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Supersonic

7 Nov

knebworth

¿Es mi imaginación

o finalmente he encontrado algo por que merece

la pena vivir?

(Oasis, Cigarettes and alcohol)

Internet mató a la estrella de la radio…

Es difícil hablar de una película que es parte de una banda sonora sentimental, y hacerlo a su vez sin tratar de arruinar la experiencia del fan que no la ha visto. Sin explicar en qué momento acaba el metraje, en quiénes se han convertido ellos para entonces, en quienes nos convertimos nosotros durante el viaje. El documental es la experiencia del viaje mismo que emprenden, y a un ritmo envidiable.

Es un gran documental, y hay quién piensa que debería ser otro. Que debería hablar de la época, la sociedad, la política, la escena musical. Hay quienes pedían The Last Party, el libro de John Harris, hecho película.

No es así. Es la historia de dos hermanos. Viviendo la vida en el extrarradio obrero de Manchester. Soñando escapar. Es una historia que puede repetirse, que se repite, que ya ocurrió, que ocurrirá. Podría ser la historia de los Kinks en los 60s, podría pasar mañana. Es la excitación de formar una banda, de descubrir que tu hermano de pronto es una fuente inagotable de talento, de ser el frontman que desencadena su rabia como un Sex Pistol, de dar bolos insignificantes por tres años sin una nota al pie de página en ningún lugar, hasta que ocurre una coincidencia fortuita.

Es fácil pensar que fue fácil llegar a construir en esos primeros años un repertorio mágico, de pasar de tocar de 30 a 250.000 personas. De tener a 2,6 millones de personas queriendo comprar el ticket para Knebworth. Es la última gran banda de estadio. Internet cambió la cultura musical, el trapicheo de cintas, la excitación de aguardar y de descubrir, de mostrar y de iluminarse. En aquel entonces, en aquel lugar, la canción adecuada era una verdad revelada y es probable que se te marcara de por vida.

Oasis emprende en este documental una travesía del desierto alimentados por la ambición, la arrogancia, la rivalidad amarga y de vocación fraticida, y la pura desesperación de no poder volver al lugar de salida bajo ningún concepto. El pánico y no tanto como la esperanza es un poderoso motor creativo. Se les piensa simples, se les acusa de haberse pagado un publi-reportaje. Nada más lejos. Son complejos y llenos de matices.

Hay cierta nostalgia pero no sólo por quienes llegaron a ser, y ya no son, ni por los adolescentes que fuimos, la nostalgia es la justa, la que comienza no hoy, sino en el momento álgido, el momento en que algo en sus almas se pierde en pleno viaje al corazón de la industria, un maelstrom imparable y sólo sugerido, un goteo de amigos en el camino, un perder pie.

La grandeza tiene un precio, y si hay un lamento fue no haber acabado en el punto más alto para poder volver con los bolsillos llenos al pub de la esquina a volver a quedar con el granuja que roba discos en la tienda del centro, no poder volver a escuchar The Queen is Dead por primera vez… y lamentarse porque tal vez estos tiempos son tiempos con tantos estímulos, tantas opciones, que ninguna ofrece el suficiente arrojo como para hacerte sentir mariposas en el estómago en tu primer concierto.

Creo que Liam añora mucho más los autobuses con sus roadies, los conciertos de Stone roses, los partidos del City en los descansos de las sesiones del Morning Glory.

En cuanto a Noel, él siempre fue un gato. Independiente, bocazas, ambicioso, creativo. Tal vez solo le haga falta tocar en el garage de Paul Weller.

Son millonarios, no lloran, no se compadecen, más bien se maravillan de su suerte y se muestran agradecidos de un fenómeno del que no se consideran centro. Sus canciones fueron apropiadas por la colectividad como parte de sus vidas, y ese es el misterio que emociona a Noel.

Y nosotros, que crecimos en aquel entonces, en aquella época, sólo podemos emocionarnos por este regalo, por confesiones sólo casi verdaderas, por música rock e historias épicas de Working class heroes.

Gracias.

Disco del mes: 360

14 Jun

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Haríamos mal en clasificar el 360 de Supernaturals como un mero retorno nostálgico y revivalista del britpop. Se trata, tras una destacada y coherente ausencia de años, de su mejor y más completo trabajo.

Comienza con un afecuoso abrazo beatle, un “dulce George” que se atreve a jugar a imitación y homenaje desde el prinicio, con enorme acierto. Un autoconsciente quitarse el sombrero con unas voces divertidas y un encantador y machacante estilo pegadizo a lo wah wah.

