Tag Archives: comic

Legion

15 Feb

c3x7zekwcaagxfhc0x7sxvweaee1nrc4pyvt-wcaabycrc4ih4izwmaabmltc33c8zruyaagpuhc3qzpcovcaaidtk

c4ziovbxaaej7di

c2fgkbrxgaqttgic1bj9naxeaqw3ostumblr_ohvuzkevan1rw6hzpo1_500

Fascinante, intrincada, enigmática, divertida, inteligente, fragmentaria, alucianada, psicotrópica, tierna, desquiciada, visualmente hermosa, alocada…

Legion no es una serie sobre superhéroes. Al menos en su piloto. Es una serie sobre identidad, la naturaleza de lo real, la mente, la reclusión psiquiátrica, la devastadora responsabilidad de un ser extremadamente poderoso, extremadamente frágil.

Tal vez aproximarse a su estructura troceada pero planificada al milímetro, a sus colores y estética perfectos, cálidos, enigmáticos, a su trama en forma de laberinto, a sus personajes en busca de sentido, carismáticos (o referenciales, como Sydney Barrett), sin saber mucho del comic, sea lo más certero.

El showrunner, responsable de Fargo (TV) reconoce que la ruptura de la linealidad está inspirada en Gondry o Kauffman, y los misterios más complejos se articulan en torno al crecimiento de un ser singular y único al que se ha clasificado, etiquetado, corregido y almacenado por serlo.

Un piloto que algunos relacionan estéticamente con Wes Anderson (pero también, añadiría, con Antonioni, La Fuga de Logan o La Naranja Mecánica) y que tiene algo de Alguién voló sobre el nido del cuco, un episodio piloto que rompe moldes y establece un relato intrincado y maravilloso, una atmósfera singular, un estilo visual y y narrativo rompedor, un elenco prometedor, sólo nos hace preguntarnos una cosa:

¿Cómo van a poder mantener el nivel de maravilla, de prodigios alcanzado?

Anuncios

Mi vida como gato (Alexei Sayle)

28 Jun

cat

“Cuando el marido de Bettina la abandonó por su secretaria, veinte años más joven, complaciente y vacua, ella decidió no afrontarlo de ninguna de las maneras en que sus amigas lo habían superado, o fracasado en superar, tal calamidad. Aparte de su marido, el amor de Bettina siempre había sido su gato Monty. Monty era un macho sin esterilizar y aunque se había visto obligada a llevarlo continuamente al veterinario, para desinfectar y remendar las terribles heridas que recibía en sus muchas peleas, ella no había contemplado ni por un momento la posibilidad de “arreglarlo”. Aunque la veterinaria local (una lesbiana francesa, y la mujer que tenía que enfrentarse con la abundante prole de Monty) se había ofrecido a hacer el trabajo gratis.

No, se dijo a sí misma, lo que haría en su nuevo estado de soltería sería vivir la vida como él vivía la suya, se desplazaría por Crouch End bajo cubierto de la oscuridad de la noche sin respetar vallas, ni los muros de nadie, pelearía y follaría y viviría solo para ella misma. Temblando de emoción, Bettina sacó del fondo del armario unos pantalones de chándal holgados, negros, una sudadera oscura, con capucha y unas deportivas negras con suelas suaves y rugosas, todo ello restos de una anterior obsesión por el cuidado de la forma física.

Cuando estaba casada le encantaba aquel barrio, las calles coquetas con sus casas y mansardas al estilo holnadés, la tienda Budgens con su selección imbatible de aceitunas y su selección imbatible de actores salidos de la tele, la torre del reloj de ladrillo rojo y la panadería al estilo antiguo. Ahora le parecía un lugar siniestro y aterrador, pero pensaba reconquistarlo. Uniformada, esperó hasta la medianoche a que saliera la luna, y entonces se escabulló por la puerta trasera de su casa. Al escalar la valla del vecino, Bettina cayó aparatosamente sobre el huerto biológico y aplastó gran cantidad de matas de judías; luego arrancó un número considerable de zanahorias de crianza al intentar encaramarse al muro, y después de conseguirlo permaneció unos momentos echada sobre él, para recuperar el aliento. Tras lo que pareció una eternidad, se levantó levemente sobre sus pies, esperando cada momento volver a caer, esta vez sobre los adoquines de la calle, que podían ser capaces de romperle la espalda, pero descubrió asombrada que poseía un frío sentido del equilibrio, y que no iba a caer de ninguna manera. Pronto echó a correr encima de los ladrillos desmigajados, con el viento entre sus cabellos, y se sintió más viva de lo que se había sentido en toda su vida.

Con un salto confiado, la mujer de mediana edad aterrizó en cuclillas ante un portal, sin que las rodillas le hicieran apenas daño. Entonces, con el aire bombeando en sus pulmones y el corazón latiendo como un martillo neumático, Bettina dobló la esquina y echó a correr hacia Topsfield Parade, sumida en el silencio, y entonces miró hacia el lado equivocado, y un coche la atropelló y la mató.

(It’s dark in london, Una antología underground británica. Ed. Oscar Zárate en Norma. D. McKean, Alan Moore, Neil Gaiman et altri)