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¿Qué se espera de tí?

8 Sep

“¿Qué clase de hombre requiere por lo tanto nuestra sociedad para poder funcionar bien? Necesita hombres que cooperen dócilmente en grupos numerosos, que deseen consumir más y más, y cuyos gustos estén estandarizados y puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o conciencia moral y que no obstante estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social; hombres que puedan ser guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin meta, salvo la de continuar en movimiento, de funcionar, de avanzar. El industrialismo moderno ha tenido éxito en la producción de esta clase de hombre: es el autómata, el hombre enajenado. Enajenado en el sentido de que sus acciones y sus propias fuerzas se han convertido en algo ajeno, que ya no le pertenecen; se levantan por encima de él y en su contra, y lo dominan en vez de ser dominadas por él. Sus fuerzas vitales se han transformado en cosas e instituciones; y estas cosas e instituciones han llegado a ser ídolos. No son vividas como el resultado de los propios esfuerzos del hombre sino como algo separado de él, algo que adora y reverencia y a lo que se somete. El hombre enajenado se arrodilla ante la obra de sus propias manos. Sus ídolos representan sus propias fuerzas vitales en forma enajenada. El hombre se vive a sí mismo no como el portador activo de sus propias fuerzas y riquezas sino como una «cosa» empobrecida, dependiente de otras cosas que están fuera de él, en las que ha proyectado su substancia viviente.”

(Eric Fromm, la Condición Humana Actual)

David Graeber y la Ley de Hierro del Liberalismo

7 Sep

“El problema con todo esto es que apenas guarda ninguna relación con lo que realmente ocurrió. En primer lugar, los mercados, históricamente, no surgieron como modos autónomos de libertad, independientes de, y opuestos a las autoridades estatales. La realidad fue exactamente lo opuesto. Históricamente, los mercados han sido, bien efectos colaterales de operaciones gubernamentales, especialmente operaciones militares, bien creados directamente por políticas gubernamentales. Esto ha sido así como mínimo desde la invención de la acuñación, que se creó y promulgó a fin de aprovisionar a los soldados; durante la mayor parte de la historia euroasiática, la gente empleaba cotidianamente acuerdos de crédito informal, y el dinero físico (oro, plata, bronce) y el tipo de mercados impersonales que éste creó no fueron sino un añadido a la movilización de las legiones, el saqueo de ciudades, la exacción de tributos y el modo de disponer del botín.

De igual manera, los modernos sistemas bancarios se crearon para financiar guerras. Así que la historia convencional presenta un problema principal. Y hay otro más dramático. Aunque la idea de que el mercado se opone de alguna manera al gobierno (y es independiente de él) se ha empleado al menos desde el siglo XIX para justificar las políticas del laissez-faire destinadas a reducir el papel del gobierno, nunca ha tenido ese efecto. El liberalismo inglés, por poner un ejemplo, no implicó una reducción de la burocracia estatal, sino exactamente lo opuesto: una creciente gama de secretarios, registradores, inspectores, notarías y oficiales de policía que hacían posible el sueño liberal del libre contrato entre individuos autónomos. Resultaba que mantener una economía de mercado libre requería mil veces más papeleo que una monarquía absolutista al estilo de la de Luis XIV.

Esta aparente paradoja (que políticas gubernamentales dirigidas a reducir la interferencia gubernamental en la economía en realidad acabaran produciendo más regulaciones, más burócratas y más policía) se puede observar tan regularmente que creo que justifica el que la tratemos como a una ley sociológica general. Propongo llamarla la «Ley del hierro del liberalismo»:

La ley del hierro del liberalismo dicta que toda reforma del mercado, toda iniciativa del gobierno dirigida a reducir trámites burocráticos e impulsar las fuerzas del mercado tendrá, como efecto final, el aumento del número total de regulaciones, la cantidad total de papeleo y la cantidad total de burócratas que emplea el gobierno.

