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Cómo acabar con la contracultura

15 Oct

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El libro de Jordi Costa “Cómo acabar con la contracultura” es un estudio interesante y necesario de la cooptación de lo contracultural, de difícil definición e implantación en la España franquista, por el establishment. Cabría tratar de definir ese concepto inasible, qué es contracultura en España, y profundizar en su difícil arraigo en un país aislacionista, buen apunte la influencia de las bases norteamericanas.

Algunos momentos muy acertados (el flamenco progresivo de Smash, las Jornadas libertarias con Ajoblanco) y muchas conexiones bizarras (El Palmar de Troya, las digresiones con una youtuber actual) que no voy a criticar pero tampoco jalear.

Filias exageradas (Sisa). Palmarias ausencias, sobre todo en el terreno de las letras (desde los Panero de El Desencanto a Haro Ibars, Gil de Biedma, a otros francotiradores más outsiders), o el cine (francotiradores como Berlanga y su Tamaño Natural son contracultura, espías dobles que se infiltran en el mainstream pero que son más radicales que los radicales) y una fijación exagerada en lo artístico con Nazario y Mariscal, que se comen medio libro. Mariscal, probablemente, santo y seña del aburguesamiento, está sobredimensionado como estandarte contracultural, mientras el equipo Crónica ocupa comparativamente un espacio pequeño.

No se analiza bien el paso al mainstream con la Movida, el proceso de cooptación, seducción e incorporación a una cultura oficial, finalmente patrocinada, y se es especialmente condescendiente con cineastas como Almodóvar, si bien se contempla muy convenientemente la figura clave de Iván Zulueta.

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El almohadón surrealista

15 Feb

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A principios de febrero se cumplieron 50 años de la publicación de Surrealistic Pillow, de Jefferson Airplane. Esta banda fue una de las más importantes de la escena hippie de San Francisco, junto a Love y Greateful Dead.

Se trata del segundo album de la banda, y, como en el caso del Forever Changes de Love, del mismo año, se trata de un avance gigante respecto del debut.

Habían fichado a Grace Slick, una de sus teloneras junto a The Great Society, amiga de Jerry García de los Greateful y de Janis Joplin, y ésta traía bajo el brazo el tema “Somebody to Love” y raudales de carisma y presencia. Grace fue junto a Joplin una aparición que rompía la masiva saturación masculina en el rock. Grace Slick es una fuerza magnética, con una arrolladora personalidad, que rompía esquemas en el papel subordinado de la mujer en la revolución cultural de los sesenta.

Somebody to love, White Rabbit o My best friend fueron éxitos, mientras el grupo se consolidaba en el ambiente contracultural de Haight-Ashbury. La experimentación con drogas, el radicalismo político, el idealismo, la oposición a Vietnam, llevarían al grupo hasta el que para un servidor es su mejor disco, Volunteers (1969), con una carga mucho más radical.

Tan radical que, Grace ex compañera de estudios de la hija de Nixon, invitada a la Casa Blanca, planeó junto al único y ubicuo activista Abbie Hoffmann añadir LSD al té del presidente. La mera presencia de Hoffmann en el ambiente sirvió para disuadir a la Casa Blanca de invitación alguna.

Personalmente, los sonidos de San Francisco representados por The Byrds, CSNY, Love, o Youngbloods (no Greateful Dead), forman parte de una etapa de obsesión musical muy determinada, al igual que la contracultura de los 60s sigue fascinándome en sus contradicciones, batallas, y derrotas.

Jefferson Airplane personifican algunos de estos efectos: Colapsaron rápidamente al entrar en los 70s. Las drogas, las filosofías New Age, la falta de dirección y calidad musical, el alejamiento de la realidad, la falta de reciclaje y de estar a la vanguardia, los problemas personales y creativos, la vorágine de la industria, los cambios en un público que a su vez había roto con la contracultura y había abrazado o el conformismo o el nihilismo, hacen que todo lo posterior a Bark (1971) sea básicamente basura.

Con distintos nombres, pulularon por los 70s y 80s como una mera parodia de si mismos, en un registro AOR (Adult Oriented Rock) que, sin la grandilocuencia genuina, grotesca y juguetona de un Journey o REO Speedwagon, ni la intuición comercial de Fleetwood Mac (tal vez su perverso legado, sus hijos putativos) se quedaba en un esfuerzo estéril y patético de alguien que ha perdido el pulso artístico.

Irónicamente, la única banda de San Francisco que no me gusta demasiado, son los que más fieles siguieron a si mismos, más dignos: Greateful Dead.

Pero nos queda este magnífico almohadón surrealista, y esa Grace Slick rebelde, fuerte, determinada, valiente, de presencia hipnótica, voz firme. Himnos de amor, cambio, paz.