Tag Archives: Bárcenas

Ser acusado, manual de instrucciones

30 Ago

Finge no estar al corriente de las acusaciones dirigidas contra ti. No cambies tu forma de actuar en aquella materia objeto de las acusaciones, como si te sintieras culpable; de lo contrario, tu acusador se sabrá descubierto y actuará en consecuencia. No obstante, siempre que se te presente la ocasión, habla de él como de un enemigo jurado, un especialista de la delación. Añade que si bien los jueces desean que haya delatores del mismo modo que en la guerra es deseable que haya traidores, no es recomendable ser su amigo.

Afirma que tiene por costumbre proferir las mismas acusaciones cuando ataca a otros en tu presencia. Que las personas como él no actúan ni por el sentido de la justicia ni por el sentido cívico. Que los jueces no deberían tenerlos por aliados sino por lo que son: enemigos sistemáticos del honor ajeno, y que, si les escuchan creyendo que pueden serle útiles, sufrirán personalmente las consecuencias.

Escúdate en una dignidad taciturna y arrogante. Sumérgete en tus asuntos como si quisieras distraerte y consolarte de las bajezas del mundo ocupándote de cosas que realmente merecen la pena. No obstante, continúa alimentando el odio contra el hombre que te ha acusado, y estudia la manera de hacer frente a la situación en que te encuentras por su culpa, aunque sin tener reparos en pedirle consejo como amigo querido.

Aunque alguien te acuse de hechos odiosos ante un tercero con el objetivo de enemistarte tú con él, tú, en cambio, debes hablar siempre en tono elogioso de tu acusador ante ese tercero.

Desde el principio de un proceso, difunde la idea de que tu adversario es el auténtico culpable de aquello que se te acusa. O bien subraya que este proceso se refiere esencialmente a hechos por los que ya has pagado. O incluso destaca que el hombre que te acusa, por ejemplo, fue expulsado del ejército por orden de un tribunal recientemente.

Si has de responder de varias acusaciones, no pierdas toda credibilidad negándolo todo en bloque. Reconócete culpable de algunas faltas menores, aunque no sea cierto, a fin de aportar prueba evidente de tu honradez, y para no dar imagen de que te crees irreprochable.

(Breviario para políticos, Cardenal Mazarino)Mariano_Rajoy_espaldas

Lo sólido está ausente

30 Abr

amanecer

No reparan en medios

Cuídate de aquel que dice representar
la voz de muchos.
Tal vez lo hace.

Cuídate de aquel que dice hablar
sólo por su cuenta.
Tal vez lo hace.

Cuídate de aquel que sólo asiente
con la cabeza.
Mañana el asentimiento puede afectarte a ti.

Cuídate de aquellos que sólo quieren vivir
su vida en paz.
No reparan en medios.

(Claes Anderson)

"Humanitarismo y política se excluyen, en el fondo, entre sí. 
Ambas cosas son necesarias, pero servir a ambas a la vez, es imposible.
La política exige el partido, el humanitarismo lo prohíbe."

(Herman Hesse)


Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de 
eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: 
cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone 
diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho

(Gramsci)

"La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos 
sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, 
de los delegados sobre los delegadores.
Quien dice organización, dice oligarquía"

(Robert Michels)

Amamos odiarlos. La figura del villano nos redime aparentemente y nos alivia nuestra propia carga moral (el hombre condenado a ser libre de Sartre, pero también de Fromm).

Bárcenas (O Urdangarín) es el malvado necesario en el cual descargar nuestro odio. Lo es con fundamento, por su descaro, por sus flagrantes crímenes, por su orgulloso cinismo.

Suspiramos aliviados, y tenemos a nuestro tótem, nuestro muñeco, nuestro culpable. Y no somos nosotros, entonces, más que piezas frágiles de un sistema demasiado podrido, demasiado vasto, una oscura tela de araña que atrapa a todo aquel que se aventura a salir en busca de lo público común, de la política.