El sociólogo francés Emile Durkheim ya observaba esta tendencia a principios del siglo XX, y, finalmente, fue imposible ignorarla. A mediados de siglo, incluso críticos de derechas como Von Mises admitían (al menos en sus escritos académicos) que en realidad los mercados no se regulaban por sí mismos, y que, en efecto, se necesitaba un ejército de administradores para que cualquier sistema de mercado funcionase (para Von Mises, ese ejército sólo se volvía problemático cuando se empleaba para alterar resultados de los mercados que causaran sufrimientos injustos a los pobres). Pese a todo, los populistas de derechas pronto se dieron cuenta de que, fuera cual fuera la realidad, apuntar contra los burócratas era casi siempre rentable. De ahí que, en sus pronunciamientos públicos, su condena de lo que el gobernador estadounidense George Wallace, en su campaña a la presidencia de 1968, denominó «burócratas de cabeza puntiaguda» que vivían de los impuestos de los «ciudadanos trabajadores» fuera implacable.

En realidad, Wallace es una figura crucial al respecto. Hoy en día los estadounidenses lo recuerdan como un reaccionario fracasado, incluso un lunático gruñón: el último segregacionista sureño del ala dura, de pie con un hacha en la entrada de una escuela pública. Pero en los más amplios términos de su legado, podría representárselo como un genio político: al fin y al cabo, fue el primer político en crear una plataforma a escala nacional para un tipo de populismo de derechas que pronto se demostraría tan infeccioso que hoy en día, una generación más tarde, ha acabado aceptado por casi todo el mundo, atravesando el espectro político.

En consecuencia, entre los estadounidenses de clase media, se percibe al gobierno como algo constituido por dos tipos de personas: los «políticos», unos ladrones y mentirosos fanfarrones a los que, ocasionalmente, se puede echar, mediante voto, de su despacho, y los «burócratas», que no son sino unos condescendientes elitistas casi imposibles de eliminar. Se entiende que hay una alianza tácita entre aquellos que han acabado siendo vistos como los pobres parásitos (en América, trazados generalmente en términos abiertamente racistas) y los santurrones funcionarios, igualmente parásitos, cuya existencia depende de subsidiar a los pobres con dinero ajeno.

Nuevamente, la izquierda mayoritaria (o lo que se supone que ha de pasar por izquierda en estos días) no ha hecho sino ofrecer una versión deslavazada de este lenguaje de la derecha. Bill Clinton, por poner un ejemplo, pasó tanto tiempo de su carrera arremetiendo contra los funcionarios que, tras el atentado contra el edificio Murrah, de Oklahoma City, sintió que debía recordar a los estadounidenses que los funcionarios eran seres humanos, y prometió no volver a emplear jamás la palabra «burócratas».

En el populismo contemporáneo estadounidense (y cada vez más en el del resto del mundo) sólo cabe una alternativa a la «burocracia», y es «el mercado». A veces se mantiene para argumentar que deberíamos eliminar a los burócratas y dejar que la naturaleza siga su curso, lo que significa dejar que la gente lleve a cabo sus vidas y sus asuntos sin las interferencias de interminables regulaciones y normas que se les imponen desde arriba, y permitir así que la magia del mercado proporcione sus propias soluciones.

«Democracia» pasó así a significar mercado; «burocracia», a su vez, interferencia gubernamental con el mercado; y es en esto, a grandes rasgos, en lo que el mundo se encuentra hoy en día.”

(David Graeber, La Utopía de las Normas)

Los Robots Están de camino

3 Sep

“La idea de que una ola de cambio económico es tan perjudicial para el orden social que una sociedad podría rebelarse contra ella, parece que ha desaparecido del ámbito de lo posible. Pero la desaparición del 47 por ciento de los puestos de trabajo en dos décadas (según Frey y Osborne) debe estar justo al borde de lo que puede soportar una sociedad, no tanto por ese 47 por ciento, sino por el plazo. Los trabajos desaparecen; ha sucedido muchas veces. Sin embargo, que los trabajos desaparezcan con esa velocidad es algo nuevo, y la búsqueda de precedentes históricos, de ejemplos de los que podamos aprender, no nos llevará muy lejos. ¿Cómo se desarrollaría esta velocidad de desaparición de empleos, combinada con una deflación extensa? La verdad es que nadie lo sabe. En ausencia de un modelo o precedente, la idea de que el proceso económico simplemente avanzará como un monstruo, sin oposición de ninguna contrafuerza social o política, es exagerada. Los robots solo se comerán todos los trabajos si decidimos dejarlos “.

