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Trabajo Fractal

11 May

La precariedad es la condición general de los semiotrabajadores. La característica fundamental de la precariedad en la esfera social no es la pérdida de regularidad en las relaciones laborales, ya que el trabajo siempre ha sido más o menos precario pese a la regulación de la ley. La transformación fundamental que ha realizado la digitalización del proceso laboral consiste en la fragmentación de la continuidad del trabajo personal, la fractalización y la celularización. El trabajador desaparece en cuanto persona y es reemplazado por fragmentos abstractos de tiempo. El ciberespacio de la producción global puede verse como una vasta extensión de tiempo humano despersonalizado.

En la esfera de la producción industrial, el trabajador de carne y hueso, dotado de una identidad certificada y política, encarnaba el tiempo laboral abstracto. Cuando el jefe necesitaba tiempo humano para la valorización del capital, tenía que contratar a un ser humano, que afrontar la debilidad física, enfermedades y derechos de este ser; el jefe estaba obligado a tener que negociar con los sindicatos y enfrentarse a las demandas políticas del que era portador.

En la era del infotrabajo ya no es necesario invertir en la disponibilidad de una persona durante ocho horas diarias durante toda su vida. Ahora el capital no tiene que contratar a nadie, sino que compra paquetes de tiempo, separados de sus intercambiables y ocasionales portadores. En la economía de internet, la flexibilidad se ha convertido en una forma de fractalización del trabajo.

La fractalización es la fragmentación modular y recombinante de un periodo de actividad. El trabajador deja de existir como persona y se convierte en un mero productor intercambiable de microfragmentos de semiosis recombinante que entran en el continuo flujo de internet.

El capital ya no paga la disponibilidad para que un trabajador pueda ser explotado durante un periodo de tiempo más prolongado; tampoco paga un salario que cubra todo el rango de necesidades económicas del trabajador.

Se paga al trabajador (una máquina dotada de cerebro que puede utilizarse durante fragmentos de tiempo) por sus servicios ocasionales, temporales. El tiempo del trabajo está fragmentado y celularizado. Las células de tiempo se ponen en venta por internet y los negocios pueden adquirir tantas como deseen sin tener que ofrecer protección social alguna al trabajador. El tiempo despersonalizado se ha convertido en el agente real del proceso de valorización; y este tiempo carece de derechos, de organización sindical y de conciencia política. Únicamente puede estar disponible o no disponible (aunque esta última alternativa sigue siendo puramente teórica, ya que el cuerpo físico necesita comprar comida y pagar el alquiler, pese a no ser una persona legalmente reconocida).

El tiempo necesario para producir infocomodidad se vuelve líquido en la máquina digital recombinante. La máquina humana está ahí, pulsante y disponible, como un cerebro esperando a expandirse. La extensión del tiempo está meticulosamente celularizada: las células del tiempo productivo pueden movilizarse en formas puntuales, casuales y fragmentarias. La recombinación de estos fragmentos se realiza automáticamente en la red. El teléfono móvil es la herramienta que posibilita la conexión entre las necesidades del semiocapital y la movilización del trabajo vivo del ciberespacio. El tono de llamada del teléfono móvil convoca a los trabajadores a que reconecten su tiempo abstracto en el flujo reticular.

En esta nueva dimensión laboral, la gente no tiene derecho a proteger o negociar el tiempo del que son formalmente propietarios y que se les expropia eficazmente. Dicho tiempo no les pertenece realmente, porque está separado del circuito de producción virtual recombinante. El tiempo de trabajo está fractalizado, reducido a fragmentos mínimos que pueden ensamblarse de nuevo, y gracias a la fractalización el capital encuentra las condiciones del salario mínimo de forma constante.

El trabajo fractalizado se produce de manera puntual, aquí y allá, en ciertos puntos, sin que sea posible poner en marcha un esfuerzo concertado de resistencia.

Solo la proximidad espacial de los cuerpos de los trabajadores y la continuidad de la experiencia del trabajo en equipo permite la posibilidad de un proceso prolongado de solidaridad. Sin dicha proximidad ni dicha continuidad, no se dan las condiciones para que los cuerpos celularizados se combinen formando una comunidad. La integración de actuaciones individuales que dé lugar a un impulso colectivo de importancia necesita de una proximidad continua en el tiempo, una proximidad que el infotrabajo imposibilita.

La actividad cognitiva siempre ha estado presente en todo tipo de producción humana, incluso en la más mecánica. No hay proceso humano de trabajo que no implique un ejercicio de inteligencia. Pero la capacidad cognitiva hoy se ha convertido en el recurso productivo fundamental. En la era del trabajo industrial, la mente estaba al servicio de un automatismo repetitivo, era el director neurológico del esfuerzo muscular. Mientras que el trabajo industrial era esencialmente repetición de actos físicos, el trabajo mental cambia de objeto y procesos de forma continua. Por tanto, la incorporación de la mente en el proceso de la valorización capitalista ha conducido a una verdadera mutación. El organismo consciente y sensible está sometido a una competición cada vez mayor, a una aceleración de estímulos, a un constante esfuerzo de atención. De ahí que el entorno mental, la infoesfera en la que se forma la mente y entra en relación con otras mentes, se haya convertido en un entorno psicopatológico.

Para comprender la infinita gama de espejos del semiocapitalismo, primero hemos de trazar en líneas generales un nuevo campo disciplinario delimitado por tres aspectos: la crítica de la economía política de la inteligencia conectiva; la semiología de los flujos lingüístico-económicos; y la psico-química de la infoesfera, que se centra en el estudio de los efectos psicopatológicos de la explotación mental debida a la aceleración de la infoesfera.

