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Retransmisiones

27 Jul

maxresdefaultSobrevivo, e incluso, como holandés errante, traigo conmigo mesas de mezclas, y tramo redes de ligas de caballeros extraordinarios para proyecto podcastil.

En infierno son los demás, y el cielo también. Dedicado ahora al servicio al cliente, tengo ración extra de comportamiento humano, con la luz y la sombra.

La cosa es utilizar esto a tu favor, tratar de, no permanecer al margen, sino ser uno mismo parte sombra y parte luz. Y tratar de que haya más luz.

Bueno, la música, el cine, las series, los podcast que escucho, Lisboa, Twin Peaks…

Todo ayuda y todo lo mezclo en ese nuevo proyecto, Islas en la Red, para el cual estoy haciendo grandes fichajes, pero que empiezo en solitario.

Invitados quedan a un bar que no cierra nunca.

Un viaje personal por la Música de 2016

5 Mar

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Mis discos 2016 en Rate Your Music (RYM)

Un viaje personal por algunos de los discos de rock y psicodelia que más me han gustado en el año 2016, desde la BSO de Sing Street hasta Doug Tuttle, pasando por Cricket Captains, The Black Room, DMA’s, Levitation Room, Tom McRae, Night Moves, Motorpsycho, Desert Mountain Tribe, New Desert Blues, Elephant Stone, Marius Tilly, Ennio Morricone…

Un podcast en el que presento brevemente a cada grupo y dejo que la música hable por sí misma.

 

 

El almohadón surrealista

15 Feb

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A principios de febrero se cumplieron 50 años de la publicación de Surrealistic Pillow, de Jefferson Airplane. Esta banda fue una de las más importantes de la escena hippie de San Francisco, junto a Love y Greateful Dead.

Se trata del segundo album de la banda, y, como en el caso del Forever Changes de Love, del mismo año, se trata de un avance gigante respecto del debut.

Habían fichado a Grace Slick, una de sus teloneras junto a The Great Society, amiga de Jerry García de los Greateful y de Janis Joplin, y ésta traía bajo el brazo el tema “Somebody to Love” y raudales de carisma y presencia. Grace fue junto a Joplin una aparición que rompía la masiva saturación masculina en el rock. Grace Slick es una fuerza magnética, con una arrolladora personalidad, que rompía esquemas en el papel subordinado de la mujer en la revolución cultural de los sesenta.

Somebody to love, White Rabbit o My best friend fueron éxitos, mientras el grupo se consolidaba en el ambiente contracultural de Haight-Ashbury. La experimentación con drogas, el radicalismo político, el idealismo, la oposición a Vietnam, llevarían al grupo hasta el que para un servidor es su mejor disco, Volunteers (1969), con una carga mucho más radical.

Tan radical que, Grace ex compañera de estudios de la hija de Nixon, invitada a la Casa Blanca, planeó junto al único y ubicuo activista Abbie Hoffmann añadir LSD al té del presidente. La mera presencia de Hoffmann en el ambiente sirvió para disuadir a la Casa Blanca de invitación alguna.

Personalmente, los sonidos de San Francisco representados por The Byrds, CSNY, Love, o Youngbloods (no Greateful Dead), forman parte de una etapa de obsesión musical muy determinada, al igual que la contracultura de los 60s sigue fascinándome en sus contradicciones, batallas, y derrotas.

Jefferson Airplane personifican algunos de estos efectos: Colapsaron rápidamente al entrar en los 70s. Las drogas, las filosofías New Age, la falta de dirección y calidad musical, el alejamiento de la realidad, la falta de reciclaje y de estar a la vanguardia, los problemas personales y creativos, la vorágine de la industria, los cambios en un público que a su vez había roto con la contracultura y había abrazado o el conformismo o el nihilismo, hacen que todo lo posterior a Bark (1971) sea básicamente basura.

