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Octubre Irlandes

15 Oct

Escribo desde un teclado sin tildes, en el sur de Dublin. El azar, la vida, o el ansia de llegar a un estado mejor del que estaba, me han llevado aqui. O pudo ser un ritual magico llevado a cabo al estilo de Osman Spare y Crowley en agosto. O un ejemplo de retrocontinuidad en la que me he insertado a mi mismo en un lugar en el cosmos, desde el futuro, como los textos anfetaminicos de Nick Land y el CCRU podrian inspirar.

Es esto real? Vivir, existir, no es siempre suficiente. En Espanya, la relacion con mi superior en el trabajo me estaba haciendo recaer en los lugares y momentos mas oscuros de mis lucha contra la depresion. Surgio la oportunidad, y no lo he dudado, he saltado al incierto camino menos transitado, que describiera Robert Frost.

Somos las decisiones que tomamos y las que no tomamos, y yo he elegido tomar decisiones, arriesgar, explorar. La distancia de amigos y familia, queda mitigada por la sensacion de transito por un mar Egeo que esconde gigantes y hechiceras, un camino a Itaca que es la vida misma como aputara Kavafis.

Di el salto a una realidad diferente, me agarre a la oportunidad de ver el mundo como algo que hacemos nosotros acto a acto, tuve la suerte de tener manos amigas, de tener aliados, de que mi mas antiguo amigo ya estuviera en Irlanda, de que el destino nos tuviera reservado el insospechado capricho azaroso de recalar en la misma empresa, en el mismo instante.

En eso consiste tal vez la magia en creer que es posible hacerlo posible.

Phil Lynott sonrie desde algun rincon de Temple Bar, uno de los iconos al que recurria frecuentemente en los primeros tiempos del blog, cuando habia historias que recordar y que contar. Hoy me lanzo a vivir nuevas historias, y tendre nuevas que contar.

“Dos caminos se abrían en un bosque amarillo,
y triste por no poder caminar por los dos,
y por ser un viajero tan solo, un largo rato
me detuve, y puse la vista en uno de ellos
hasta donde al torcer se perdía en la maleza.

Después pasé al siguiente, tan bueno como el otro,
posiblemente la elección más adecuada
pues lo cubría la hierba y pedía ser usado;
aunque hasta allí lo mismo a cada uno
los había gastado el pasar de la gente,

y ambos por igual los cubría esa mañana
una capa de hojas que nadie había pisado.
¡Ah! ¡El primero dejé mejor para otro día!
Aunque tal y como un paso aventura el siguiente,
dudé si alguna vez volvería a aquel lugar.

Seguramente esto lo diré entre suspiros
en algún momento dentro de años y años
dos caminos se abrían en un bosque, elegí…
elegí el menos transitado de ambos,
Y eso supuso toda la diferencia.”

Robert Frost

Viaje al manicomio, Kate Millett

20 May

“Es la integridad de la mente lo que deseo reivindicar, su carácter sagrado e inviolable. No niego en absoluto la desdicha y el estrés de la vida en sí: los sufrimientos de la mente a merced de la emoción, las circunstancias que nos llevan a declararnos la guerra unos a otros, los divorcios y los antagonismos en las relaciones humanas, la multitud de temores, los obstáculos a la confianza, las crisis de decisión y elección. Intentamos sortearlo, buscamos consejo para protegernos, incluso nos exponemos al inevitable desequilibrio de poder inherente en la terapia para combatirlo; todo ello es la materia de la condición humana. Pero cuando tales circunstancias se convierten en síntomas y se diagnostican como enfermedades, creo que entramos en un terreno muy incierto”

“Sumo mi propia experiencia a la multitud de personas que como yo han conocido la crueldad y la irracionalidad del sistema, y reivindico un nuevo respeto a la mente humana en sí, su razón, inteligencia, percepción, agudeza y lógica. Que no vuelva a haber más hospitalizaciones, medicación o electroshocks forzados, ni más definiciones de locura como un delito que hay que tratar con métodos salvajes”

(Kate Millett, Viaje al Manicomio)

