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El problema Bansky

21 May

0_mZNN0Fv5IhDr0Vq80a2ccab2d337900dc3964ab3204a8ad50d58864adb57679100efa6621569ec583c7ddae6cb189d795266d5557f4fb3513df5b06e895a8ab803a27f45b33e753215f83c00-29ad-4697-8f34-cf89feb3d66723f2ff7f11c1f162acd6b5de8cadbff335b91f4bd2a8661942e3dc033cf98afe171d9e96be1d462a7fabab311e2e5106669a3bca3a4003eebff7b7640a528532764cc3f3bed7d3bd43157c719063fcf5866385e03ca704bb63697cb1488876ee28276773_2180172545431558_2446726360234064741_na2165b7a6005c2b6a206e577f6cb9271--invisible-children-childhoodb5c0e8c7af09f65b9c6c1cfcf8b629f0--guerrilla-marketing-marketing-brandingclean-advert-parkinsonscpvx_ubwoaasqzid3f8724a95fe8d076f230ba4f4dc33eed12b7a6c4f5c084cb20cb7f35e21ede6DWPbHxFW4AA90mne288991eb4caa40b838e23d47296a577--monopoly-game-monopoly-boardPosters-on-the-Ground-03-685x438public-opinion-171201-socialswipe--default--900radicalAdvertising6shock-advertising-32Hace unos meses me mudé de nuevo a Bélgica para participar en un programa llamado EPS Semester, dependiente de Erasmus, para adquirir experiencia como Project Manager. Flandes es una región que encuentro especialmente bella, y donde siempre me he sentido acogido (quizá más que en Bruselas capital).

Además suponía un cambio: trabajar en un proyecto de una ONG que conciencia sobre la pobreza, precarización, y el voto social y comprometido en un contexto en que la derecha nacionalista domina el discurso en Flandes. Había venido de trabajar para los “malos de la película” este verano.

Puede decirse que en contraste con mis compañeros diez años más jóvenes, no he llevado una vida Erasmus. Más bien me he volcado por completo en mi trabajo. Lo he convertido en una cruzada personal. En un laboratorio de ideas. En un entrenamiento tanto laboral como político en el cuál he aprendido muchas cosas: Cómo hasta el más ínfimo detalle de un ligero acto ha de estar milimétricamente planeado, presupuestado, controlado…

En un inicio, me he sentido en un capítulo de Mad Men. Un espacio para la invención de modos de marketing social creativos. Investigar el marketing de guerrilla de los 60s que ayudó a parar Vietnam. Lanzar eslóganes, estrategias, ideas, propuestas de arte callejero, de actuaciones y situaciones poco convencionales (como harían los situacionistas, los yippies…), para hacer llegar el mensaje de que la pobreza no sólo afecta al “otro”, al inmigrante, al excluído, sino que se está filtrando a la clase media baja que vota a los mismos partidos que la perjudican.

Finalmente el proyecto ha tomado una dirección mucho más convencional, por la presión del propio sponsor (la ONG) y de cada compañero, profesor etc. No soy un jugador de equipo. Mi idea desde el principio es que un stand convencional con un contenido más o menos creativo, pero que a fin de cuentas simplemente entrega información en forma de un juego (gamificación) apelando a lo racional, no va a funcionar. Hay que dar la información pero hay que provocar una emoción.

Y me jode mucho porque la campaña va a ser relativamente cara. Y no creo en ella.

Creo que el populismo alt-right contra el que nos enfrentamos se mueve en un terreno emotivo que funciona excepcionalmente bien. Simplifican las respuestas a problemas complejos y se mueven en un marketing identitario que apela a los sentimientos, al miedo, a la necesidad de pertenencia, a la seguridad.

Yo pretendía con imágenes fuertes, duras, crear una campaña viral, excepcionalmente barata, basada en lo emotivo. Una campaña emocionalmente inteligente, a lo Bansky. Una suerte de pornografía emocional si se quiere, pero que fuera un puñetazo en el estómago, algo que haga surgir las contradicciones que no queremos ver. Que haga pararse a la gente y no pasar de largo evitando el contacto visual con los voluntariosos apóstoles con flyers.