John Lanchester, (Los Robots están de Camino)

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No se metan con los nazis

28 Ago

Malestar Cautivo

24 Ago

Es dada esta tierra a faccionalismos, tribalismos, y odios ideológicos profundos, envidias y agravios a menudo enraizados en historias familiares de sangre y arena, intereses particulares disfrazados de enfrentamientos ideológicos, cunetas, guerrillas carlistas, y si me apuran, levantamientos comuneros. Amamos odiarnos, y somos pioneros de ese fenómenos que a partir de los 70s-80s ha ido ganando vuelo en los USA, la polarización social. A veces creo que sólo la comedia absurda, ácida y austrohúngara de Berlanga pudo narrar nuestra idiosincrasia.

Tal vez en ningún otro país europeo, salvo quizá los que hayan vivido conflictos recientes (Balcanes, Ucrania) se aprecia esa inquina en la parrilla catódica, en las actas del congreso, en los pasillos de departamentos de universidad, e incluso en las sedes de los partidos (los mayores enemigos del políticos son su correligionarios, las peores cuchilladas vienen por la espalda, y el fuego mortal suele ser el fuego amigo, por aquello de la competencia).

Se produce un momento paradójico, que es evidente ahora mismo en USA: hay un malestar social profundo, unas demandas desde las bases progresistas, ignoradas por el establishment, que se ven cautivas del mal mayor, la victoria de Trump. ¿a dónde van los descontentos por la izquierda del Partido Demócrata ante las elecciones de noviembre? A pesar de los desplantes, el movimiento a la derecha reaccionaria, policial, anti medidas sociales, represiva de Biden y Harris, éstos juegan al momento histórico, culpar de dejar en manos de un sociópata incapaz el país a los abstencionistas.

El mal menor sigue siendo un mal.

En España, me temo, algo hay parecido: la acelerada descomposición de Podemos, y la no muy sorprendente posición subsidiaria de Bruselas de los socialistas, debería hacer volar por los aires al gobiernos con huelgas generales (bueno, si hubiera sindicatos mayoritarios dignos de tal nombre). Pero el pavor de que la crisis sanitaria la gestione la derecha como en Madrid o Cataluña (el sui géneris cóctel de imprevisión, privatización, lucro e inacción) hace cerrar filas.

Por el camino nos hemos dejado la reforma laboral, la ley mordaza, medidas impositivas a grandes fortunas, transacciones bancarias, medidas para revertir el rescate bancario ligadas a la crisis de vivienda, y por supuesto el desastre del Ingreso Mínimo Vital, una burla y una estafa para quienes el concepto de una Renta Básica significa algo.

Dice el informe del relator especial de Naciones Unidas sobre extrema pobreza y Derechos Humanos:

“La excesiva burocratización del sistema de asistencia social es una de las principales causas de exclusión, y los irrazonables e imposibles requisitos de documentación constituyen obstáculos que la refuerzan”.

El IMV se resume fácilmente: Según UGT, de 714.000 solicitudes presentadas, solo se han resuelto 32.629, el 4,57%. Menos de un 5% de resoluciones: a eso se le llama urgencia social. Y de las resoluciones solamente el 12,7% han sido favorables. Es fácil el cálculo: el 0,58% del total presentadas.

La retórica a menudo se nos presenta como simulacro de la política. A las puertas de la negociación de unos Presupuestos de crisis, duele confesar que hay más demagogia que realidad en el escudo social de este Gobierno.

¿Qué nos queda a los disidentes a la izquierda de este gobierno que sin embargo tememos la casi inevitable alternativa que nos ha de helar el corazón?

Dicen que la esperanza quedó dentro de la caja de Pandora que contenía los males que pueblan el mundo, y por lo tanto, era el último de esos males. Así que esperanza no nos queda. Renunciamos también a las fáciles cábalas conspiranoicas que ofrecen el consuelo de un poder oculto culpable.

Cada país tiene el gobierno que merece. La clase política surge de la sociedad, no a la inversa. Así que la pregunta sería cómo cambiar al ciudadano medio, y no cómo impulsar al poder al representante de la tribu que menos nos decepcione.

Sin esperanzas pero sin derrotismos, se trata de ejercer el pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad. Por no admitir que esto no tiene remedio, y que son molinos, Sancho.

