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1996

15 Abr
En otras áreas de la cultura popular se estaban produciendo transformaciones igualmente improbables. Manchester había acogido a Joy Division a finales de los setenta, y luego a los Smiths, quienes habían arrojado una larga, enervante y monocromática mortaja sobre la totalidad de la música indie a lo largo de los ochenta. Luego, impulsados ​​inicialmente por la escena acid house aparentemente no relacionada que estalló en 1988, dos grupos, Stone Roses y Happy Mondays, disiparon la niebla gótica que se había cernido sobre la ciudad durante tanto tiempo. Rechazaron todo su sistema de valores a favor de un híbrido sucio, basado en la danza y lairante que resultó ser muy popular entre una multitud joven, en su mayoría norteña, que nunca había sido representada o movilizada en este tipo de números por la prensa musical o el negocio de la música. Más tarde, esto se articularía en la revista Loaded, con el eslogan a sabiendas bullicioso: “para hombres que deberían saber mejor”.

Hombres que deberían haberlo sabido mejor, incluido yo mismo, también acogimos con beneplácito la primera Guerra del Golfo, que estableció un gusto político por las intervenciones liberales occidentales, en las que las campañas de bombardeo quirúrgico reforzarían la exportación benevolente de los ideales socialdemócratas, ahora que ya no necesitábamos sentarnos en nuestras manos mientras los déspotas se burlaban de nosotros, explotando nuestro miedo a una escalada que podría resultar en la Tercera Guerra Mundial.

(1996 and the end of History, David Stubbs)

Lo urgente, lo necesario, lo accesorio

20 Feb

Me cuesta horrores volver aquí, tal vez porque frente a lo urgente de muchas de las cosas que quisiera decir, y lo necesario de otras, casi todos los apuntes de posibles temas a desarrollar aquí, parecen accesorios.

Los urgente se pierde en la vorágine diaria de producción de titulares de las redes instantáneas, como twitter. Por eso quizá, el primer tema al que querría apuntar este 2022 es uno de los urgentes al que la velocidad de transmisión y obsolescencia de la información se llevó por delante.

A fines del año pasado las trabajadoras de la limpieza de Castellón llevaron a cabo huelgas indefinidas para reclamar cosas tan estrambóticas como cobrar el SMI, cobrando un salario base de 784 euros. He trabajado en el sector público en la ciudad y visto como este colectivo era precarizado. La huelga se desconvocó a traición por los sindicatos tradicionales, a cambio de nada, una futura negociación que ahora parece estar muerta. La confianza de los trabajadores en sindicatos mayoritarios y en el Ministerio de Trabajo seguramente está bajo mínimos tras la no derogación de Reforma Laboral, vendida como éxito.

En Córdoba parece que hay un conflicto similar. Quiero que mi primera ruptura de silencio sea de solidaridad, de reconocimiento, y de afecto. Afecto por las profesionales con las que compartí espacio, y con las que no.

Más allá de lo accesorio, y pasado el tiempo mediático de lo urgente, hablemos de lo necesario.

La ardiente negatividad de lo positivo

12 May

Hay rastros de fieras en la ciudad. Pasos de sonámbulos en trance dejan huellas en la suciedad del asfalto. Son huellas de niños siguiendo al flautista de Hamelín. Con los bolsillos vacíos, y ganas de respirar aire puro tras el encierro. Hay un hangar en alguna parte en donde la fiesta se expande como una mancha de aceite, horas y cuerpos infectados, bailando hasta morir.

La vida es para los fuertes. Es la ardiente negatividad de lo positivo, y los daños colaterales son la prueba de la debilidad del especimen inferior. Danzad, danzad malditos, la rueda del molino necesita de nuevos liquidos que la mueven y a falta de lluvia buenas son las fuentes de sangre.

Quien muere no vuelve y no castiga a los fanáticos de la libertad. Los cuerpos se llaman inpacientes entre sí tras un año de peste y soledad, sin que hayan tejido solidaridades ni complicidades por el camino. La máquina que nos consume y a la que consumimos produce velocidad y aceleración, un baile sin pausa para pensar, y los cuerpos buscan el solaz del ocio empaquetado en parcelas de espacios a la venta, experiencias en las terrazas callejeras, bajo los adoquines sólo había cerveza, no la playa.

La máquina cibernética también produce griterío, confirmación, ataques, cierres de filas: tribus. Los predicadores de la prudencia y la sobriedad no consiguen que su voz llegue a lugar ninguno, no consiguen producir al sujeto al que apelan. Son tristes monjes burócratas, o apocalípticos declamadores de sermones que condenan y señalan pero nada proponen, estimulan, o sueñan.