La foto de la niña Kim Phuc bañada en napalm hizo más por parar Vietnam que mil flyers.

He invertido mucho no sólo en tiempo y esfuerzo, sino emocionalmente, para ver un resultado en el que no creo, pero en el que he intentado filtrar un poco de mi enfoque más agresivo y radical.

Las campañas de la DGT en los 90 eran chocantes, desgradables. Pero funcionaron.

Hoy me siento vacío, he lanzado todas mis ideas, y creo que ha sido en vano. He sacrificado gran parte de mi estancia, todo el componente lúdico de la misma. Y creo que en vano.

Al menos he aprendido. Y espero utilizar más adelante todo aquello que no me han dejado.

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Becoming a Hippie

20 Mar

DYW-b8SX4AErbmZConforme las libertades nos son de nuevo arrebatadas, las conquistas sociales atrasan en reloj un siglo, las voces son acalladas, el conformismo crece, las alternativas políticas se difuminan o se convierten en trifulcas de facciones, me vuelvo cada vez más hacia el utopismo de los 60s, con todo su fracaso, asumiendo todo el contraproducente reflujo en los 70s que llevara hacia la contraofensiva conservadora.

El 67 se nos ha falseado como un verano de amor y drogas, un simple escapismo, cuando en realidad hablamos del ejército de Norman Mailer y Abbie Hoffman tomando el Pentágono, de los Yippies denunciando el establishment en la Convención demócrata, de la lucha por los derechos civiles. El 68 se ha vendido como una revuelta sexual y de una juventud de consumo, pero en Francia las experiencias obreristas y sindicalistas, pacifistas y anticolonialistas, y sobre todo de búsqueda de sentido, fueron una parte inextricable de la ola. Que fueran un triste apunte, que las militancias radicales se tornaran en estériles años de plomo en Alemania o Italia, o en intelectuales orgánicos para los nuevos tiempos, no debería desanimarnos.

La historia de tanta derrota no debería sino espolearnos en tiempos en que lo que dábamos por seguro se desvanece. Frente a la izquierda formal, esclerotizada, poco flexible, burocrática, la vía de una utopía basada en en un cambio cultural debería cobrar importancia.

Conforme envejezco, me vuelvo quijotesco, me envuelvo en un espíritu anárquico, me descubro aullando a la luna. Es el camino inverso, es un camino tal vez insensato. Pero no me aparto de las baldosas amarillas. Creo ser mejor persona que hace diez años. Y eso me conforta. Nunca rendirse a la desesperanza. Me visto con la cazadora de flecos de un viejo hippie.

You said something should be done
The way your slaves were shot and hung
You said that all men should be free
Were you there at Wounded Knee
You were living in ‘42
You cried when Hitler killed the Jews
You said that no race should have to die
Were you there at My Lai?
Were there when they called my country down?
Did you see her when she finally hit the ground?
Could you feel the tears she shed?
Were you there when Jesus bled?
Come all ye youth it’s time to take a stand
You have salvation in your hand
We need your words and more we need your minds
We need you straight not stoned and blind
Were you there when we walked across the land?
Was that you with a rifle in your hand?
Don’t try to run don’t try to hide
Were you there when freedom died?
Were you there when they called my country down?
Did you see her when she finally hit the ground?
Could you feel the tears she shed?
Were you there when Jesus bled?
Were you there to count the dead?
Were you there?