En el mundo conectado, los círculos retroactivos de la teoría general de sistemas se fusionan con la lógica dinámica de la biogenética para formar una visión posthumana de la producción digital. Las mentes y los cuerpos humanos se integran con los circuitos digitales gracias a los interfaces de aceleración y simplificación: está naciendo un modelo de producción bioinfo que produce artefactos semióticos capaces de autorreplicar sistemas vivos. Una vez que se pone totalmente en marcha, el sistema nervioso digital puede ser rápidamente instalado en cualquier forma de organización.

La red digital está produciendo una intensificación de infoestímulos transmitidos del cerebro social a los cerebros individuales. Esta aceleración es un factor patógeno que tiene efectos de largo alcance en la sociedad.

Puesto que el capitalismo está conectado al cerebro social, el meme de aceleración psicótico actúa de agente patológico: el organismo es atraído hacia un espasmo hasta que colapsa.

(Franco Bifo Berardi, Héros, Asesinato masivo y suicidio)

Tiene usted derecho a ser administrado

4 Mar

“Con el derrumbe de los antiguos estados del bienestar, todo esto ha comenzado a parecer decididamente pintoresco. Conforme la derecha, que insiste en «soluciones de mercado» a todo problema social, adopta el lenguaje antiburocrático con ferocidad cada vez mayor, la izquierda de corriente mayoritaria se ha visto reducida a una especie de patética lucha de retaguardia, intentando salvar los restos del antiguo Estado del bienestar: ha aceptado (a veces, incluso impulsado) los intentos de hacer que el gobierno sea más «eficiente» a través de la parcial privatización de servicios y la incorporación de cada vez más «principios de mercado», «incentivos a los mercados» y «procesos de transparencia» orientados hacia los mercados en la propia estructura de la burocracia.

El resultado es una catástrofe política. No hay otra manera de decirlo. Lo que se presenta como soluciones de la izquierda «moderada» a cualquier problema social (y las soluciones de la izquierda radical, hoy en día, se descartan sin más en casi todo el mundo) ha acabado por ser una absurda fusión de los peores elementos de la burocracia y los peores elementos del capitalismo. Es como si alguien hubiera intentado conscientemente crear la postura política menos atractiva posible. Dice mucho de lo que queda de los auténticos ideales de la izquierda el que alguien siquiera considere votar a un partido que promueve este tipo de cosas, porque si lo hacen no es, evidentemente, porque piensen que son buenas políticas, sino porque son las únicas que le permiten poner en marcha a alguien que se identifica a sí mismo como de centroizquierda.

¿Resulta tan sorprendente, pues, que cada vez que hay una crisis social, sea la derecha, más que la izquierda, la que se convierte en vehículo de la expresión de la ira popular?

La derecha, al menos, tiene una crítica de la burocracia. No es muy buena. Pero al menos existe. La izquierda no tiene ninguna. La consecuencia es que cuando los que se identifican con la izquierda tienen algo negativo que decir de la burocracia, se suelen ver obligados a adoptar una versión deslavazada de la crítica de la derecha”

(David Graeber, La Utopía de las Normas)

Imagínese una sociedad

24 Feb

Ilustración de Josan González

“Imagínense una sociedad que somete a las personas a condiciones que las hacen terriblemente infelices y luego les da las drogas para eliminar su infelicidad. La ciencia ficción ya está sucediendo hasta cierto punto en nuestra propia sociedad. En lugar de eliminar las condiciones que deprimen a las personas, la sociedad moderna les da medicamentos antidepresivos. En efecto, los antidepresivos son un medio para modificar el estado interno de un individuo de tal manera que le permitan tolerar condiciones sociales que de otro modo le resultarían intolerables “.

(Theodore Kaczynski)

David Graeber y la Ley de Hierro del Liberalismo

7 Sep

“El problema con todo esto es que apenas guarda ninguna relación con lo que realmente ocurrió. En primer lugar, los mercados, históricamente, no surgieron como modos autónomos de libertad, independientes de, y opuestos a las autoridades estatales. La realidad fue exactamente lo opuesto. Históricamente, los mercados han sido, bien efectos colaterales de operaciones gubernamentales, especialmente operaciones militares, bien creados directamente por políticas gubernamentales. Esto ha sido así como mínimo desde la invención de la acuñación, que se creó y promulgó a fin de aprovisionar a los soldados; durante la mayor parte de la historia euroasiática, la gente empleaba cotidianamente acuerdos de crédito informal, y el dinero físico (oro, plata, bronce) y el tipo de mercados impersonales que éste creó no fueron sino un añadido a la movilización de las legiones, el saqueo de ciudades, la exacción de tributos y el modo de disponer del botín.

De igual manera, los modernos sistemas bancarios se crearon para financiar guerras. Así que la historia convencional presenta un problema principal. Y hay otro más dramático. Aunque la idea de que el mercado se opone de alguna manera al gobierno (y es independiente de él) se ha empleado al menos desde el siglo XIX para justificar las políticas del laissez-faire destinadas a reducir el papel del gobierno, nunca ha tenido ese efecto. El liberalismo inglés, por poner un ejemplo, no implicó una reducción de la burocracia estatal, sino exactamente lo opuesto: una creciente gama de secretarios, registradores, inspectores, notarías y oficiales de policía que hacían posible el sueño liberal del libre contrato entre individuos autónomos. Resultaba que mantener una economía de mercado libre requería mil veces más papeleo que una monarquía absolutista al estilo de la de Luis XIV.

Esta aparente paradoja (que políticas gubernamentales dirigidas a reducir la interferencia gubernamental en la economía en realidad acabaran produciendo más regulaciones, más burócratas y más policía) se puede observar tan regularmente que creo que justifica el que la tratemos como a una ley sociológica general. Propongo llamarla la «Ley del hierro del liberalismo»:

La ley del hierro del liberalismo dicta que toda reforma del mercado, toda iniciativa del gobierno dirigida a reducir trámites burocráticos e impulsar las fuerzas del mercado tendrá, como efecto final, el aumento del número total de regulaciones, la cantidad total de papeleo y la cantidad total de burócratas que emplea el gobierno.