El momento apocalíptico

6 Ago

No voy a exagerar si digo que mi barrio se ha convertido, más en los últimos tiempos pero ya antes de la movida, en una sección de esquelas económicas en tres dimensiones. Bajos habitualmente dedicados durante décadas a la ferretería, la venta de electrodomésticos, kioskos, talleres de coche, y por supuesto, restauración y ocio, están saturados de persianas cerradas y carteles de “Se vende”. En un barrio medio céntrico, cercano al parque del río Turia, a la Ciudad de las Ciencias, y al otrora hipster barrio de Ruzafa, así como a las zonas “nobles” de Cánovas, Gran Vía y Aragón. En el medio plazo la devastación del pequeño comercio puede tener consecuencias insospechadas.

Un negocio relativamente nuevo y próspero en mi calle es una tienda de parafernalia militar, de juegos de guerra (paintball) y kits de supervivencia. Con un catálogo desproporcionado de cuchillos y machetes de caza, ropa paramilitar, créanme si les digo que la superficie es más propia de un concesionario de coches.

Curiosamente, es un movimiento que en U.S.A. tiene recorrido desde el pánico nuclear de los 50s, exacerbado por los planes de defensa civil y la propaganda tremendista anticomunista, la moda de los búnkeres privados para las clases del suburbio de “cuellos blancos” o trabajadores cualificados, hasta la locura setentera de los ex veteranos de Vietnam y los post-hippies reaccionarios que venían de comunas fracasadas, a tal punto que el apóstol de la época era el rockero Ted Nugent, virtuoso guitarrista obseso por las armas. Más curiosamente a raíz del triunfo de Trump, los “liberal survivalist” o “left wing preppers” o survivalistas del ala izquierda, han comenzado a dotar al movimiento “prepper” (preparamentista ¿?) de una cierta base transversal.

Así que, mientras siempre he sido visto como una rara avis del pesimismo social e histórico en mi círculo de amistades, veo como mi entorno está siendo vaciado, y gentes todavía más pesimistas, y en cierto modo desesperadas, hacen florecer un tipo de negocio basado en la creencia del colapso, el desastre y la catástrofe, y la salvación individual en un mundo hobbesiano. La tienda survivalista de la esquina a la vez me valida en mis análisis, y me aterra en sus consecuencias y sobre todo, en las transformaciones que el terror realiza en aquellos que sucumben a él. Yo puede que no tenga esperanzas, pero al menos no soy un fanático del miedo.

Hablar lenguas distintas es percibir el mundo de formas distintas

4 Ago

Rutte y Conte en la cumbre EUCO 2020

 

Las personas que utilizan  gramáticas radicalmente diferentes se ven dirigidas por sus respectivas gramáticas hacia tipos diferentes de observación y hacia evaluaciones diferentes de actos de observación, externamente similares; por lo tanto, no son equivalentes como observadores, sino que tienen que llegar a algunos puntos de vista diferentes sobre el mundo (Whorf, Benjamin Lee, 1940, <<La lingüística como una ciencia exacta>>, en Whorf, Benjamin Lee, 1971, Lenguaje, pensamiento y realidad, Barral, Barcelona, pp. 249-262).

Single de la semana : Doble Cara A: Public Enemy- State of the Union vs. Run With Jewels- Walking on Snow

28 Jul

Graphic by @nobrainszine

Hace un tiempo me quejaba amargamente de la falta de compromiso en la música actual. Estamos viviendo “tiempos interesantes”, es decir, peligrosos, según la maldición china (Zizek comenta jocoso no sé dónde que dicho refrán en China se tiene como una invención occidental) con Portland y Seattle militarizadas, con un presidente saliente que ha hecho lo imposible por boicotearse a si mismo, a lo Nixon: Si pierde será por deméritos propios.

Que en tiempos víricos la gente salga a la calle por la injusticia racial, el abuso policial, la precariedad sanitaria, no deja de ser paradójico, y revela el estado del malestar de una parte de la ya no tan joven democracia norteamericana. Me temo que una parte silenciosa de la sociedad se acoge a su derecho a morir con sus armas en el salón, y sin máscaras, una herencia de la lucha contra la monarquía y de la exploración del oeste, y dependerá mucho del voto con nariz tapada de un Biden que los demócratas comprenden que lo mejor que puede hacer es callarse, ponerse de perfil, y esperar que Trump la cague. En Guerra Eterna, el blog de Sáez de Ugarte, se comenta que los ataques a Trump más acerados vienen de los republicanos no trumpistas, los afines a Romney, el fallecido McCain o un Jeb Bush que de pronto se ha visto empujado al centro. Son The Lincoln Project.

