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Vagabundo

15 Jul

Vagabundo

En ninguna
parte
de la tierra
me puedo
arraigar

A cada
nuevo
clima
que encuentro
descubro
desfalleciente
que
una vez
ya le estuve
habituado

Y me separo siempre
extranjero

Naciendo
tornado de épocas demasiado
vividas

Gozar un solo
minuto de vida
inicial

Busco un
país inocente

(Ungaretti)

Davide Dagostini
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Islas en la Red s02e00- Las ciudades Invisibles- Italo Calvino- Parte III

27 May
  • Volvemos a emitir desde Micronesia, esta vez para cerrar el audiolibro Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, algo que estaba pendiente.
  • Próximamente habrán nuevas emisiones con podcast sobre Charlie Manson, Unabomber, Jim Jones y el asalto a Waco, sobre Bob Rafelson, Hill Street Blues, The Specials, Demolition Man, discos de 2017 a 2019 y otros cuantos…
  • Espero que les guste. Islas en la red s02e00- Las Ciudades Invisibles- Italo Calvino- Parte III

CHARLES

15 Nov

Es sólo que realmente no estoy al tanto de la política

5 Nov

la violencia engendra más / violencia / o eso me han dicho / pero todos los rascacielos de esta ciudad / siguen de pie / a pesar de la sangre / que construye un bote debajo de la lengua / después de pronunciar su nombre / la violencia engendra / más fotos oportunistas / frente al incendio de / un templo/ me presento a la resistencia / y alguien me da una rosa / el color de la rendición / la violencia engendra sed / una nueva necesidad / de agua limpia / debajo del negro / y manchado cielo / levanté un puño / adentro de un guante / cosido en un país / apartado por nuestras bombas / compré los guantes en una tienda / después de la medianoche / me atendió una cajera con una foto / de su hija en el pecho / y parecía que había estado llorando / antes de que yo llegara / la violencia engendra hambre de afecto / a toda costa / me siento en un auto en marcha / y cuento todas las cosas / que aún no han sido tragadas / por los fantasmas cornudos del imperio / si tú creas tu propia prisión / tú puedes encontrar tu propio mapa / que te conduzca a la libertad / el humo de todos nuestros motores / están haciendo señas al sol / cerca / los océanos se están levantando / a la altura de un niño / sentado en los hombros de su madre / señalando el horizonte / con un dedo / que tiembla

 

( Hanif Abdurraqib)

adam zagajewski

28 Oct

Cómo acabar con la contracultura

15 Oct

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El libro de Jordi Costa “Cómo acabar con la contracultura” es un estudio interesante y necesario de la cooptación de lo contracultural, de difícil definición e implantación en la España franquista, por el establishment. Cabría tratar de definir ese concepto inasible, qué es contracultura en España, y profundizar en su difícil arraigo en un país aislacionista, buen apunte la influencia de las bases norteamericanas.

Algunos momentos muy acertados (el flamenco progresivo de Smash, las Jornadas libertarias con Ajoblanco) y muchas conexiones bizarras (El Palmar de Troya, las digresiones con una youtuber actual) que no voy a criticar pero tampoco jalear.

Filias exageradas (Sisa). Palmarias ausencias, sobre todo en el terreno de las letras (desde los Panero de El Desencanto a Haro Ibars, Gil de Biedma, a otros francotiradores más outsiders), o el cine (francotiradores como Berlanga y su Tamaño Natural son contracultura, espías dobles que se infiltran en el mainstream pero que son más radicales que los radicales) y una fijación exagerada en lo artístico con Nazario y Mariscal, que se comen medio libro. Mariscal, probablemente, santo y seña del aburguesamiento, está sobredimensionado como estandarte contracultural, mientras el equipo Crónica ocupa comparativamente un espacio pequeño.

No se analiza bien el paso al mainstream con la Movida, el proceso de cooptación, seducción e incorporación a una cultura oficial, finalmente patrocinada, y se es especialmente condescendiente con cineastas como Almodóvar, si bien se contempla muy convenientemente la figura clave de Iván Zulueta.

