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33 Revolutions Per Minute: A History of Protest Songs, from Billie Holiday to Green Day

5 Ene

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Totalmente necesario, ameno, fielmente documentado…

Pero con un sesgo muy muy fuerte hacia los USA. Una demostración de conocimiento enciclopédico especialmente en la fase folk y de música negra, pero fuera del martirio de Victor Jara, de una visita a Jamaica, y de Fela Kuti, a Lynskey no se le ocurre mirar fuera de su propio entorno, y cuando lo hace, en ocasiones causa perplejidad como cuando califica las canciones protesta de Lennon, incluida Imagine, de chapuceras e insinceras. Por lo demás, UK sólo existe por cuanto a The Clash, Sex Pistols (pero para nada PIL o el post-punk) y Specials, o tal vez Style Council. En este universo, Morrissey nunca escribió sobre Thatcher. Desprecia con cierta razón los años del brit-pop, despolitizados (a pesar de que ignora a Pulp, con su Common People, Cocaine Socialism, I am a Man, Miles End…por ejemplo).

Pero también lo hace con la tradición de los 60s, especialmente en UK, pero también reserva su desdén al hippismo (Abbie Hoffman, MC5, Jim Morrison). El sólo ejemplo del video de “A whiter shade of pale” de Procol Harum vale como demostración de que se debe exhumar mayores logros del hippismo como movimiento político.


Pareciera que por ejemplo los Kinks no hubiera cantado contra la vivienda-basura en Dead end street, o no hubiésen hecho 5 discos políticos como Arthur (pacifismo) Village Green (ecologismo-hippismo) los dos Preservation Acts, o Schoolboys in Disgrace (sistema educativo). Tampoco hay trazas de que Pink Floyd hubieran sacado The Wall (alienación) y resulta de chiste que mencione War Pigs (Deep Purple) por la versión de Flaming Lips, mirando a otro lado en cuanto al hard rock y el heavy (Iron Maiden). 


Es genial que reivindique la música disco como galvanizador del movimiento gay, pero ignora completamente el glam rock como liberación gay (Polnareff), o el tecnopop europeo (Communards, Pet Shop Boys). Comete la exageración de elevar a los Radiohead pre-hail to the thief a grupo político de los 90 por excelencia mientras que grupos ambiciosos como Porcupine Tree no merecen ni mentarse.


Australia y Mignight Oil, no se mencionan. La música francófona, de Edith Piaf a Jacques Brel (con su música pacifista, antiburguesa, rabiosa en ocasiones) o a la efervescente escena hip-hop francesa, no se mentan. Ni que decir tiene que Jara y Fela Kuti son los únicos artistas no anglófonos. La canción protesta española (Paco Ibáñez), el santo y seña portugués (Grandola Vila Morena), el cancionero antifascista italiano (De bella ciao en adelante), cualquier tradición lusófona de Brasil, Angola o Mozambique, la música griega, el rock turco y la escena de Líbano, fértil en músicos de diáspora iraní, palestina y siria, la música de los balcanes en los 90s, el cono sur de Argentina y Uruguay (Jorge Cafrune), centroamérica (de la fértil tradición folk mexicana a los narcocorridos que denuncian la connivencia de los cárteles y la política), todo ausente, como la música el Europa del Este en los 80s y 90s, como los Kult en Polonia, y mientras se contempla el ombligo con las Dixie Chicks, las Pussy Riot y la escena punk-gay en Rusia no se contemplan. 


Desconozco, desgraciadamente, las escenas musicales del norte de África (el Rai, Egipto) y de Asia (me da la impresión que fuertemente reprimida incluso en Japón) pero como mínimo merecían una investigación.


Con todo, y a pesar del exceso de atención a figuras dudosas como Bono o Geldof, o el hecho de que Green Day exista con una dimensión mayor a Bad Religion y Radio4 (ausentes), es un documento imprescindible y arrebatado acerca de la importancia de la música con mensaje, del activismo, de la canción como medio artístico vehículo del cambio, del reflejo de la sociedad en que vivimos.

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Islas en la Red- T01E03- Phil Spector

28 Sep

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Vuelve ese nuevo proyecto podcastero que de momento es de marcados tintes musicales pero que buscará abrir el abanico, y viene con Lutxo Pérez, de nombre de guerra de la era de los blogs, perrolutxo (Guasabilis) excelente pinchadiscos y conocedor del mundo rocksteady hasta el punto de ser autor de un magnífico libro.