Con distintos nombres, pulularon por los 70s y 80s como una mera parodia de si mismos, en un registro AOR (Adult Oriented Rock) que, sin la grandilocuencia genuina, grotesca y juguetona de un Journey o REO Speedwagon, ni la intuición comercial de Fleetwood Mac (tal vez su perverso legado, sus hijos putativos) se quedaba en un esfuerzo estéril y patético de alguien que ha perdido el pulso artístico.

Irónicamente, la única banda de San Francisco que no me gusta demasiado, son los que más fieles siguieron a si mismos, más dignos: Greateful Dead.

Pero nos queda este magnífico almohadón surrealista, y esa Grace Slick rebelde, fuerte, determinada, valiente, de presencia hipnótica, voz firme. Himnos de amor, cambio, paz.

La génesis del Britpop- Podcast Reboot

28 Dic

slider-roses.jpgPresentando el capítulo 00×01 del retornado podcast musical en que participaba. Reboot del podcast de música rock “El club de los pilotos suicidas”, aguerrido reducto que entre 2008 y 2012 estuvo dando guerra. Un retorno tramado y perpetrado a medias con el imprescindible Xavi Hernández, que mantuvo viva la llama en forma de web musical.

Volvemos con ansia de venganza, para hablar de rock de los 60s, 70s, 80s, 90s y lo que haga falta. Seguimos buscándole las guitarras a Travis.

Desde el Brit Pop, con el que comenzaremos una trilogía épica, a otros especiales, siempre monográficos y telekinésicos. Pop psicotrópico entre colegas.

La primera enterga: podcast especial acerca de los antecedentes del brit pop. De los Smiths a los Happy Mondays, de Stone Roses, de Madchester al Baggy, del Shoegaze a Blur, de Inspiral Carpet a Oasis, de Real People o Jesus and The Mary Chains a Pulp, Charlatans o James.

En medio de la tempestad

26 Nov

Kate TempestNo soy un asiduo a escuchar hip hop. Ni, desde hace cierto tiempo, a escuchar cierta radio pública con vocación de certificado de modernidad. Pero en una de esas absurdas travesías un día lluvioso, sin datos para enchufar vuestros fantásticos podcast caseros, llegó Kate Tempest.

Y como los discos comprometidos y cargados de energía crítica y arrolladora vocación de gritar al cambio escasean, lo paseo por acá. Traducción libre de un fragmento de Tunnel Vision, cantado acapella.

“Así que descartamos a todas sus víctimas como extrañas
Pero son padres e hijos tornados en perros por el peligro
La existencia es inútil, por lo que no nos comprometemos
Pero fueron nuestros barcos los que navegaron, mataron, robaron y los hicieron náufragos
Fueron nuestras botas las que aplastaron
Nuestros tribunales fueron los que encerraron
Y fueron nuestros malditos bancos los que nos hicieron rescatar
Fuimos nosotros los que nos volvimos a mirar a otro lado
Miramos hacia otro lado, en nuestra manicura y nuestros planes de boda
En el ojo de una enorme tormenta, dijimos
“Bueno, no nos toca hacer de este lugar una tierra mejor
No nos toca a nosotros hacer de este lugar una tierra mejor “.
Justicia, justicia, recompensa, humildad
La confianza es, la confianza es algo que nunca veremos
Hasta que el amor sea incondicional
El mito del individuo nos ha dejado desconectados, perdidos y quejosos
Estoy en la lluvia
Es una noche fría en Londres
Y estoy gritando a mis seres queridos para despertar y amar más
Estoy rogando con mis seres queridos a despertar y amar más”

 

Supersonic

7 Nov

knebworth

¿Es mi imaginación

o finalmente he encontrado algo por que merece

la pena vivir?

(Oasis, Cigarettes and alcohol)

Internet mató a la estrella de la radio…

Es difícil hablar de una película que es parte de una banda sonora sentimental, y hacerlo a su vez sin tratar de arruinar la experiencia del fan que no la ha visto. Sin explicar en qué momento acaba el metraje, en quiénes se han convertido ellos para entonces, en quienes nos convertimos nosotros durante el viaje. El documental es la experiencia del viaje mismo que emprenden, y a un ritmo envidiable.

