Tag Archives: Foucault

Quis custodiet ipsos custodes?

29 Abr

Imagen de Laurent Durieux subastada por Mondo para causas benéficas relacionadas con el COVID-19 y los sin techo.

Nos quejamos de la policía de balcón, de los linchamientos en redes sociales, de los vecinos que tachan de ratas a los médicos dedicados a salvarlos pero que se convierten en cuerpos inconvenientes en su cercanía. El infierno son los demás sin duda.

Pero me gustaría ir más allá. A pesar de la vuelta de la biopolítica, de la que nos avisa el filósofo Agamben, parece que el esquema de Foucault se ha complicado, de un modo en que de tesis y antítesis, surge algo nuevo.

Foucault habla de medidas excepcionales por una plaga, como paso previo para explicarnos que el modelo panóptico del filósofo Bentham, de vigilancia anónima y discreta, es un nuevo paso evolutivo del poder. Ahora bien, esta plaga nos llega justo después de que el modelo panóptico se haya implantado efectivamente de forma cibernética: Hemos cambiado nuestro comportamiento vía redes sociales para convertirnos en vigilantes, llenos de prejuicios, de nuestros semejantes y… de nosotros mismos. Y en esto, en ese modelo de carceleros de nosotros mismos, llegó la plaga, y la excepcionalidad. Pero de esa excepcionalidad no surgirá un modelo completamente nuevo de vigilancia, sino que se refinará el modelo actual, que hemos naturalizado hasta el punto de no darnos cuenta de su funcionamiento.

Podemos presentirlo en la forma en que la información circula memetizada, a velocidad peligrosa, convertida en ruido, en veneno, en cascada incontrolada, en unos y ceros sin verificación, en emociones sincronizadas, como diría el filósofo Virilio, en un tiempo simultáneo que anula la Historia, pero también que diluye nuestra capacidad de reflexión y de individuación: El rebaño ciego del que habla Brunner, el escritor de ciencia ficción cercana, en su trilogía del desastre.

Podemos presentirlo en el modo en que se habla de nueva normalidad, en que, con una economía destruída, no asumimos la perplejidad de que, en términos productivos, somos totalmente prescindibles. La solidaridad y la resistencia solían tener la fuerza en sus números, en lo colectivo, y nos hemos visto obligados al aislamiento y la división entre los dignos de salvación y los dignos de lástima.

Hay una convergencia entre la vigilancia electrónica, el comportamiento memético, el miedo a perder nuestra precaria situación vital, y la vuelta del Estado, que algunos celebran como anéstetico para el dolor social de esta posguerra viral, otros como regulador de los excesos e imprevistos, y algunos, nos tememos, como fuerza tecnocrática del status quo.

Ya hay voces que hablan de que hace falta no una nueva normalidad, sino una singularidad, en que nuestro papel de individuos se valore de otro modo, en que no perpetuemos una vigilancia castradora, no en aras de un necesario control sanitario, sino en sintonía con un aterrador control social automático, un common sense que sancione como criminal al que no encaje en la normalidad, la productividad, y la resignación. Creo que debemos abordar la aventura de ser individuos de nuevo, y para vivir esa aventura, quizá debamos asumir que habrá desastres, accidentes, penurias, sangre, sudor y lágrimas, y que es nuestra tarea convertirlas en las piedras fundacionales de otro tipo de manera de existir. Una fuera de la zona de confort.

«El conocimiento vinculado al poder, no solo asume la autoridad de ‘la verdad’ sino que tiene el poder de hacerse realidad. Todo el conocimiento, una vez aplicado en el mundo real, tiene efectos y, en ese sentido, al menos, «se convierte en verdad». El conocimiento, una vez utilizado para regular la conducta de los demás, implica restricción, regulación y disciplina de la práctica. Por lo tanto, ‘no hay relación de poder sin la constitución correlativa de un campo de conocimiento, ni ningún conocimiento que no presuponga y constituya al mismo tiempo, relaciones de poder»

(Foucault 1977,27).

«De ahí el efecto principal del Panóptico: inducir en el interno un estado de visibilidad consciente y permanente que asegura el funcionamiento automático del poder.

