ese joven tan iconoclosta que rompe moldes gamberros con su última película. Con la energía intacta de un hooligan. Martin sobrevive. Su pasión sobrevive (en Infiltrados tuve serias dudas). Martin no es el Martin de “Toro Salvaje” pero es una versión de si muy superior a la media a que Hollywood nos tiene acostumbrados.

El hombre que estuvo a punto de entrar en el seminario, el cristiano que rodó una de las películas más perseguidas por el Vaticano, el hombre excesivo de jo qué noche, el oscuro e inquietante observador de la alienación de un taxista insomne.

Martin nos ha hecho un regalo, ha hecho un regalo al cine, y a falta de material original que postear, no se me ocurre nada mejor que esto:

Gracias.

“Malas Calles trató del sueño americano, según el cuál cada cual cree que se puede enriquecer rápidamente, y si no pueden por medios legales, lo harán por medios ilegales”

El Congreso

12 Oct

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Reconozco que no he leído a Lem en demasía. Esta distopía se inspira en “congreso de futurología”. De ella ha habido críticas desconcertantes y desconcertadas. En el fantástico programa de radio “La finestra indiscreta” de Àlex Gorina, el conocido crítico Jaume Figueras contraponía la parte real del film de la animada, afirmando que ésta última era estéticamente horrenda.

Me parece que no siente mi venerable admiración por Ralph Bakshi, quién dio vida a Fritz el Gato de Crumb, o al señor de los anillos, que había que tener valor con aquella época y presupuesto. Alguien a quién Ari Folman, director de El Congreso y Vals con Bashir sin duda conoce (casi seguro Zemeckis y su Conejo tampoco desconocían al innovador animador). Bakshi a su vez conocía a F.B. Avery.  Un puto clásico. O a Alicia en el país de las Maravillas, la mejor película de Disney. Sombrereros locos, pájaros, perros habladores, mujeres de bandera, guerras a lo H.G. Wells, sueños utópicos, sociedades dentro de sociedades, nada es lo bastante irreal como para quedar fuera de ese lado del espejo. Lo real e irreal es relativo, subjetivo, complementario, sueños, visiones y contrapartidas horribles.

Esta lúcida y desconcertante película entronca con distopías como Hijos de los Hombres. El Ébola, la telerrealidad, las granjas de videojuegos chinas, las guerras petrolíferas. Vivimos en un futuro que nos ha alcanzado sin darnos cuenta. También entronca con la parte philip-dickiana de Matrix, más allá de las patadas voladoras y el mesianismo de ésta. Incluso si me apuran con otra rareza: The Wall, de Alan Parker (bueno, y Roger Waters).

Esta es una crítica espero que sin mucho spoiler. Pero he de decir que esta es una película que no me ha dejado indiferente, que me ha sorprendido, que juega con la realidad de una actriz en decadencia, para especular sobre una realidad virtual que comienza con la digitalización de actores convertidos en avatares, y se expande como un big bang en múltiples y sorprendentes direcciones. Robin Wright juega a ser una Robin Wright alternativa (aunque también estrella de alguna de sus propias películas emblema) que está en el ocaso de su carrera y en serias dificultades.

Su actuación final, paralela pero más desvalida a la de Clive Owen en la peli de Cuarón, es increíble.

El caos parece inundar parte de la trama, formando espirales de saltos, futuros, bellas durmientes, casinos lúdicos sin fin no tan lejanos a un Eurovegas, y una dolorosa vuelta a la realidad. La luz nos ciega, el mundo no parece tan diferente al nuestro (una ruina llena de alucinados hipnotizados) que capta la esencia de Matrix: Pastilla roja o Azul. Adicción o Desolación. No he leído “Ensayo sobre la ceguera”, ni su adaptación al cine, pero sospecho algún conector secreto. Y desde luego, parece haber estudiado muy bien la serie inglesa futurista pero extrañamente presente Black Mirror de Charlie Brooker, especialmente con el segundo y tercer capítulo de su primera temporada, en lo distópico con el impresionante “Fifteen Million Merit” y algo en cuanto a la tecnología desatada, con “The entire history of you”.

Quizás no sea del gusto de todos, pero The Congress es diferente, y por eso sólo, es especial.