El sociólogo francés Emile Durkheim ya observaba esta tendencia a principios del siglo XX, y, finalmente, fue imposible ignorarla. A mediados de siglo, incluso críticos de derechas como Von Mises admitían (al menos en sus escritos académicos) que en realidad los mercados no se regulaban por sí mismos, y que, en efecto, se necesitaba un ejército de administradores para que cualquier sistema de mercado funcionase (para Von Mises, ese ejército sólo se volvía problemático cuando se empleaba para alterar resultados de los mercados que causaran sufrimientos injustos a los pobres). Pese a todo, los populistas de derechas pronto se dieron cuenta de que, fuera cual fuera la realidad, apuntar contra los burócratas era casi siempre rentable. De ahí que, en sus pronunciamientos públicos, su condena de lo que el gobernador estadounidense George Wallace, en su campaña a la presidencia de 1968, denominó «burócratas de cabeza puntiaguda» que vivían de los impuestos de los «ciudadanos trabajadores» fuera implacable.

En realidad, Wallace es una figura crucial al respecto. Hoy en día los estadounidenses lo recuerdan como un reaccionario fracasado, incluso un lunático gruñón: el último segregacionista sureño del ala dura, de pie con un hacha en la entrada de una escuela pública. Pero en los más amplios términos de su legado, podría representárselo como un genio político: al fin y al cabo, fue el primer político en crear una plataforma a escala nacional para un tipo de populismo de derechas que pronto se demostraría tan infeccioso que hoy en día, una generación más tarde, ha acabado aceptado por casi todo el mundo, atravesando el espectro político.

En consecuencia, entre los estadounidenses de clase media, se percibe al gobierno como algo constituido por dos tipos de personas: los «políticos», unos ladrones y mentirosos fanfarrones a los que, ocasionalmente, se puede echar, mediante voto, de su despacho, y los «burócratas», que no son sino unos condescendientes elitistas casi imposibles de eliminar. Se entiende que hay una alianza tácita entre aquellos que han acabado siendo vistos como los pobres parásitos (en América, trazados generalmente en términos abiertamente racistas) y los santurrones funcionarios, igualmente parásitos, cuya existencia depende de subsidiar a los pobres con dinero ajeno.

Nuevamente, la izquierda mayoritaria (o lo que se supone que ha de pasar por izquierda en estos días) no ha hecho sino ofrecer una versión deslavazada de este lenguaje de la derecha. Bill Clinton, por poner un ejemplo, pasó tanto tiempo de su carrera arremetiendo contra los funcionarios que, tras el atentado contra el edificio Murrah, de Oklahoma City, sintió que debía recordar a los estadounidenses que los funcionarios eran seres humanos, y prometió no volver a emplear jamás la palabra «burócratas».

En el populismo contemporáneo estadounidense (y cada vez más en el del resto del mundo) sólo cabe una alternativa a la «burocracia», y es «el mercado». A veces se mantiene para argumentar que deberíamos eliminar a los burócratas y dejar que la naturaleza siga su curso, lo que significa dejar que la gente lleve a cabo sus vidas y sus asuntos sin las interferencias de interminables regulaciones y normas que se les imponen desde arriba, y permitir así que la magia del mercado proporcione sus propias soluciones.

«Democracia» pasó así a significar mercado; «burocracia», a su vez, interferencia gubernamental con el mercado; y es en esto, a grandes rasgos, en lo que el mundo se encuentra hoy en día.”

(David Graeber, La Utopía de las Normas)

Malestar Cautivo

24 Ago

Es dada esta tierra a faccionalismos, tribalismos, y odios ideológicos profundos, envidias y agravios a menudo enraizados en historias familiares de sangre y arena, intereses particulares disfrazados de enfrentamientos ideológicos, cunetas, guerrillas carlistas, y si me apuran, levantamientos comuneros. Amamos odiarnos, y somos pioneros de ese fenómenos que a partir de los 70s-80s ha ido ganando vuelo en los USA, la polarización social. A veces creo que sólo la comedia absurda, ácida y austrohúngara de Berlanga pudo narrar nuestra idiosincrasia.

Tal vez en ningún otro país europeo, salvo quizá los que hayan vivido conflictos recientes (Balcanes, Ucrania) se aprecia esa inquina en la parrilla catódica, en las actas del congreso, en los pasillos de departamentos de universidad, e incluso en las sedes de los partidos (los mayores enemigos del políticos son su correligionarios, las peores cuchilladas vienen por la espalda, y el fuego mortal suele ser el fuego amigo, por aquello de la competencia).

Se produce un momento paradójico, que es evidente ahora mismo en USA: hay un malestar social profundo, unas demandas desde las bases progresistas, ignoradas por el establishment, que se ven cautivas del mal mayor, la victoria de Trump. ¿a dónde van los descontentos por la izquierda del Partido Demócrata ante las elecciones de noviembre? A pesar de los desplantes, el movimiento a la derecha reaccionaria, policial, anti medidas sociales, represiva de Biden y Harris, éstos juegan al momento histórico, culpar de dejar en manos de un sociópata incapaz el país a los abstencionistas.

El mal menor sigue siendo un mal.

En España, me temo, algo hay parecido: la acelerada descomposición de Podemos, y la no muy sorprendente posición subsidiaria de Bruselas de los socialistas, debería hacer volar por los aires al gobiernos con huelgas generales (bueno, si hubiera sindicatos mayoritarios dignos de tal nombre). Pero el pavor de que la crisis sanitaria la gestione la derecha como en Madrid o Cataluña (el sui géneris cóctel de imprevisión, privatización, lucro e inacción) hace cerrar filas.

Por el camino nos hemos dejado la reforma laboral, la ley mordaza, medidas impositivas a grandes fortunas, transacciones bancarias, medidas para revertir el rescate bancario ligadas a la crisis de vivienda, y por supuesto el desastre del Ingreso Mínimo Vital, una burla y una estafa para quienes el concepto de una Renta Básica significa algo.