Quemamos a nuestros muñecos en la falla. Camps, Zapatero. Vudú de andar por casa. Y permanecemos aparentemente puros. ¿Lo somos? permanecemos encerrados en un mundo impecable mientras sabemos que el barco se hunde. ¿Qué es del mundo cuando los hombres buenos abdican de tratar de influir en su marcha? ¿Somos responsables de aquello que no hacemos, de ver el accidente a cámara lenta y no tratar de impedirlo?

¿Es el precio que Robert Michels describe en la manera en que el partido doblega al individuo demasiado alto? ¿Ser engranaje de una maquinaria tacticista de poder, y quedar maleado en los juegos orgánicos, o renunciar a intervenir replegado a la esfera individual en una utópica burbuja de seguridad y pureza predicada por Fukuyama y su fin de la historia? ¿Son las únicas posibilidades?

Es cierto que la auténtica revolución no es la de estandartes, piedras, fusiles, o asaltos al congreso, sino un callado cambio en el alma del hombre, un cambio nada evidente, un cambio que opera a nivel individual y sólo se expande con nuestros actos en el círculo más directo. Pero, aún siguiendo al Fromm de “Ser y tener” en esto (o a Hesse), renunciar a intervenir más allá es de hecho intervenir ya de una determinada manera. No deberían de ser posturas inconciliables.

Michels sigue siendo dolorosamente lúcido, no nos hagamos ilusiones, pero su camino es la renuncia del hombre bueno por miedo a perder su bondad. Su camino es la tecnocracia o el fascismo. Platón no era exactamente un demócrata, pero ya avisaba que quiza el mejor gobernante sería el más reacio hacia el poder.

Pero no sólo eso. El fantasma de la renuncia del ciudadano a serlo, con toda su responsabilidad, no es sólo el fin de la democracia. Es el fin de la propia utopía individual en que en última instancia se refugia. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.

La brecha se agranda y perdemos pie, porque el mundo llama a la puerta de nuestro refugio. Y no hay nada más peligroso que un sonámbulo que despierta bruscamente de su sueño. El mundo seguro que conocemos muere, el mundo que fue prometido a mi generación, jóvenes cachorros del desarrollo de la era clintoniana esta muerto. El Estado de bienestar es el del malestar, el ministerio de empleo, el de desempleo, el de economía, una franquicia de Bruselas, y nuestro pequeño refugio se achica amenazado por cuotas impagadas y facturas.

El precio es alto, y nuestra capacidad de interpretar el mundo colapasa con ese despertar traumático. Empresarios arruinados, negocios cerrados. Y la sensación de que el futuro no es lo que era. Desesperación.

Italia. Carabinieri muertos por un hombre como los que acabo de describir, un hombre que podría ser mi vecino, un hombre normal. Esa es la terrible verdad del tirador solitario en la investidura de Letta. Una verdad más terrible que la de la era de plomo de las Brigadas Rojas.

El gesto terrorista es siempre un gesto de impotencia, de, según Enzensberger, un “perdedor radical” cuyo método destruye la idea o la causa subyacente. Pero en este caso no hay una interpretación, no hay un modelo alternativo tratado de imponer por la fuerza del terror y la sangre. Hay la mirada vidriosa y desconcertada de un ciervo deslumbrado por las luces de un coche a punto de arrollarlo.

Es un gesto vacío de un hombre vaciado de sentido y de futuro, y veremos más como él. Un gesto de impotencia que es el espejo de la impotencia de la política misma, y por eso nada incoherente con el momento y el lugar elegidos (la impotencia del gobierno de concentración de Letta) para explotar en un día de Furia a lo Michael Douglas.