Optimismo Cruel

17 May

“El optimismo cruel es, entonces, al igual que todas las frases, un deíctico: una frase que apunta hacia una ubicación próxima. Como herramienta analítica, nos incita a habitar y rastrear el apego afectivo a aquello que denominamos “la buena vida”; para muchos, en realidad, una mala vida que desgasta a sujetos que, a pesar de esto y al mismo tiempo, encuentran dentro de ella sus propias condiciones de personalidad. No se trata solo de un estado psicológico. Las condiciones de la vida corriente en el mundo contemporáneo, incluso en lugares de relativa riqueza, como los Estados Unidos, producen el padecimiento o el desgaste de los sujetos, y la ironía de que el trabajo de reproducir la vida en el mundo contemporáneo sea también la actividad de ser desgastados por él tiene sus implicancias específicas para el pensamiento acerca del carácter corriente del sufrimiento, la violencia de la normatividad y las “tecnologías de la paciencia” que permiten que una idea del después postergue los cuestionamientos respecto de la crueldad del ahora. En este sentido, el optimismo cruel es un concepto que apunta a un modo de inmanencia vivida, nacido de una determinada percepción en torno a los motivos por los cuales la generalidad de las personas no es como el Bartleby de Melville, y prefiere no interponer distintas variantes del empobrecimiento, sino montar la ola del sistema de apego al que ya están acostumbradas, marchar a contratiempo o sostenerse en una relación de reciprocidad, reconciliación o resignación que no implica derrota. O tal vez se inclinen hacia la forma normativa para adormecerse con la promesa del consenso, erróneamente interpretada como un logro.”

(Optimismo Cruel, Lauren Berlant)

Trampa 22

12 Abr

Solo había una trampa, y era la 22, que establecía que preocuparse por la propia seguridad ante peligros reales e inmediatos era un proceso propio de mentes racionales. Orr estaba loco y podían retirarlo del servicio, lo único que tenía que hacer era solicitarlo. Y en cuanto lo hiciera, ya no estaría loco y tendría que cumplir más misiones. Orr estaría loco si cumpliera más misiones y cuerdo si no las cumpliera, pero si estaba cuerdo tenía que realizarlas. Si las realizaba estaba loco y no tendría que hacerlo; pero si no quería estaba cuerdo y tenía que hacerlo. A Yossarian le conmovió profundamente la absoluta sencillez de aquella cláusula.  (Trampa 22, Heller)

Albert

25 Mar

“Matarse es, en cierto sentido y como en el melodrama, confesar. Es confesar que la vida nos supera o que no la entendemos. Mas no vayamos demasiado lejos en estas analogías y volvamos a las palabras corrientes. Es solamente confesar que ‘no vale la pena’. Vivir, naturalmente, jamás es fácil. Seguimos haciendo los gestos que la existencia pide por muchas razones, la primera de las cuales es la costumbre. Morir voluntariamente supone que hemos reconocido, aunque sea instintivamente, el carácter ridículo de esta costumbre, la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento”. El mito de Sisífo, 1942

Imagínese una sociedad

24 Feb

Ilustración de Josan González

“Imagínense una sociedad que somete a las personas a condiciones que las hacen terriblemente infelices y luego les da las drogas para eliminar su infelicidad. La ciencia ficción ya está sucediendo hasta cierto punto en nuestra propia sociedad. En lugar de eliminar las condiciones que deprimen a las personas, la sociedad moderna les da medicamentos antidepresivos. En efecto, los antidepresivos son un medio para modificar el estado interno de un individuo de tal manera que le permitan tolerar condiciones sociales que de otro modo le resultarían intolerables “.

(Theodore Kaczynski)

Escasez

10 Feb

Hay un problema fundamental que atraviesa los últimos años de este blog, derivado de un problema fundamental que atravieso yo mismo. La depresión.

La mayoría de cosas, reflexiones referencias pop, apuntes políticos, artículos cinéfilos, estéticas pop, me resultan fútiles. Por tanto, difícil traducir en contenidos simples fantasmas evanescentes que se escapan mientras lucho, a brazo partido, conmigo mismo, en medio del absurdo del que estoy convencido, está impregnado todo.

A la hora de escribir ficción, y eso es ser generoso, ya que ya no escribo más allá de una frase, procedo como el aficionado al bonshai, podando, hasta que sólo queda lo mínimo, el esqueleto de una idea, y hasta una idea es demasiado, es una mancha de aceite. Por qué ha de haber algo, cuando lo más natural es que no haya nada.

Tuve mi primera crisis en torno a los 13 años. He hecho el cálculo. Eso son más de 25 años conviviendo con un estado del espíritu que acaba por dominarlo todo.

Del proyecto de locutar algunos relatos del escritor Foster Wallace, de realizar podcast musicales, de comentar ciertas películas, no sé si saldrá mucho. A veces toda mi energía se ve consumida en cosas nimias, e incluso el simple hecho de tomar una ducha se representa como la escalada de un monte. No tengo a veces ni concentración para ver una película de una sola sentada.