Dice el informe del relator especial de Naciones Unidas sobre extrema pobreza y Derechos Humanos:

“La excesiva burocratización del sistema de asistencia social es una de las principales causas de exclusión, y los irrazonables e imposibles requisitos de documentación constituyen obstáculos que la refuerzan”.

El IMV se resume fácilmente: Según UGT, de 714.000 solicitudes presentadas, solo se han resuelto 32.629, el 4,57%. Menos de un 5% de resoluciones: a eso se le llama urgencia social. Y de las resoluciones solamente el 12,7% han sido favorables. Es fácil el cálculo: el 0,58% del total presentadas.

La retórica a menudo se nos presenta como simulacro de la política. A las puertas de la negociación de unos Presupuestos de crisis, duele confesar que hay más demagogia que realidad en el escudo social de este Gobierno.

¿Qué nos queda a los disidentes a la izquierda de este gobierno que sin embargo tememos la casi inevitable alternativa que nos ha de helar el corazón?

Dicen que la esperanza quedó dentro de la caja de Pandora que contenía los males que pueblan el mundo, y por lo tanto, era el último de esos males. Así que esperanza no nos queda. Renunciamos también a las fáciles cábalas conspiranoicas que ofrecen el consuelo de un poder oculto culpable.

Cada país tiene el gobierno que merece. La clase política surge de la sociedad, no a la inversa. Así que la pregunta sería cómo cambiar al ciudadano medio, y no cómo impulsar al poder al representante de la tribu que menos nos decepcione.

Sin esperanzas pero sin derrotismos, se trata de ejercer el pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad. Por no admitir que esto no tiene remedio, y que son molinos, Sancho.

El momento apocalíptico

6 Ago

No voy a exagerar si digo que mi barrio se ha convertido, más en los últimos tiempos pero ya antes de la movida, en una sección de esquelas económicas en tres dimensiones. Bajos habitualmente dedicados durante décadas a la ferretería, la venta de electrodomésticos, kioskos, talleres de coche, y por supuesto, restauración y ocio, están saturados de persianas cerradas y carteles de “Se vende”. En un barrio medio céntrico, cercano al parque del río Turia, a la Ciudad de las Ciencias, y al otrora hipster barrio de Ruzafa, así como a las zonas “nobles” de Cánovas, Gran Vía y Aragón. En el medio plazo la devastación del pequeño comercio puede tener consecuencias insospechadas.

Un negocio relativamente nuevo y próspero en mi calle es una tienda de parafernalia militar, de juegos de guerra (paintball) y kits de supervivencia. Con un catálogo desproporcionado de cuchillos y machetes de caza, ropa paramilitar, créanme si les digo que la superficie es más propia de un concesionario de coches.

Curiosamente, es un movimiento que en U.S.A. tiene recorrido desde el pánico nuclear de los 50s, exacerbado por los planes de defensa civil y la propaganda tremendista anticomunista, la moda de los búnkeres privados para las clases del suburbio de “cuellos blancos” o trabajadores cualificados, hasta la locura setentera de los ex veteranos de Vietnam y los post-hippies reaccionarios que venían de comunas fracasadas, a tal punto que el apóstol de la época era el rockero Ted Nugent, virtuoso guitarrista obseso por las armas. Más curiosamente a raíz del triunfo de Trump, los “liberal survivalist” o “left wing preppers” o survivalistas del ala izquierda, han comenzado a dotar al movimiento “prepper” (preparamentista ¿?) de una cierta base transversal.

Así que, mientras siempre he sido visto como una rara avis del pesimismo social e histórico en mi círculo de amistades, veo como mi entorno está siendo vaciado, y gentes todavía más pesimistas, y en cierto modo desesperadas, hacen florecer un tipo de negocio basado en la creencia del colapso, el desastre y la catástrofe, y la salvación individual en un mundo hobbesiano. La tienda survivalista de la esquina a la vez me valida en mis análisis, y me aterra en sus consecuencias y sobre todo, en las transformaciones que el terror realiza en aquellos que sucumben a él. Yo puede que no tenga esperanzas, pero al menos no soy un fanático del miedo.

Single de la semana : Doble Cara A: Public Enemy- State of the Union vs. Run With Jewels- Walking on Snow

28 Jul

Graphic by @nobrainszine

Hace un tiempo me quejaba amargamente de la falta de compromiso en la música actual. Estamos viviendo “tiempos interesantes”, es decir, peligrosos, según la maldición china (Zizek comenta jocoso no sé dónde que dicho refrán en China se tiene como una invención occidental) con Portland y Seattle militarizadas, con un presidente saliente que ha hecho lo imposible por boicotearse a si mismo, a lo Nixon: Si pierde será por deméritos propios.

Que en tiempos víricos la gente salga a la calle por la injusticia racial, el abuso policial, la precariedad sanitaria, no deja de ser paradójico, y revela el estado del malestar de una parte de la ya no tan joven democracia norteamericana. Me temo que una parte silenciosa de la sociedad se acoge a su derecho a morir con sus armas en el salón, y sin máscaras, una herencia de la lucha contra la monarquía y de la exploración del oeste, y dependerá mucho del voto con nariz tapada de un Biden que los demócratas comprenden que lo mejor que puede hacer es callarse, ponerse de perfil, y esperar que Trump la cague. En Guerra Eterna, el blog de Sáez de Ugarte, se comenta que los ataques a Trump más acerados vienen de los republicanos no trumpistas, los afines a Romney, el fallecido McCain o un Jeb Bush que de pronto se ha visto empujado al centro. Son The Lincoln Project.