Es un gran documental, y hay quién piensa que debería ser otro. Que debería hablar de la época, la sociedad, la política, la escena musical. Hay quienes pedían The Last Party, el libro de John Harris, hecho película.

No es así. Es la historia de dos hermanos. Viviendo la vida en el extrarradio obrero de Manchester. Soñando escapar. Es una historia que puede repetirse, que se repite, que ya ocurrió, que ocurrirá. Podría ser la historia de los Kinks en los 60s, podría pasar mañana. Es la excitación de formar una banda, de descubrir que tu hermano de pronto es una fuente inagotable de talento, de ser el frontman que desencadena su rabia como un Sex Pistol, de dar bolos insignificantes por tres años sin una nota al pie de página en ningún lugar, hasta que ocurre una coincidencia fortuita.

Es fácil pensar que fue fácil llegar a construir en esos primeros años un repertorio mágico, de pasar de tocar de 30 a 250.000 personas. De tener a 2,6 millones de personas queriendo comprar el ticket para Knebworth. Es la última gran banda de estadio. Internet cambió la cultura musical, el trapicheo de cintas, la excitación de aguardar y de descubrir, de mostrar y de iluminarse. En aquel entonces, en aquel lugar, la canción adecuada era una verdad revelada y es probable que se te marcara de por vida.

Oasis emprende en este documental una travesía del desierto alimentados por la ambición, la arrogancia, la rivalidad amarga y de vocación fraticida, y la pura desesperación de no poder volver al lugar de salida bajo ningún concepto. El pánico y no tanto como la esperanza es un poderoso motor creativo. Se les piensa simples, se les acusa de haberse pagado un publi-reportaje. Nada más lejos. Son complejos y llenos de matices.

Hay cierta nostalgia pero no sólo por quienes llegaron a ser, y ya no son, ni por los adolescentes que fuimos, la nostalgia es la justa, la que comienza no hoy, sino en el momento álgido, el momento en que algo en sus almas se pierde en pleno viaje al corazón de la industria, un maelstrom imparable y sólo sugerido, un goteo de amigos en el camino, un perder pie.

La grandeza tiene un precio, y si hay un lamento fue no haber acabado en el punto más alto para poder volver con los bolsillos llenos al pub de la esquina a volver a quedar con el granuja que roba discos en la tienda del centro, no poder volver a escuchar The Queen is Dead por primera vez… y lamentarse porque tal vez estos tiempos son tiempos con tantos estímulos, tantas opciones, que ninguna ofrece el suficiente arrojo como para hacerte sentir mariposas en el estómago en tu primer concierto.

Creo que Liam añora mucho más los autobuses con sus roadies, los conciertos de Stone roses, los partidos del City en los descansos de las sesiones del Morning Glory.

En cuanto a Noel, él siempre fue un gato. Independiente, bocazas, ambicioso, creativo. Tal vez solo le haga falta tocar en el garage de Paul Weller.

Son millonarios, no lloran, no se compadecen, más bien se maravillan de su suerte y se muestran agradecidos de un fenómeno del que no se consideran centro. Sus canciones fueron apropiadas por la colectividad como parte de sus vidas, y ese es el misterio que emociona a Noel.

Y nosotros, que crecimos en aquel entonces, en aquella época, sólo podemos emocionarnos por este regalo, por confesiones sólo casi verdaderas, por música rock e historias épicas de Working class heroes.

Gracias.

33 revoluciones por minuto

9 Jun

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“A pesar de que la música del pasado hable poderosamente del momento presente, un interrogante gigantesco continúa pendiendo sobre el futuro de esta forma de arte. Durante las décadas previas, artículos periodísticos han aparecido con regularidad preguntando a dónde han ido todas las canciones protesta- Yo mismo he escrito unos cuántos. Existen hoy multitud de razones para estar temeroso, enfadado, y ocasionalmente esperanzado durante los 2000s, pero los autores parecen, en su mayoría, incapaces de trasladar ninguno de estos sentimientos en arte significativo.