Volvemos para discutir la figura de Phil Spector, el genial productor que cambió las reglas del juego, precoz, bipolar, egocéntrico, creativo, enloquecido, talentoso, melómano, multinstrumentista…salvador del Let it Be, productor de Lennon y Harrison…

Tearing Down the Wall of Sound: The Rise and Fall of Phil Spector de Mick Brown es una de las fuentes consultadas, así como la horrible serie de HBO.

Lo mejor, el disfrute de conversar de música con Lutxo, defender el Let it Be…Y a Yoko Ono!

Islas en la Red T01E03- Phil Spector- Destripando el Muro de sonido

Islas en la Red T1E02: Badfinger, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones

30 Ago

Vuelven las emisiones irregulares del podcast Islas en la Red, con la legendaria historia de los enormes Badfinger, un grupo de talento enorme de fines de los 60s y principios de los 70s, llamados a coger el espíritu de Paul McCartney, que militaron en Apple, y que trágicamente conocieron la cara más siniestra del negocio musical. Un sincero homenaje a Pete Ham y Tom Evans.

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El almohadón surrealista

15 Feb

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A principios de febrero se cumplieron 50 años de la publicación de Surrealistic Pillow, de Jefferson Airplane. Esta banda fue una de las más importantes de la escena hippie de San Francisco, junto a Love y Greateful Dead.

Se trata del segundo album de la banda, y, como en el caso del Forever Changes de Love, del mismo año, se trata de un avance gigante respecto del debut.

Habían fichado a Grace Slick, una de sus teloneras junto a The Great Society, amiga de Jerry García de los Greateful y de Janis Joplin, y ésta traía bajo el brazo el tema “Somebody to Love” y raudales de carisma y presencia. Grace fue junto a Joplin una aparición que rompía la masiva saturación masculina en el rock. Grace Slick es una fuerza magnética, con una arrolladora personalidad, que rompía esquemas en el papel subordinado de la mujer en la revolución cultural de los sesenta.

Somebody to love, White Rabbit o My best friend fueron éxitos, mientras el grupo se consolidaba en el ambiente contracultural de Haight-Ashbury. La experimentación con drogas, el radicalismo político, el idealismo, la oposición a Vietnam, llevarían al grupo hasta el que para un servidor es su mejor disco, Volunteers (1969), con una carga mucho más radical.

Tan radical que, Grace ex compañera de estudios de la hija de Nixon, invitada a la Casa Blanca, planeó junto al único y ubicuo activista Abbie Hoffmann añadir LSD al té del presidente. La mera presencia de Hoffmann en el ambiente sirvió para disuadir a la Casa Blanca de invitación alguna.

Personalmente, los sonidos de San Francisco representados por The Byrds, CSNY, Love, o Youngbloods (no Greateful Dead), forman parte de una etapa de obsesión musical muy determinada, al igual que la contracultura de los 60s sigue fascinándome en sus contradicciones, batallas, y derrotas.

Jefferson Airplane personifican algunos de estos efectos: Colapsaron rápidamente al entrar en los 70s. Las drogas, las filosofías New Age, la falta de dirección y calidad musical, el alejamiento de la realidad, la falta de reciclaje y de estar a la vanguardia, los problemas personales y creativos, la vorágine de la industria, los cambios en un público que a su vez había roto con la contracultura y había abrazado o el conformismo o el nihilismo, hacen que todo lo posterior a Bark (1971) sea básicamente basura.

Con distintos nombres, pulularon por los 70s y 80s como una mera parodia de si mismos, en un registro AOR (Adult Oriented Rock) que, sin la grandilocuencia genuina, grotesca y juguetona de un Journey o REO Speedwagon, ni la intuición comercial de Fleetwood Mac (tal vez su perverso legado, sus hijos putativos) se quedaba en un esfuerzo estéril y patético de alguien que ha perdido el pulso artístico.

Irónicamente, la única banda de San Francisco que no me gusta demasiado, son los que más fieles siguieron a si mismos, más dignos: Greateful Dead.

Pero nos queda este magnífico almohadón surrealista, y esa Grace Slick rebelde, fuerte, determinada, valiente, de presencia hipnótica, voz firme. Himnos de amor, cambio, paz.