En Europa las cosas nunca están tan claras, aunque hemos visto el lamentable espectáculo entre los países de tradición calvinista (Rutte) o simplemente insolidaria y aislacionista (Austria) contra el sur a base de falsos mitos de despilfarro frente a virtud, en una conferencia EUCO que alcanza un acuerdo de mínimos. El papel de poli malo puede haber sido asignado por una Merkel que también cuenta con poco tiempo de mandato restante y parece querer recomponer su perfil de estadista europeista frente a las revelaciones y grabaciones de Varoufakis respecto de la crisis de 2008. No es baladí traer a colación a Europa, porque el conflicto social de ese presupuesto “demasiado tarde, demasiado poco” puede acabar regando a los ultras de derecha euroescépticos, y reforzar las posturas de políticos de inspiración Trumpista en la Europa no germana.

Quién nos queda para cantar al “street fighting man” en este verano de nuestro descontento, qué artistas pueden dejar de lado los aspectos escapistas para mostrarnos lo urgente y terrible, lo peligroso de este momento. He elegido dos generaciones del hip hop, unos nuevos y otros viejos rockeros. Run with Jewels puede que no sean mi elección personal habitual cuando elijo discos a escuchar, pero su último LP es un disco de estos tiempos, y Walking on Snow es la canción de este descontento. Por otro lado, y dado que nadie más daba el paso, unos juveniles Public Enemy (deben andar ya en la sesentena) deciden dar un paso al frente contando el Estado de la Unión.

 

De Run With Jewels nos llegan frases excelentes como:

"Dato curioso sobre una jaula, nunca se construyen para un solo 
grupo,Entonces, cuando esa jaula termine con ellos y sigas siendo 
pobre, vendrá por ti"

"Y todos los días en las noticias de la noche te alimentan 
el miedo gratis. Y estás tan atontado que ves a los policías 
ahogar a un hombre como yo. Y hasta que mi voz pase de un grito 
a un susurro, 
"No puedo respirar"
Y te sientas allí en la casa en el sofá 
y lo ves en la televisión"

Public Enemy deciden que no es momento de ser sutiles:

"Asesino de la casa blanca, 
muerto en toda una vida
Vota fuera esta broma o muere intentándolo
Sin precedentes, demente, muy presidencial
Dictador de la Gestapo nazi por ella defendido
No es lo que piensas, es lo que sigues
Corre con las joyas, bebe de esa poción
Otros cuatro años os destriparán
Destripados, secados, quebrados 
y sin poder pedir prestado"

Guiño a Run With Jewels incluído.

Run With Jewels- Walking on snow
Get a dose a dirty code to go, been cold since Co-Flow
I got a wire or two unlodgin’, I’ll set a fire down below
I’ll hang it up when you say, “Sorry, I didn’t know”
Prolly got a year or ten to go so lets go
I don’t really know how to go slow
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker’s cold (ay)
You in the wrong mode, you open and closin’ your hole, it’s a no go
This whole world’s a shit moat, filled to the brim like GitMo
When you think it don’t get mo’ glow it limbo ‘til the sticks on flo’
All oppression’s born of lies, I don’t make the rules, I’m just one guy
All due respect, if getting spit on’s how respect is now defined
Hungry for truth but you got screwed and drank the Kool-Aid, there’s a line
It end directly at the edge of a mass grave, that’s their design
Funny fact about a cage, they’re never built for just one group
So when that cage is done with them and you’re still poor, it come for you
The newest lowest on the totem, well golly gee, you have been used
You helped to fuel the death machine that down the line will kill you too (oops)
Pseudo-Christians, y’all indifferent
Kids in prisons ain’t a sin? Shit
If even one scrap a what Jesus taught connected, you’d feel different
What a disingenuous way to piss away existence, I don’t get it
I’d say you lost your Goddamn minds if y’all possessed one to begin with
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold (cold, cold)
Yeah, ho, Gangsta Boo, Run the Jewels
We back on our shit, and it’s cold as fuck
The way I see it you’re probably freest from the ages one to four
Around the age of five you’re shipped away for your body to be stored
They promise education, but really they give you tests and scores
And they predictin’ prison population by who scoring the lowest
And usually the lowest scores the poorest and they look like me
And everyday on evening news they feed you fear for free
And you so numb you watch the cops choke out a man like me
And ‘til my voice goes from a shriek to whisper, “I can’t breathe”
And you sit there in the house on couch and watch it on TV
The most you give’s a Twitter rant and call it a tragedy
But truly the travesty, you’ve been robbed of your empathy
Replaced it with apathy, I wish I could magically
Fast forward the future so then you can face it
And see how fucked up it’ll be
I promise I’m honest, they coming for you
The day after they comin’ for me
I’m readin’ Chomsky, I read Bukowski
I’m layin’ low for a week
I said somethin’ on behalf of my people
And I popped up in Wikileaks
Thank God that I’m covered, the devil come smothered
And you know the evil don’t sleep
Dick Gregory told me a couple of secrets before he laid down in his grave
All of us serve the same masters, all of us nothin’ but slaves
Never forget in the story of Jesus, the hero was killed by the state
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold
Just got done walkin’ in the snow
Goddamn, that motherfucker cold (cold, cold)
Who really wanna run it with the Jewel Runners?
Go hellfire hot in a new sauna
It’s a cold winter baby and a cruel summer
I suicide bomb in the blue Hummer
And emerge out the side, not a bruise on ‘em
Bad news come in two son, do somethin’
Treat beats like a wet thigh, chew on ‘em
Got a stroke row crew on ‘em, move on ‘em
We be the heroes, the breakers of chains and the busters of locks (locks, locks)
You be them suckers supportin’ them snitches that talk to the cops
This the Illmatic of turning your face in to fucker foie gras
I’m not so sure opportunities knocking, it’s probably the law
Word to the old school tape decks
I get Radio Raheem respect
My Nike pendant sacred, similar to the Ghostface bracelet
Fire in the hole, oh no joke
Probably go broke just off smoke
Fuck are we gonna do, not smoke?
Get a job, play the role, be adults?
Nah, I’ma do me, arigato
First of all, they cheated (uh-huh)
‘Cause if one of them black and the other one white (uh-huh)
So if you don’t like ‘em, you automatically racist (ah, oh, well)
Public Enemy- State of the Union
Go, go, go, just go
Go, go, go (we have)
Whatever it takes, rid this dictator
POTUS my tail, Ass debater
Prime-time Preemo, rhyme-time crime
Like no other in this lifetime
White house killer, dead in lifelines
Vote this joke out, or die tryin’
Unprecedented, demented, many president’d
Nazi Gestapo dictator defended
It’s not what you think, it’s what you follow
Run for them jewels, drink from that bottle
Another four years gonna gut y’all hollow
Gutted out, dried up, broke and can’t borrow
State of the Union, shut the fuck up
Sorry ass motherfucker
Stay away from me
State of the Union, shut the fuck up
Sorry ass motherfucker
Stay away from me
State of the Union, shut the fuck up
Sorry ass motherfucker
Stay away from me
State of the Union, shut the fuck up
Sorry ass…