En Europa las cosas nunca están tan claras, aunque hemos visto el lamentable espectáculo entre los países de tradición calvinista (Rutte) o simplemente insolidaria y aislacionista (Austria) contra el sur a base de falsos mitos de despilfarro frente a virtud, en una conferencia EUCO que alcanza un acuerdo de mínimos. El papel de poli malo puede haber sido asignado por una Merkel que también cuenta con poco tiempo de mandato restante y parece querer recomponer su perfil de estadista europeista frente a las revelaciones y grabaciones de Varoufakis respecto de la crisis de 2008. No es baladí traer a colación a Europa, porque el conflicto social de ese presupuesto “demasiado tarde, demasiado poco” puede acabar regando a los ultras de derecha euroescépticos, y reforzar las posturas de políticos de inspiración Trumpista en la Europa no germana.

Quién nos queda para cantar al “street fighting man” en este verano de nuestro descontento, qué artistas pueden dejar de lado los aspectos escapistas para mostrarnos lo urgente y terrible, lo peligroso de este momento. He elegido dos generaciones del hip hop, unos nuevos y otros viejos rockeros. Run with Jewels puede que no sean mi elección personal habitual cuando elijo discos a escuchar, pero su último LP es un disco de estos tiempos, y Walking on Snow es la canción de este descontento. Por otro lado, y dado que nadie más daba el paso, unos juveniles Public Enemy (deben andar ya en la sesentena) deciden dar un paso al frente contando el Estado de la Unión.

 

De Run With Jewels nos llegan frases excelentes como:

"Dato curioso sobre una jaula, nunca se construyen para un solo 
grupo,Entonces, cuando esa jaula termine con ellos y sigas siendo 
pobre, vendrá por ti"

"Y todos los días en las noticias de la noche te alimentan 
el miedo gratis. Y estás tan atontado que ves a los policías 
ahogar a un hombre como yo. Y hasta que mi voz pase de un grito 
a un susurro, 
"No puedo respirar"
Y te sientas allí en la casa en el sofá 
y lo ves en la televisión"

Public Enemy deciden que no es momento de ser sutiles:

"Asesino de la casa blanca, 
muerto en toda una vida
Vota fuera esta broma o muere intentándolo
Sin precedentes, demente, muy presidencial
Dictador de la Gestapo nazi por ella defendido
No es lo que piensas, es lo que sigues
Corre con las joyas, bebe de esa poción
Otros cuatro años os destriparán
Destripados, secados, quebrados 
y sin poder pedir prestado"

Guiño a Run With Jewels incluído.