33 revoluciones por minuto

9 Jun

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“A pesar de que la música del pasado hable poderosamente del momento presente, un interrogante gigantesco continúa pendiendo sobre el futuro de esta forma de arte. Durante las décadas previas, artículos periodísticos han aparecido con regularidad preguntando a dónde han ido todas las canciones protesta- Yo mismo he escrito unos cuántos. Existen hoy multitud de razones para estar temeroso, enfadado, y ocasionalmente esperanzado durante los 2000s, pero los autores parecen, en su mayoría, incapaces de trasladar ninguno de estos sentimientos en arte significativo.

La frase canción protesta es problemática. Muchos artistas lo han visto como una etiqueta en la cual pueden sentirse atrapados. Joan Baez, que cantó por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam dijo “Yo odio la canción protesta, pero algunas canciones hablan por si mismas”. Barry McGuire, que cantó la canción paradigmática del género en 1965, el hit “Eve of destruction”, se quejó, “no es exactamente una canción protesta. Simplemente es una canción sobre los hechos presentes”….”

“Este también es un libro sobre docenas de individuos haciendo ciertas elecciones en ciertos momentos, por diferentes razones y con un diferente rango de consecuencias. En los peores casos, cantantes han sido censurados, arrestados, golpeados o incluso asesinados por sus mensajes. Menos dramáticamente, existe el riesgo de parecer altanero, o molesto, o egocéntrico…”

“Es siempre una espada de doble filo, dice el veterano cantautor político Tom Robinson. “Si mezclas política y pop, gran parte de la crítica dirá que estás explotando las necesidades políticas de la gente, sus ideas y simpatías, con el único fin de posicionarte bien en ese segmento musical con tu pop de segunda, y otros dirán que estás colocando ideas políticas de segunda fila aprovechando tu carrera musical. En cualquier caso, te tienen cogido.”

“Algunos críticos anti-canción protesta catalogaron duramente en sus escritos sobre “All the News that Fit to sing” (1964) de Phil Ochs. “Vine a entretenerme, no a ser sermoneado”; “Es hermoso, pero no llega a ser suficientemente radical”. Y aún hoy estamos en las mismas.”

Estos son algunos fragmentos jugosos del prólogo de 33 revoluciones por minuto, el libro de Dorian Lynskey que voy a tratar de devorar a ratos dificultosamente, tal y como lo he reproducido también de aquellas maneras, dado que no tengo la edición española reciente, sino la inglesa de Faber de segunda mano.

La pregunta y la premisa es más que pertinente; Tenemos más que nunca la necesidad de dar rienda suelta a problemas globales, políticos, económicos, laborales, sociales, ambientales e incluso afectivos. Pero la música parece que pierda muy mucho en estos años esa carga política, de valentía, de audacia, que pierda esa capacidad de preocuparse y reflejar la realidad del oyente como ciudadano y ser humano, más allá de los tópicos sentimentales, aunque también se pueda acabar cayendo en la prédica panfletaria. Y sin embargo, yo añoro más panfletos inteligentes, y menos música vacía y meramente recreativa, aunque sea el primero en admirar armonías, melodías, ambientes, atmósferas, riffs…

A partir de ahí el autor hace un repaso histórico, desde el Strange Fuit de Billie Holliday en los 30s, sobre linchamientos racistas, hasta la era Bush

Como suele decirse, no están todos los que son, pero son todos los que están. Incluído un autor hispanohablante, Victor Jara.

Era evidente que a pesar de mi debilidad personal, Radio 4 no iban a estar, pero si me duele que Phil Ochs no tenga capítulo propio y esté salpicado aquí y allá, que la era Bush ponga preeminencia a American Idiot de Green Day, y sólo se mencione de pasada el fundamental Living With War de Neil Young (grabado en dos semanas). La presencia de Dead Kennedys o Crass no explica la ausencia de Bad Religion (True North es para mi el último gran disco político que he escuchado, y viniendo de unos veteranos. Antiflag han tratado con menos éxito algo parecido hace poco). En fin, un largo e intenso debate en que cada uno echamos a faltar, y vemos demasiado representado, una experiencia musical y política en particular.

Agrupado en periodos, pretende dar una prespectiva histórica, pero también evolutiva, repasar hitos en la música y el compromiso, entretener, informar, concienciar, hacer fotos fijas de momentos y escenas musicales efervescentes en pensamiento crítico.