Sorry To Bother You (2018)

20 Jul

Sorry to Bother You es el debut del artista de hip hop y activista, no sólo del Occupy, sino desde los 90s, Boots Riley, en el cine. Estamos ante una obra que no parece en absoluto de un debutante, sino llena de madurez, que en todo momento sabe a qué quiere jugar, a dónde quiere llevarnos.

Visualmente, comparte algunos de los dejes de realismo mágico marca Gondry, Jonze, y Kauffmann. La diferencia estriba tal vez en que lejos del solipsismo de los dos últimos, Riley se mete de lleno en la gig economy de riders y teleoperadores (este proyecto es autobiográfico), en los conflictos raciales, en los iluminados empresarios de Silicon Valley.

Lakeith Stanfield como Cassius Green está muy bien como el protagonista que se ve atrapado en un conflicto moral, entre comprometer sus principios, y primero sobrevivir y luego prosperar. A costa del dolor ajeno, a costa de enfrentarse a las ilusiones sindicales de algunos de sus compañeros. El modo en que refleja Riley la intromisión del empleado telefónico directamente al comedor de tu casa es brillante, así como el concepto de “poner voz de blanco”, o, más avanzados en la trama, la empresa Worryfree, en la que uno cuando no tiene otro recurso decide venderse, como en la esclavitud de la Grecia clásica, y la evolución de ese modelo de negocio hasta un apoteósico final de ciencia ficción distópica.

Extrañamente Tessa Thompson es el eslabón débil del elenco, como la pareja del protagonista, cuya radicalidad en el arte de denuncia también se somete a contradicciones que no se exploran lo suficiente: Qué es contracultural, qué es efectivamente subversivo, y no sólo un producto en el mundo del arte.

Uno de los que roban la función es Armie Hammer como Steve Lift, el mesiánico, lunático, y psicopático empresario de Silicon Valley que monta una empresa de subcontrata basada en mano de obra esclava. Hilarante mezcla del iluminismo egocéntrico de Musk, la falta de escrúpulos de Bezos, el freakismo del control de Zuckenberg, el carisma impostado de Branson. Armie Hammer da un espectáculo y uno sólo acaba pensando que le falta sobreactuar para alcanzar un punto más de delirio.

Crítica social, fábula moral, denuncia de la nueva economía de plataformas, de la división racial, de la psicopatía del 1%, de los supuestos adalides del progreso que sólo han reinventado el látigo, del divide y vencerás… Y de la enorme dificultad personal y colectiva de realizar cualquier tipo de resistencia.

Uno no puede evitar relacionar el despliegue militar que este julio de 2020 ha realizado Trump en Portland o las quejas de lobbistas y políticos locales ante el hecho de que la izquierda extraparlamentaria de base que se está manifestando haya puesto los centros de Amazon y sus condiciones de trabajo en el punto de mira, con el clímax de la película.

Es un must.

Quis custodiet ipsos custodes?

29 Abr

Imagen de Laurent Durieux subastada por Mondo para causas benéficas relacionadas con el COVID-19 y los sin techo.

Nos quejamos de la policía de balcón, de los linchamientos en redes sociales, de los vecinos que tachan de ratas a los médicos dedicados a salvarlos pero que se convierten en cuerpos inconvenientes en su cercanía. El infierno son los demás sin duda.

Pero me gustaría ir más allá. A pesar de la vuelta de la biopolítica, de la que nos avisa el filósofo Agamben, parece que el esquema de Foucault se ha complicado, de un modo en que de tesis y antítesis, surge algo nuevo.

Foucault habla de medidas excepcionales por una plaga, como paso previo para explicarnos que el modelo panóptico del filósofo Bentham, de vigilancia anónima y discreta, es un nuevo paso evolutivo del poder. Ahora bien, esta plaga nos llega justo después de que el modelo panóptico se haya implantado efectivamente de forma cibernética: Hemos cambiado nuestro comportamiento vía redes sociales para convertirnos en vigilantes, llenos de prejuicios, de nuestros semejantes y… de nosotros mismos. Y en esto, en ese modelo de carceleros de nosotros mismos, llegó la plaga, y la excepcionalidad. Pero de esa excepcionalidad no surgirá un modelo completamente nuevo de vigilancia, sino que se refinará el modelo actual, que hemos naturalizado hasta el punto de no darnos cuenta de su funcionamiento.

Podemos presentirlo en la forma en que la información circula memetizada, a velocidad peligrosa, convertida en ruido, en veneno, en cascada incontrolada, en unos y ceros sin verificación, en emociones sincronizadas, como diría el filósofo Virilio, en un tiempo simultáneo que anula la Historia, pero también que diluye nuestra capacidad de reflexión y de individuación: El rebaño ciego del que habla Brunner, el escritor de ciencia ficción cercana, en su trilogía del desastre.

