Archivo | Las pesadillas del doctor Parnassus RSS feed for this section

Russian Doll

22 Nov

Es difícil hablar de una obra tan original, divertida, sorprendente y bien planeada como Russian Doll, cuya premisa puede recordar a Groundhog Day (Atrapado en el Tiempo) de Reitman y Bill Murray. Lyonne cita esta película como influencia, pero también películas remotas como No Exit, escrita por Sartre con la colaboración no acreditada en la dirección de Orson Welles, o All That Jazz, el ajuste de cuentas de Bob Fosse con la muerte y los remordimientos, con la vida y los errores, con las ocasiones perdidas. Lyonne concibe con Amy Pohler esta serie hasta el punto en que dirige con sorprendente aplomo su capítulo final.

Los personajes, más allá de que representan una cierta clase urbanita neoyorkina (bobos o bohemian bourgeus los llaman los alemanes en Berlín) son ricos y llenos de matices, no en vano, esa muerte recurrente que los persigue y los vuelve a colocar de reinicio en el mismo punto temporal, en la misma noche y mismo lugar, obra en ellos el milagro de sacarlos de sus rutinas, de su rueda de hámster, de sus lugares seguros, de sus certezas, de sus, en fin, miserias repetidas y mantenidas. Gotta Get Up the Harry Nilsson es un excelente leitmotive que se convierte en la campana de un combate de boxeo infinito.

Nadia, casi un acrónimo de Natasha, trabaja en el mundo del videojuego, y ese volver al punto de la partida guardada no puede ser coincidencia. En una serie con enormes diálogos y punch lines, quizá sobre todo en un segundo visionado, me he fijado en una dimensión existencial. Un poco más cínica y posmoderna que la película de Murray, un poco más alejada del espíritu de Capra y su Qué Bello es vivir, hay mucha hondura en medio de tanta diversión y absurdo. Nadia parece en ocasiones, como el personaje de “The Long Goodbye” Marlowe, preocupada sólo por encontrar a su gato. Pero siempre hay más bajo la superficie.

Porque el absurdo tiñe una situación imposible. En un mundo en que nadie ayuda a nadie, el viaje individual de Nadia se ve obligado no sólo a enfrentar a sus propios fantasmas, sino a romper el solipsismo y la soledad de una vida que experimenta sin significado, y con el hedonismo cansado y cínico de quién vive en el chiste de otro, en el sueño de otro, imposible de afrontar (“es mi mala actitud lo que me mantiene joven”. “No sé lo que estoy haciendo, me iba a ir a casa y tirarme a ese tipo, pero ahora me siento profundamente vacía”). Una conversación sobre un videojuego que es imposible de culminar con éxito, de ganar la partida, unas líneas que pueden pasar inadvertidas, cobran fundamento.

No desvelaré más. Sólo decir que estamos ante un nuevo clásico, con momentos sublimes de humor, con momentos tristes, con personajes ricos, con diálogos punzantes, con alguna selección musical enriquecedora, con, en suma, inteligencia, que entretiene y nos hace pensar, nos hace sentir que nunca es tarde para romper cualquier cadena, cualquier pasado, que podemos inventarnos de nuevo.

Porque de eso va Russian Doll. De los distintos yos que guardamos en esa muñeca rusa y que mueren cada día para mostrar una cara nueva y una nueva oportunidad de estar vivo de un modo diferente. Como dice Nadia en cierto momento “¡ jueves, vaya concepto!”.

El dibujante que hacía películas

23 Nov

OfzAJ Quotation-Terry-Gilliam-humor-Meetville-Quotes-170650 Samurai-Warrior-sketch_large drparh16

Terry Gilliam es aquello que Ridley Scott soñó con ser. Porque Ridley lo hizo una vez. Pero Gilliam lo hizo una y otra vez: crear universos. A tumba abierta aunque significara crearse una fama de ruina entre los productores.