Y está bien recordar, porque como decía antes, dónde están los discos que nos hablan de lo que está ocurriendo. Siria, la crisis, los ahogados, los bancos, el desempleo, la desigualdad, el deterioro de lo público, la explotación infantil, las guerras del coltán, la corrupción…

Necesitamos que vuelva el espíritu de Phil Ochs. O tal vez sea que la revolución no está siendo televisada.

 

 

 

 

Suzi

4 Jun

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Feliz cumple a una de las mujeres que rompieron el concepto del rock and roll como un gueto masculino. Suzi Quatro, como Grace Slick y Janis Joplin, dinamitaron un sistema con la herramienta de su talento y carisma. The Runaways la reverenciaban y con razón.

Su hermana tuvo unos primeros éxitos con la banda pionera Fanny, muy reivindicable, compuesta sólo por chicas, pero Suzi ya había roto moldes con The Pleasure Seekers, aunque sin éxito comercial. Que llegaría merecidamente.

Gracias

69

26 Abr

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Cartel de
Miles Tsang

69 años cumplía Iggy Pop la semana pasada, y hay que conservarlo como un tesoro ahora que nos falta su compinche Bowie.

En uno de esos libros de la editorial la Máscara salidos en los 90s, venía un texto biográfico del propio Iggy, con motivo en 1993 de la salida de American Caesar.

“Vale, yo soy Iggy Pop, y esta es mi vida. Nací en Michigan en 1947. Mamá y papá eran trabajadores completamente legales; él era profesor y ella, secretaria de dirección. Vivíamos en Coachville, en un remolque, puesto 96, 3423 Carpenter Road. A los 5 años tocaba la batería, con 8 años escuché a Sinatra por primera vez y quise ser cantante. Era listo en el colegio, pero no con los deberes. En décimo grado formé el grupo iguanas, un grupo de rock. Editamos un single en el verano de 1965 y conseguimos una actuación en el norte de Michigan, en un local llamado Ponytail Club. Increíble. Un empleo profesional lejos de casa, cinco actuaciones de 45 minutos cada noche, con quince minutos de descanso entre cada una, durante 6 noches a la semana, en una cabaña con agua fría, cinco colchones en el suelo y un enchufe. El sueldo era de 50 dólares semanales. Enchufábamos el tocadiscos y escuchábamos Out of heads (Rolling Stones) y Bringing it all back home (Bob Dylan) durante todo el verano.

Empecé a ser salvaje; me dejé crecer el pelo hasta los hombros y me lo teñí de platino. Me arrestaron por primera vez, me ficharon y me echaron del ponytail. Fuí a la universidad de Michigan, pero la dejé en 1966. Me uní a un grupo de blues llamado Prime movers y tocamos en bares de Detroit y Chicago. Me encantaban Butterfield Band/Junior Wells/Buddy Guy/Little Walter y Otis Rush. Wow!

En 1967 me encontré con dos tipos en una esquina, en michigan, y monté The Sttoges. Sólo hacíamos lo nuestro, nadie más hacía lo mismo que nosotros. Tres álbumes fantásticos; en el 69, 70 y 73. me volví loco por la vida que llevábamos, y la industria me jodió. Me marché a Los Ángeles, me perdí y me arrestaron varias veces. En el 76 reaparecí con mi primer álbum en solitario, grabado por Bowie. Viví 2 años en Europa con Bowie, dos álbumes, ambos fantásticos, y otro en directo no tan bueno.

Me encantó Berlín y odié L.A. Ahora sigo pensando lo mismo. Hubo muchos más discos, quince en total; la mitad buenos, la otra mitad regular. Nueva York, Londres, y de vuelta a N.Y., donde ahora tengo mi cuartel general permanente. También tengo una casa en Méjico, dónde puedo escaparme cuando no aguanto más. Amo a mi jardín, a mi mujer, a mi perro y a mi gato, pero tambié amo el ruido, la agresión, a las chicas, a los tíos legales y a la música, odio a las putas de la publicidad, la mala música, a la gente que quiere utilizarme y a los gilipollas presumidos.

Mi ambición es hacer mejor música, vivir en paz y luego morir. Escucha mi jodido disco porque es muy bueno. Cuando actúe cerca de tu ciudad, ven a verme, porque aquello será lo mismo, pero más.”

Además en el libro se constata un momento anecdótico que revela el carácter quijotesco de Iggy. En cierto momento, abrió un apartado de correos y se propuso contestar una a una las cartas de sus fans. Lo dió pronto por imposible. Aguantó casi un año.