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33 revoluciones por minuto

9 Jun

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“A pesar de que la música del pasado hable poderosamente del momento presente, un interrogante gigantesco continúa pendiendo sobre el futuro de esta forma de arte. Durante las décadas previas, artículos periodísticos han aparecido con regularidad preguntando a dónde han ido todas las canciones protesta- Yo mismo he escrito unos cuántos. Existen hoy multitud de razones para estar temeroso, enfadado, y ocasionalmente esperanzado durante los 2000s, pero los autores parecen, en su mayoría, incapaces de trasladar ninguno de estos sentimientos en arte significativo.

La frase canción protesta es problemática. Muchos artistas lo han visto como una etiqueta en la cual pueden sentirse atrapados. Joan Baez, que cantó por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam dijo “Yo odio la canción protesta, pero algunas canciones hablan por si mismas”. Barry McGuire, que cantó la canción paradigmática del género en 1965, el hit “Eve of destruction”, se quejó, “no es exactamente una canción protesta. Simplemente es una canción sobre los hechos presentes”….”

“Este también es un libro sobre docenas de individuos haciendo ciertas elecciones en ciertos momentos, por diferentes razones y con un diferente rango de consecuencias. En los peores casos, cantantes han sido censurados, arrestados, golpeados o incluso asesinados por sus mensajes. Menos dramáticamente, existe el riesgo de parecer altanero, o molesto, o egocéntrico…”

“Es siempre una espada de doble filo, dice el veterano cantautor político Tom Robinson. “Si mezclas política y pop, gran parte de la crítica dirá que estás explotando las necesidades políticas de la gente, sus ideas y simpatías, con el único fin de posicionarte bien en ese segmento musical con tu pop de segunda, y otros dirán que estás colocando ideas políticas de segunda fila aprovechando tu carrera musical. En cualquier caso, te tienen cogido.”

“Algunos críticos anti-canción protesta catalogaron duramente en sus escritos sobre “All the News that Fit to sing” (1964) de Phil Ochs. “Vine a entretenerme, no a ser sermoneado”; “Es hermoso, pero no llega a ser suficientemente radical”. Y aún hoy estamos en las mismas.”

Estos son algunos fragmentos jugosos del prólogo de 33 revoluciones por minuto, el libro de Dorian Lynskey que voy a tratar de devorar a ratos dificultosamente, tal y como lo he reproducido también de aquellas maneras, dado que no tengo la edición española reciente, sino la inglesa de Faber de segunda mano.

La pregunta y la premisa es más que pertinente; Tenemos más que nunca la necesidad de dar rienda suelta a problemas globales, políticos, económicos, laborales, sociales, ambientales e incluso afectivos. Pero la música parece que pierda muy mucho en estos años esa carga política, de valentía, de audacia, que pierda esa capacidad de preocuparse y reflejar la realidad del oyente como ciudadano y ser humano, más allá de los tópicos sentimentales, aunque también se pueda acabar cayendo en la prédica panfletaria. Y sin embargo, yo añoro más panfletos inteligentes, y menos música vacía y meramente recreativa, aunque sea el primero en admirar armonías, melodías, ambientes, atmósferas, riffs…

A partir de ahí el autor hace un repaso histórico, desde el Strange Fuit de Billie Holliday en los 30s, sobre linchamientos racistas, hasta la era Bush

Como suele decirse, no están todos los que son, pero son todos los que están. Incluído un autor hispanohablante, Victor Jara.

Era evidente que a pesar de mi debilidad personal, Radio 4 no iban a estar, pero si me duele que Phil Ochs no tenga capítulo propio y esté salpicado aquí y allá, que la era Bush ponga preeminencia a American Idiot de Green Day, y sólo se mencione de pasada el fundamental Living With War de Neil Young (grabado en dos semanas). La presencia de Dead Kennedys o Crass no explica la ausencia de Bad Religion (True North es para mi el último gran disco político que he escuchado, y viniendo de unos veteranos. Antiflag han tratado con menos éxito algo parecido hace poco). En fin, un largo e intenso debate en que cada uno echamos a faltar, y vemos demasiado representado, una experiencia musical y política en particular.