Hoy es el cumple de Gilliam, alguien que empezó en el arte, la animación y el humor, formó parte de lo mejor del humor absurdo, Monty Python, y sin dejar de dibujar creó dibujos de celuloide con ojos que aún hoy son de niño.

Más quijote que Alonso Quijano, siguiendo la estela de otro apestado para el negocio de vender entradas, Orson Welles. La imaginación de Terry es febril prodigiosa e igual nos entrega perfección como en la distópica Brazil, como momentos de delirio y delicia, fellinianos en su imperfecto ensamblaje, como su Munchausen.

Pero Gilliam sigue siendo un hombre y su lápiz combatiendo el hecho de que la luz en movimiento que es el cine requiere de mucho más que imaginación y grafito, es luz cara, que se plaga de aspectos pragmáticos que estorban al soñador.

Soñar y vivir, a menudo nos convierten en benditas contradicciones.

Hoy los storyboards de Gilliam.

 

El Congreso

12 Oct

the_congress___poster_minimalist_by_jorislaquittant-d6dqz5o

Reconozco que no he leído a Lem en demasía. Esta distopía se inspira en “congreso de futurología”. De ella ha habido críticas desconcertantes y desconcertadas. En el fantástico programa de radio “La finestra indiscreta” de Àlex Gorina, el conocido crítico Jaume Figueras contraponía la parte real del film de la animada, afirmando que ésta última era estéticamente horrenda.

Me parece que no siente mi venerable admiración por Ralph Bakshi, quién dio vida a Fritz el Gato de Crumb, o al señor de los anillos, que había que tener valor con aquella época y presupuesto. Alguien a quién Ari Folman, director de El Congreso y Vals con Bashir sin duda conoce (casi seguro Zemeckis y su Conejo tampoco desconocían al innovador animador). Bakshi a su vez conocía a F.B. Avery.  Un puto clásico. O a Alicia en el país de las Maravillas, la mejor película de Disney. Sombrereros locos, pájaros, perros habladores, mujeres de bandera, guerras a lo H.G. Wells, sueños utópicos, sociedades dentro de sociedades, nada es lo bastante irreal como para quedar fuera de ese lado del espejo. Lo real e irreal es relativo, subjetivo, complementario, sueños, visiones y contrapartidas horribles.

Esta lúcida y desconcertante película entronca con distopías como Hijos de los Hombres. El Ébola, la telerrealidad, las granjas de videojuegos chinas, las guerras petrolíferas. Vivimos en un futuro que nos ha alcanzado sin darnos cuenta. También entronca con la parte philip-dickiana de Matrix, más allá de las patadas voladoras y el mesianismo de ésta. Incluso si me apuran con otra rareza: The Wall, de Alan Parker (bueno, y Roger Waters).

Esta es una crítica espero que sin mucho spoiler. Pero he de decir que esta es una película que no me ha dejado indiferente, que me ha sorprendido, que juega con la realidad de una actriz en decadencia, para especular sobre una realidad virtual que comienza con la digitalización de actores convertidos en avatares, y se expande como un big bang en múltiples y sorprendentes direcciones. Robin Wright juega a ser una Robin Wright alternativa (aunque también estrella de alguna de sus propias películas emblema) que está en el ocaso de su carrera y en serias dificultades.

Su actuación final, paralela pero más desvalida a la de Clive Owen en la peli de Cuarón, es increíble.

El caos parece inundar parte de la trama, formando espirales de saltos, futuros, bellas durmientes, casinos lúdicos sin fin no tan lejanos a un Eurovegas, y una dolorosa vuelta a la realidad. La luz nos ciega, el mundo no parece tan diferente al nuestro (una ruina llena de alucinados hipnotizados) que capta la esencia de Matrix: Pastilla roja o Azul. Adicción o Desolación. No he leído “Ensayo sobre la ceguera”, ni su adaptación al cine, pero sospecho algún conector secreto. Y desde luego, parece haber estudiado muy bien la serie inglesa futurista pero extrañamente presente Black Mirror de Charlie Brooker, especialmente con el segundo y tercer capítulo de su primera temporada, en lo distópico con el impresionante “Fifteen Million Merit” y algo en cuanto a la tecnología desatada, con “The entire history of you”.

