Tag Archives: Noel Gallagher

¿Quién construyó la luna?

12 Dic

2133c939b1218c2921672d7a16fca9f9--broken-guitar-guitar-artUn disco psicodélico podría ser muchas cosas: Divertido o Serio, Mágico o experimental, un viaje de la mente, o una celebración carnal, así, este disco no es ninguna de estas cosas, a pesar de sus pretensiones gigantescas.

Por encima de todo, un álbum psicodélico debe ser el esfuerzo  de un artesano bien que sepa cuál es exactamente el sonido, la atmósfera, y la forma de lograrlos. Anton Newcombe, Jason Pierce, Roger Waters … Aún siendo unos monstruos del ego de rock and roll, dinosaurios, sabían utilizan cualquier herramienta del estudio, llamar a todos los productores que puedieran añadir un poco de sabiduría para compartir, cada músico con una idea loca y un excelente desempeño, y no dudaban en recurrir a ellos.

Conocen los trucos, cada pequeño clic en la mezcla que compone un sonido sutil y una gran sinfonía, realizada bajo su dirección, pero construída sobre un mayor equipo de talentos. Aún en artistas tan enloquecidos como Arthur Brown, o Roy Wood, eso es lo que una producción psicodélica se parece.

Esto no lo es. Probablemente debido a que un crisol enorme (o una tarta mágica de muchas capas, si lo prefiere), un torbellino de ideas pobremente realizadas y peor producidas, es lo que tenemos aquí, y Noel es una banda de un solo hombre, ya lo decía en una de sus canciones, que quiere estar solo con sus juguetes estudio. Sin ser realmente un maestro: él no es ningún Phil Spector, y, desde luego, no tiene la Wreckin’ Crew de Spector arropándolo (los músicos de estudio que eran el músculo para el cerebro del productor).

Este disco es un desastre y una vergüenza para la palabra psicodelia. Y David Holmes probablemente estaba en una esquina del estudio viendo el accidente automovilístico sin poder darle ninguna orden a Noel. Como contratar a Dali para pintar y empastar todo un muro en color blanco.

Disfruten de la broma:

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Supersonic

7 Nov

knebworth

¿Es mi imaginación

o finalmente he encontrado algo por que merece

la pena vivir?

(Oasis, Cigarettes and alcohol)

Internet mató a la estrella de la radio…

Es difícil hablar de una película que es parte de una banda sonora sentimental, y hacerlo a su vez sin tratar de arruinar la experiencia del fan que no la ha visto. Sin explicar en qué momento acaba el metraje, en quiénes se han convertido ellos para entonces, en quienes nos convertimos nosotros durante el viaje. El documental es la experiencia del viaje mismo que emprenden, y a un ritmo envidiable.

Es un gran documental, y hay quién piensa que debería ser otro. Que debería hablar de la época, la sociedad, la política, la escena musical. Hay quienes pedían The Last Party, el libro de John Harris, hecho película.

No es así. Es la historia de dos hermanos. Viviendo la vida en el extrarradio obrero de Manchester. Soñando escapar. Es una historia que puede repetirse, que se repite, que ya ocurrió, que ocurrirá. Podría ser la historia de los Kinks en los 60s, podría pasar mañana. Es la excitación de formar una banda, de descubrir que tu hermano de pronto es una fuente inagotable de talento, de ser el frontman que desencadena su rabia como un Sex Pistol, de dar bolos insignificantes por tres años sin una nota al pie de página en ningún lugar, hasta que ocurre una coincidencia fortuita.

Es fácil pensar que fue fácil llegar a construir en esos primeros años un repertorio mágico, de pasar de tocar de 30 a 250.000 personas. De tener a 2,6 millones de personas queriendo comprar el ticket para Knebworth. Es la última gran banda de estadio. Internet cambió la cultura musical, el trapicheo de cintas, la excitación de aguardar y de descubrir, de mostrar y de iluminarse. En aquel entonces, en aquel lugar, la canción adecuada era una verdad revelada y es probable que se te marcara de por vida.

Oasis emprende en este documental una travesía del desierto alimentados por la ambición, la arrogancia, la rivalidad amarga y de vocación fraticida, y la pura desesperación de no poder volver al lugar de salida bajo ningún concepto. El pánico y no tanto como la esperanza es un poderoso motor creativo. Se les piensa simples, se les acusa de haberse pagado un publi-reportaje. Nada más lejos. Son complejos y llenos de matices.

Hay cierta nostalgia pero no sólo por quienes llegaron a ser, y ya no son, ni por los adolescentes que fuimos, la nostalgia es la justa, la que comienza no hoy, sino en el momento álgido, el momento en que algo en sus almas se pierde en pleno viaje al corazón de la industria, un maelstrom imparable y sólo sugerido, un goteo de amigos en el camino, un perder pie.