Y sin embargo el hecho es que lo sigo intentando. Hay escasez de paisajes en este desierto de ramas podadas, pero continuaremos caminando sin dirección aparente aunque los buitres vuelen en círculos cerca del sol.

The sun is shining outside
But there’s a storm in my skull
And I was feeling just fine but the drugs and the wine started taking their toll
See my friends were relieved
That I was on the mend
And my family and me, well we almost believed, I was normal, again

But then you came along
Just like a song
That I can’t get out of my head
Hello Depression
I guess you’re back again

So now I’m feeling too much
Or I’m not feeling at all
And the doctors they say, that a tablet a day, makes the demons feel small
But my demons feel huge, so I drink and I use, like before
When I drink I just think, and when I think I just sink, into your arms once more

And then you come along
Just like a song
That I can’t get out of my head
Hello Depression
I guess you’re back again

So I’ll accept and embrace, that you’re part of my mind
I’ll surrender up myself ‘cause I know that in time
I’ll be better
You’re never forever

And when the sun is shining outside
I’ll be feeling just fine
And when you’re in my skin
I won’t fight but I’ll win
I’m not yours, you are mine

And when you come along
Just like a song
I’ll sing for the whole world to see
I’ve got depression
Depression’s not got me

“Mi salud mental es un problema político” por Mark Fischer

11 Ago

(Foto de Miron Malejki)

Los suicidios del Estado de bienestar no existen. El suicidio es un problema de salud mental “. Esa línea, del exfuncionario laborista Luke Bozier, resume bastante bien la respuesta estándar de la derecha al sitio web Calum’s List. Según sus fundadores, el objetivo de Calum’s List es “enumerar el número de muertes donde la reforma del Estado de bienestar ha sido culpada de haber tenido alguna responsabilidad, y hacer el mejor esfuerzo posible para trabajar para reducir este número de muertos “. Los comentarios de Bozier en Twitter fueron un resumen de las publicaciones de blog de Isabel Hardman de Spectator y Brendan O’Neill de Telegraph.

Hay más que un ligero aire de la “lógica de la tetera” de Freud (no tomé prestada tu tetera; cuando tomé prestada la tetera ya estaba rota; cuando devolví la tetera no estaba dañada) sobre el conjunto de argumentos incompatibles que estos tres presentado contra la lista de Calum. Sus principales argumentos fueron los siguientes. Los suicidios no han sido provocados por los cambios, por lo que mencionarlos es un acto de explotación oportunista; si los suicidios han sido provocados por las reformas, no hay razón para abandonarlas; el problema no son las reformas en sí mismas, sino cómo se gestionan (es decir, las personas obligadas a volver a trabajar deben recibir el apoyo adecuado); el suicidio no es un acto racional, lo que significa que no puede tener ningún significado político.

No deseo discutir aquí sobre si casos específicos de suicidio fueron causados ​​por la nueva legislación. Pero sí quiero refutar la extraña idea de que, en principio, los suicidios no pueden aducirse como evidencia contra los cambios en el sistema de bienestar. Si las personas que mueren como consecuencia de la implementación de medidas no pueden contar como evidencia de que la legislación tiene efectos perjudiciales, ¿qué lo haría si no?

O’Neill muestra una actitud extrañamente crítica hacia el suicidio, argumentando que el suicidio “no es una respuesta racional a las dificultades económicas; no es una respuesta racional a la reducción de sus beneficios sociales”. Este es un caso espectacular de no captar el sentido: para muchos de los que padecen enfermedades mentales, la capacidad de actuar racionalmente se ve afectada, lo cual es una de las razones por las que necesitan protección. En cuanto a la idea de que quienes regresan al trabajo deben recibir el apoyo adecuado, el problema es la falta de dicho apoyo. Atos, la agencia responsable de comprobar si los demandantes son aptos para trabajar, ha visto confirmadas una gran cantidad de apelaciones contra sus fallos. ¿Y quién puede tener fe en que el gobierno británico apoyará adecuadamente a quienes regresen al trabajo cuando confíe la transición a una agencia desacreditada como A4e?

Pero aquí hay un problema más general. Algunos de los comentaristas de derecha que condenan la Lista de Calum han lamentado la “politización” de las enfermedades mentales, pero el problema es exactamente lo contrario. La enfermedad mental se ha despolitizado, por lo que aceptamos alegremente una situación en la que la depresión es ahora la enfermedad más tratada por el NHS. Las políticas neoliberales implementadas primero por los gobiernos de Thatcher en la década de 1980 y continuadas por el Nuevo Laborismo y la coalición actual han dado como resultado una privatización del estrés.