Run With Jewels- Walking on snow
Get a dose a dirty code to go, been cold since Co-Flow
I got a wire or two unlodgin’, I’ll set a fire down below
I’ll hang it up when you say, “Sorry, I didn’t know”
Prolly got a year or ten to go so lets go
I don’t really know how to go slow
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker’s cold (ay)
You in the wrong mode, you open and closin’ your hole, it’s a no go
This whole world’s a shit moat, filled to the brim like GitMo
When you think it don’t get mo’ glow it limbo ‘til the sticks on flo’
All oppression’s born of lies, I don’t make the rules, I’m just one guy
All due respect, if getting spit on’s how respect is now defined
Hungry for truth but you got screwed and drank the Kool-Aid, there’s a line
It end directly at the edge of a mass grave, that’s their design
Funny fact about a cage, they’re never built for just one group
So when that cage is done with them and you’re still poor, it come for you
The newest lowest on the totem, well golly gee, you have been used
You helped to fuel the death machine that down the line will kill you too (oops)
Pseudo-Christians, y’all indifferent
Kids in prisons ain’t a sin? Shit
If even one scrap a what Jesus taught connected, you’d feel different
What a disingenuous way to piss away existence, I don’t get it
I’d say you lost your Goddamn minds if y’all possessed one to begin with
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold (cold, cold)
Yeah, ho, Gangsta Boo, Run the Jewels
We back on our shit, and it’s cold as fuck
The way I see it you’re probably freest from the ages one to four
Around the age of five you’re shipped away for your body to be stored
They promise education, but really they give you tests and scores
And they predictin’ prison population by who scoring the lowest
And usually the lowest scores the poorest and they look like me
And everyday on evening news they feed you fear for free
And you so numb you watch the cops choke out a man like me
And ‘til my voice goes from a shriek to whisper, “I can’t breathe”
And you sit there in the house on couch and watch it on TV
The most you give’s a Twitter rant and call it a tragedy
But truly the travesty, you’ve been robbed of your empathy
Replaced it with apathy, I wish I could magically
Fast forward the future so then you can face it
And see how fucked up it’ll be
I promise I’m honest, they coming for you
The day after they comin’ for me
I’m readin’ Chomsky, I read Bukowski
I’m layin’ low for a week
I said somethin’ on behalf of my people
And I popped up in Wikileaks
Thank God that I’m covered, the devil come smothered
And you know the evil don’t sleep
Dick Gregory told me a couple of secrets before he laid down in his grave
All of us serve the same masters, all of us nothin’ but slaves
Never forget in the story of Jesus, the hero was killed by the state
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold (cold, cold)
Who really wanna run it with the Jewel Runners?
Go hellfire hot in a new sauna
It’s a cold winter baby and a cruel summer
I suicide bomb in the blue Hummer
And emerge out the side, not a bruise on ‘em
Bad news come in two son, do somethin’
Treat beats like a wet thigh, chew on ‘em
Got a stroke row crew on ‘em, move on ‘em
We be the heroes, the breakers of chains and the busters of locks (locks, locks)
You be them suckers supportin’ them snitches that talk to the cops
This the Illmatic of turning your face in to fucker foie gras
I’m not so sure opportunities knocking, it’s probably the law
Word to the old school tape decks
I get Radio Raheem respect
My Nike pendant sacred, similar to the Ghostface bracelet
Fire in the hole, oh no joke
Probably go broke just off smoke
Fuck are we gonna do, not smoke?
Get a job, play the role, be adults?
Nah, I’ma do me, arigato
First of all, they cheated (uh-huh)
‘Cause if one of them black and the other one white (uh-huh)
So if you don’t like ‘em, you automatically racist (ah, oh, well)
Public Enemy- State of the Union
Go, go, go, just go
Go, go, go (we have)
Whatever it takes, rid this dictator
POTUS my tail, Ass debater
Prime-time Preemo, rhyme-time crime
Like no other in this lifetime
White house killer, dead in lifelines
Vote this joke out, or die tryin’
Unprecedented, demented, many president’d
Nazi Gestapo dictator defended
It’s not what you think, it’s what you follow
Run for them jewels, drink from that bottle
Another four years gonna gut y’all hollow
Gutted out, dried up, broke and can’t borrow
State of the Union, shut the fuck up
Sorry ass motherfucker
Stay away from me
State of the Union, shut the fuck up
Sorry ass motherfucker
Stay away from me
State of the Union, shut the fuck up
Sorry ass motherfucker
Stay away from me
State of the Union, shut the fuck up
Sorry ass…

Sorry To Bother You (2018)

20 Jul

Sorry to Bother You es el debut del artista de hip hop y activista, no sólo del Occupy, sino desde los 90s, Boots Riley, en el cine. Estamos ante una obra que no parece en absoluto de un debutante, sino llena de madurez, que en todo momento sabe a qué quiere jugar, a dónde quiere llevarnos.

Visualmente, comparte algunos de los dejes de realismo mágico marca Gondry, Jonze, y Kauffmann. La diferencia estriba tal vez en que lejos del solipsismo de los dos últimos, Riley se mete de lleno en la gig economy de riders y teleoperadores (este proyecto es autobiográfico), en los conflictos raciales, en los iluminados empresarios de Silicon Valley.

Lakeith Stanfield como Cassius Green está muy bien como el protagonista que se ve atrapado en un conflicto moral, entre comprometer sus principios, y primero sobrevivir y luego prosperar. A costa del dolor ajeno, a costa de enfrentarse a las ilusiones sindicales de algunos de sus compañeros. El modo en que refleja Riley la intromisión del empleado telefónico directamente al comedor de tu casa es brillante, así como el concepto de “poner voz de blanco”, o, más avanzados en la trama, la empresa Worryfree, en la que uno cuando no tiene otro recurso decide venderse, como en la esclavitud de la Grecia clásica, y la evolución de ese modelo de negocio hasta un apoteósico final de ciencia ficción distópica.