La frase canción protesta es problemática. Muchos artistas lo han visto como una etiqueta en la cual pueden sentirse atrapados. Joan Baez, que cantó por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam dijo “Yo odio la canción protesta, pero algunas canciones hablan por si mismas”. Barry McGuire, que cantó la canción paradigmática del género en 1965, el hit “Eve of destruction”, se quejó, “no es exactamente una canción protesta. Simplemente es una canción sobre los hechos presentes”….”

“Este también es un libro sobre docenas de individuos haciendo ciertas elecciones en ciertos momentos, por diferentes razones y con un diferente rango de consecuencias. En los peores casos, cantantes han sido censurados, arrestados, golpeados o incluso asesinados por sus mensajes. Menos dramáticamente, existe el riesgo de parecer altanero, o molesto, o egocéntrico…”

“Es siempre una espada de doble filo, dice el veterano cantautor político Tom Robinson. “Si mezclas política y pop, gran parte de la crítica dirá que estás explotando las necesidades políticas de la gente, sus ideas y simpatías, con el único fin de posicionarte bien en ese segmento musical con tu pop de segunda, y otros dirán que estás colocando ideas políticas de segunda fila aprovechando tu carrera musical. En cualquier caso, te tienen cogido.”

“Algunos críticos anti-canción protesta catalogaron duramente en sus escritos sobre “All the News that Fit to sing” (1964) de Phil Ochs. “Vine a entretenerme, no a ser sermoneado”; “Es hermoso, pero no llega a ser suficientemente radical”. Y aún hoy estamos en las mismas.”

Estos son algunos fragmentos jugosos del prólogo de 33 revoluciones por minuto, el libro de Dorian Lynskey que voy a tratar de devorar a ratos dificultosamente, tal y como lo he reproducido también de aquellas maneras, dado que no tengo la edición española reciente, sino la inglesa de Faber de segunda mano.

La pregunta y la premisa es más que pertinente; Tenemos más que nunca la necesidad de dar rienda suelta a problemas globales, políticos, económicos, laborales, sociales, ambientales e incluso afectivos. Pero la música parece que pierda muy mucho en estos años esa carga política, de valentía, de audacia, que pierda esa capacidad de preocuparse y reflejar la realidad del oyente como ciudadano y ser humano, más allá de los tópicos sentimentales, aunque también se pueda acabar cayendo en la prédica panfletaria. Y sin embargo, yo añoro más panfletos inteligentes, y menos música vacía y meramente recreativa, aunque sea el primero en admirar armonías, melodías, ambientes, atmósferas, riffs…

A partir de ahí el autor hace un repaso histórico, desde el Strange Fuit de Billie Holliday en los 30s, sobre linchamientos racistas, hasta la era Bush

Como suele decirse, no están todos los que son, pero son todos los que están. Incluído un autor hispanohablante, Victor Jara.

Era evidente que a pesar de mi debilidad personal, Radio 4 no iban a estar, pero si me duele que Phil Ochs no tenga capítulo propio y esté salpicado aquí y allá, que la era Bush ponga preeminencia a American Idiot de Green Day, y sólo se mencione de pasada el fundamental Living With War de Neil Young (grabado en dos semanas). La presencia de Dead Kennedys o Crass no explica la ausencia de Bad Religion (True North es para mi el último gran disco político que he escuchado, y viniendo de unos veteranos. Antiflag han tratado con menos éxito algo parecido hace poco). En fin, un largo e intenso debate en que cada uno echamos a faltar, y vemos demasiado representado, una experiencia musical y política en particular.

Agrupado en periodos, pretende dar una prespectiva histórica, pero también evolutiva, repasar hitos en la música y el compromiso, entretener, informar, concienciar, hacer fotos fijas de momentos y escenas musicales efervescentes en pensamiento crítico.

Y está bien recordar, porque como decía antes, dónde están los discos que nos hablan de lo que está ocurriendo. Siria, la crisis, los ahogados, los bancos, el desempleo, la desigualdad, el deterioro de lo público, la explotación infantil, las guerras del coltán, la corrupción…

Necesitamos que vuelva el espíritu de Phil Ochs. O tal vez sea que la revolución no está siendo televisada.