Entonces, para organizar las cosas, la vigilancia es permanente en sus efectos, incluso si es discontinua en sus acciones; que la perfección del poder debe tender a dejar su real ejercicio innecesario; que este aparato arquitectónico debería ser un máquina para crear y mantener una relación de poder independiente de la persona que lo ejerce; en resumen, que los internos deben ser atrapados en una situación de poder de la cual ellos mismos son portadores.

Para lograr esto, es a la vez demasiado y muy poco que el el prisionero deba ser observado constantemente por un inspector: muy poco, porque lo que importa es que él sabe que debe ser observado; demasiado, porque no tiene necesidad de ser así.»

«Cualquier individuo, tomado casi al azar, puede operar la máquina: en ausencia del director, su familia, sus amigos, sus visitantes, incluso sus sirvientes (Bentham, 45). Del mismo modo, no importa qué motivo lo anima: la curiosidad de lo indiscreto, la malicia de un niño, sed de conocimiento de un filósofo que desea visitar este museo de la naturaleza humana, o la perversidad de aquellos que disfrutan espiando y castigando. Cuanto más numerosos observadores anónimos y temporales son,  mayor el riesgo para el interno de ser sorprendido y mayor es su ansiedad y conciencia de ser observado»

«El panóptico funciona como una especie de laboratorio del poder. Gracias a sus mecanismos de observación, se gana en eficiencia y en la capacidad de penetrar en el comportamiento de los hombres; el conocimiento sigue los avances del poder, descubriendo nuevos objetos de conocimiento sobre todas las superficies en las que se ejerce el poder» 

«La ciudad afectada por la peste frente al establecimiento panóptico. Las diferencias son importantes. Marcan, a una distancia de un siglo y medio, las transformaciones del programa disciplinario. En el primer caso, hay una situación excepcional: contra un extraordinario mal, el poder se moviliza; se hace presente en todas partes y visible; inventa nuevos mecanismos; se separa, se inmoviliza, provoca particiones; construye por un tiempo lo que es a la vez una contraciudad y la sociedad perfecta, impone un funcionamiento ideal, pero que es reducido, en el análisis final, como el mal que combate, dualismo de vida y muerte: lo que se mueve trae muerte, y uno mata lo que se mueve. El panóptico, por otro lado, debe ser entendido como un modelo de funcionamiento generalizable; Una manera de definir el poder en términos de la vida cotidiana de los hombres.»

«El Panóptico es polivalente en sus aplicaciones; sirve para reformar prisioneros, pero también para tratar pacientes, instruir a los escolares, limitar al demente, supervisar a los trabajadores, poner a trabajar a los mendigos y ociosos. Es un tipo de ubicación de cuerpos en el espacio, de distribución de individuos en relación entre sí, de organización jerárquica, de disposición de centros y canales de poder, de definición de los instrumentos y modos de intervención del poder, que pueden implementarse en hospitales, talleres, escuelas, prisiones. Cada vez que uno trata con una multiplicidad de individuos en quienes se debe imponer una tarea o una forma particular de comportamiento, el esquema panóptico puede ser usado.»

(Foucault, Vigilar y Castigar)

Vigilar y espiar (o de por qué ya no estoy en Facebook y esta vez no voy a volver)

26 Jun

9b9456a9bbc456cf4942ffc3c428a059“El panóptico era un sitio en forma de anillo en medio del cual había un patio con una torre en el centro. El anillo estaba dividido en pequeñas celdas que daban al interior y al exterior y en cada una de esas pequeñas celdas había, según los objetivos de la institución, un niño aprendiendo a escribir, un obrero trabajando, un prisionero expiando sus culpas, un loco actualizando su locura, etc.

En la torre central había un vigilante y como cada celda daba al mismo tiempo al exterior y al interior, la mirada del vigilante podía atravesar toda la celda, en ella no había ningún punto de sombra y por consiguiente, todo lo que el individuo hacía estaba expuesto a la mirada de un vigilante que observaba… el panoptismo que, en mi opinión, es uno de los rasgos característicos de nuestra sociedad: una forma que se ejerce sobre los individuos a la manera de vigilancia individual y continua, como control de castigo y recompensa y como corrección, es decir, como método de formación y transformación de los individuos en función de ciertas normas.»

