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La génesis del Britpop- Podcast Reboot

28 Dic

slider-roses.jpgPresentando el capítulo 00×01 del retornado podcast musical en que participaba. Reboot del podcast de música rock “El club de los pilotos suicidas”, aguerrido reducto que entre 2008 y 2012 estuvo dando guerra. Un retorno tramado y perpetrado a medias con el imprescindible Xavi Hernández, que mantuvo viva la llama en forma de web musical.

Volvemos con ansia de venganza, para hablar de rock de los 60s, 70s, 80s, 90s y lo que haga falta. Seguimos buscándole las guitarras a Travis.

Desde el Brit Pop, con el que comenzaremos una trilogía épica, a otros especiales, siempre monográficos y telekinésicos. Pop psicotrópico entre colegas.

La primera enterga: podcast especial acerca de los antecedentes del brit pop. De los Smiths a los Happy Mondays, de Stone Roses, de Madchester al Baggy, del Shoegaze a Blur, de Inspiral Carpet a Oasis, de Real People o Jesus and The Mary Chains a Pulp, Charlatans o James.

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Supersonic

7 Nov

knebworth

¿Es mi imaginación

o finalmente he encontrado algo por que merece

la pena vivir?

(Oasis, Cigarettes and alcohol)

Internet mató a la estrella de la radio…

Es difícil hablar de una película que es parte de una banda sonora sentimental, y hacerlo a su vez sin tratar de arruinar la experiencia del fan que no la ha visto. Sin explicar en qué momento acaba el metraje, en quiénes se han convertido ellos para entonces, en quienes nos convertimos nosotros durante el viaje. El documental es la experiencia del viaje mismo que emprenden, y a un ritmo envidiable.

Es un gran documental, y hay quién piensa que debería ser otro. Que debería hablar de la época, la sociedad, la política, la escena musical. Hay quienes pedían The Last Party, el libro de John Harris, hecho película.

No es así. Es la historia de dos hermanos. Viviendo la vida en el extrarradio obrero de Manchester. Soñando escapar. Es una historia que puede repetirse, que se repite, que ya ocurrió, que ocurrirá. Podría ser la historia de los Kinks en los 60s, podría pasar mañana. Es la excitación de formar una banda, de descubrir que tu hermano de pronto es una fuente inagotable de talento, de ser el frontman que desencadena su rabia como un Sex Pistol, de dar bolos insignificantes por tres años sin una nota al pie de página en ningún lugar, hasta que ocurre una coincidencia fortuita.

Es fácil pensar que fue fácil llegar a construir en esos primeros años un repertorio mágico, de pasar de tocar de 30 a 250.000 personas. De tener a 2,6 millones de personas queriendo comprar el ticket para Knebworth. Es la última gran banda de estadio. Internet cambió la cultura musical, el trapicheo de cintas, la excitación de aguardar y de descubrir, de mostrar y de iluminarse. En aquel entonces, en aquel lugar, la canción adecuada era una verdad revelada y es probable que se te marcara de por vida.

Oasis emprende en este documental una travesía del desierto alimentados por la ambición, la arrogancia, la rivalidad amarga y de vocación fraticida, y la pura desesperación de no poder volver al lugar de salida bajo ningún concepto. El pánico y no tanto como la esperanza es un poderoso motor creativo. Se les piensa simples, se les acusa de haberse pagado un publi-reportaje. Nada más lejos. Son complejos y llenos de matices.

Hay cierta nostalgia pero no sólo por quienes llegaron a ser, y ya no son, ni por los adolescentes que fuimos, la nostalgia es la justa, la que comienza no hoy, sino en el momento álgido, el momento en que algo en sus almas se pierde en pleno viaje al corazón de la industria, un maelstrom imparable y sólo sugerido, un goteo de amigos en el camino, un perder pie.

La grandeza tiene un precio, y si hay un lamento fue no haber acabado en el punto más alto para poder volver con los bolsillos llenos al pub de la esquina a volver a quedar con el granuja que roba discos en la tienda del centro, no poder volver a escuchar The Queen is Dead por primera vez… y lamentarse porque tal vez estos tiempos son tiempos con tantos estímulos, tantas opciones, que ninguna ofrece el suficiente arrojo como para hacerte sentir mariposas en el estómago en tu primer concierto.

Creo que Liam añora mucho más los autobuses con sus roadies, los conciertos de Stone roses, los partidos del City en los descansos de las sesiones del Morning Glory.

En cuanto a Noel, él siempre fue un gato. Independiente, bocazas, ambicioso, creativo. Tal vez solo le haga falta tocar en el garage de Paul Weller.

Son millonarios, no lloran, no se compadecen, más bien se maravillan de su suerte y se muestran agradecidos de un fenómeno del que no se consideran centro. Sus canciones fueron apropiadas por la colectividad como parte de sus vidas, y ese es el misterio que emociona a Noel.

Y nosotros, que crecimos en aquel entonces, en aquella época, sólo podemos emocionarnos por este regalo, por confesiones sólo casi verdaderas, por música rock e historias épicas de Working class heroes.

Gracias.