Bajo la gobernanza neoliberal, los trabajadores han visto cómo sus salarios se estancan y sus condiciones laborales y seguridad laboral se han vuelto más precarias. Como informa The Guardian hoy, los suicidios entre hombres de mediana edad van en aumento, y Jane Powell, directora ejecutiva de Calm, la Campaña Contra Vivir Miserablemente, vincula parte de este aumento con el desempleo y el trabajo precario. Dadas las mayores razones de ansiedad, no es es sorprendente que una gran proporción de la población se diagnostique a sí misma como crónicamente miserable. Pero la medicalización de la depresión es parte del problema.

El NHS, al igual que el sistema educativo y otros servicios públicos, se ha visto obligado a tratar de hacer frente al daño social y psíquico causado por la destrucción deliberada de la solidaridad y la seguridad. Donde antes los trabajadores se habían dirigido a los sindicatos cuando estaban sometidos a un estrés cada vez mayor, ahora se les anima a ir a su médico de cabecera o, si tienen la suerte de poder conseguir uno en el NHS, a un terapeuta.

Sería fácil argumentar que todos los casos de depresión pueden atribuirse a causas económicas o políticas; pero es igualmente fácil sostener, como hacen los enfoques dominantes de la depresión, que las raíces de toda depresión siempre deben estar en la química cerebral individual o en las experiencias de la primera infancia. La mayoría de los psiquiatras asumen que las enfermedades mentales como la depresión son causadas por desequilibrios químicos en el cerebro, que pueden tratarse con medicamentos. Pero la mayoría de la psicoterapia tampoco aborda la causa social de la enfermedad mental.

El terapeuta radical David Smail sostiene que la opinión de Margaret Thatcher de que no existe la sociedad, solo los individuos y sus familias, encuentra “un eco no reconocido en casi todos los enfoques de la terapia”. Las terapias como la terapia cognitivo-conductual combinan un enfoque en la vida temprana con la doctrina de autoayuda de que los individuos pueden convertirse en dueños de su propio destino. La idea es “con la ayuda experta de su terapeuta o consejero, puede cambiar el mundo del que es responsable en última instancia, para que ya no le cause angustia” – Smail llama a esta visión “voluntarismo mágico”.

La depresión es el lado oscuro de la cultura empresarial del emprendedor, lo que sucede cuando el voluntariado mágico se enfrenta a oportunidades limitadas. Como dijo el psicólogo Oliver James en su libro El capitalista egoísta, “en la sociedad de fantasía empresarial”, se nos enseña “que solo los ricos son ganadores y que el acceso a la cima está abierto a cualquiera que esté dispuesto a trabajar lo suficientemente duro, independientemente de su antecedentes familiares, étnicos o sociales: si no tienes éxito, solo hay una persona a quien culpar “. Ya es hora de que se eche la culpa a otra parte. Necesitamos revertir la privatización del estrés y reconocer que la salud mental es una cuestión política.

(Mark Fischer)

Cuadernos del Servicio Burocrático #1

5 Ago

“Ya sea que la máscara se etiquete como fascismo, democracia o dictadura del proletariado, nuestro gran adversario sigue siendo el aparato: la burocracia, la policía, el ejército. No el que nos enfrenta a través de la frontera de las líneas de batalla, que no es tanto nuestro enemigo como el enemigo de nuestros hermanos, sino el que se llama a sí mismo nuestro protector y nos convierte en sus esclavos. No importa cuáles sean las circunstancias, la peor traición siempre será subordinarnos a este aparato y pisotear, en su servicio, todos los valores humanos en nosotros mismos y en los demás “.
– Simone Weil

You see, Bob, it’s not that I’m lazy, it’s that I just don’t even care.

(Office Space)

Nunca habían conseguido a dos personas para mi departamento (Sanciones y Reclamaciones) así que a pesar de tener que contar con barro ciertamente mejorable para esculpir a sus golems de despacho, había cierta satisfacción en el aire. Llegué hace casi un año, y unos tres meses después, llegó la joven compañera, todavía sin la pátina de cinismo, y con un extra de energía con el que ciertamente yo no contaba, aunque yo aportaba cierto aire de persona viajada, calmada, y acostumbrada a lidiar con quejas y consecuencias de malas prácticas empresariales.