La grandeza tiene un precio, y si hay un lamento fue no haber acabado en el punto más alto para poder volver con los bolsillos llenos al pub de la esquina a volver a quedar con el granuja que roba discos en la tienda del centro, no poder volver a escuchar The Queen is Dead por primera vez… y lamentarse porque tal vez estos tiempos son tiempos con tantos estímulos, tantas opciones, que ninguna ofrece el suficiente arrojo como para hacerte sentir mariposas en el estómago en tu primer concierto.

Creo que Liam añora mucho más los autobuses con sus roadies, los conciertos de Stone roses, los partidos del City en los descansos de las sesiones del Morning Glory.

En cuanto a Noel, él siempre fue un gato. Independiente, bocazas, ambicioso, creativo. Tal vez solo le haga falta tocar en el garage de Paul Weller.

Son millonarios, no lloran, no se compadecen, más bien se maravillan de su suerte y se muestran agradecidos de un fenómeno del que no se consideran centro. Sus canciones fueron apropiadas por la colectividad como parte de sus vidas, y ese es el misterio que emociona a Noel.

Y nosotros, que crecimos en aquel entonces, en aquella época, sólo podemos emocionarnos por este regalo, por confesiones sólo casi verdaderas, por música rock e historias épicas de Working class heroes.

Gracias.

Na na nana naaa na naaaaaa

24 Feb

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Algo va mal cuando lo que haces para tratar de desmarcarte de la banda mítica en la que militaste es entregarte a una producción artificiosa que transforma todo lo que toca en la misma masa amorfa. Algo anda mal cuando la fecha de composición de tu mejor canción data del 92 y se parece poderosamente a la que daba nombre al disco más vendido de tu banda. Algo anda mal cuando no sólo eso, sino la canción que abre el disco es un autoplagio a una de las canciones de más éxito en los 90. Y si eso no fuera bastante, algo anda mal cuando la cara b de tu single es otro autoplagio todavía más descarado a una balada melosa.

Noel Gallagher nunca ha tenido problemas en inspirarse en otros, y yo tampoco en tolerarle con comprensión cuando lo hacía con gusto y mesura.  Uno de sus discos reconocía el hecho en su título, inspirado en la cita de Newton “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes.

Pero una cosa es coger un riff de Marc Bolan y construir algo nuevo alrededor, y otra cosa muy distinta es no tener ni siquiera conciencia de que esto, ya lo has hecho antes.

El disco de Noel adolece de toda frescura, suena prematuramente viejo, tal vez por la perniciosa influencia del otrora genio y actual plasta Paul Weller. Suena a dinosaurio, algo que no podía decirse de Beady Eye. Suena al Pete Townshend de 1989. Suena al Peter Gabriel…bueno, de cualquier año. Así de menopáusico.

El hecho es que ya en el anterior Lp en solitario, canciones notables que escuchamos años antes en demos caseras, eran echadas a perder por un sonido ni siquiera grandilocuente. A la hora de vestir sus canciones, en lugar de ganar en oficio, parece como si hubiera perdido toda perspectiva. Stop the clocks y I wanna live in a dream in my record machine fueran sometidas a un lifting a lo Zellweger, con cruel enajenación de productor poseído por el espíritu de Eno.

Por una vez los textos en las letras alcanzan la simpleza de su hermano (¡¡¡¡Na na nana naaa na naaaaaa!!!!), algo que ya venía apuntando maneras. No es que haya sido un Jarvis Cocker, pero alguna vez tuvo ideas.

Lock all the doors es un bonito homenaje a Morning Glory (junto a la cara b de single Do the Damage lo mejor de esta cosecha), pero los singles In the Heat of the Moment y Ballad of the Mighty I no dejan de ser simpáticas medianías pop dignas de los Kooks. Riverman apesta a Wonderwall. Pero sin las cuerdas ni el encanto. Tengo la sospecha de que While the Song Remains the Same es una gran canción. pero visto que suena a disco de Elthon John de los de entierro de Lady Di, tendremos que esperarnos al directo. El resto del disco va entre lo anodino ( The Girl With X-Ray Eyes) hasta las ocasiones perdidas por la producción de mierda o los constantes deja vus (The Dying of the Light. Uno casi intuye una buena canción bajo la capa de purpurina roñosa).

La guinda la puso para mi la cara b de single Revolution Song, todo un síntoma: Tal y como está producida acá, es una vergüenza, que suena por todos lados a autoplagio de Little by Little. Puestos a cometer un crimen contra el propio talento y manchar una carrera, mejor plagiar algo bueno.

Tras meses con su ego calentandole la boca anunciando la bomba cósmica, este estilo envejecido suena grotesco, y uno intuye todavía un nucleo de talento entre el ropaje, pero no tiene ganas de decirle al emperador: ¡Tápese!

9 de cada 10 redactores del NME lo recomiendan, pero es posible que los 10 estén a sueldo de Noel Gallagher.

Por ser coherente, para ilustrarlo ahí van versiones fan. Mejores que las de estudio del protagonista. La foto dicen que es una de las guitarras que se partieron los hermanos en la espalda cuando tomaron caminos divergentes.