33 Revolutions Per Minute: A History of Protest Songs, from Billie Holiday to Green Day

5 Ene

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Totalmente necesario, ameno, fielmente documentado…

Pero con un sesgo muy muy fuerte hacia los USA. Una demostración de conocimiento enciclopédico especialmente en la fase folk y de música negra, pero fuera del martirio de Victor Jara, de una visita a Jamaica, y de Fela Kuti, a Lynskey no se le ocurre mirar fuera de su propio entorno, y cuando lo hace, en ocasiones causa perplejidad como cuando califica las canciones protesta de Lennon, incluida Imagine, de chapuceras e insinceras. Por lo demás, UK sólo existe por cuanto a The Clash, Sex Pistols (pero para nada PIL o el post-punk) y Specials, o tal vez Style Council. En este universo, Morrissey nunca escribió sobre Thatcher. Desprecia con cierta razón los años del brit-pop, despolitizados (a pesar de que ignora a Pulp, con su Common People, Cocaine Socialism, I am a Man, Miles End…por ejemplo).

Pero también lo hace con la tradición de los 60s, especialmente en UK, pero también reserva su desdén al hippismo (Abbie Hoffman, MC5, Jim Morrison). El sólo ejemplo del video de “A whiter shade of pale” de Procol Harum vale como demostración de que se debe exhumar mayores logros del hippismo como movimiento político.


Pareciera que por ejemplo los Kinks no hubiera cantado contra la vivienda-basura en Dead end street, o no hubiésen hecho 5 discos políticos como Arthur (pacifismo) Village Green (ecologismo-hippismo) los dos Preservation Acts, o Schoolboys in Disgrace (sistema educativo). Tampoco hay trazas de que Pink Floyd hubieran sacado The Wall (alienación) y resulta de chiste que mencione War Pigs (Deep Purple) por la versión de Flaming Lips, mirando a otro lado en cuanto al hard rock y el heavy (Iron Maiden). 


Es genial que reivindique la música disco como galvanizador del movimiento gay, pero ignora completamente el glam rock como liberación gay (Polnareff), o el tecnopop europeo (Communards, Pet Shop Boys). Comete la exageración de elevar a los Radiohead pre-hail to the thief a grupo político de los 90 por excelencia mientras que grupos ambiciosos como Porcupine Tree no merecen ni mentarse.


Australia y Mignight Oil, no se mencionan. La música francófona, de Edith Piaf a Jacques Brel (con su música pacifista, antiburguesa, rabiosa en ocasiones) o a la efervescente escena hip-hop francesa, no se mentan. Ni que decir tiene que Jara y Fela Kuti son los únicos artistas no anglófonos. La canción protesta española (Paco Ibáñez), el santo y seña portugués (Grandola Vila Morena), el cancionero antifascista italiano (De bella ciao en adelante), cualquier tradición lusófona de Brasil, Angola o Mozambique, la música griega, el rock turco y la escena de Líbano, fértil en músicos de diáspora iraní, palestina y siria, la música de los balcanes en los 90s, el cono sur de Argentina y Uruguay (Jorge Cafrune), centroamérica (de la fértil tradición folk mexicana a los narcocorridos que denuncian la connivencia de los cárteles y la política), todo ausente, como la música el Europa del Este en los 80s y 90s, como los Kult en Polonia, y mientras se contempla el ombligo con las Dixie Chicks, las Pussy Riot y la escena punk-gay en Rusia no se contemplan. 


Desconozco, desgraciadamente, las escenas musicales del norte de África (el Rai, Egipto) y de Asia (me da la impresión que fuertemente reprimida incluso en Japón) pero como mínimo merecían una investigación.


Con todo, y a pesar del exceso de atención a figuras dudosas como Bono o Geldof, o el hecho de que Green Day exista con una dimensión mayor a Bad Religion y Radio4 (ausentes), es un documento imprescindible y arrebatado acerca de la importancia de la música con mensaje, del activismo, de la canción como medio artístico vehículo del cambio, del reflejo de la sociedad en que vivimos.