Podemos presentirlo en el modo en que se habla de nueva normalidad, en que, con una economía destruída, no asumimos la perplejidad de que, en términos productivos, somos totalmente prescindibles. La solidaridad y la resistencia solían tener la fuerza en sus números, en lo colectivo, y nos hemos visto obligados al aislamiento y la división entre los dignos de salvación y los dignos de lástima.

Hay una convergencia entre la vigilancia electrónica, el comportamiento memético, el miedo a perder nuestra precaria situación vital, y la vuelta del Estado, que algunos celebran como anéstetico para el dolor social de esta posguerra viral, otros como regulador de los excesos e imprevistos, y algunos, nos tememos, como fuerza tecnocrática del status quo.

Ya hay voces que hablan de que hace falta no una nueva normalidad, sino una singularidad, en que nuestro papel de individuos se valore de otro modo, en que no perpetuemos una vigilancia castradora, no en aras de un necesario control sanitario, sino en sintonía con un aterrador control social automático, un common sense que sancione como criminal al que no encaje en la normalidad, la productividad, y la resignación. Creo que debemos abordar la aventura de ser individuos de nuevo, y para vivir esa aventura, quizá debamos asumir que habrá desastres, accidentes, penurias, sangre, sudor y lágrimas, y que es nuestra tarea convertirlas en las piedras fundacionales de otro tipo de manera de existir. Una fuera de la zona de confort.

“El conocimiento vinculado al poder, no solo asume la autoridad de ‘la verdad’ sino que tiene el poder de hacerse realidad. Todo el conocimiento, una vez aplicado en el mundo real, tiene efectos y, en ese sentido, al menos, “se convierte en verdad”. El conocimiento, una vez utilizado para regular la conducta de los demás, implica restricción, regulación y disciplina de la práctica. Por lo tanto, ‘no hay relación de poder sin la constitución correlativa de un campo de conocimiento, ni ningún conocimiento que no presuponga y constituya al mismo tiempo, relaciones de poder”

(Foucault 1977,27).

“De ahí el efecto principal del Panóptico: inducir en el interno un estado de visibilidad consciente y permanente que asegura el funcionamiento automático del poder.

Entonces, para organizar las cosas, la vigilancia es permanente en sus efectos, incluso si es discontinua en sus acciones; que la perfección del poder debe tender a dejar su real ejercicio innecesario; que este aparato arquitectónico debería ser un máquina para crear y mantener una relación de poder independiente de la persona que lo ejerce; en resumen, que los internos deben ser atrapados en una situación de poder de la cual ellos mismos son portadores.

Para lograr esto, es a la vez demasiado y muy poco que el el prisionero deba ser observado constantemente por un inspector: muy poco, porque lo que importa es que él sabe que debe ser observado; demasiado, porque no tiene necesidad de ser así.”

“Cualquier individuo, tomado casi al azar, puede operar la máquina: en ausencia del director, su familia, sus amigos, sus visitantes, incluso sus sirvientes (Bentham, 45). Del mismo modo, no importa qué motivo lo anima: la curiosidad de lo indiscreto, la malicia de un niño, sed de conocimiento de un filósofo que desea visitar este museo de la naturaleza humana, o la perversidad de aquellos que disfrutan espiando y castigando. Cuanto más numerosos observadores anónimos y temporales son,  mayor el riesgo para el interno de ser sorprendido y mayor es su ansiedad y conciencia de ser observado”

“El panóptico funciona como una especie de laboratorio del poder. Gracias a sus mecanismos de observación, se gana en eficiencia y en la capacidad de penetrar en el comportamiento de los hombres; el conocimiento sigue los avances del poder, descubriendo nuevos objetos de conocimiento sobre todas las superficies en las que se ejerce el poder” 

“La ciudad afectada por la peste frente al establecimiento panóptico. Las diferencias son importantes. Marcan, a una distancia de un siglo y medio, las transformaciones del programa disciplinario. En el primer caso, hay una situación excepcional: contra un extraordinario mal, el poder se moviliza; se hace presente en todas partes y visible; inventa nuevos mecanismos; se separa, se inmoviliza, provoca particiones; construye por un tiempo lo que es a la vez una contraciudad y la sociedad perfecta, impone un funcionamiento ideal, pero que es reducido, en el análisis final, como el mal que combate, dualismo de vida y muerte: lo que se mueve trae muerte, y uno mata lo que se mueve. El panóptico, por otro lado, debe ser entendido como un modelo de funcionamiento generalizable; Una manera de definir el poder en términos de la vida cotidiana de los hombres.”

“El Panóptico es polivalente en sus aplicaciones; sirve para reformar prisioneros, pero también para tratar pacientes, instruir a los escolares, limitar al demente, supervisar a los trabajadores, poner a trabajar a los mendigos y ociosos. Es un tipo de ubicación de cuerpos en el espacio, de distribución de individuos en relación entre sí, de organización jerárquica, de disposición de centros y canales de poder, de definición de los instrumentos y modos de intervención del poder, que pueden implementarse en hospitales, talleres, escuelas, prisiones. Cada vez que uno trata con una multiplicidad de individuos en quienes se debe imponer una tarea o una forma particular de comportamiento, el esquema panóptico puede ser usado.”

(Foucault, Vigilar y Castigar)

Diario del año de la Peste- Daniel Defoe

6 Abr

“Durante algunas semanas la prisa de la gente era tal, que hacía casi imposible llegar hasta las puertas del corregidor; una muchedumbre apremiante se apiñaba allí para obtener pases y certificados de salud, como para viajar al extranjero, ya que sin los mismos no se les permitía pasar a través de las ciudades situadas en los caminos, ni se les daba alojamiento en ninguna posada. Ahora bien, como durante todo este tiempo no había muerto nadie dentro de la ciudad, el corregidor daba sin ninguna dificultad certificados de salud a todos aquellos que habitaban en las noventa y siete parroquias; y durante algún tiempo también a los que vivían fuera de la ciudad.
Esta prisa, como digo, continuó durante algunas semanas, es decir, durante los meses de mayo y junio, con mayor motivo aún, puesto que se rumoreaba que aparecería una orden del Gobierno para poner vallas y barreras en los caminos a fin de impedir que la gente viajase; y que los pueblos sobre los caminos no tolerarían el paso de los londinenses por miedo a que trajesen consigo la epidemia, si bien ninguno de estos rumores tenía otro fundamento que la imaginación, por lo menos al principio.

