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Norma

23 Nov

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Habría cumplido años, sería una anciana, pero no sería mito desgarrado sino ser florecido, sería una dama digna e indomable a lo Lauren Bacall, sería sabia, con ojos traviesos, callando secretos, amando por fin a un hombre que la mira y la ve, que la ve a ella, que no personajes ni sueños sensuales, a ella, a ninguna otra, no a la otra, a la fílmica sombra que se adueñó de ella. Noma, huiste de Norma, diste en la señorita Monroe, y trataste de huir de nuevo, hacia otra Norma.

Viviría.

Una poeta imaginó una vez una salida para tí:

“QUERIDA MARILYN MONROE

Volví a leer sobre usted en el periódico

usted estaba a la puerta de su casa de Beverly Hillis

y decía que era la suma de

cuarenta habitaciones de hotel solitarias.

Iba embutida en un provocativo vestido

también su cabello estaba resplandeciente y claro como una nube.

Yo nunca he vivido en un hotel.

Le escribo porque una debe evitar a

ciertas personas, en la medida de lo posible.

Necesitan todo lo que ven.

La necesitan porque usted es luminosa

y como una niña. ¿Sabe usted

lo que se dice del ministro de Justicia?

¿Incluso del Señor Presidente y usted?

No quiero meterme en eso, no crea

Pero soy mayor que usted,

y no tan hermosa: Entre la noche y el alba

alguien se lleva su vida. Por la mañana

van a misa con la esposa y los hijos

No es asunto mío, claro

El periódico dice muchas cosas sobre nervios

Yo quiero decirle: usted es preciosa

Usted se parece a algo que hay en todos nosotros

Usted no deja de hablar de la muerte, pero usted

nunca ha sido lanzada a las profundas tinieblas que ahogan

al ser humano sin piedad en ceniza y noche

Evite pues vestirse medio desnuda

No susurre de esa manera tan rara cuando cante

Evite los paseos solitarios y la oscuridad. Su casa

casi no se ve en las fotos por el follaje

¿le interesa a usted la jardinería?

(Tua Forsström)

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Caballero Bonald: Happy Birthday, poeta.

11 Nov

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DIARIO DE KAFKA


Si ahora de pronto optase
por no escribir (o no pudiera) y diera
el día por perdido, posponiendo
para quién sabe cuándo, y además
qué importa, la metódica
copia de mi agresividad
contra mí mismo, ¿pensaría
como Kafka (conocido empleado
de seguros) que esa dudosa obligación
no cumplida, se me iba a convertir
de alguna burocrática manera
en la razón de una desdicha irreparable?