Los bailes se vuelven frenéticos, espasmódicos, una prueba de vida estallando como un trueno en el espacio de un paréntesis, un impasse, un vestíbulo de incertidumbres, un no lugar, un no-tiempo, una no-vida.

Es la ardiente negatividad de lo positivo, la maníaca enfermedad del baile que en la edad media afectó a multitudes que danzaron hasta morir. Caerán los ancianos, pero el tonelero espera escanciar su aguamiel y vivir para ver otro ejercicio fiscal. La peste continua, pero la melancolía del miedo no podía durar. Los cazadores se internan en la oscuridad repleta de fieras dejando sus huellas de tribu desaparecida. Aprendieron en rituales durante los años sin efermedad, e incluso en las épocas de miseria, pudieron soñar, y los flautistas sigueron cantando a Hamelín. No importa que no exista, su poder es real, y de nada sirve señalar con el dedo a los ignorantes. Los verdaderos ignorantes son los que escucharon el canto y no hallaron una canción más poderosa para encantar al espíritu de la tribu.

En las catacumbas de las ciudades, las fieras se preparan para el festín.

Trabajo Fractal

11 May

La precariedad es la condición general de los semiotrabajadores. La característica fundamental de la precariedad en la esfera social no es la pérdida de regularidad en las relaciones laborales, ya que el trabajo siempre ha sido más o menos precario pese a la regulación de la ley. La transformación fundamental que ha realizado la digitalización del proceso laboral consiste en la fragmentación de la continuidad del trabajo personal, la fractalización y la celularización. El trabajador desaparece en cuanto persona y es reemplazado por fragmentos abstractos de tiempo. El ciberespacio de la producción global puede verse como una vasta extensión de tiempo humano despersonalizado.

En la esfera de la producción industrial, el trabajador de carne y hueso, dotado de una identidad certificada y política, encarnaba el tiempo laboral abstracto. Cuando el jefe necesitaba tiempo humano para la valorización del capital, tenía que contratar a un ser humano, que afrontar la debilidad física, enfermedades y derechos de este ser; el jefe estaba obligado a tener que negociar con los sindicatos y enfrentarse a las demandas políticas del que era portador.

En la era del infotrabajo ya no es necesario invertir en la disponibilidad de una persona durante ocho horas diarias durante toda su vida. Ahora el capital no tiene que contratar a nadie, sino que compra paquetes de tiempo, separados de sus intercambiables y ocasionales portadores. En la economía de internet, la flexibilidad se ha convertido en una forma de fractalización del trabajo.

La fractalización es la fragmentación modular y recombinante de un periodo de actividad. El trabajador deja de existir como persona y se convierte en un mero productor intercambiable de microfragmentos de semiosis recombinante que entran en el continuo flujo de internet.

El capital ya no paga la disponibilidad para que un trabajador pueda ser explotado durante un periodo de tiempo más prolongado; tampoco paga un salario que cubra todo el rango de necesidades económicas del trabajador.

Se paga al trabajador (una máquina dotada de cerebro que puede utilizarse durante fragmentos de tiempo) por sus servicios ocasionales, temporales. El tiempo del trabajo está fragmentado y celularizado. Las células de tiempo se ponen en venta por internet y los negocios pueden adquirir tantas como deseen sin tener que ofrecer protección social alguna al trabajador. El tiempo despersonalizado se ha convertido en el agente real del proceso de valorización; y este tiempo carece de derechos, de organización sindical y de conciencia política. Únicamente puede estar disponible o no disponible (aunque esta última alternativa sigue siendo puramente teórica, ya que el cuerpo físico necesita comprar comida y pagar el alquiler, pese a no ser una persona legalmente reconocida).

El tiempo necesario para producir infocomodidad se vuelve líquido en la máquina digital recombinante. La máquina humana está ahí, pulsante y disponible, como un cerebro esperando a expandirse. La extensión del tiempo está meticulosamente celularizada: las células del tiempo productivo pueden movilizarse en formas puntuales, casuales y fragmentarias. La recombinación de estos fragmentos se realiza automáticamente en la red. El teléfono móvil es la herramienta que posibilita la conexión entre las necesidades del semiocapital y la movilización del trabajo vivo del ciberespacio. El tono de llamada del teléfono móvil convoca a los trabajadores a que reconecten su tiempo abstracto en el flujo reticular.

En esta nueva dimensión laboral, la gente no tiene derecho a proteger o negociar el tiempo del que son formalmente propietarios y que se les expropia eficazmente. Dicho tiempo no les pertenece realmente, porque está separado del circuito de producción virtual recombinante. El tiempo de trabajo está fractalizado, reducido a fragmentos mínimos que pueden ensamblarse de nuevo, y gracias a la fractalización el capital encuentra las condiciones del salario mínimo de forma constante.