Extrañamente Tessa Thompson es el eslabón débil del elenco, como la pareja del protagonista, cuya radicalidad en el arte de denuncia también se somete a contradicciones que no se exploran lo suficiente: Qué es contracultural, qué es efectivamente subversivo, y no sólo un producto en el mundo del arte.

Uno de los que roban la función es Armie Hammer como Steve Lift, el mesiánico, lunático, y psicopático empresario de Silicon Valley que monta una empresa de subcontrata basada en mano de obra esclava. Hilarante mezcla del iluminismo egocéntrico de Musk, la falta de escrúpulos de Bezos, el freakismo del control de Zuckenberg, el carisma impostado de Branson. Armie Hammer da un espectáculo y uno sólo acaba pensando que le falta sobreactuar para alcanzar un punto más de delirio.

Crítica social, fábula moral, denuncia de la nueva economía de plataformas, de la división racial, de la psicopatía del 1%, de los supuestos adalides del progreso que sólo han reinventado el látigo, del divide y vencerás… Y de la enorme dificultad personal y colectiva de realizar cualquier tipo de resistencia.

Uno no puede evitar relacionar el despliegue militar que este julio de 2020 ha realizado Trump en Portland o las quejas de lobbistas y políticos locales ante el hecho de que la izquierda extraparlamentaria de base que se está manifestando haya puesto los centros de Amazon y sus condiciones de trabajo en el punto de mira, con el clímax de la película.

Es un must.

Quis custodiet ipsos custodes?

29 Abr

Imagen de Laurent Durieux subastada por Mondo para causas benéficas relacionadas con el COVID-19 y los sin techo.

Nos quejamos de la policía de balcón, de los linchamientos en redes sociales, de los vecinos que tachan de ratas a los médicos dedicados a salvarlos pero que se convierten en cuerpos inconvenientes en su cercanía. El infierno son los demás sin duda.

Pero me gustaría ir más allá. A pesar de la vuelta de la biopolítica, de la que nos avisa el filósofo Agamben, parece que el esquema de Foucault se ha complicado, de un modo en que de tesis y antítesis, surge algo nuevo.

Foucault habla de medidas excepcionales por una plaga, como paso previo para explicarnos que el modelo panóptico del filósofo Bentham, de vigilancia anónima y discreta, es un nuevo paso evolutivo del poder. Ahora bien, esta plaga nos llega justo después de que el modelo panóptico se haya implantado efectivamente de forma cibernética: Hemos cambiado nuestro comportamiento vía redes sociales para convertirnos en vigilantes, llenos de prejuicios, de nuestros semejantes y… de nosotros mismos. Y en esto, en ese modelo de carceleros de nosotros mismos, llegó la plaga, y la excepcionalidad. Pero de esa excepcionalidad no surgirá un modelo completamente nuevo de vigilancia, sino que se refinará el modelo actual, que hemos naturalizado hasta el punto de no darnos cuenta de su funcionamiento.

Podemos presentirlo en la forma en que la información circula memetizada, a velocidad peligrosa, convertida en ruido, en veneno, en cascada incontrolada, en unos y ceros sin verificación, en emociones sincronizadas, como diría el filósofo Virilio, en un tiempo simultáneo que anula la Historia, pero también que diluye nuestra capacidad de reflexión y de individuación: El rebaño ciego del que habla Brunner, el escritor de ciencia ficción cercana, en su trilogía del desastre.

Podemos presentirlo en el modo en que se habla de nueva normalidad, en que, con una economía destruída, no asumimos la perplejidad de que, en términos productivos, somos totalmente prescindibles. La solidaridad y la resistencia solían tener la fuerza en sus números, en lo colectivo, y nos hemos visto obligados al aislamiento y la división entre los dignos de salvación y los dignos de lástima.

Hay una convergencia entre la vigilancia electrónica, el comportamiento memético, el miedo a perder nuestra precaria situación vital, y la vuelta del Estado, que algunos celebran como anéstetico para el dolor social de esta posguerra viral, otros como regulador de los excesos e imprevistos, y algunos, nos tememos, como fuerza tecnocrática del status quo.