Y los hombre buenos deberían tratar de decir algo al respecto. Decir que hay esperanza. Decir que no son los “indiferentes” a los que Gramsci odiaba. Ofrecer una salida al grito de rabia, y un acto coherente al que no puede contener ya su ansia de gritar “no entiendo nada”. Cuando hablo de hacer, en ocasiones sólo hablo del acto más radical posible: Pensar. Zizek a menudo habla de dejarse guiar menos por las urgencias y pensar en el marco general como un requisito para llegar a algún lugar de verdad fecundo. Pensar es hoy un acto verdaderamente peligroso y verdaderamente revolucionario.

Y verdaderamente urgente. Porque el auténtico fascismo avanza por Europa en dos frentes contrapuestos: El populismo nacionalista y xenófobo, y la renuncia de la política en una clase técnica.

La ausencia de una respuesta, de una oposición, de un frente, y de un tomar partido hasta mancharse sólo alienta el desvanecimiento de la política, hasta un punto que nuestros hijos tal vez desconozcan el significado de tal palabra. “No hay alternativa”. Sin opciones para elegir, y hombres dispuestos a dar el paso para defenderlas, a pesar de sus propias reservas de diluirse en la lógica partidaria, estamos acabados como democracia. Es la renuncia en el determinismo y el fatalismo, en la esperanza de que otros (¿quiénes?) hagan lo que nosotros no queremos hacer.

Hay que poner el individuo y el alma, el ideal, la inocencia, la decencia, como principio irrenunciable. Pero renunciar a participar es la derrota de todo esto que tratabamos de salvaguardar. No hace falta recurrir al poema de Martin Niemöller. En el Mefisto de Klaus Mann, no son pocas las excusas para no tomar partido de su protagonista, quién en última instancia acaba siendo un actor frente a si mismo.

Tenemos que saber lo que nos jugamos entre el barullo informativo diario, la tinta lacerante del diario, las voces de ultratumba de los muertos tertulianos que hace mucho no respiran más que por las heridas de sus bocas gangrenadas de medias verdades, por las heridas fétidas de los grupos de comunicación, por los exabruptos y los cinismos de la política del enfrentamiento y la desfachatez, y en última instancia por la dramática consecuencia, por la desesperación de los hombres que sólo quieren vivir en paz, y como el poema de Anderson apunta, no repararán en medios.

Hace falta la voz de los hombres buenos. Por favor, no os calléis.

Split: Los muertos andantes/La vanguardia

1 Feb

1314863115-f7650c8dc07e634eacccd3d8cd9f2337

“Soy partisano, vivo, siento en la conciencia viril de los míos latir la actividad de la ciudad futura que están construyendo. Y en ella la cadena social no pesa sobre unos pocos, en ella nada de lo que sucede se debe al azar, a la fatalidad, sino a la obra inteligente de los ciudadanos. En ella no hay nadie mirando por la ventana mientras unos pocos se sacrifican, se desangran en el sacrificio; y el que aun hoy está en la ventana, al acecho, quiere sacar provecho de lo poco bueno que las actividades de los pocos procuran, y desahoga su desilusión vituperando al sacrificado, al desangrado, porque ha fallado en su intento. Vivo, soy partisano. Por eso odio a los que no toman partido, por eso odio a los indiferentes.”

(Antonio Gramsci)

Me gusta mucho la diferencia de matiz entre los vocablos del inglés y el español, en lo que se refiere a los no muertos. Mientras que “los muertos vivientes” implican cierta vida tras la muerte, muy acorde con el background cristiano, los “walking dead” están muy lejos de eso. Caminan, realizan ciertas funciones mecánicas, pero los anglosajones se guardan mucho de calificarlos como “alive”.

¿No es eso un poco lo que ocurre con los pártidos de la Cultura de la Transición? Caminan pero no están vivos. Y su estado vegetativo, destructivo y antinatural, es lo contrario a la vida, es la podredumbre.

Muy poco he vertido en esta página desde hace tiempo, acerca del signo de los tiempos. De la ira y el miedo ciudadanos, y del sistema convertido en problema. En parte por el gatopardiano convencimiento de que algo pasa para que todo pase (de largo).