El trabajo fractalizado se produce de manera puntual, aquí y allá, en ciertos puntos, sin que sea posible poner en marcha un esfuerzo concertado de resistencia.

Solo la proximidad espacial de los cuerpos de los trabajadores y la continuidad de la experiencia del trabajo en equipo permite la posibilidad de un proceso prolongado de solidaridad. Sin dicha proximidad ni dicha continuidad, no se dan las condiciones para que los cuerpos celularizados se combinen formando una comunidad. La integración de actuaciones individuales que dé lugar a un impulso colectivo de importancia necesita de una proximidad continua en el tiempo, una proximidad que el infotrabajo imposibilita.

La actividad cognitiva siempre ha estado presente en todo tipo de producción humana, incluso en la más mecánica. No hay proceso humano de trabajo que no implique un ejercicio de inteligencia. Pero la capacidad cognitiva hoy se ha convertido en el recurso productivo fundamental. En la era del trabajo industrial, la mente estaba al servicio de un automatismo repetitivo, era el director neurológico del esfuerzo muscular. Mientras que el trabajo industrial era esencialmente repetición de actos físicos, el trabajo mental cambia de objeto y procesos de forma continua. Por tanto, la incorporación de la mente en el proceso de la valorización capitalista ha conducido a una verdadera mutación. El organismo consciente y sensible está sometido a una competición cada vez mayor, a una aceleración de estímulos, a un constante esfuerzo de atención. De ahí que el entorno mental, la infoesfera en la que se forma la mente y entra en relación con otras mentes, se haya convertido en un entorno psicopatológico.

Para comprender la infinita gama de espejos del semiocapitalismo, primero hemos de trazar en líneas generales un nuevo campo disciplinario delimitado por tres aspectos: la crítica de la economía política de la inteligencia conectiva; la semiología de los flujos lingüístico-económicos; y la psico-química de la infoesfera, que se centra en el estudio de los efectos psicopatológicos de la explotación mental debida a la aceleración de la infoesfera.

En el mundo conectado, los círculos retroactivos de la teoría general de sistemas se fusionan con la lógica dinámica de la biogenética para formar una visión posthumana de la producción digital. Las mentes y los cuerpos humanos se integran con los circuitos digitales gracias a los interfaces de aceleración y simplificación: está naciendo un modelo de producción bioinfo que produce artefactos semióticos capaces de autorreplicar sistemas vivos. Una vez que se pone totalmente en marcha, el sistema nervioso digital puede ser rápidamente instalado en cualquier forma de organización.

La red digital está produciendo una intensificación de infoestímulos transmitidos del cerebro social a los cerebros individuales. Esta aceleración es un factor patógeno que tiene efectos de largo alcance en la sociedad.

Puesto que el capitalismo está conectado al cerebro social, el meme de aceleración psicótico actúa de agente patológico: el organismo es atraído hacia un espasmo hasta que colapsa.

(Franco Bifo Berardi, Héros, Asesinato masivo y suicidio)

¿Qué nos cuenta El Tercer Hombre de Carol Reed sobre el momento actual?

7 Abr
Martins: ¿Ha visto alguna vez a alguna de sus víctimas?

Harry: Sabes, nunca me siento cómodo con este tipo de cosas. ¿Víctimas? No seas melodramático. 
[hace un gesto a la gente de abajo] 

Dímelo. ¿Realmente sentirías lástima si uno de esos puntos dejara de moverse para siempre? Si te ofreciera veinte mil libras por cada punto que se detuviera, ¿de verdad, viejo, me dirías que me quedara con mi dinero o calcularías cuántos puntos puedes permitirte ahorrar? Libre de impuesto sobre la renta, viejo. Libre de impuestos sobre la renta: la única forma de ahorrar dinero hoy en día.

Conspiranoia

18 Mar

«La primera teoría conspirativa surgió, si no me falla la memoria, en el National Guardian (un periódico de izquierdas) unas pocas semanas después del asesinato. El Escéptico lo leyó con interés, y no me convenció.


Cuando finalmente salió el Informe Warren, el Escéptico también lo estudió con atención. Tampoco me convenció.


De hecho, a menudo me asombraba que tanta gente tuviera tantas opiniones fuertes sobre el tema.


Empecé a comprender por qué los sufíes siempre están atacando las “opiniones”. Todo el mundo hoy en día piensa que debe tener una “opinión” sobre todo, sepa algo al respecto o no. Por desgracia, pocas personas conocen la diferencia entre una opinión y una prueba. Peor aún, la mayoría no tiene conocimiento en absoluto sobre la diferencia de grado entre una prueba meramente legal, una prueba lógica o verbal, una prueba de las ciencias blandas como la psicología, y una prueba en las ciencias duras físico-matemáticas. Están llenos de opiniones, pero tienen poca capacidad para distinguir el grado relativo de las pruebas que respaldan todas estas opiniones diferentes.