Fatiga

5 Nov

8e4e464bdf89c35d76e8d81dfff9bff1“Hay una gran fatiga de vivir como resultado de la carrera hacia el progreso. Se espera del psicoanálisis que descubra hasta dónde se puede llegar arrastrando esa fatiga, ese malestar de la vida”

“De entrada rechacemos a este  hombre medio que, él,  para comenzar no existe, es solamente una ficción estadística, existen los individuos y eso es todo. Cuando escucho hablar del hombre de la calle, de los sondeos, de los fenómenos de masa o de cosas parecidas, pienso en todos los pacientes que he visto pasar sobre el diván de mi consultorio en cuarenta años de escucha. No hay uno solo que sea parecido a otro, ninguno con la misma fobia, la misma angustia, la misma manera de relatar, el mismo miedo de no entender. El hombre medio, ¿quién es? ¿Yo, usted, nosotros, mi conserje, el presidente de la república?”

 

(Jacques Lacan, Panorama, 1974)

El Turista contra el viajero

10 Sep

huxDamos a tales personas el nombre de viajeros porque no
se quedan en sus casas. Pero no son genuinos viajeros; es decir,
viajeros natos. Y es que viajan, no por atender al viaje sino a los
convencionalismos; salen de sus hogares alimentados de fábulas
y fantásticas esperanzas para regresar a ellos, tanto si lo confiesan
como si no, desilusionados. Como su interés en lo real y
actual es insuficientemente vívido, se aferran a la mitología, y
los hechos, por muy curiosos, por muy bellos y variados que
sean, les resultan una desilusión. Es tan sólo la compañía de sus
camaradas de turismo –con quienes conspiran de vez en cuando
para formar un pequeño oasis hogareño en la selva extranjera–
aunada con la consciencia de haber realizado un deber
social, lo que les mantiene incluso moderadamente alegres al
afrontar los deprimentes hechos que el viaje comporta.

El ejemplar de viajero legítimo, por otra parte, se siente
tan interesado por las cosas reales que no encuentra necesario
creer en fábulas. Es insaciablemente curioso, amante de lo
desacostumbrado en atención a su misma falta de familiaridad;
le complace toda manifestación de la belleza. Sería absurdo,
naturalmente, afirmar que nunca se aburre pues resulta prácticamente
imposible el viajar sin aburrirse a veces. Para el turista
una buena parte de casi todos los días queda necesariamente
vacía. Ya para comenzar, gran parte del tiempo ha de gastarse
en el mero ir y venir de un lugar a otro y luego, cuando se han
visto las curiosidades, el observador se encuentra físicamente
extenuado y sin nada de particular que hacer. En el hogar, entre
las ocupaciones habituales de uno, no hay forma de aburrirse.
El ennui, el aburrimiento, es esencialmente una sensación de
los tiempos de ocio. ¿Es que no viene a ser la enfermedad crónica
de los desocupados? A esta misma razón se debe el que el
verdadero viajero ejemplar encuentre que el aburrimiento es
más agradable que penoso, pues es el símbolo de su libertad,
de su excesiva libertad. Acepta su hastío cuando este surge, no
meramente de un modo filosófico, sino casi con agrado.

(Aldous Huxley)

Soy de donde me llevan mis pasos

28 Jun

lisbonlisbon 2Nueva ciudad, nuevo trabajo, nuevo comienzo. No sé a dónde voy, no sé que deriva me lleva por estas viejas calles de Lisboa, entre cafés deliciosos, librerías de viejo, monumentos decadentes, zig zags y tranvías, y cuestas que se elevan hacia los límites mismos de la península de la tristeza, mientras pasan aviones muy bajos sobre este barrio lejano.

Algo de vagabunda tendrá mi sangre, parece, como diría Alejandra, la poetisa triste en París. Desde aquí, espero pasear, contemplar, pensar, planear, retransmitir mi insularidad compartida con otros, echar de menos el echar de menos la aventura, leer, empaparme de cine y de verdad, celebrar, conocer y amar, y en definitiva, vivir. De momento, sobrevivir. Que ya es algo ambicioso.