De pronto los escoceses parecen con su Air hostess ponerse sofisticados, y por momento suenan a los mejores The Auteurs, o en lo musical, de nuevo juguetones y remisos a tomarse en serio, a Super Furry Animals. Un ritmillo frenético y obsesivo.

Zombie es una balada muy discreta, pero “something to believe in” parace que nos da de nuevo algo en lo que creer. Es una de esas canciones que pueden parecer un tanto planas de primeras, pero que tienen espacio para alcanzar un estatus mayor, porque llevan en su interior algo más.

All rivers down me recuerda a Dodgy, que en ocasiones fueron los verdaderos herederos noventeros del instinto pop de Brian Wilson (good enough) y en otras eran sólo un grupo más de desenfadados entusiastas  envueltos en humo verde.

Horse song es otra de las joyas. El modo de escupir los versos, tan característico, nos podría remitir a lo mejor del pop británico (Jarvis Cocker, The Charlatans, Wannadies) pero con el acento pop tan propio de Supernaturals. La urgencia y la angustia con que visten la pieza combina perfectamente con el vitalismo pop. Agridulce.

Control me es otra de las piezas clave que hacen de esto un ejercicio de pop perfecto. Con el tiempo descubrí grupos teóricamente menores y sin la publicidad del NME, como Spearmint que guardaban enormes sorpresas (especialista en canciones para romper, con una carcajada). Mucho del estilo de aquel grupo lleva  esta control me, una canción-reproche perfecta.

Hanging around de nuevo mezcla perfectamente la brillantez pop con la urgencia y la amenaza, una suerte de music hall a lo Kinks electrificado. Sencillamente espléndido.

Hay una serie de medios tiempos de entre los que destacan Just Love y alone with my thoughts, encantadores. Pero la citada zombie, guardians angels y meteorites son de la misma pasta, y no nos encantan tanto.

Y está Born Again. La despedida. Todo un himno. Con su guitarra reiterativa, con su cadencia marcada, con su voz escupida, canallesca y emocionada al tiempo, que habla de nacer de nuevo. Una canción mayor, una barbaridad, el mejor single de lo que he escuchado este año, una forma de igualar cotas pasadas sin pagar un elevado tributo de nostalgia. Una canción como no sería capaces de facturar unos Blur.

Una canción forjada desde la voluntad de crear, no desde la del mero rememorar. Este disco respira verdad, respira ilusión, y eso no me lo esperaba.

20 años de Parklife

26 Abr

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Habían declarado sus intenciones con Moren Life is Rubbish. Estaban haciendo una trilogía que pasaría a la historia (junto a The Great Escape). Parklife es un mosaico de relatos y leyendas, de acantilados de Dover, de juventudes londinenses frustradas ante el fin de siglo, angustias afrancesadas, depresiones y ansiedades neuróticas en la era del blairismo, de chicos y chicas, bailando en Ibiza, amores de Metrópolis hastiados en clave tecnopop.

Parklife era una canción a su modo tan agresiva como el grunge al que empezaban a discutir su cetro. Tan malévola como el buen hip hop. Con la estrella de Quadrophenia mascullando su parte.

Trozos espaciales como Far Out.

Es el 94. Damon Albarn todavía no se había cansado de sí mismo ni emprendido una huida estilística de manual. Se produjo una explosión, Definitely maybe de Oasis, Dog man star de Suede, Hins and Hers de Pulp. Pero este era el más british de todos, y eso siendo un disco tan variado y dispar. Un hilo conductor nos cuenta estas historias suburbiales, fino, invisible, no conceptual del todo.

20 años después aún suena mejor, que gire…

Hombre joven, alma vieja

1 Nov

Se necesita poco más que un chaval de 18 años, con una guitarra acústica y un talento inmenso, para poner patas arriba el año musical. Tal vez el año musical no fuera gran cosa hasta ahora, pero recordaremos 2012 por este debut de Jake Bugg.
En la vena retro de Miles Kane y Alex Turner (cuando no andan rockeando en rascals o artic) y con el mismo instinto para las melodías, con desparpajo, Bugg consigue hacer frescas propuestas que podían haber olido a naftalina: El mejor Dylan, Donovan, el folk, el pop sensentero, aparentemente inocente, pero con un toque desgarrado.

En ocasiones, ese talento para reciclar y dar matiz nuevo a caminos tan transitados me recuerda al mejor Coxon, a su talento para dar giros y aportar su grano de arena a una tradición a menudo explotada sin mimo, con puro mimetismo.

Muchas palabras para decir algo sencillo: Bugg es un songwriter nato, con una hermosa voz rasposa, con melodías pegadizas, con carisma, con fuerza, y con letras no sonrojantes (hay “verdad” en ellas).