Quizás no sea del gusto de todos, pero The Congress es diferente, y por eso sólo, es especial.

Magritte

13 Dic

03 La coquetterie.tif 9982700_1

Un amigo me propone un juego, comentar un cuadro a elegir de un pintor determinado. Me tocó Rene Magritte. La elección obvia hubiese sido el de los amantes, envueltos en telas, que sólo pueden besarse sin verse realmente. Muy a lo Slavoj Zizek.

He elegido este por razones incluso más oscuras, referenciales. David Lynch sin duda conocía este cuadro al rodar una de las escenas más tenebrosas de Twin Peaks. Sin desvelar demasiado, el agente Cooper , con una imagen por cierto idéntica a la de este sujeto, se enfrenta a un reflejo en el espejo realmente terrorífico.

Porque los espejos no muestran la realidad tal como es, sino invertida. Izquierda es derecha. Lewis Carroll imaginó todo un mundo al otro lado. Casi podemos esperar a que la imagen nos guiñe un ojo cuando nosotros no lo hacemos.

En el cuadro, la perspectiva es de alguien que contempla lo que parece ser su propia espalda, en realidad la visión de un tercer personaje que lo contempla a él desde atrás (¿Magritte? ¡No! Nosotros mismos, espectadores)

Si los amantes necesitan estar ciegos al otro para poder amar, aquí el reflejo que vemos de nuestro propio ser no es más verdadero. Lynch volvería a jugar con representación y realidad en Lost Highway. En este cuadro, Magritte, Edward Hopper y Lynch convergen. La pregunta es…quién hay detrás de nosotros, espectadores que contemplamos el cuadro.

Una pregunta que es tanto como cuestionar: ¿Quiénes somos realmente?

Miedo

12 Feb

General Motors Opel and McCann Erickson Germany Settle Lawsuit With Tom Waits

“De hecho, sólo hay unas pocas cosas que me asustan. Me da miedo ir andando un día por Los Ángeles y caerme a una alcantarilla y encontrarme ahí abajo con 500 músicos de bossanova en paro, que van a tocarme “La chica de Ipanema” hasta matarme. Todavía no me ha ocurrido. Intenté hacerme un seguro contra Ipanema, pero ninguna compañía lo cubre. De hecho, lo único que me asusta aquí en Londres es…Me entra miedo cuando la luna está alta y la habitación de mi hotel a oscuras, y pienso que van a empezar a brotarme cámaras alrededor del cuello, mi gabardina se va a transformar en una camisa floreada y mis pantalones holgados se convertirán en bermudas. Me crecerán calcetines blancos y alerones que me harán parecer un viejo Pontiac. Y entonces a mi lado brotará una esposa, que empezará a crecer y crecer hasta convertirse en una obesa con sudores bovinos sobre el labio superior (Y un ojo vidrioso, ¿eh Tom?) y tendrá un brillo de espejo en su frente y le dolerán los pies e intentará encontrar un catálogo de viajes, y un cigarrillo, y querrá sentarse…y…eso todavía no ha ocurrido, he tenido bastante suerte”

(Tom Waits, conversaciones entrevistas y opiniones, Mac Montadon)

P.D. El libro de Montadon se compone tanto de notas de prensa pulidas, como de entrevistas salvajes con un Waits irónico o (en su primera época) borracho, haciendo un tour de force pasivo-agresivo: El libro de entrevistas es un libro sobre la imposibilidad de entrevistarlo. Véase este pasaje a lo Magical Mystery Tour. Waits acaba pareciendo tremendamente incorruptible e inteligente, no a pesar de ser a menudo incoherente y absurdo, sino por ello mismo. El sabotaje al circo promocional. El terrorismo canalla de un enamorado de sus cuentos chinos.

John Capenter’s Political View

28 Sep





“Evil hiding among us is an ancient theme.”

(John Carpenter)

Pesadilla

1 Nov