 

Polishop

click,

duermen al unísono sobre las pendientes

sobre su sucia belleza,

dentro del sueño, dentro de la lluvia,

colocan las manos en los bolsillos como si allí hubiese

parte de algo incompleto que los completase,

consolidan la inaccesible soledad,

oyen al viento procesar su rigor irregular

en latidos lastimados,

oyen la música petrificada, juzgan que el ritmo

y el movimiento de cabeza los pueden apartar,

y por eso sólo se consideran

oyentes de música,

click,

nunca sabrán firmar, por ejemplo, en los negativos

de la presente sesión, en los lugares escarpados

de sus infancias

que se consuelan y se golpean entre sí.

sobre ellos disparo como si tirase a matar

sobre sus ideas trashumantes

en dirección a la hueca tormenta

de mis ojos blancos.

click,

el crepúsculo nos asfixia, la confusión nos conmina a huir,

a todas las fugas, a todas las horas que para bien o mal

sangran y nos arruinan.

quien me diera el poder de embriagar las sombras,

desatarles los nudos de la vida,

verlas andar de nuevo,

y permanecer aquí para siempre, en este ocaso,

compensando mi total falta de expresión

con el equipaje de mis dedos

fingiendo sobre la cámara fotográfica.

(Tiago Nené, poeta contemporáneo portugués, Círculo de poesía)

 

Caminando de noche escucho sirenas: Una crónica extraña de dos conciertos

23 Nov

stop fear 2stop fearLa normalidad es algo por lo que luchar. Algo a recuperar. De pronto la ciudad se llenó de miedo y de militares, y los unos y los otros parecían surgidos del mismo sueño brumoso.

Algo terrible pasó en París, y con el tic culpable del que piensa que debió hacer más, el país se obsesionó en verse a sí mismo como la cuna del mal.  Así, entre asustado de que acabe el negocio y el regateo euroburocrático, la necesidad de exhibir una fuerza y eficacia de la que se carece, y hacer olvidar los fallos de inteligencia y contrainteligencia, el país se paró, a la vez que empezó a rascar hasta sangrar algunas de sus geografías con la garra del prejuicio y el temor, lo cual no quiere decir que las investigaciones no lleven allá donde sea o dónde fuere que las pruebas lleven.

Era un lugar que funcionó sin gobierno más de un año. Pero llevamos unos días en que la vida funciona sin escenario, sin días, sin realidad.

Lejos de enviar mensajes de tranquilidad, parece que se lanzan titulares llenos de veladas amenazas, a base de detenciones a menudo arbitrarias, no sabemos realmente, porque no nos dejan saber. Motivos de seguridad. Si sabemos que a cada detención masiva sigue puesta en libertad masiva.

No son motivos de seguridad los que aconsejan a los ciudadanos encarnizarse, entre otros sensacionalismos de titulares, con el antiguo alcalde de Molenbeek, actualmente amenazado por la ultraderecha, ni son motivos de seguridad los que hacen del principal sospechoso ubicuo en todas partes, en ocasiones simultáneamente, una aparición fantasmagórica, que parece a la espera de una turba de película de Frtiz Lang.

Comprendo perfectamente la vigilancia en estaciones y aeropuertos. El corte del metro, la suspensión de la liga, e incluso de los grandes conciertos. Pero la histeria ha llegado a niveles de paranoia. Fomentan el miedo como quién tira gasolina a un incendio. Como si el miedo fuera una solución.

En 40 años de terrorismo en España, tal vez lo que queda claro es que la información y la callada labor policial del día a día es más eficaz que el Presidente Michel jugando a los GI joes.

Al día siguiente de Bataclan, la popularidad de Hollande subió 7% y la de Valls 3% (no había caído tanto). Michel se crece ante los desprecios de la inteligencia francesa que tacha a los belgas de amateurs, esto es orgullo herido, político, y nacional, y en parte maniobra, en parte prudencia.

Aquí iba un elogio de la normalidad, de un jueves por la tarde cogiendo el metro a Molenbeek, para ir a la sala Magasin 4, donde tocan normalmente grupos demasiado duros ya para mi, a ver a los garageros Le Boucherettes y disfrutar de un poco de rock and roll, bebiendo birra en la calle mientras hago tiempo para entrar, y lamentando que mis amigos no vieran conciertos cuando estuvieron, lamentando quizá no conocer a más de los excelentes nativos. Tal vez tuve ese momento de flaqueza de notar a faltar a mis colegas y conocidos. Un concierto que viví rabiosamente, enfrentado con un animal escénico que se movía como una bestia enfurismada, y flirteaba con el público.