Decimos “ver es creer”, pero en realidad, como Santayana ha señalado, somos mucho mejores creyendo que viendo. De hecho, casi todo el tiempo estamos viendo lo que creemos, y sólo de vez en cuando, viendo lo que no podemos creer.»

(Robert Anton Wilson, Disparador Cósmico)

Tiene usted derecho a ser administrado

4 Mar

«Con el derrumbe de los antiguos estados del bienestar, todo esto ha comenzado a parecer decididamente pintoresco. Conforme la derecha, que insiste en «soluciones de mercado» a todo problema social, adopta el lenguaje antiburocrático con ferocidad cada vez mayor, la izquierda de corriente mayoritaria se ha visto reducida a una especie de patética lucha de retaguardia, intentando salvar los restos del antiguo Estado del bienestar: ha aceptado (a veces, incluso impulsado) los intentos de hacer que el gobierno sea más «eficiente» a través de la parcial privatización de servicios y la incorporación de cada vez más «principios de mercado», «incentivos a los mercados» y «procesos de transparencia» orientados hacia los mercados en la propia estructura de la burocracia.

El resultado es una catástrofe política. No hay otra manera de decirlo. Lo que se presenta como soluciones de la izquierda «moderada» a cualquier problema social (y las soluciones de la izquierda radical, hoy en día, se descartan sin más en casi todo el mundo) ha acabado por ser una absurda fusión de los peores elementos de la burocracia y los peores elementos del capitalismo. Es como si alguien hubiera intentado conscientemente crear la postura política menos atractiva posible. Dice mucho de lo que queda de los auténticos ideales de la izquierda el que alguien siquiera considere votar a un partido que promueve este tipo de cosas, porque si lo hacen no es, evidentemente, porque piensen que son buenas políticas, sino porque son las únicas que le permiten poner en marcha a alguien que se identifica a sí mismo como de centroizquierda.

¿Resulta tan sorprendente, pues, que cada vez que hay una crisis social, sea la derecha, más que la izquierda, la que se convierte en vehículo de la expresión de la ira popular?

La derecha, al menos, tiene una crítica de la burocracia. No es muy buena. Pero al menos existe. La izquierda no tiene ninguna. La consecuencia es que cuando los que se identifican con la izquierda tienen algo negativo que decir de la burocracia, se suelen ver obligados a adoptar una versión deslavazada de la crítica de la derecha»

(David Graeber, La Utopía de las Normas)

Imagínese una sociedad

24 Feb

Ilustración de Josan González

“Imagínense una sociedad que somete a las personas a condiciones que las hacen terriblemente infelices y luego les da las drogas para eliminar su infelicidad. La ciencia ficción ya está sucediendo hasta cierto punto en nuestra propia sociedad. En lugar de eliminar las condiciones que deprimen a las personas, la sociedad moderna les da medicamentos antidepresivos. En efecto, los antidepresivos son un medio para modificar el estado interno de un individuo de tal manera que le permitan tolerar condiciones sociales que de otro modo le resultarían intolerables «.

(Theodore Kaczynski)

Imagen

Necesitaremos realistas de una realidad más extensa

11 Feb

¿Qué se espera de tí?

8 Sep

«¿Qué clase de hombre requiere por lo tanto nuestra sociedad para poder funcionar bien? Necesita hombres que cooperen dócilmente en grupos numerosos, que deseen consumir más y más, y cuyos gustos estén estandarizados y puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o conciencia moral y que no obstante estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social; hombres que puedan ser guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin meta, salvo la de continuar en movimiento, de funcionar, de avanzar. El industrialismo moderno ha tenido éxito en la producción de esta clase de hombre: es el autómata, el hombre enajenado. Enajenado en el sentido de que sus acciones y sus propias fuerzas se han convertido en algo ajeno, que ya no le pertenecen; se levantan por encima de él y en su contra, y lo dominan en vez de ser dominadas por él. Sus fuerzas vitales se han transformado en cosas e instituciones; y estas cosas e instituciones han llegado a ser ídolos. No son vividas como el resultado de los propios esfuerzos del hombre sino como algo separado de él, algo que adora y reverencia y a lo que se somete. El hombre enajenado se arrodilla ante la obra de sus propias manos. Sus ídolos representan sus propias fuerzas vitales en forma enajenada. El hombre se vive a sí mismo no como el portador activo de sus propias fuerzas y riquezas sino como una «cosa» empobrecida, dependiente de otras cosas que están fuera de él, en las que ha proyectado su substancia viviente.»

(Eric Fromm, la Condición Humana Actual)