Ya hay voces que hablan de que hace falta no una nueva normalidad, sino una singularidad, en que nuestro papel de individuos se valore de otro modo, en que no perpetuemos una vigilancia castradora, no en aras de un necesario control sanitario, sino en sintonía con un aterrador control social automático, un common sense que sancione como criminal al que no encaje en la normalidad, la productividad, y la resignación. Creo que debemos abordar la aventura de ser individuos de nuevo, y para vivir esa aventura, quizá debamos asumir que habrá desastres, accidentes, penurias, sangre, sudor y lágrimas, y que es nuestra tarea convertirlas en las piedras fundacionales de otro tipo de manera de existir. Una fuera de la zona de confort.

“El conocimiento vinculado al poder, no solo asume la autoridad de ‘la verdad’ sino que tiene el poder de hacerse realidad. Todo el conocimiento, una vez aplicado en el mundo real, tiene efectos y, en ese sentido, al menos, “se convierte en verdad”. El conocimiento, una vez utilizado para regular la conducta de los demás, implica restricción, regulación y disciplina de la práctica. Por lo tanto, ‘no hay relación de poder sin la constitución correlativa de un campo de conocimiento, ni ningún conocimiento que no presuponga y constituya al mismo tiempo, relaciones de poder”

(Foucault 1977,27).

“De ahí el efecto principal del Panóptico: inducir en el interno un estado de visibilidad consciente y permanente que asegura el funcionamiento automático del poder.

Entonces, para organizar las cosas, la vigilancia es permanente en sus efectos, incluso si es discontinua en sus acciones; que la perfección del poder debe tender a dejar su real ejercicio innecesario; que este aparato arquitectónico debería ser un máquina para crear y mantener una relación de poder independiente de la persona que lo ejerce; en resumen, que los internos deben ser atrapados en una situación de poder de la cual ellos mismos son portadores.

Para lograr esto, es a la vez demasiado y muy poco que el el prisionero deba ser observado constantemente por un inspector: muy poco, porque lo que importa es que él sabe que debe ser observado; demasiado, porque no tiene necesidad de ser así.”

“Cualquier individuo, tomado casi al azar, puede operar la máquina: en ausencia del director, su familia, sus amigos, sus visitantes, incluso sus sirvientes (Bentham, 45). Del mismo modo, no importa qué motivo lo anima: la curiosidad de lo indiscreto, la malicia de un niño, sed de conocimiento de un filósofo que desea visitar este museo de la naturaleza humana, o la perversidad de aquellos que disfrutan espiando y castigando. Cuanto más numerosos observadores anónimos y temporales son,  mayor el riesgo para el interno de ser sorprendido y mayor es su ansiedad y conciencia de ser observado”

“El panóptico funciona como una especie de laboratorio del poder. Gracias a sus mecanismos de observación, se gana en eficiencia y en la capacidad de penetrar en el comportamiento de los hombres; el conocimiento sigue los avances del poder, descubriendo nuevos objetos de conocimiento sobre todas las superficies en las que se ejerce el poder” 

“La ciudad afectada por la peste frente al establecimiento panóptico. Las diferencias son importantes. Marcan, a una distancia de un siglo y medio, las transformaciones del programa disciplinario. En el primer caso, hay una situación excepcional: contra un extraordinario mal, el poder se moviliza; se hace presente en todas partes y visible; inventa nuevos mecanismos; se separa, se inmoviliza, provoca particiones; construye por un tiempo lo que es a la vez una contraciudad y la sociedad perfecta, impone un funcionamiento ideal, pero que es reducido, en el análisis final, como el mal que combate, dualismo de vida y muerte: lo que se mueve trae muerte, y uno mata lo que se mueve. El panóptico, por otro lado, debe ser entendido como un modelo de funcionamiento generalizable; Una manera de definir el poder en términos de la vida cotidiana de los hombres.”

“El Panóptico es polivalente en sus aplicaciones; sirve para reformar prisioneros, pero también para tratar pacientes, instruir a los escolares, limitar al demente, supervisar a los trabajadores, poner a trabajar a los mendigos y ociosos. Es un tipo de ubicación de cuerpos en el espacio, de distribución de individuos en relación entre sí, de organización jerárquica, de disposición de centros y canales de poder, de definición de los instrumentos y modos de intervención del poder, que pueden implementarse en hospitales, talleres, escuelas, prisiones. Cada vez que uno trata con una multiplicidad de individuos en quienes se debe imponer una tarea o una forma particular de comportamiento, el esquema panóptico puede ser usado.”

(Foucault, Vigilar y Castigar)