Agrupado en periodos, pretende dar una prespectiva histórica, pero también evolutiva, repasar hitos en la música y el compromiso, entretener, informar, concienciar, hacer fotos fijas de momentos y escenas musicales efervescentes en pensamiento crítico.

Y está bien recordar, porque como decía antes, dónde están los discos que nos hablan de lo que está ocurriendo. Siria, la crisis, los ahogados, los bancos, el desempleo, la desigualdad, el deterioro de lo público, la explotación infantil, las guerras del coltán, la corrupción…

Necesitamos que vuelva el espíritu de Phil Ochs. O tal vez sea que la revolución no está siendo televisada.

 

 

 

 

Estado de alerta

1 Dic

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Llevo dos semanas escribiendo casi únicamente sobre seguridad, Bélgica, yihadismo.

Se pueden reconocer varios estadios: secretismo, histeria, negación de responsabilidad con incómodos intercambios Francia-Bélgica, y ahora, cierto triunfalismo patriotero.

Seguramente el Lockdown belga aportó muy poco a las pesquisas policiales, dañó económicamente al país, propició el temor, la psicosis, la histeria colectiva, estigmatizó barrios enteros, desató un desaforado sensacionalismo que ya venía fuerte… para dar una falsa sensación de control, que no seguridad.

No sabremos los datos de inteligencia que manejan, si evitaron algo, contra la firme y decidida voluntad de morir matando. Si sabemos que tras calentarse la boca con la facilidad de ventas de armas, resulta que los equipamientos de los terroristas procedían de Alemania.

Contemplo perplejo la total naturalidad con que se vive en un estado de sitio, la completa naturalidad con que se envuelven en la lógica de la guerra de venganza, en la cicatera posición de Europa, cerrando en Valeta (con estados africanos) y Turquía (cuyas actuaciones infames en la guerra y en política interna conocemos) tratos por valor de miles de millones de euros para deslocalizar el problema de refugiados, tras una marcha atrás de Merkel, y unas reacciones de Valls y Suecia que rozan el racismo y la apología del exterminio de un Orban.

Me remito a combatir esta triste Europa de los parques de refugiados, los militares en las calles, la violencia y pobreza, la represión de las protestas, tan parecia a Hijos de los Hombres.

La combato con el humor de los terroristas ineptos de Four Lions.

La combato con la actualidad que conserva un grupo que a mi me encanta, que para mi fueron relevantes en la década pasada, aunque sea el único que conozco que lo piense.

Radio 4 serían revivalistas del punk, post punk, etc, y lo poco originales que se quiera. Pero además de ser mejores que muchos que vinieron después en el revival, se comprometieron y aportaron una visión lúcida de la América traumada post 11-s y de una sociedad dispuesta a seguir la bandera en pos de una explicación fácil a una situación compleja, de una solución confortable de renuncia a la libertad a cambio de sentir una seguridad que no es tal, de un estado de alerta permanente, de la excepción hecha norma, de los chicos desplegados en Afganistan e Irak, luchando contra fantasmas, y perdiendo la lucha.

Quiero acordarme de este grupo porque no sólo hicieron música de gran calidad. Hicieron música necesaria.

Hear the sirens
Everything has suddenly changed
Can’t feel normal
Everyone is looking so strange
Alarmists all around you
See ‘em all over the news
There’s reason to be uncertain
There’s reason to see the end
They got you holding on
Holdin on again
They need you feel uncertain
You’re their means to a distinct end
They got you holdin’ on
Its a state of alert again
Monday Morning
You’re off to work in the rain
Power failure now
You want to, you got to, you want to get off this train

Como en su canción, uno no puede sentir normalidad, uno escucha sirenas, algo ha cambiado en el ambiente, en las noticias, es la incerteza, y camino al trabajo, uno saltaría del tren en pleno ataque de pánico.

Y mientras tanto, enterramos nuestros valores en el fango.