Por mi parte empecé a percatarme pronto de que la utilidad de la actividad a que iba a dedicar gran parte de mi tiempo era en parte limitada, y a grandes rasgos, un producto del absurdo general. No caí en la trampa de mostrar mis cartas pronto y convertirme en un Bartleby-escribiente, con un explícito lema de “preferiría no hacerlo” como magistralmente Melville configuró a los chupatintas que, en algún momento de iluminación, deciden ofrecer una resistencia pasiva, una objeción de conciencia a la burocracia. Decidí rebajar las expectativas poco a poco, gradualmente.

Mi Departamento existe porque hay una normativa deliberadamente obscurantista, frente a un servicio que es ofrecido por un puñado de compañías en un cártel de facto. En teoría resolvemos problemas. En la práctica, transformamos problemas dándoles la forma de plantilla de procesador de texto.

En teoría los reclamantes están en posición de cierta indefensión. En la práctica, nos las vemos fundamentalmente con pillos que roban del servicio principal, en una maraña de expedientes administrativos, nos movemos lentamente entre intercambios de requerimientos a todas las partes para que aporten documentos que no probarán nada, para alcanzar una situación que no dará satisfacción a nadie, solucionando un problema que no tendría por qué existir.

Es el abismo del absurdo lo que me lleva en ocasiones al filo del enajenamiento a la parálisis por pura estupefacción existencial: Se dicta una decisión administrativa, se nos comunica su cumplimiento, pero el ciudadano no la ve cumplida, se le exige prueba de que no ha sido cumplida, se produce un cortocircuito, al quedar desnudo el emperador, la supuesta autoridad que el nombre de este Servicio Burocrático Estatal reviste de ritual e importancia, significa poco, y es fácil de señalar como el hombre desnudo que es.

Yo me aferro a la certeza de que nada de esto tiene sentido, y no pretendo dárselo, acometiendo los trámites rituales con el ánimo y el empuje mínimos que se le ofrecen a las cosas que son irrelevantes, tratando de salvar un pedazo de mi alma.

Contemplo los píxels de mi computador con la mirada perdida, aparentando una productividad en realidad bajo mínimos, como en la película Office Space, consciente de que los menos afortunados no tienen ni siquiera un trabajo absurdo e inútil al que acogerse y que fuera de este decorado de representación teatral de Kafka, sopla un viento frío, hay intemperie, imperios están cayendo, civilizaciones colapsan, cuerpos afectados por la plaga son amontonados.

La insoportable levedad del blog

14 May

Paradojas y espejos deformantes. El guadianesco ritmo de este blog es en realidad producto de una reflexión profunda. Una reflexión acerca de los tiempos y del yo.

Conforme las redes sociales se convierten en la galería de tiro de ingenios como balazos, chispazos breves y microscópicos que iluminan la noche por un segundo, en el mejor de los casos, recomendaciones entusiastas de cultura pop, invectivas airadas, cotilleos vouyerísticos, y, principalmente, monólogos de vanidades, los blogs se fueron vaciando de esos contenidos. Se volvieron más magros, pero quizá, más sustanciales.

Sin embargo, puede decirse, que mi ego personal ha ido menguando con los años, consciente de la máxima de Wittgenstein, “de aquello de los que no se puede hablar más vale callar”, perplejo ante las pocas cosas de verdadero interés que quedan por decir sin riesgo de repetirse, quizá, ensimismado en las manías y obsesiones personales, las filias y fobias, las invectivas de falsos expertos ante el mundo en llamas (aquello que llamamos política u opinión, o economía, geografía urbana o incluso poesía viva)

Es una melancólica constatación de que se ha dicho todo ya de mil formas distintas, y provoca cierto cansancio la arrogancia de aportar más letra muerta al peso del ruido que ahoga hoy día internet en un zumbido constante y adictivo de actualizaciones sin verdadera trascendencia actual.

Creo que es esa aversión a la necesidad de actualizarse, de tener la última palabra, la última tendencia del rock, del mundo audiovisual o literario, lo que provoca en mí esa desidia apática, ese silencio tan poco propio de mí. Tanto tiempo planeando escribir tal relato, emprender tal proyecto, retomar tal podcast, subir tal reseña. Existe cierta tiranía del ego, de la palabra como discurso perturbado y perturbador, embriagador, de un predicador borracho de su propia verdad, clamando perplejo en Hyde Park, subido a un tonel.

Tal vez la verdad, la belleza, la palabra, son algo mucho más humilde, una anotación a lápiz en el margen de un libro hecha para uno mismo, una palabra en un cuaderno que nadie leerá, una mirada triste por la ventana mientras los pensamientos fluyen como lágrimas tenues, no vertidas para que nadie repare en ellas, sino porque salen del corazón, un árbol que se derrumba en un bosque desierto.

La ausencia de ruido.