No me sentí inseguro en la estación de Ribencourt.

Aquí iba un elogio de la normalidad, ya un tanto fracturada, de ese viernes, y del enorme concierto que Darnelle dió con sus The Mountain Goats, un tipo que se nota que se divierte y vive el concierto como si fuera el primero, el último, el único, que no necesitó tocar dos de mis canciones preferidas, que salió al escenario con una birra Maes y tocó dos canciones seguidas antes de saludarnos, metiéndonos en el bolsillo, haciendo un set acústico él sólo a mitad concierto, entre otras con la canción de piratas que inventó para su hijo, que nos explicó sus obsesiones con los luchadores mexicanos, que nos explicó que el heel turn es cuando el bueno del wrestling que admiras empieza a usar trucos sucios, poner dedos en el ojo, y volverse hacia el lado oscuro, que nos emocionó con Get Lonely, y nos hizo saltar con The Diaz Brothers, No Children o This Year. Darnelle saltando, brincando, riéndo, contando historias. Un tipo de una normalidad exquisita que me preguntó al salir si nos conocíamos con una sonrisa y se quedó firmando autógrafos.

El sábado los propósitos de normalidad resultaban más duros de seguir, pero no iba a cejar en mi plan para ir en excursión a Maastricht, leyendo en el tren, trenes rigurosamente vigilados a la ida, que no a la vuelta. Pasé el día en tránsito, y en Holanda, que vive a unos pocos minutos insultantemente inconsciente de ese monstruo de miedo que alimentan y ceban, alientan y engrandecen aquí. Paseantes sobre calles de adoquines. Luces ya de navidad.

El domingo, todo cerrado, una ciudad fantasma. El propósito que se respiraba sigue siendo que desconfíe del café turco al que acudo, del panadero que me alimenta, de la tienda badulake donde compro dulces a deshoras.NO.

El lunes, a pesar de las operaciones de la noche, la ciudad seguía muerta. Y aunque soy totalmente ciclotímico, y a veces sólo me apetecería encerrarme en casa, no quiero, no deseo, que la barricada la fabrique el miedo. Es mi barricada, y la interpongo los días en que la vida es demasiado.

Pero cuando quiero vivir, no lo pongo todo simplemente en pause.

Bruselas ha caído vencida. Ha sido el estado de sitio a lo Costa Gavras, el miedo. No llamo a la imprudencia, pero si a la conciencia de que nos estemos dejando arrebatar la “libertad” por la que luchamos.

A lo que debemos temer es al propio miedo.

Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros.

Hermann Hesse

 

 

Nuevas calles

6 Sep

belgique

Hace un mes que llegué a esta ciudad, y apenas la conozco. Yo suelo conectar instantáneamente, instintivamente, con las ciudades. Soy un ser urbano, y las disfruto. Me resulta un poco extraño descubrirme tan extraño como el primer día.

Ahora comienzo a ser parte del ritmo, parte de la familiaridad de vecindario (Madou, del lado del barrio de composición turca), parte del tejido vivo de Bruselas.

Por lo demás, la ciudad y el sistema institucional que la mantiene viva resultan aún misteriosos. Apenas me desperezo profesionalmente, tras un mes calmo, entre inseguridades, ansias, empequeñecimientos, y un sincero respiro: el no seguir haciendo algo que no me gustaba en absoluto estar haciendo.

Todavía no consigo relajarme, dejarme ir y ser yo mismo. Vivo en el tránsito, y si hay algo a lo que estoy familiarizado, es a vivir en tránsito. Espero llegar un buen día.

La ciudad sigue desconocida, y lo positivo de eso, es que todavía me queda por descubrir, por ser seducido y seducirla.

Porque habitar una ciudad es ante todo una cuestión de amor.