Tangentopoli again, Como en Italia en los 90,  pero donde los indignados italianos eran cientos de miles, ahora son callados millones en sus casas, aunque en las calles decenas, apenas centenas. No me malinterpreteis, ellos existen y dignísimos alzan su voz, pero nos faltan voces

¿Por qué?

Ha sido minada la capacidad de asombro, ha sido minada la capacidad de creer que mi acto de denuncia significa una diferencia. Leed, amigos, leed el “odio a los indiferentes” de Gramsci. Porque necesitamos de exabruptos y lúcidos alegatos.

Si, es época de vacas flacas y alegatos. Es época de mudanza, es época revuelta, ¿cuál no la ha sido? como mucho el breve suspiro keyneisano, que llegó a este país de refilón, ya aligerado de esperanza y convicción por la crisis del petróleo.

En Italia la montaña parió un ratón, o una rata mala para ser exactos, y de tantas gargantas roncas de gritar, salieron escaños populistas y presidentes infames.

¿Qué hacer?, preguntaba Lenin. No diré presuntuosamente qué hacer, sino que os lo pregunto, compañeros, esperando que seais conscientes, por fin,  que no hacer es un hacer en sí mismo, un otorgar callando, un cheque en blanco. Y la chequera ha sido demasiado generosa.

Lo malo de los muertos andantes es que, al menos en las películas, sólo una bala en la cabeza acaba con ellos. Son resistentes. Lo malo de las metáforas es que sólo alcanzan a arrojar luz hasta cierto punto, pasado el cual pueden ser excesivas. Debemos encontrar el equivalente democrático a esa acción drástica y definitiva.

Los partidos de la democracia transitiva (y uso muy conscientemente ese adjetivo, y sumo transaccionada, y transida, y transilvana si me apuran) seguirán mecánicamente haciendo sus funciones de muertos devoradores de vida. Cambiarán nombres y hombres, y los sobres seguirán con destinos distintos: Los jueces serán acosados, la policía económica, desarticulada (como en Palma) cual comando terrorista, los tiempos, alargados, agónicos, esperando prescripciones, y excepciones, indultos, olvidos, desmemorias…

La bala, al menos la bala metafórica, la tienes tú. La bala eres tú. El miedo o el cinismo no nos puede disuadir, no nos puede apartar, porque lo público nos afecta, porque está en juego lo que es de todos: el sistema por el que nos gobernamos, y la gobernanza que sostiene nuestros derechos sociales conquistados con la sangre y el esfuerzo de los nuestros, de nuestros padres y abuelos.

Los muertos andantes se aferrarán, negarán, patalearán… Agotarán legislaturas enrocados en una supuesta responsabilidad frente a la crisis, en la legitimación de unas elecciones conquistadas a base de mentiras programáticas y con la campaña pagada por los zorros que cuidan a las gallinas,  pactarán entre ellos si fuera necesario. Como ya hicieron para reformar el tabú irreformable de la constitución.

¿Un gobierno de coalición PP-PSOE? no sé si veremos eso formalmente, pero… ¿no lo estamos viendo un poco de facto? Cuando el púgil golpea en blando a un contrincante que ofrece su peor cara, es que el combate está amañado. Y sí, es un mal símil, porque la democracia no es un combate cainita, en ella no se vence sino que se convence. Pero hemos vivido de una falsa dicotomía, de un falso antagonismo para jalear y movilizar a las propias huestes, y el amaño es tan palmario como perfecto para mostrar la complementariedad de azules y rojos (desteñidos).