Entonces comencé a pensar seriamente en mí mismo, en mi propio caso y en lo que debería hacer conmigo mismo; es decir, si debería decidir quedarme en Londres o bien cerrar mi casa y huir como muchos de mis vecinos. He escrito este extremo tan detalladamente, porque no sé si podrá ser de utilidad a aquellos que vengan después de mí, si les aconteciese el verse amenazados por el mismo peligro y si tuviesen que decidir de la misma manera; por ello, deseo que esta narración llegue a ellos más en calidad de orientación de sus actos que de historia de los míos, puesto que no les valdrá un ardite el saber lo que ha sido de mí.

Me enfrentaba a dos cuestiones importantes: una de ellas era el manejo de mi tienda y mi negocio, que era de consideración y en el que estaba embarcado todo lo que yo poseía en el mundo; la otra era la preservación de mi vida en la calamidad tan funesta que, según veía, iba a caer sobre toda la ciudad y que, sin embargo, por grande que fuese, siempre sería mucho menor de lo que imaginaban mis temores y los de las demás gentes…”

 

“Las aprensiones de la gente estaban igualmente multiplicadas por los engaños de aquellos tiempos, en los que, según creo, las gentes eran, no puedo imaginar por qué causa, más adictas de lo que nunca fueron, antes o después de entonces, a las profecías y conjuros astrológicos, sueños y cuentos de viejas…”

“Por otra parte, resulta increíble y difícil de imaginar la manera en que los pilares de las casas y las esquinas de las calles estaban recubiertos de carteles de doctores y letreros de ignorantes individuos, sortílegos y entremetidos medicastros, que invitaban a la gente a acudir a ellos en busca de remedios, anuncios embellecidos con perlas como éstas: «Infalibles píldoras preventivas contra la plaga», «Preservativos seguros contra el contagio», «Eficacísimos cordiales contra la corrupción del aire», «Prescripciones exactas para guía del cuerpo en caso de contagio», «Píldoras antipeste», «Incomparable elixir contra la plaga, nunca antes descubierto», «Un remedio universal contra la plaga», «La única agua de peste verdadera», «El antídoto regio contra todo tipo de contagio»; y tantos más, que no puedo enumerarlos…”

” Mas aquí me refiero a las ordenanzas y disposiciones que se publicaron para gobierno de las familias contagiadas.
He mencionado la orden del cierre de las casas, y creo necesario agregar algo particular, pues esta parte de la historia de la peste es muy triste; y porque también es menester contar su parte más atroz.
Fue alrededor del mes de junio cuando el corregidor de Londres y el concejo de regidores empezaron a preocuparse más especialmente por la ordenación de la ciudad.

Los jueces de paz de Middlesex, por orden del secretario de Estado, habían comenzado a cerrar casas y viviendas en las parroquias de St. Giles-in-the-Fields, St. Martin, St. Clement Danes, etc., con excelentes resultados; ya que en varias calles en las que había estallado la peste, la epidemia cesó cuando se vigilaron estrictamente las susodichas casas infectadas y se puso especial cuidado en enterrar a los muertos tan pronto como se tenía conocimiento de su deceso.”

” Notificación que ha de hacerse de la enfermedad:

El amo de toda casa, tan pronto como cualquier habitante de la misma se queje, ya sea de pústulas o púrpuras, o de hinchazón en cualquier parte del cuerpo, o caiga enferma peligrosamente sin presentar síntomas evidentes de otra enfermedad, ha de notificarlo al examinador sanitario dentro de las dos horas siguientes a la aparición de dicha señal.

Secuestro del enfermo:

Tan pronto como dicho examinador, cirujano o investigador determine que una persona cualquiera está enferma de peste, dicha persona ha de ser secuestrada esa misma noche en la misma casa; y en caso de ser secuestrada, aunque luego no muera, la casa en la que ha enfermado deberá permanecer cerrada durante un mes, una vez que los demás hayan usado los medios preservativos de rigor.

 

Cierre de la casa:

Si cualquier persona hubiere visitado a cualquier hombre del que se sabe que está contagiado de la peste, o hubiere entrado voluntariamente en cualquier casa que se tenga por infectada, no estando autorizado, la casa en que habite ha de ser cerrada durante algunos días por instrucción del examinador

Diversiones:

Que se prohíban terminantemente todas las diversiones, bailes de osos, juegos, cantos de coplas, ejercicios de broqueles y similares motivos de reunión del pueblo; y que las partes transgresoras sean severamente castigadas por cada regidor en su distrito.

Prohibición de festejos:

Que se posterguen todos los festejos públicos, particularmente los de las compañías de esta villa, y las cenas en tabernas, cervecerías y otros lugares de esparcimiento público, hasta nuevo aviso y autorización; y que el dinero así ahorrado sea conservado y empleado en beneficio y auxilio de los pobres atacados por la enfermedad.

Tabernas:

Que se reprima severamente todo exceso y desorden en las tabernas, cervecerías, cafés y bodegas, como pecado público de este tiempo y por ser mayor ocasión para diseminar la peste. Y que no se permita a grupo o persona alguna permanecer ni entrar en ninguna taberna, cervecería o café para beber después de las nueve en punto de la tarde, según la antigua ley y costumbre de esta ciudad, bajo las penas prescritas por la misma.”

Diario del año de la Peste- Daniel Defoe