(M. Foucault)

«Las cajas de Skinner (o cámara de condicionamiento operante, usadas en animales) se caracterizan por tener tres componentes básicos: un manipulandum, un estímulo discriminativo y un registro acumulativo.

  1. El manipulandum es aquel mecanismo que el animal debe manipular, y que no está en la naturaleza del animal manipularlo (por ejemplo, pulsar una palanca). El animal deberá aprender a llevar a cabo la conducta de presionar la palanca para tener un reforzador satisfactorio (obtener comida o evitar una descarga eléctrica).
  2. El estímulo discriminativo es aquel estímulo que señaliza si el manipulandum funciona. Suelen utilizarse un sonido o una luz. En una sesión de aprendizaje, se puede enseñar al animal que pulsar la palanca sólo es efectivo si hay una luz encendida.
  3. El registro acumulativo es un aparato que registra las respuestas operantes en función del tiempo de forma acumulativa. Esto es, un gráfico cuyo eje de abscisas refleja el tiempo, y el eje de ordenadas las respuestas emitidas. También se señaliza qué respuestas han sido reforzadas.»

La encarnación de Facebook como el sueño de Bentham actualizado por Foucault no es hallazgo mío. Tan pronto como en 2015 Stephanie Fast publicaba «Facebook | Panopticon: an analysis of Facebook and its parallels to the Foucaultian Panopticon» un artículo académico que anticipaba y explicaba los mecanismos por los que una red de personas interconectadas eran conscientes de ser espiadas por una entidad central que les cedía un espacio o celda desde el que ellos también podían observar. Este vouyerismo, la sensación de pertenencia a grupos de elegidos, a círculos cerrados, y un sistema de «recompensas sociales» en forma de pulgares que haría las delicias conductistas de B.F. Skinner completaban una red que lejos de eliminar las distancias, contruía celdas en las cuales el ego exhibicionista y la curiosidad vouyeur fabrican un red de incomunicados conectados entre sí por lazos malsanos de ratones de laboratorio.

Los fines comerciales eran claros y suponían una revolución del marketing de la cuál Google había sido maestra, la segmentación del target o público objetivo hasta extremos casi ridículos. Esta especialización permite un ahorro en publicidad convirtiendo las campañas masivas en intervenciones quirúrgicas eficaces y localizadas, disparos de francotirador.

Esto en si mismo, y la misma dinámica de falsa relación social, podía ser motivo de reflexión. Yo ya había abandonado Facebook hace unos años durante unos meses por otros motivos, que tienen más que ver con desacuerdos y malas interpretaciones que el lenguaje escrito y la exacerbación exhibicionista (o trolleo) me habían tocado de frente en lo personal.

El hecho mismo de mi vuelta en forma de una cuenta más personal y en principio escogida a un círculo más íntimo debe analizarse muy cuidadosamente: Dejar Facebook, como dejar Whassup, te deja en una situación comunicativa desventajosa en principio… eres un outsider, estás fuera del circuito privado en el que se mueven tus pares, colegas, amigos y conocidos para transmitirse información. Por más que esta sea útil o la mayor parte de las veces, solo estática. No puedes saberlo.

El motivo de mi actual posicionamiento puede haber tenido una raíz política, de la cuál voy a hablar, pero con mucho desborda esa vertiente. El mismo hecho de que facebook sea un mecanismo social que sea difícil de abandonar es lo que lo hace peligroso de por sí. Más allá de las comparaciones fáciles y simplistas con mátrix o black mirror, es evidente que comparte elementos de los experimentos de Skinner y Paulov para crear respuestas condicionadas, hábitos, recompensas y tratar de ser si no adictivo en un sentido de abuso de sustancias, si semejante a la extraña fascinación de la ludopatía. Creo realmente que parte de estos mecanismos adictivos también se extienden a redes sociales a las que pertenezco, pero que por el momento percibo como herramientas menos dañinas y más útiles (twitter, si bien la cantidad de ruido entre la información que se genera puede cambiar mi opinión) al menos hasta que Facebook la compre (como a Instagram, ese gran monumento al narcisismo o al paisajismo)

Puede observarse que mi reflexión es más honda de lo que mi propio impulso inicial de abandono indicaba y me ha sorprendido a mi mismo. Inicialmente estaba ya en guardia al notar la «neutralidad» de facebook tomar sesgos muy sospechosos en la moderación de contenidos (especialmente en cuanto a fotografías históricas, como la niña del napalm) y pronto estalló el escándalo de Cambridge Analítica. Era evidente que, si no necesariamente en dependencia de los servicios de la inteligencia, la corporación estaba usando la información obtenida para imponer su propia agenda política, o en el mejor de los casos, venderlos para que otros la impongan.