“Seen it All” o “Trouble Town” lo atestiguan, y también la vena más íntima de una “Broken” lo retratan en su insultante juventud, como un auténtico maestro de un arte antiguo y en vías de extinción.

Algunos grandes discos de 2011 1ª Parte

17 Mar

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Con dos meses y medio de retraso, con cierta pereza y muchos reparos a hacer un ranking, viene un repaso musical del año pasado.

El gran vencedor, el rey indiscutible del año, Miles Kane, que no sólo me seduce en su maravilloso largo sino también en corto. A destacar sus EPs y singles, desde el come closer EP hasta la más humilde versión de cara b de single. Un genio, repleto de clasicismo, de ideas, de melodías, de elegancia, de clase. En teoría volverá a formar tándem en Last Shadow Puppets con su amigo de Arctic Monkeys en breve. Que gran noticia. Como el nuevo EP que tiene en el horno cuya canción insignia os presento!

The Music se despiden a lo grande con un single, Ghost Hands, que es la canción de baile del año. Quizás sea el único fan de estos madchesterianos heavyelectrónicos, hijos tanto de Led Zeppelin como de Chemical Brothers…O quizá no.

Kasabian, en un disco que ha decepcionado a muchos, me ha atrapado. Electrónica inteligente, para un grupo llena estadios que venía de un disco de singles rotundos, y que han preferido hacer un melting pot que funciona: singles populistas y cañeros, psicodelia cósmica, y sutil pop electrónico, un crisol que me recuerda a los mejunjes de unos Stranglers.

El Camino ha sido la consagración de unos Black Keys apabullantes, soul-blues-rock de carretera, sucio y vibrante, hermoso y terrible, sobran las palabras para un grupo que no ha parado de ir a más y que además tiene uno de los artworks de conciertos más bonitos que he visto.

Hablábamos del compinche de Last Shadow Puppets, Kane. Alex Turner es la otra mitad y su banda sonora para la morrocotuda Submarine es pura belleza y sensibilidad. Tanta, que rescata una de las canciones para el disco de la banda madre. Y aún así, me quedo con éste.

The Indelicates y su ópera rock conceptual sobre David Koresh, los davidianos, el tiroteao de Waco, granadas, consignas, sectas destructivas… con las mejores letras, las mejores ideas, el mejor sentido del humor, la finura, la adaptación al ambiente western, una delicia.

La resurrección de los Vines, con su garage-pop evanescente, furioso y onírico a un tiempo, de melodías pegajosas y voces morosas, arrastradas, perezosas y cargadas de fuerza a la vez. Craig, qué bueno verte de vuelta, con ese clip a lo Scott Pilgrim, en gran forma de nuevo.

Beady Eye y su ya clásico disco, Mismo equipo, diferente velocidad: Liam consigue captar la energía positiva de los ex Oasis, la rabieta de la gira, la dinámica del que quere demostrar algo, y logra el sonido sixtie que su hermano no puede o no quiere facturar, logra versos trepidantes en Four Letter Words, o joyas a lo kinks  o Rolling Stones (world outside my room, a bullet in a bubble, caras b tremendas) Lástima que las letras, salvo excepciones, sean bastante parvularias.

The Whip recogen el guante de The Music y fabrican un disco de baile con tecno-pop ochentero digno de unos New Order, absolutamente arrebatador. Wired Together es una obra maestra de las pistas de baile, pero más allá de ellas también funciona.

Comeback

18 Oct

Oh, yeah. I knew it was great when we were making it. I mean, we’d been playing the (1989 eponymous debut) album for three or four years before we even recorded it, and we knew something big would happen with it. (Ian Brown)

Poli malo, Poli Peor…

17 Oct

Me temo que he vuelto a sacar las garras críticas, y me ha salido el lado macarra que me suele salir cuando alguien de quien musicalmente espero mucho, me ofrece en cambio una obra en mi opinión (subjetiva siempre) decepcionante.

A propósito del debut en solitario de Noel Gallagher, he vuelto a colaborar con Pilotos Suicidas. Mi crítica es el negativo de la de Yukio (Aka Overlord), el flamante fichaje de la web musical. Si una es una reseña crítica, pero moderada y esperanzada, semblanza de un disco de acabado dudoso, la otra es una descarnada y visceral carta de amor/odio, repleta de rabiosa prosa hiriente, tal vez tomándose demasiado en serio a si misma, al personaje, y al disco.

Pero yo solo escribo con el estómago y las entrañas…Elijan.

Noel Gallagher’s High Flying Birds por Yukio…

Noel Gallagher’s High Flying Birds por Mycroft…