En la Comunidad Valenciana vivimos en la vanguardia. Lo que parecía excepcional, lo que nadie se explicaba por su especial notoriedad, el “caso valenciano”, es sólo un apéndice de una podredumbre mayor, total, casi diría constitutiva de nuestra sociedad:

Una sociedad refundada en el conformismo de unas leyes franquistas que legitimaron un borrón y cuenta nueva, o ley de punto final, un pack constitucional con monarquía incluída sometido a votación de todo o nada, una continuidad exacta desde MATESA a FILESA pasando por NASEIRO y hasta ahora…

¿Éramos inexplicables en nuestra tibia fibra moral los valencianos? Gurtel y Blasco, Brugal y EMARSA, Comisiones y prevendas, Consellers de lo social robando a los más necesitados; la inexplicable levedad del estamento judicial en el caso Fabra…

No. Somos los Übermensch. Los elegidos como Tierrra de promisión que ahora se ofrece al empresariado catalán como alternativa sencilla (sabemos el precio de cada cual, sin otras consideraciones mistificadoras). Disponemos de aeropuertos sin aviones, entre otras cosas, por si la combinación ferroviaria les parece muy del proletariado.

Elegidos como sociedad del turismo descabellado y monumental, soñada como burguesía ingenuamente universalizada.

Sociedad Constructora S.A., de los sobrecostes, de las obras, de las comisiones, de las depuradoras y basuras convertidas en minas de oro, de los duques empalmados, somos la parte que explica al todo, el síntoma de una efermedad más general.

Una enfermedad en la cual media oposición, rendida y acomodada, se adormece con la siesta de los estómagos agradecidos mientras los delirios y los sobres lacrados, los amigos y afiliados, todos ellos se descubren enriquecidos, cómodos al calor del fuego prometeico del poder arbitrario.

Entre tanto la escuela y el hospital se hunden (en algunos casos literalmente, cascotes incluídos), y se desprestigia lo público con la inestimable ayuda de la gestión propia, repartiendo las migajas, privatizando en favor de los allegados por un precio suculento, y cercenando los derechos ciudadanos.

Somos vanguardia también en la resistencia, en la primavera valenciana que descongelaba el cinismo, en la existencia de grupos, colectivos, voces críticas que hacen preguntas incómodas precisamente por ser incómodas.

El hombre que no es político, que no se interesa por el asunto público, era para algunos pensadores griegos un mero animal de carga. No llegaré tan lejos, pero que nadie se sorprenda si acaba en el matadero sin saber cómo ha llegado.

Valencia es vanguardia, y el mito de la sociedad dinámica, llena de emprendedores, sobrevive. Corruptores lanzan ideas mesiánicas. Se habla de una Mercadona responsable de pagos, mientras el Gurú (Nuestro Amado Líder) plantea una Lanzadera para emprendedores. Está bien emprender, está mejor comprar voluntades e ideas.

Su fondo Atitlán esperaba devorar la sanidad. Su red de poder esperaba llegar a influir en las ruinas del sistema bancario valenciano. Su lobby AVE disputa con las asociaciones empresariales tradicionales la capacidad de presionar políticamente.

Su incursión en la exportación de vinos ha acabado cobrándose la pieza del ejecutivo que planeó la operación. Premio al emprendedor. No hay acritud, son los negocios.

El problema es que los negocios y la política, y la doxa económica, y el tufillo a lo Ayn Rand en pantuflas del Empresariado Español, acaben por ser una misma cosa.

Hagamos una lista: Díaz Ferrán, Fátima Báñez, Montoro, Bárcenas, El Bigotes, Camps, Rato, Urdangarín, Trillo, Cascos, Pepiño Blanco, Correa…

Qué tropa, que dijo aquel. Pero si no salimos a la calle, ni nos mojamos, esa tropa, esa maldita tropa de fantoches han ganado. En Valencia lo sabemos, Hemos sufrido a Blasco 30 años, con unos, con otros. Darse por vencidos es darles el dinero en la mano y la razón al cinismo de que el sistema es así.

Con este sistema conmigo que no cuenten. Porque resistir es rebelarse y rebelarse es ganar algo más que unos fondos perdidos, ganar una dignidad que nos ha sido arrebatada, un sistema de gobierno que puede y debe ser mejor, y un futuro sin una plaga que nos asole.