Utilizando los métodos descritos, el objetivo de torcer las voluntades individuales para manipular los procesos democráticos, es una refinación sutil de los métodos de Goebbels para crear una sociedad acrítica, dependiente, y en manos de intelligentsia que los pueda controlar a golpe de algoritmo mirando por encima de su hombro los clicks para marcar la agenda mediática, sectorizando los electores para realizar intervenciones casi invisibles, certeras, rápidas, exactas.

Para Skinner, cuya «Walden Dos» es una novela utópica que describe una sociedad perfecta, la libertad individual no existe. Sólo hay condicionamiento. Su sociedad funciona por un cientifismo aplicado por una tecnocracia fijada, a la que muchos en Silicon Valley identifican consigo mismos.  Una utopía basada en el control y en el “entrenamiento” de las personas para que la sociedad funcione, próxima a Platón y a Huxley. La diferencia es que al menos Skinner, por discutible que fuera, planteaba su tesis como una consecución de un mundo «feliz» huxleyano, materialmente perfecto. El proyecto de Facebook, teniendo en cuenta lo opaco de la corporación, lo privado (paradójicamente) y patológicamente mentiroso que ha demostrado ser Zuckenberg, por ahora sólo ha demostrado utilizar los mecanismos skinnerianos para provecho propio.

Para acabar, voy a citar el artículo de Stephanie Fast.

«Los informes de la actividad del usuario se envían a otros usuarios en el momento de cada actividad, proporcionando un informe actualizado de la actividad de la propia red específica del usuario, o «amigos». En su forma más básica, el suministro de noticias informa toda la actividad de todos los amigos en un lugar central. La torre de guardia de Facebook, es constituida por ese «Newsfeed»

Desde este punto singular, un usuario puede otear la actividad de sus amigos y, debido a que un usuario sólo comunica su presencia cuando se interactúa con una publicación (por darle me gusta, comentarla, compartirla, y así en adelante) un usuario puede monitorizar la actividad de sus amigos mientras permanece invisible.

Los usuarios no son los únicos espectadores de Facebook. Facebook (la corporación) tiene acceso a todas las cuentas, y se sabe que usa activamente la información para sugerir contenido y segmentar anuncios publicitarios, por ejemplo. La mirada de Facebook pasa desapercibida.»

«Teniendo en cuenta los paralelos entre Facebook y el panóptico, es importante señalar una variación clave en el esquema panóptico de Facebook: los usuarios de Facebook no solo ocupan celdas individuales, ellos simultáneamente ocupan la torre de guardia. Los espectadores también son vistos. Debido a esto, la autonomía se comparte en el nivel de usuario a medida que los usuarios van y vienen del puesto de usuario / prisionero (publicando su propia actividad dentro de la celda) a la posición del usuario / guardia (participando en acto de mirar a los demás desde la torre).»

«El panóptico, según lo discutido por Foucault, fue más que una mera proeza de la arquitectura y vigilancia, también era un laboratorio. Este laboratorio podría usarse para llevar a cabo experimentos, para alterar el comportamiento, [y] para entrenar o corregir individuos. «

«Facebook también encarna el papel de un laboratorio. Un estudio titulado, «Evidencia experimental de escala emocional masiva. Contagio a través de Redes Sociales» fue escrito por el Equipo de Ciencia de Datos Básicos de Facebook y publicado en junio de 2014.

En el experimento, los analistas de datos alteraron el contenido que apareció en el «newsfeed» de un grupo de usuarios de Facebook desinformados de este experimento. El propósito era determinar si las emociones pueden ser influenciadas y generarse emociones positivas o negativas mediante  el suministro de noticias (el estudio concluyó que si se puede).»

No hay más que decir… Excepto quizá que miro de reojo al otro gigante, Google.